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New York, New York

Alberto Barberá01/10/2013
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Seguramente, el propietario ha alquilado su derecho de construcción vertical a algún edificio colindante a su solar, y ésa es la razón por la que ese edificio de cuatro plantas y paredes de ladrillo visto, con las imprescindibles escaleras de evacuación metálicas ancladas a su fachada, aguanta allí todavía al temporal especulador, albergando en su planta baja un restaurante de comida rápida, un deli shop o una lavandería. Las veintitantas plantas extra a las que el suelo tiene derecho pertenecen por contrato a un vecino de manzana por los próximos 50 años, así que ahí está, tranquilo, generando dividendos sin proyectar apenas sombra. Nada escapa aquí a la lógica aplastante de la rentabilidad, es una ciudad demasiado competitiva, feroz.

Richard Kelly tenía su apartamento unas cuantas manzanas más hacia el Este, en la Quinta Avenida, en los años 60 cuando esporádicamente dictaba cursos de iluminación arquitectónica en la Universidad de Yale. Algunos de los edificios más emblemáticos de la historia de la arquitectura moderna americana fueron iluminados por su oficio (Richard Neutra, Louis Kahn, Ludwig Mies van der Rohe, Philip Johnson…). La mayor parte de este trabajo se ha perdido o desvirtuado con el tiempo, por las sucesivas remodelaciones, restauraciones y trabajos de mantenimiento, pero no es difícil encontrar los ecos de todos aquellos conceptos y técnicas que él ayudó a formular y a desarrollar en cualquier lugar del mundo donde un diseñador de iluminación haya hecho su trabajo con un mínimo de criterio y buen gusto. Kelly se esforzó mucho en comunicar su visión de la iluminación arquitectónica, era parte de su estrategia comercial, por llamarlo de alguna manera. Ya por entonces existía en New York una fuerte competencia en el sector. Gracias a estos esfuerzos han llegado hasta nuestros días sus conceptos y el uso poético de sus descripciones de ambientes luminosos. La capacidad de la iluminación para influir en el estado de ánimo, para generar cierta emoción, y no sólo para proporcionar una correcta y placentera lectura del espacio, es un concepto clave que practicó con eficiencia y que adquirió con la práctica de la iluminación escénica en proyectos de teatro universitario (Kelly, durante sus primeros años en New York como estudiante de Columbia, era un consumidor obsesivo de teatro, cuya iluminación ya había sido revolucionada con los métodos de Stanley McCandless y la influencia de creadores europeos como Edward Gordon Craig, Adolphe Appia o Mariano Fortuny Madrazo).

Los primeros estudios de Kelly en Columbia estaban sin terminar pues los abandonó para iniciar una carrera profesional como diseñador industrial desarrollando métodos, técnicas y lámparas “modernas” al estilo de Poul Henningsen. Su obsesión era proporcionar a los ambientes y espacios todas las gradaciones desde el brillo más radiante hasta la completa oscuridad, tanto de día como de noche, evitando por completo el deslumbramiento. Estos preceptos, mantenidos durante toda su carrera, le condujeron a desarrollar más adelante de modo magistral las técnicas más empleadas desde entonces en la iluminación moderna, como el baño uniforme de superficies verticales y la instalación de techos luminosos. Más tarde, y buscando resaltar de forma dramática las formas escultóricas, vendría la iluminación de acento empleando spotlights, un instrumento fundamental en la creación de jerarquía visual ampliamente empleado en la iluminación escénica. La tecnología lumínica cambió dramáticamente desde sus inicios como profesional hasta que retomó el trabajo en su despacho tras la segunda guerra mundial (período que aprovechó para estudiar arquitectura en la universidad de Yale a un ritmo trepidante: los planes de estudio se adaptaron al frenético discurrir de la Historia y a la urgencia de la industria bélica, con lo que Kelly obtuvo su diploma en dos años y medio. Ni siquiera tuvo tiempo de asomar la nariz por las clases de teatro. De todos modos McCandless había sido movilizado por el ejército y ya no estaba allí como profesor.)

Los parámetros y técnicas perfeccionadas por Kelly siguen aplicándose en nuestros días. Él tuvo por delante muchos años de fructífera práctica profesional y vivió dos grandes revoluciones que sucedieron simultáneamente: la aparición de la arquitectura moderna y el desarrollo frenético de la tecnología de iluminación eléctrica (no sólo por las fuentes de luz como el fluorescente (1939): los primeros reguladores -dimmers- domésticos comerciales aparecen a finales de los 50’s).

Esa ha sido la base de una práctica que se ha ido consolidando con los años. Quizás en nuestros días la arquitectura paramétrica y la iluminación de estado sólido proponen las nuevas reglas del juego a las que no sólo hay que adaptarse: hay que brillar, encontrar nuevas formas, inventar, descubrir en las nuevas formas la luz que ellas mismas necesitan. En el fondo, está todo ahí. Planteado desde el principio. La solución viene incluida en la pregunta, el diseño viene dado por el problema a solucionar. Es cuestión de estar atento, de escuchar.


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