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Arquitectura de Lina Bo Bardi y naturaleza

El Paisaje de La Ladeira da Misericórdia en Salvador De Bahía

Mara Sánchez Llorens (Doctora Arquitecta)02/02/2011

02 de febrero de 2011

Esta arquitecta italiana, nacida en Roma, viviría en São Salvador de Bahia entre 1958 y 1964 y le cambiaría la cara a esta bella ciudad del litoral brasileño para toda la vida, con proyectos tan innovadores como la rehabilitación de ‘Casa-Grande’ y ‘Senzala’, la recuperación de su centro histórico (ahora patrimonio de la Unesco), la reordenación del ‘Barrio de Pelourinho’, la recuperación de las áreas circundantes de ‘Terreiro de Jesús’ y de ‘Belvedere de La Sé’, y por último, la increíble renovación de ‘La Ladeira da Misericórdia’.

En agosto de 1956 se celebró en la capital de Brasil, entonces Rio de Janeiro, el XVIII Congreso Internacional de Geografía “Geographica” en el que se presentó la Livre Guide nº6 que analizaba detalladamente la fisonomía, los mapas rurales y demográficos del Recôncavo Bahiano, así como la evolución urbana de la Villa de Bahia.

La arquitecta Lina Bo Bardi llegó a la ciudad de Salvador dos años más tarde, invitada por la Universidad Federal de Bahia para impartir un curso de Arquitectura. Entre los años 1958 y 1964 desarrolló múltiples trabajos y participó intensamente en la activación cultural soteropolitana. Uno de los proyectos realizados fue una interesante rehabilitación de ‘Casa-grande’ y ‘Senzala’ para uso museístico (Museo de Arte Popular, 1959), conocido como el ‘Solar de Unhão’.

Como punto de partida realizó una acción infraestructural, convenciendo a la Administración local del desvío del trazado de una vía rápida litoral que en la propuesta inicial atravesaba dicho complejo arquitectónico, con ello esbozó una planificación que no dejaba de lado el peso natural geográfico lugareño, rescatando con ello el análisis del Congreso “Geographica”.

En 1986 Lina Bo Bardi regresó a Salvador al recibir el encargo, por parte de la municipalidad de la ciudad, de recuperar el Centro Histórico soteropolitano amenazado por la extrema dejadez y el descontrolado crecimiento turístico. Un año antes el bellísimo Centro Histórico, ejemplo del urbanismo portugués del siglo XVI, había sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Salvador de Bahía puede definirse con dos accidentes geográficos clave: El primero es la fachada marítima en niveles que divide la ciudad en dos, la Ciudad Alta y la Ciudad Baja (lo que nos evoca otras urbes lusas como Lisboa, en una suerte de imagen-espejo) conectándose ambas partes con vías quebradas como ‘Misericórdia’ y ‘Conceição’, por las que se transportaron bienes y habitantes desde el Puerto a la Villa, y de manera puntual a través del ascensor, elevador Lacerda, que salva un desnivel de 72 metros y que desde su inauguración en 1873 redujo la importancia de las viejas calles empinadas. En la Villa aludida aparece el segundo accidente geográfico al que nos referíamos, una topografía de colinas dulcemente onduladas.

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En 1986 Lina Bo Bardi regresó a Salvador para recuperar el Centro Histórico soteropolitano amenazado por la extrema dejadez y el descontrolado crecimiento turístico. Un año antes el Centro Histórico, ejemplo del urbanismo portugués del siglo XVI, había sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

El estado de abandono de la ciudad en aquellos años, arquitectónica y social, era significativo a juzgar por los documentos y testimonios consultados (“El Centro Histórico, progresivamente degradado y socialmente marginado, contaba con un 30% de inmuebles en ruinas o semi-ruinas”, Olivia de Oliveira, Sutiles inversiones urbanas, “Perspectivas Urbanas” (nº 10), p.23).

La contundente propuesta de ‘Recuperación del Centro Histórico’ que presentó Lina Bo Bardi trató de ligar tres actuaciones: primero la rehabilitación y reordenación del barrio de ‘Pelourinho’ mediante su recicle edilicio con usos culturales; en segundo lugar el área circundante del ‘Terreiro de Jesús’ y ‘Belvedere da Sé’, ligando sendas plazas con el resto del centro y por último el proyecto para la Ladeira da Misericórdia, en la que centraremos este breve ensayo.

Descripción de la intervención en la Ladeira da Misericórdia

Si partimos de la singular ladera de la ciudad, en la que la historia superpuso un trazado urbano sobre el territorio primigenio (para comunicar precisamente la posterior división de la ciudad) en la propuesta de Lina Bo Bardi se trató de conseguir la cohesión y la identidad pública a través de un proyecto piloto que se habría extrapolado a toda la cornisa soteropolitana, denominado Ladeira da Misericórdia.

El emplazamiento se corresponde con el desnivel existente bajo la Iglesia da Misericórdia que con el avance urbano necesitó abrir una senda que comunicaba esta parte de la ciudad con el puerto.

El acercamiento de Bo Bardi se produjo desde un análisis inventivo basado en la singularidad del entorno, para ello la arquitecta analizó gráficamente los muros de contención y los bastiones de la pendiente, ambas márgenes de la muralla, que limitaban la senda y las edificaciones ya existentes.

La relación entre la geografía y la ciudad fue su manera de leer la naturaleza, resultado de visitas frecuentes intensamente vividas. Su arquitectura interpretó el paisaje existente y éste informó a su arquitectura que redefinió, en su emplazamiento, una nueva fisonomía de la ciudad.

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El acercamiento de Bo Bardi se produjo desde un análisis inventivo basado en la singularidad del entorno, la arquitecta analizó gráficamente los muros de contención y los bastiones de la pendiente, ambas márgenes de la muralla, que limitaban la senda y las edificaciones ya existentes

Como punto de partida propuso rehabilitar los tres edificios existentes con criterios científicos (Carta de Venecia de 1965) enriqueciendo el esquema original de vivienda con un programa mixto de residencia y área de trabajo. El proyecto se completó con dos proposiciones sincréticas con lo existente: el ‘Restaurante do Coatí’ (hoy restaurante ‘Zanzíbar’) y el Bar ‘Dos 3 Arcos’ al aire libre. El conjunto se remató con la senda original cualificada y convertida en paseo, ‘Passeio dos Bastiões’. El proyecto piloto en su conjunto era una unidad de crecimiento urbano. Además proponía la “democratización social” de los espacios públicos de la ciudad frente al desarrollo turístico alternativo.

Lina Bo Bardi decidió habitar los muros de contención que primero habían sido una construcción y luego se rodearon de edificios y naturaleza. La propuesta de la arquitecta fue primero jardín, un exuberante mango y después edificio-restaurante que rodeó el jardín dejando que éste siguiera creciendo encima, debajo, en la fachada, etc. para cubrirlo totalmente. Lo mismo sucedió con su proyecto de bar al aire libre. Arquitectura y paisaje se enlazaron en un proceso orgánico, una nueva topografía vegetal.

Las infraestructuras de contención gozaron de la dualidad de ser y habitar. Resulta reveladora la mirada bobardiana que no perdió de vista el paisaje, dejando ser vista tímidamente lo que se materializa con la particular forma de las ventanas, para mirar y no ser vistos.

La geometría superpuesta generaba zonas aparentemente residuales que Lina convirtió en “jardines conectores”, un proyecto compacto, una unida paisajística completa que dominaba todas las geometrías.

Materiales

Podría parecer que los proyectos en un país de exuberante vegetación como es Brasil están predispuestos a que naturaleza y arquitectura sean inseparables. En este sentido Burle Marx representa el paisajismo moderno brasileño haciendo que sus propuestas pictóricas puedan recorrerse a través de sus jardines: sus lienzos dieron el salto a un paisaje cercano al surrealismo, en dos dimensiones. Podemos afirmar que Lina Bo Bardi extrapoló esta idea a las tres dimensiones espaciales.

El clima en el caso de Bahía es un valioso compañero, las elevadas temperaturas y el sol potente invitan a crear espacios en sombra en los que la brisa es necesaria. Las intensas lluvias transforman el espacio con los reflejos que provocan y provocan posteriores e intermitentes brumas.

Lina Bo Bardi no pretendió conservar la belleza absoluta de la naturaleza que habita el paisaje, sino que facilitó que ésta fuera observada desde su arquitectura en la que se mezclaban materiales a la espera de prestar atención sobre qué sucedía. La naturaleza se convirtió en un material más con el que construir esos nuevos paisajes.

La arquitectura propuesta era un controlador de la hidrografía que potenciaba el recorrido natural del agua garantizado gracias al sistema de piezas prefabricadas de hormigón poroso que Bo Bardi diseñó junto a João Filgueiras Lima.

Lina Bo Bardi no pretendió conservar la belleza absoluta de la naturaleza que habita el paisaje, sino que facilitó que fuera observada desde su arquitectura en la que se mezclaban materiales a la espera de prestar atención sobre lo qué sucedía

Este experimento constructivo ralentizaba la velocidad de la escorrentía y se aprovechaba además como contenedor de tierra vegetal en la que la espesura podía seguir creciendo.

Este sistema industrial novedoso fue ensayado en las diferentes intervenciones que realizó la arquitecta en Salvador, como la ‘Casa do Benin’ y la ‘Casa dell'Olodum’ con el objetivo sistematizarlo de manera económica y eficaz al poderse aplicar a innumerables proyectos (intuimos cierta sensación de urgencia), ligándolo con criterios ecológicos.

En su intervención en la Ladeira adoptó su forma más libre y flexible, al responder con igual eficacia a la geometría rigurosa de los trazados coloniales y a los propuestos por la arquitecta que fueron orgánicos respetando la topografía y la muralla existente, acercándose dramáticamente sin rozarla, respetando totalmente el muro dieciochesco.

La planta del restaurante se desarrolló como una sucesión de geometrías circulares no concéntricas que dirigían la entrada de la luz hacia el protagonista gran mango y abriéndose al paisaje marítimo en un guiño travieso que son las ventanas. El bar al aire libre fue un informador histórico y reencuentro-homenaje de la ciudad hacia la ladera.

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Acciones

Lina Bo Bardi introdujo las claves necesarias para recuperar y salvaguardar el paisaje de la ladera soteropolitana a través de este proyecto piloto que enlazó arquitectura, producción industrial, sociología y paisaje.

Intercaló una larga serie de realidades relacionándolas entre sí, transformándolas a través de un sistema ya presente en el lugar, esta relectura no alteró las características de su identidad.

Este nuevo paisaje puede ser entendido como un auténtico “edificio” de la nueva ciudad y no un residuo de la antigua, que a través del nuevo orden propuesto es capaz de infiltrarse y reconducir el desarrollo urbano (de ahí que sea denominado proyecto piloto), los espacios antes residuales se convierten en espacios libres reciclables.

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Artealización

(“Proceso artístico que transforma y embellece la naturaleza, ya sea directamente (in situ) o indirectamente (de visu) a través de modelos perceptivos”, Alain Roger, Land & Scape Series: Landscape+100 palabras para habitarlo, 2007, pp.26-28).

En primer lugar podemos afirmar que el proyecto piloto de la Ladeira da Misericordia forma parte de la memoria, podemos hablar de vestigios que ligan lo visible con lo invisible, hablándonos por igual de las huellas del pasado, de lo que desaparece, y de lo que resiste.

Lina Bo Bardi transforma y embellece la naturaleza existente en la ladera desde la nueva perspectiva de contemplar el paisaje desde dentro de la naturaleza, ésta invade los espacios proyectados de forma material y a través de una luz matizada por los verdes.

La clave de la propuesta de Lina Bo Bardi está en la fascinación por el vacío, por la “nada” lo que implica proporcionarle un nuevo aire al lugar, una nueva luz, un nuevo punto de vista desde el que observamos y somos observados, mediante transparencias y un estado casi mágico. En cierta manera se disuelve el arte en la vida.

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Conclusiones

Las propuestas de Lina Bo Bardi constituyen una revisión de una disciplina algo estancada entonces, como era el urbanismo. Desde un relectura, ligada a la geografía, plantea un modo novedoso de entender la ciudad mucho más contemporánea y global, aunando arquitectura, ciudad y paisaje, de una manera inteligente y prepositiva, adelantándose a lo que muchas ciudades europeas han requerido más adelante.

Encontramos en esta reflexión un nuevo equilibrio entre los espacios y la naturaleza que activa el crecimiento futuro de la ciudad, sus límites y su desarrollo histórico, en una forma de “faros urbanos” de intenso impacto que contagian esta activación a su alrededor, así como el propio edificio, en un salto de escala constante, aportando además ideas más sociales a través de un lenguaje contundente.

La naturaleza es protagonista de la intervención y la arquitectura un mero instrumento que facilita la transición entre lo natural y lo artificial de lo urbano, lo que nos revela que su diseño es una protección bajo la que poder vivir la vida.

Entendemos el proyecto de paisaje como proyecto de arquitectura y naturaleza a la vez y es en esta definición en la que encajamos los proyectos acotados de Lina Bo Bardi.