
Mi padre fue un empresario de éxito. Fundó su empresa en los años sesenta partiendo de cero y la fue desarrollando en las décadas siguientes a base de trabajo y de tesón hasta conseguir un notable volumen de negocio y un elevado prestigio internacional. En los treinta años que duró su singladura empresarial pasó épocas de gran expansión y otras de enormes dificultades. Pero cada año, por Navidad, con la familia reunida en torno a la mesa, a la hora de los turrones y los mantecados, tanto en los años buenos como en los años malos, siempre proponía el mismo brindis: “para que el año que viene no sea peor que éste”.
Discúlpenme esta digresión nostálgica pero la recordé hace poco cuando un colega me comentó que en las pasadas Navidades un consejero de Economía se despidió de sus colaboradores diciéndoles “disfrutad de estas fiestas porque, a partir de ahora, cada año será peor que el anterior”. Y justo en esas estamos, efectivamente. Cerrado el primer trimestre de 2012, los datos y los indicios no pueden ser más desalentadores. Hemos vuelto a entrar en recesión, siguen cerrando empresas, el paro no deja de aumentar, se debilita la demanda interna y empieza a decaer la exterior, el crédito no fluye y todo parece indicar que la contracción fiscal y el recorte presupuestario acabarán de machacar nuestra maltrecha economía en los próximos meses. Las estadísticas de algunos sectores clave producen verdadero pavor: las matriculaciones de camiones están en mínimos desde 1985, las de automóviles desde 1986, y el consumo de cemento en mínimos desde 1967...
No nos engañemos. No hay nada en las expectativas económicas a corto y medio plazo que inviten al optimismo. La economía española va mal, seguirá empeorando en lo que queda de año y probablemente en el siguiente. Éstos son los parámetros del modelo y a ellos debemos atenernos a la hora de tomar cualquier decisión, en lo empresarial e incluso en lo personal. Lo contrario sería suicida. Sin embargo, este marco tan sombrío nos brinda también enormes oportunidades. Y es nuestra responsabilidad saberlas detectar, explorar y aprovechar. Oportunidades para reinventarnos, para crecer o para decrecer, para redirigir nuestra producción a otros sectores o a otros mercados, para cambiar el modelo de negocio, para aunar nuestros esfuerzos con los de otras empresas. O incluso, por qué no, para terminar de una vez con lo que ya no tiene remedio y empezar de nuevo con otros horizontes.
Son tiempos de grandes cambios. El paisaje ya no será el mismo cuando amaine la tormenta. Habrá causado gran devastación pero habrán nacido árboles nuevos y otros se habrán fortalecido. Inmersos en lo más crudo de la tempestad y viendo en el cielo la amenaza de las nubes negras queda poco lugar para la esperanza. Pero es en la oscuridad donde es más fácil detectar el brillo tenue de una cerilla.
Mi padre nació en el año veintinueve, el año de la gran depresión. Mi abuelo se fue al exilio después de haber luchado en el frente y mi padre y sus hermanos tuvieron que ponerse a trabajar a los once años. Vivieron duramente la posguerra y el racionamiento. Y pasaron hambre. Como casi todo el mundo en aquellos años.
Los que pasamos de los cincuenta, los que ya peinan canas o los que tenemos poco que peinar, no sabemos lo que es pasar hambre. Somos la primera generación que no ha tenido que vivir ninguna guerra, ninguna gran epidemia, ninguna gran depresión. Sostenemos un Estado del Bienestar que, pese a los recortes y las ineficiencias, garantiza a todo el mundo una adecuada cobertura sanitaria y educación para nuestros hijos hasta los dieciséis años. Ninguna de las generaciones que nos precedieron gozó de tantos derechos y de tanto nivel de bienestar. Esto es así, y lo va a seguir siendo, aunque el PIB se nos caiga un 2% o el paro se ponga en el 23%. Bendita crisis, hubieran gritado nuestros abuelos si hubieran tenido entonces la situación que hoy calificamos de dramática.
Estamos pasando un mal momento económico y empeorará en los próximos meses. No asumirlo sería ingenuo, y actuar sin tenerlo en cuenta, una enorme temeridad. Pero no se otean en horizonte los cuatro jinetes del Apocalipsis. Mi padre volvió a desear la pasada Navidad que este año no fuera peor que el anterior. Y tal vez sus deseos no se cumplan para el conjunto de la economía. Pero para cada uno de nosotros, procurar que no lo sea es de nuestra exclusiva responsabilidad. No hay lugar para el lamento y menos aún para la resignación.
| #35 | refugio montes chavez | 19/04/2012 3:56:05 |
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| soy de chihuahua,chih y porsupuesto mexicano, muy atinado su articulo felicitaciones parece ser que lo que pasa en su pais pasa en el nuestro. | ||
| #22 | Manuel. | 02/04/2012 8:56:42 |
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| Que el pasado nos marque la experiencia que nos permita afrontar positivamente el presente y consigamos ese futuro que anhelamos. Depende de uno y de todos. | ||
| #12 | Angel Sereno Marchante | 30/03/2012 21:11:40 |
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| Felicidades por el articulo, fiel reflejo y buenisima descripción de la realidad que estamos viviendo. Angel Sereno de www.cosemarozono.es | ||
| #9 | Mª Fernanda | 30/03/2012 18:02:23 |
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| Un artículo estupendo y tristemente real. | ||
| #7 | Alfredo Martinez | 30/03/2012 17:33:29 |
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| ...me gusta, esto va a durar décadas pero me gusta...pffff hay que ser optimistas...y creer en los milagros...pfff | ||
| #4 | Alejandro Licitra | 30/03/2012 13:43:19 |
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| Felicitaciones por el artículo. | ||
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