Marcas, identidad, comunicación, formación: Gestión integral de la comunicación y el conocimiento

Evolución histórica de los espacios de baño en la vivienda

Albert Soriano Rull, técnico en instalaciones hidrosanitarias/Jefe de Estudios de la Escuela Gremial de Instaladores de Barcelona y co-autor del libro 'Historia reciente del cuarto de baño'

09/04/2018

Con motivo de la publicación y presentación del libro ‘Historia reciente del Cuarto de Baño’, de los autores Albert Soriano y Francesc Barca, publicado por Editorial Marcombo, que cuenta además con la colaboración de la empresa Roca, recuperamos este artículo, en el que se sintetizan gran parte de los contenidos de una interesante y rigurosa obra que nos explica la evolución de los cuartos de baño y aseos, así como de sus aparatos sanitarios y griferías, a lo largo de los dos últimos siglos y medio (S.XIX a XXI).

El hombre, en su búsqueda por la mejora de la higiene personal, el puro desahogo biológico y el confort sensorial y social, como base de su bienestar, ha desarrollado a lo largo de la historia diversos 'artefactos' y aparatos incorporados a las estancias de baño, que han conseguido consolidarse como uno de los espacios más cuidados de la vivienda doméstica actual. En este artículo se ofrece un repaso a la evolución de los hábitos higiénicos, componentes sanitarios diversos y espacios destinados al noble arte del aseo y la higiene personal.

foto

Portada del libro “Historia reciente del cuarto de baño”

Salvo puntuales excepciones, en la Grecia Clásica y la Antigua Roma el baño constituía un acto público y social, en el que se ofrecía un verdadero culto al cuerpo, se practicaban la conversación y la cultura, según los diferentes estratos sociales y políticos. En esta etapa, se distinguían básicamente tres modalidades de baño: 'Frigidarium' (baño frio), 'Tepiraium' (baño tibio) y 'Caldarium' (baño caliente o de vapor). También los árabes ejercitaron y difundieron (en ocasiones como rito purificador) el baño común y colectivo.

foto
Fig.2 - Baños públicos romanos (Aquae Sulis) – Bath (Inglaterra) – Año 43 d.C

Al entrar en la llamada Edad Media, dichas prácticas fueron mermado hasta quedar reducidas a una práctica aislada en monasterios, palacetes y otros reductos no atractivos a una sociedad menos cohesionada social y culturalmente que las anteriores, distinguiéndose durante siglos el espacio reservado al imprescindible desahogo de las necesidades biológicas (defecaciones y orines) al de las áreas destinadas a la práctica del baño y el aseo corporal, habitualmente en esta época, mediante lavado por ablución (baño parcial de ciertas partes del cuerpo por derrame directo de agua o por inmersión en cubas de madera de pequeñas dimensiones).

La destrucción de las infraestructuras romanas, debido a la invasión bárbara, unido a la progresiva desintegración de los baños públicos y privados, junto al deshabito propio de la época, condujeron a un desdén por lo higiénico (influencias culturales, religiosas y sociales), que derivó a lo largo de los siglos posteriores en masivas infecciones y epidemias (cólera, peste bubónica, etc).

A lo largo del siglo XV y XVI desaparecen gran parte de las letrinas púbicas y muchas de las privadas, afianzándose el hábito de vaciar bacines en ríos y arroyos, así como arrojar en ciudades y núcleos habitados el contenido de los mismos sobre los viales públicos, al grito de: '¡Agua va!'.

Cuentan que personalidades de renombre histórico, como Isabel de Castilla, tan sólo se lavaron dos veces en su vida, bajo la común creencia de que al lavarse se abrían los poros de la piel y a través de estos, penetraban en el organismo infecciones y miasmas diversos. De algún modo, la incorporación de la ropa interior y el uso de perfumes y colonias provocó que las gentes de la época encontraran más fácil la muda de camisones y otras indumentarias de contacto íntimo, que el propio acto de lavarse. Así en la Ilustración fue muy frecuente entre nobles y cortesanos ocultar el hedor del cuerpo con múltiples capas de talco y perfumes diversos.

Los primeros 'espacios de baño' en la vivienda. Siglos XVIII y XIX

Durante años existió la costumbre de tener en las habitaciones y cámaras privadas de las viviendas, el clásico bacín para efectuar micciones y deposiciones o el conjunto de jofaina (palangana) y jarra, habitualmente situados sobre algún mueble tocador o aguamanil para las operaciones de aseo y lavado de manos y cara; el baño se practicó en los hogares más modestos, de modo parcial, habitualmente mediante elementos portátiles, a modo de barreños, que no tenían en muchas ocasiones un lugar fijo en la vivienda. Esto no evitó, sin embargo, que el ingenio de algunos estudiosos de las necesidades más mundanas, inventaran artefactos que fueron predecesores de algunos de los actuales aparatos sanitarios domésticos.

foto

Inodoro de válvula Óptimus de Stevens Hellyer – 1870 (izq.) / “El barreño” Pintura al oleo de Edgar Degàs – 1888 (centro) / Aguamanil con bacín (abajo) y conjunto de jofaina (arriba) - finales S.XIX

No fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando se empezaron a reservar espacios exclusivos en la vivienda para el alojamiento de aparatos vinculados al aseo y el baño.

En el siguiente apartado veremos la evolución de este proceso y sus condicionantes, que derivaron en el afianzamiento del cuarto de baño en la vivienda, tal y como lo conocemos hoy en día.

Consolidación del cuarto de baño doméstico. Siglos XIX y XX

La materialización del cuarto de baño en la vivienda desde finales del siglo XIX en adelante, fue lenta pero paulatina, en parte como solución a la preocupación por los frecuentes brotes de enfermedades e infecciones de importantes núcleos de población y también, como fruto de la incipiente industrialización y 'modernización' de una sociedad cambiante.

La idea de que las enfermedades se transmitían a través de los gérmenes, los cuales estaban relacionados con la suciedad corporal se promovió desde todos los ámbitos sociales y gubernamentales (entre otros con prestigiosos estudios científicos como los de Pasteur y Lister; 1860-1870).

La reserva de un espacio dedicado al aseo, el baño y la pura evacuación de los fluidos corporales, se desarrolló a finales del S.XIX principalmente en viviendas burguesas y ambientes económicamente acomodados, inicialmente en Inglaterra y Estados Unidos, mediante el diseño de espaciosas salas que exhibían con gran parafernalia, recargados muebles de madera tallada, que revestían a cada uno de los aparatos sanitarios, en el interior de espacios ornamentados con todo lujo de detalles (suelos de mármol, orfebrería diversa, cortinas de terciopelo, azulejos de artesanía y obras de arte, como pinturas y esculturas)

foto

 Ilustración de un cuarto de baño burgués y modelo de bañera-ducha en la segunda mitad del siglo XIX.

La reunión de todos los aparatos en un mismo espacio se resistía, siendo muy común el reservar un espacio para el aseo y el baño por un lado (con la bañera y/o ducha, lavabo y bidé) y el espacio, a modo de pequeño cuarto independiente, para la ubicación del retrete o inodoro, por otro. La rápida evolución del diseño y la arquitectura libre de condicionantes históricos y culturales de las nuevas sociedades bien estantes americanas fue dando paso a la popularización de cuartos de baño sencillos en todas las viviendas, con la reunión de todos los aparatos sanitarios (incluido el inodoro) en un mismo espacio, reducido pero suficiente, y sobre todo, accesible a la gran mayoría de clases sociales norte-americanas, extendiéndose y afianzándose más tarde este concepto, a la arquitectura doméstica de 'la vieja Europa'.

Las diferentes corrientes higienistas, unidas al proceso de progresiva industrialización, dieron lugar a principios del siglo XX a la mejora de las infraestructuras de saneamiento y al desarrollo de numerosas redes de distribución de agua potable a nivel urbano, que unido al perfeccionamiento técnico y afianzamiento de pequeños calentadores domésticos de agua, facilitaron en gran medida, la implantación definitiva del cuarto de baño doméstico, como lo conocemos hoy en día. A ello, contribuyeron también los efectos de la primera guerra mundial (1914-1918) que permitió la producción en serie (procedentes de Estados Unidos) de multitud de aparatos de porcelana vitrificada para uso saniitario, que se precisaron en la reconstrucción de miles de edificios afectados por los bombardeos del conflicto internacional, así como la progresiva implantación de la electricidad y la luz eléctrica en las viviendas.

foto

Figura 5.- Publicidad comercial de la empresa alemana Vaillant (1908-1909).

A partir de este momento, se consolida en toda Europa el cuarto de baño en la vivienda popular, como espacio asociado a los diferentes conceptos: higiene, salud, confort y placer. Claro está, que la introducción de un espacio de baño-aseo completo, propio e independiente en todas y cada una de las viviendas, no será homogéneo hasta mediados del siglo XX, las clases más modestas seguirán teniendo durante los inicios de este siglo, la llamada letrina comunitaria o 'comuna', disfrutando en la exclusividad familiar de un lavabo o lavamanos, a veces con ducha y muy puntualmente con bañera.

El cuarto de baño doméstico durante el Siglo XX

Entre 1930 y 1950 el cuarto de baño como tal, no sufre grandes transformaciones, ni estructurales, ni funcionales, se constituye y consolida como un espacio más, impuesto 'de serie' en la vivienda común. Ello provoca que bañeras, lavabos, bidés y otros aparatos sanitarios se fabriquen por millares de unidades en todo el mundo, con un diseño y ubicación estandarizados, ausente de otras connotaciones que las meramente funcionales. Imperan sobre todo en España, los espacios de baño asépticos o clínicos: sanitarios de blanca porcelana o en colores pastel, azulejos libres de recargados motivos y llamativos contrastes, formando un conjunto uniforme, sin más atractivo que el de responder a las funciones específicas de su uso.

foto

Cuarto de baño con lavabos de pedestal y bañera de tipo polibán – “Bañaseo” de Roca -1950 (izq.)-

Si bien es cierto, que en el periodo entre 1930 y 1940, es cuando aparecen en España los primeros aparatos en porcelana sanitaria de color, así como nuevos y variados modelos de grifería sanitaria, fruto de un aumento en la industria sanitarista especializada.

Tras el boom de la post guerra (II Guerra Mundial), ya situados en la década de los años 50 del pasado siglo, los baños empezaron a ser considerados como una estancia importante dentro del hogar, aunque las características funcionales seguían remplazando al diseño. La disponibilidad a nivel familiar de agua caliente sanitaria en las viviendas, se afianzaba a nivel popular, con la introducción de calderas y calentadores de gas y eléctricos.

Es entre 1960 y 1970, con el crecimiento económico y la 'sociedad de consumo', cuando se produce una verdadera revolución del diseño, a todos los niveles y de una forma generalizada, se introducen los conceptos de interiorismo y decoración en los espacios de baño, las ganas de experimentar con nuevos colores y diseños, hicieron que las estancias para el baño se renovaran por completo.

foto

Cuartos de baño domésticos en viviendas en la década de los 70 - 80 (S.XX).

El cuarto de baño adopta a partir de este momento carácter y protagonismo propio en el conjunto de la vivienda. Se fabrican nuevos modelos de bañeras, lavabos y conjuntos de baño en porcelana sanitaria coloreada (verdes, azules, rojos y tonos pastel), se trabaja con nuevas formas y materiales, se presentan igualmente algunos avances tecnológicos significativos, como el desarrollo de las primeras griferías monomando y termostáticas.

Un final de siglo vertiginoso. Comunión entre diseño y preocupación medioambiental

Durante la década de los 80 se impone un nuevo cambio en el diseño, fruto de una sociedad que quiere tener un estilo propio y a la vez diferenciador, del marcado primero en los 60 y más tarde en los 70.

En este decenio, cada usuario puede renovar el cuarto de baño según su propio estilo y/o gusto, fuera de tendencias y clichés preestablecidos, el espacio y la movilidad en el cuarto de baño, así como la estética, pasan a ser importantes para el confort y bienestar de sus usuarios, alicatados en colores claros, marbreados, con cenefas, conjuntos de mueble con lavabo empotrado, amplios espejos con apliques de iluminación, aparatos suspendidos, griferías con diseños atrevidos y la irrupción del 'hidromasaje doméstico' incorporado a las bañeras, aunque lejos todavía de un alcance mayoritario. Una prueba de todo esto, es la importante proliferación durante estos años de multitud de almacenes sanitaristas especializados.

Evidentemente todo ello está condicionado, especialmente en España, por el cada vez más consolidado bienestar económico general, que permite el resurgimiento de la cultura de la propiedad, con el aumento de la oferta de pisos de compra de nueva edificación, situación que se repetirá multiplicada años más tarde, y que explotará en forma de 'burbuja inmobiliaria'.

foto

Publicidad de cuartos de baño domésticos - Años 80 (S.XX) con aparatos sanitarios de Roca.

Durante el último decenio del siglo XX junto a una situación de máxima disponibilidad y múltiple oferta, por lo que se refiere a materiales, diseños y complementos para personalizar los espacios objeto de este artículo, se afianza por fin la cultura del placer asociado al baño, las bañeras de hidromasaje se popularizan, así como las primeras hidro-duchas.

Unos de los aspectos más importantes de este final de siglo es que se reúnen por un lado los conceptos de placer y disponibilidad, junto a los de ahorro y responsabilidad medioambiental. Por ello, se desarrollan y consolidan múltiples avances tecnológicos en el equipamiento de los espacios de baño, tales como: cartuchos cerámicos con limitador de temperatura en las griferías, nuevas griferías termostáticas, reducción del volumen en las cisternas de los inodoros, descargas de inodoro con dispositivos de interrupción y también doble pulsación, así como otros dispositivos que permiten una mejora en el consumo de agua, como el uso de las griferías electrónicas, principalmente en los espacios de higiene y aseo públicos.

En este contexto, la configuración del baño empieza a sufrir leves transformaciones, como el paulatino abandono en el uso del bidé, como pieza indispensable del cuarto de baño, la vivienda otorga un protagonismo especial al cuidado personal y al confort hidrosanitario, consolidándose para un gran porcentaje de viviendas construidas, dos espacios independientes: el aseo (ducha, lavabo e inodoro) y el cuarto de baño principal (inodoro, bañera-ducha, lavabo y también bidé). En muchos casos, la vivienda recupera la privacidad de antaño, al reservar en la intimidad del dormitorio principal un cuarto de baño colindante, también llamado “habitación suite”, quedando otro cuarto de baño disponible o bien aseo de cortesía, en espacios de libre acceso común.

El cambio de siglo – perfeccionamiento de la técnica, inquietud por el diseño y búsqueda de la sostenibilidad

En el convulso marco económico y laboral de esta primera década del nuevo siglo XXI, se consolidan importantes cambios estéticos iniciados en la década anterior, los cuartos de baño adquieren libertad de diseño y tendencia diáfana, sin elementos ni espacios recargados. Se juega con el contraste de tonos y materiales (tanto de aparatos sanitarios como de recubrimientos), bajo una misma tendencia cromática (juego de grises y blancos, azules y turquesas, o hasta contrastes en colores intensos, etc.)

Los aparatos sanitarios se diseñan en líneas suaves, la luz natural o artificial se cuida en las estancias de baño, se convierte en un valor añadido, se busca la idoneidad y consonancia de los complementos del baño y se acentúa el concepto de espacio de placer y cuidado al cuerpo, asociando el relax con el aseo y la higiene personal. Adquiere mayor protagonismo en viviendas de gama media la hidro-ducha, respecto al servicio de baño convencional o del hidromasaje (por su ahorro de agua) y se populariza también la instalación de rociadores de ducha, griferías e inodoros hidro-eficientes, con una relación cada vez más equilibrada entre confort y sostenibilidad energética (reducción del caudal de agua).

foto

Cuarto de baño (S.XXI) con juego de contrastes en blancos y rojos – Colección Khroma de Roca.

Como ejemplo a lo comentado, se señala la reducción del volumen de descarga en inodoros de los 6 litros-3litros, en descarga completa y media descarga respectivamente, a las cisternas de inodoro con descarga de 4 litros-2,5 litros, iluminación por leds integrada en espejos, o la aparición de aparatos de una sola pieza con aprovechamiento de aguas grises en la cisterna de los inodoros, procedentes a su vez, del lavabo o lavamanos, así como de otros sistemas con aprovechamiento de aguas grises (lavabos, duchas y bañeras) para su instalación empotrada u oculta en paredes prefabricadas o falsos techos.

foto

Modelo de lavabo e inodoro W+W de Roca (izq) / Inodoro multifunción “In Wash” de Roca (der.)

El futuro – Innovación, multifuncionalidad y sostenibilidad al servicio del usuario

Como hemos visto en apartados anteriores, la evolución técnica y estética de los elementos para el baño y la higiene personal en algunos periodos históricos ha ido evolucionando y cambiando muy rápidamente, de década en década, por lo que resulta muy arriesgado aventurarse a un ejercicio de tarot caprichoso. Algunos de los cambios que sí se ven claros es que la electrónica y el control digital a nivel doméstico (domótica) cada vez estarán más integrados en los aparatos sanitarios y griferías que nos rodean, y que el Internet de las cosas llegará también a nuestros cuartos de baño. De esta manera, puede ser que al sentarnos en un inodoro o situarnos bajo una ducha podamos saber, mediante una pantalla integrada, detalles de nuestro estado físico e incluso anímico.

Servicios ahora complementarios y auxiliares, como el hidromasaje o la cromoterapia, puede que adapten sus ciclos pre-programados al estado físico y/o emocional, según la circunstancia puntual de cada usuario. No obstante, más allá de un sinfín de posibilidades tecnológicamente imaginativas, los espacios dedicados al baño e higiene personal deben responder al objetivo para el que han sido concebidos, sin perder la perspectiva de qué es lo que realmente se espera de estas estancias y sus elementos protagonistas. Sin duda, uno de estos objetivos debe ser la mejora funcional de las operaciones y servicios de aseo íntimo y personal, optimizando al máximo –dada la preocupante situación de escasez de recursos hídricos y energéticos– el consumo de agua y energía en el uso de los elementos de los que se dispone.

Todo esto y una revisión histórica exhaustiva sobre la evolución de los espacios para el aseo y la higiene intima en la vivienda en los dos últimos siglos y medio es lo que el lector podrá encontrar en el libro 'Historia reciente del cuarto de baño'.

Comentarios al artículo/noticia

Nuevo comentario

Atención

Los comentarios son la opinión de los usuarios y no la del portal. No se admiten comentarios insultantes, racistas o contrarios a las leyes vigentes. No se publicarán comentarios que no tengan relación con la noticia/artículo, o que no cumplan con las condiciones de uso.

TOP PRODUCTS

Zehnder

Radiadores de baja temperatura

Zehnder

Zehnder

Radiadores de baja temperatura

Zehnder

ENLACES DESTACADOS

Nebext - RebuildiEner

ÚLTIMAS NOTICIAS

OPINIÓN

OTRAS SECCIONES

SERVICIOS