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En clave de opinión

Biomasa Forestal Primaria, ¿una quimera?

Fernando Molina Martínez, presidente de Cose21/01/2009

Llamamos Biomasa Forestal Primaria (BFP) a la fracción biodegradable de los productos generados en los montes y que son procesados con fines energéticos. En nuestros bosques, los de Europa, está formada por materiales vegetales procedentes de las operaciones selvícolas: podas, aclareos, selección de brotes, control de la vegetación espontánea y cortas fitosanitarias. Cuando tenemos un aprovechamiento maderero, sean cortas intermedias o finales, se generan ramas, raberones y tocones, entre otros productos. Ocurre lo mismo con otros montes como pueden ser los destinados a leñas, a reforestación, espacios forestales de monte bajo, etc. Recientemente aparece el denominado Cultivo Energético Forestal y cuyo rasgo distintivo es que será destinado exclusivamente para uso energético, sin depender de la duración de su ciclo de producción.

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Fernando Molina.

Este concepto lleva implícito el de Biomasa Forestal Secundaria (BFS) que es la materia orgánica residual generada en los procesos de la industria de transformación de la madera: fábricas de celulosa, fábricas de tableros y contrachapados, serrerías, carpinterías e industrias del mueble. Este grupo lo integran: las lejías negras, los costeros, tacos, serrín, etc. En el grupo de BFS han de entrar los restos de madera o masa vegetal en general que resulta de otras actividades industriales o de residuos urbanos, como pueden ser los palés y los embalajes.

Perspectiva histórica

Para situarnos debemos recordar algunos hechos. Desde el origen del control del fuego por el hombre, se ha utilizado de forma natural lo que ahora llamamos BFP, por tratarse del primer material utilizado para satisfacer su demanda de energía. Así fue hasta hace medio siglo en que se usaban las leñas y los carbones vegetales de forma habitual. Coincidiendo con el uso de otros materiales energéticos, no autóctonos, se desplazó su uso quedando en una situación de reliquia. Paradójicamente se ha reducido en la medida que era eclipsada por el esplendor del 'desarrollo'. Igual que ha ocurrido en destellos temporales del pasado, poco a poco la sociedad ha ido siendo consciente de esa realidad tozuda del entorno en el que vivimos y tanto debemos cuidar. Ese momento llegó con las diferentes crisis energéticas.

El 27 de noviembre de 1997, fecha en que fué publicada la Ley 54/97, el sector eléctrico deja de ser patrimonio exclusivo de las empresas eléctricas clásicas. Desde ese momento se introducen, poco a poco, normas de distinto rango, que permiten la entrada en el sector a entidades nuevas y ajenas a la cadena de producción, transporte y distribución de electricidad.

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Extracción y saca de biomasa del monte.

Los primeros pasos, en esa dirección, ya lo habían dado los cogeneradores. Estos se pueden definir como aquellas industrias que tienen la posibilidad de entregar a la red de distribución, la energía que les 'sobra' en sus procesos de autogeneración, básicamente destinada a su demanda interna. También tienen la posibilidad de aprovechamiento de sobrantes: calor, gases, residuos orgánicos, etc.; que transformados en energía eléctrica se venden en la red.

Progresivamente toma cuerpo la idea de que si alguien tiene alguna sustancia que sirva de combustible, o algún artilugio que pueda generar electricidad, este también puede ser productor de energía eléctrica. Suelen ser empresas de servicios, que habitualmente trabajan para las compañías eléctricas y están familiarizados con el sector.

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Restos esparcidos de operaciones selvícolas por el terreno forestal y una máquina trabajando de fondo.

Paralelamente a ese proceso 'liberalizador' del sector eléctrico, toma cuerpo la idea de desarrollar nuevas fuentes de energía, alternativas y 'renovables'. Estas fuentes deben cumplir el difícil papel de proporcionar la energía que se necesita sin deteriorar, más de lo que está, el medio ambiente. Incluso algunos optimistas creen que se podrían anular los efectos perniciosos de otras existentes. El denominador común de todas ellas era que eran 'medioambientalmente sostenibles', con la ventaja de ser autóctonas.

Son las consecuencias de los compromisos del Protocolo de Kyoto, obligando a los estados a adoptar medidas que consigan reducir el cambio climático. Una de las medidas más conocidas es la de reducción en la emisión de gases invernadero (CO2). Con ello entraríamos en el cambio climático y todos sus problemas, de los que el uso de la Biomasa Forestal Primaria así como una Gestión Forestal Sostenible serían algunas de las armas más poderosas para mejorar la situación.

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Biomasa forestal primaria en el camino esperando ser recogida.

¿Y los propietarios de los montes?

En todo ese tiempo los propietarios de montes han estado observando, como se desarrollan los acontecimientos, con la falsa esperanza de que se reconociera su labor. Todos sabemos, que en este país, la inmensa mayoría del territorio forestal es de titularidad privada y está gestionada por millones de selvicultores. No debemos olvidar que no hay rincón que no haya sido intervenido por la mano del hombre, es decir que todos los espacios forestales que existen en nuestro entorno son el resultado de la acción del hombre.

Dicho de otro modo, todo aquello que está recogido como espacio protegido, las explotaciones forestales, las dehesas, etc., son el resultado de una labor de nuestros padres. Lo que ahora llamamos una Gestión Forestal Sostenible y el adecuado aprovechamiento de la Biomasa Forestal Primaria es renombrar y adaptar a los tiempos actuales la labor exitosa de siglos de trabajo, realizada por los selvicultores de siempre. Por contraste tenemos el ejemplo claro de aquellas zonas que han sido esquilmadas por gente no selvicultora, al sobreexplotar zonas de forma irresponsable.

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Un aprovechamiento de pino radiata para uso energético.

En la actualidad los selvicultores europeos están organizados en una estructura confederada y la Confederación de Organizaciones de Selvicultores de España (Cose) está formada por dieciséis organizaciones forestales de ámbito autonómico, siendo el representante español ante la Confederación de Propietarios Forestales Europeos (CEPF). Con esta herramienta los propietarios de montes pueden participar en foros de ámbito autonómico, estatal e internacional.

Como se sugiere en mi discurso desde la propiedad privada se siente una especie de frustración ante algo que no termina de cuajar. Desgraciadamente somos un sector que no tiene mucha influencia en el Producto Interior Bruto (PIB) y eso se traduce en poco poder político. Curiosamente contrasta con el anhelo de la sociedad en los últimos tiempos, demanda los espacios no urbanos, no industriales, los espacios forestales que ahora se engloba en lo 'rural'.

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Una paca de biomasa.

¿Qué sugerimos los propietarios de montes para evitar el fracaso?

Desde nuestro balcón forestal observamos con preocupación que algo que puede representar un valor inestimable se pueda quedar en un hermoso sueño, sumiéndose en un fracaso más de los últimos tiempos.

Dado nuestro talante constructivo y de lucha ante lo difícil, nos atrevemos a dar algunas sugerencias, la mayor parte de ellas están propuestas por otros componentes del sector forestal, pero las defendemos como si fueran propias y lo llamamos buenas prácticas:

  • Minimizar los riesgos y los impactos negativos, planificando los trabajos de aprovechamiento de la biomasa de una forma correcta.
  • Mantener la biodiversidad, asegurando la permanencia de los recursos existentes en los bosques. Estos recursos son renovables, ya que su aprovechamiento garantiza su regeneración.
  • Respetar las especies vegetales protegidas, raras o que debido a su escasez deban ser conservadas para favorecer la biodiversidad.
  • Evitar comprometer el hábitat y fauna silvestres.
  • No extraer la biomasa forestal en zonas de elevada pendiente o con insuficiente profundidad del suelo, donde el riesgo de erosión es mayor.
  • Evitar el uso de maquinaria pesada en lugares donde haya problemas de compactación del suelo.
  • Dejar en el monte la mayor cantidad de hojas y ramitas finas que permitan mantener contenidos de materia orgánica en los suelos.
  • En los suelos pobres en nutrientes se debe contemplar un programa de restitución.
  • Aplicar técnicas selvícolas que favorezcan la presencia de nutrientes: aclareos, prolongación de rotaciones y plantaciones mixtas, cuando sea técnicamente viable.
  • Efectuar el seguimiento de la regeneración natural después de la retirada de los restos de explotación. En caso necesario de debe proceder a la reforestación del área.
  • Minimizar los impactos negativos producidos por los cargaderos o parques de almacenamiento de la biomasa, procurando su integración en el paisaje.
  • Impulsar la instalación de centrales de generación de energía a partir de la BFP, lo más cerca posible de los bosques generadores del recurso, evitando largos desplazamientos de transporte.
  • Promover la reincorporación en los suelos de las cenizas generadas en la combustión de biomasa forestal, filtrando previamente las posibles substancias tóxicas.
  • Promover procesos tecnológicos que respeten los ciclos del agua en las zonas de instalación de las centrales de generación de energía.
  • Promover políticas de apoyo para que la cadena retributiva sea homogénea en todos sus eslabones. Aumentando así el valor de todo el proceso.
  • Promover la diversidad de procesos impidiendo las prácticas monopolistas y respetando los usos tradicionales de la madera.

Empresas o entidades relacionadas

Confederación de Organizaciones de Selvicultores de España

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