El salitre ambiental es el principal problema de un jardín junto al mar

Cómo diseñar un jardín junto al mar

Roberto Gómez25/05/2010
Una casa con jardín en la playa es un sueño para muchos, pero mantener ese jardín puede convertirse en una pesadilla. La proximidad del océano afecta a las plantas, aunque contrarrestar sus efectos es fácil. Basta con seleccionar los árboles, arbustos y flores más resistentes y dispensarles los cuidados apropiados. Si los acompaña de materiales sintéticos, el diseño final puede resultar un verdadero espectáculo para la vista.

El principal problema de un jardín junto al mar es sin duda el salitre ambiental, que se deposita tanto en las plantas como en el suelo. Al romper las olas, el agua pulverizada transporta la sal ayudada por el viento y se posa en el primer obstáculo que se encuentra. Los días de fuertes vientos, junto a esta agua marina, viajan también pequeños granos de arena que actúan como metralla en las plantas. Por eso es conveniente, de vez en cuando, darles un manguerazo para quitar los restos de sal y arena de las hojas.

En estas circunstancias, las plantas más frágiles sufren las peores consecuencias, ya que los granos de arena producen desperfectos en las mismas, el salitre les tapa los poros y la tierra se ensucia con la sal marina. El efecto producido en la planta es el mismo que se produciría si le faltara agua, aunque tenga bastante a su disposición. La sal sobrante, por ejemplo, se acumula en la punta de las hojas, quemándolas. Para combatir esta situación sólo hay que tomar una serie de medidas con respecto a la tierra o el agua.

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Los jardines de Ondarreta en San Sebastián son un claro ejemplo de zonas verdes junto al mar. Autor: Iñaki Gorriti.

El viento fuerte de la costa puede abatir a las plantas más jóvenes y partir ramas de árboles y arbustos. Las palmeras, con sus troncos flexibles y resistentes, son indicadas para estos emplazamientos ventosos. Es aconsejable poner tutores firmes a las plantas más altas para que resistan el azote del viento.

Hay varias opciones para proteger el jardín de la brisa marina. Existen variedades de setos resistentes al salitre, como el transparente (Myoporum spp.) y el pitosporo (Pittosporum tobira). Son de lento crecimiento, pero evitan las turbulencias que originan los clásicos muros. Otra solución es la colocación de una celosía recubierta de plantas trepadoras o, para los más pacientes, la creación de una pantalla de árboles como la acacia o el ciprés.

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Los jardines del Palacio de Miramar (San Sebastián). Autor: Iñaki Gorriti.

El terreno idóneo

El terreno arenoso es la mejor elección, ya que el salitre no se acumula en la tierra. Si se opta por una superficie arcillosa, ha de tenerse en cuenta que, junto con la sal, en ella se formará una costra en el suelo que afectará, de forma muy negativa, a la vida de las plantas. Para el cultivo en tiestos o macetas, aunque se puede usar tierra de tipo arenosa, es más aconsejable utilizar un preparado para plantas que se comercializa en cualquier tienda especializada. Es ligero y asegura una buena penetración del agua. En este aspecto, cabe destacar que la arena de la playa no debe utilizarse en ningún caso, ya que, además de estar prohibido por la ley, las sales que contienen son muy perjudiciales para los cultivos del jardín.

Es importante también mantener un buen drenaje del suelo mediante la instalación de tubos para evacuar las aguas ricas en sal.

Elegir las plantas adecuadas

Como norma general, es importante no comprar plantas delicadas. Para orientarse, lo mejor es fijarse en las que crecen en los jardines de los alrededores y en la propia naturaleza autóctona, eligiendo la que mejor se adapte al gusto de cada uno. Lo más seguro es que se trate de palmeras, tamarindos, bellasombras... En cualquier caso, entre los árboles y arbustos más adecuados para estar cerca del mar se encuentran el ciprés, la morera, la palmera, el pino o el palmito. Otras plantas muy resistentes son el aloe, la hortensia, todos los cactus, el geranio, el potus o la yuca, entre otros.

Quizás lo más complicado en estos casos, sea la elección del césped. Aunque muchos céspedes son sensibles a la sal y viven mal en primera línea de mar, algunas especies resisten mejor las condiciones adversas. Las más extendidas son las gramas, un césped rústico que consume menos agua y se siega poco, aunque amarillea con las temperaturas bajas del invierno. Se siembra a partir de primavera o se planta por esquejes. La variedad americana soporta mejor la sal y apenas amarillea, aunque haga frío. Sin embargo, al ser de hoja más gruesa, no resulta tan cómodo andar descalzo sobre él. Otra variedad, pero menos extendida, es la zoysia japónica, un césped muy ornamental, que también consume poco agua y se riega poco. De todas formas, una de las más utilizadas en zonas costeras es la llamada grameta de Sitges o grameta de Vilanova, una variedad que proporciona abundante césped, del tipo normal y bastante resistente al agua.

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Jardines del Palacio de Miramar de San Sebastián frente al mar.Autor: Iñaki Gorriti.

Materiales de bajo mantenimiento

En muchos casos, las casas ajardinadas situadas en zonas costeras son segundas residencias. Ante estos casos, existen dos opciones: contratar un jardinero, o diseñar un jardín de bajo mantenimiento.

Por un lado, hay que escoger plantas que tengan la floración en las temporadas en las que la casa suela estar habitada. Por otro, la reducción de las zonas de césped puede evitar muchos problemas.

Existen muchas soluciones en el mercado para sustituir la superficie de césped. Hay plantas tapizantes que, además de exigir un menor mantenimiento, evitan la aparición de malas hierbas. Para esto mismo, se puede optar por una malla antihierbas que se puede cubrir con grava o corteza de árbol.

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El salitre es uno de los grandes peligros en la degradación de este tipo de jardines. Fotografía de la playa de Ondarreta en San Sebastián. Autor: Iñaki Gorriti.

Césped artificial

Quizás la opción más práctica y estética sea el césped artificial. Diferentes empresas ofrecen una amplia gama de este producto fabricado en varios colores.

La arquitectura del mediterráneo no es una arquitectura de ostentación. El culto por la segunda vivienda viene desde fines del siglo XIX, pero la mayor difusión se da en los años 60, cuando la clase media llega al placer de disfrutar los espacios frente al mar, imitando a las clases altas.

La arquitectura del Mediterráneo está más vinculada a las áreas de acantilado y fuertes desniveles, desde donde es posible apreciar el mar, pero con una naturaleza menos exuberante, y sin palmeras. Colmada de blancos luminosos, puede complementarse con propuestas como el Bermuda Urban Blanco de Verdalia. Se trata de una innovadora y confortable superficie diseñada tanto para interiores como para exteriores. Disponible en más de 10 colores distintos y gracias a su calidad, Bermuda Urban es un nuevo referente en el diseño de espacios donde la sensación natural y aspecto visual son protagonistas.

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