Marcas, identidad, comunicación, formación: Gestión integral de la comunicación y el conocimiento
Antecedentes, puntos fuertes y débiles, previsiones, oportunidades y amenazas

La industria española y los servicios profesionales

Miguel Ángel Valencia
Consultor Senior de IAC (Ideas Are Capital)
11/07/2008

11 de julio de 2008

Los males que aquejan a la industria española son fundamentalmente su baja productividad y competitividad. Los servicios profesionales dirigidos a la industria deben tener como objetivo el mejorar estos parámetros.
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En la actualidad, las mercaderías se diseñan en una ciudad, se fabrican en otra, alejada miles de kilómetros y se consumen en un mercado mundial.
Los conocimientos que aplican las empresas de servicios profesionales se sitúan en dos planos; uno horizontal, procedimental de carácter general y otro vertical, sustantivo y de conocimientos específicos. Pertenecen al plano horizontal la gestión por procesos (BPA y BPM), la tecnología de la información y las comunicaciones, la gestión por proyectos, las herramientas y metodologías de gestión. Son propios del plano vertical los conocimientos específicos en materias y/o sectores; como por ejemplo finanzas en el sector del automóvil, cadena logística en el sector de la farmacia, capital circulante en el sector de los electrodomésticos, estudios de mercado en el sector de la distribución y comercio exterior en la industria textil, entre otros.

La combinación de estos conocimientos debe ponerse al servicio de la industria a fin de mejorar la situación actual. Las oficinas prestadoras de servicios profesionales hasta ahora se agrupaban, fundamentalmente, en consultorías, ingenierías y asesorías; se ha observado últimamente una convergencia cada vez mayor en los tres tipos. En el futuro aparecerán oficinas gestoras como centros de competencia o de excelencia.

Estos centros de producción de servicios difícilmente agruparán todos los conocimientos, tanto sustantivos como procedimentales, necesarios para ayudar a la industria española; sin embargo, sí que contarán con capacidad de gestión para coordinar e impulsar proyectos multidisciplinares; para contratar, a su vez a proveedores específicos y para alinear los trabajos encaminados a mejorar las industrias. También serán expertos en servicios de planificación, estrategia y análisis y dispondrán de una red de relaciones para la implantación de las soluciones previstas y analizadas.

Dados los problemas que aquejan a la industria española, es previsible el aumento de la cartera de pedidos de los servicios que tengan como objetivos aumentar la productividad, competitividad y rentabilidad (TIC, BPM y BPA), ganar cuota de mercado (Marketing e Investigación de Mercados), innovar en productos y procesos (Centros de Investigación, Producción y/o adquisición de patentes), exportar (Comercio Exterior) y orientar y Estructurar el Negocio (Estrategia, Adquisición y fusión de empresas).

Visión general y antecedentes

La industria, en general, entendida como manufacturas se remonta a la alta Edad Media y goza de un vigor importante durante el siglo XVI con las pañerías y el XVIII con las fábricas reales. No obstante, poco tiene que ver esa industria, con la actual, que tiene sus antecedentes más inmediatos en la Revolución Industrial.

Sin embargo, sí que hay un rasgo común a ésta nuestra Segunda Revolución Industrial, a la primera Revolución Industrial y a las manufacturas y es la expansión del comercio y la agrupación de capitales. En efecto, todos los crecimientos industriales han venido precedidos de un movimiento de concentración de capitales, suficiente para acometer las inversiones en equipos fijos y de una expansión comercial que ha permitido el intercambio de bienes.

Desde nuestra incorporación a la CE ha habido grandes expectativas en torno al crecimiento industrial español, al que se le preveía un puesto entre los países líderes
En concreto, en España se ha observado el auge de la industria y las manufacturas asociado a la concentración de metales traídos de ultramar con el descubrimiento de América y al intercambio comercial con estos territorios; y a la movilización de capitales con las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz.

En épocas recientes se observa el impulso dado en los años de 1940 a 1960 a la industria con unas características propias, como son el proceder, fundamentalmente de un plan estatal y en régimen de autarquía, que acentuó la escasa competitividad de la industria española, que se veía protegida de la competencia y favorecida por un notable mercado interior, con una clase media floreciente.

Desde entonces, hasta la actualidad se distingue, en nuestra industria, la siguiente trayectoria: un periodo de 1975 a 1985 marcado por una fuerte crisis que acabó en una forzosa reconversión industrial. El tramo que va de 1985 a 1989 caracterizado por una recuperación industrial que se atribuye a los siguientes factores: los frutos del proceso de reconversión, la contención en los salarios, los beneficios fiscales debidos a la posibilidad de amortización inmediata de los equipos adquiridos en 1985 y 1986 y a la expectativa por la integración en la CE. La crisis industrial de 1989 a 1993 motivada, entre otras cosas, por la inflación, la reducción de la rentabilidad industrial y el deterioro del tejido industrial. A partir de 1994 se aprecia una evolución positiva, con altibajos, hasta nuestros días.

Desde nuestra incorporación a la CE ha habido grandes expectativas de los organismos comunitarios en torno al crecimiento industrial español, al que se le preveía un puesto entre los países líderes, perspectivas que, en gran parte han sido defraudadas al observar el escaso e irregular crecimiento de nuestra industria, a pesar de las fuertes subvenciones comunitarias realizadas durante veinte años y que, en principio, iban destinadas al crecimiento industrial.

Situación actual. Fortalezas y debilidades

Los antecedentes históricos, entre otras causas, traen como consecuencia una industria española, diferenciada fuertemente con respecto a su entorno, en lo siguiente:

- Pequeña dimensión de las industrias, que provoca una débil capacidad inversora y la dificultad para acometer gastos en Investigación.

- Ausencia de redes exportadoras estables. En efecto, en general se observa que los bienes españoles se distribuyen en el extranjero, a través de agentes o comisionistas del país de origen; sin que, en la mayoría de los casos se disponga de red propia de distribución.

- Industria productora de bienes intermedios, tanto en lo tecnológico como en el tamaño. La industria española se considera de tecnología no puntera y con escasa producción de instalaciones y bienes de equipo. Es decir, no disfruta de tecnología de producto ni de tecnología de procesos.

- Escasa diferenciación en productos, que dificulta conseguir “nichos” rentables en los sectores de demanda media y débil.

- Industria poco eficiente en el uso de la energía y, además, agravado porque suele ser intensiva en el consumo de recursos energéticos.

- Por el contrario, nuestra industria presenta como fortalezas las siguientes características:

- Sólido y estable sector financiero; a pesar de que las relaciones entre la industria y la banca españolas no han sido modélicas; sin embargo, es destacable que la fortaleza financiera ha contribuido al sostenimiento de la economía y, en particular, de la industria.

- Disponibilidad de un abundante capital humano cada vez mejor preparado. Es destacable, en los últimos años el incremento en alumnos matriculados en universidades y en titulados técnicos y científicos.

- Amplio mercado interior, con más de cuarenta millones de potenciales clientes. Sólo tres mercados europeos nos superan en número (Alemania, Francia e Inglaterra).

- Posibilidad real de sustituir productos de importación. La numerosa clase media española demanda productos de consumo, que, en gran parte se han abastecido de importaciones. La industria española tiene posibilidad de sustituir estas importaciones y ofrecer un valor añadido por proximidad y servicio.

- Incorporación temprana al cambio tecnológico dominado por la sociedad de la información y de las telecomunicaciones. Con el advenimiento de la sociedad de la información (Segunda Revolución Industrial) se abrió un debate, felizmente superado, sobre la posibilidad de que España se incorporara a la misma, o bien sufriera el mismo retraso que el de la Primera Revolución Industrial.

Previsiones. Oportunidades y amenazas

Salvo en algunos casos concretos, es difícil en general catalogar las externalidades más acusadas como oportunidades o amenazas. Actualmente, el factor externo más influyente en la economía y en la industria española es, con mucho, la globalización. Vivimos en un mundo en el que las mercaderías se diseñan en una ciudad, se fabrican en otra, alejada miles de kilómetros y se consumen en un mercado mundial, sin que el coste del transporte (a pesar del precio del combustible) sea relevante en el precio unitario final al consumidor. Otro tanto ocurre con los capitales que encuentran, en un mercado financiero interconectado, una facilidad para traspasar fronteras sin precedentes. Adicionalmente, la fuerza laboral también se desplaza entre países y regiones.

Considerando, como factor general la globalización, en particular, nos influye de forma especial la incorporación a la OMC (Organización Mundial del Comercio) de los países asiáticos y, en particular de China y la ampliación de la Europa de los 27. En concreto, respecto a este último factor se observa que los países de la ampliación están realizando una especialización creciente en los sectores de tecnología media-alta y están superando a la industria española en cuanto a producción y exportaciones.

Desgraciadamente, hasta ahora, la globalización, para la industria española se ha mostrado más como una amenaza que como una oportunidad, así hemos visto como en los últimos años se ha producido una clara deslocalización de las industrias españolas y, en particular de las multinacionales que, en no pocos casos, han desinvertido en España.

Por otra parte, este entorno global ha traído como consecuencia, la oportunidad, para la industria española, de dirigirse a mercados de mayor dimensión, con un número potencial de clientes de centenares e incluso miles de millones si consideramos el mencionado mercado asiático. Para convertir la globalización en una oportunidad, la industria debe resolver, por una parte, el problema de competitividad, que se manifiesta en los déficits comerciales de la mayoría de las ramas industriales y en la pérdida de cuota en el abastecimiento de la demanda interna y, por otra, el bajo nivel de productividad en relación a la media de la UE, que cabe atribuir a las deficiencias para generar tecnología y otros activos intangibles.

Otra amenaza-oportunidad para la industria española es el crecimiento del sector de servicios y la construcción que, por una parte esta desplazando mano de obra desde la industria a éstos pero que, por otra parte crea una economía inducida (industria del ladrillo, cerámica…) en un entorno de creciente interdependencia entre bienes y servicios. Al mismo tiempo, cabe señalar que esta interdependencia ha contribuido a que la competitividad de la industria dependa tanto de las actividades directamente productivas como de los servicios empresariales ligados a las mismas.

En definitiva, las oportunidades para nuestra industria vendrán de la mano de las ventajas competitivas que se obtengan en nuestros productos y de la diferenciación de los mismos, de la innovación en productos y procesos, de la internacionalización de nuestras redes comerciales, de la dimensión internacional de nuestras empresas, de la incorporación de tecnología, del apoyo de una política de infraestructuras y fiscal adecuada y de la colaboración de oficinas de servicios profesionales.

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Los servicios profesionales dirigidos a la industria deben mejorar la productividad y la competitividad.
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