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COmpartiendo Gaudí: ¿Fue Gaudí un CO-Architect?

Revista ICandela01/10/2014

Miquel Àngel Julià, arquitecto, director de diseño de Grup Idea y bloguero y colaborador de iCandela, ha hablado en Barcelona de Gaudí con el historiador Marià Marín, Emmanuel Pauwels, especialista en LEED project management, Julio Pereira, responsable de Amorim España y Jordi Faulí, arquitecto director del equipo constructor de la Sagrada Familia.

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La charla ha tenido lugar este miércoles en el Hotel Ayre de Barcelona con motivo de la presentación de los productos de Wicanders® por parte de las firmas Amorim Revestimentos S.A. y Parquets Flotants SL. iCandela ha asistido al evento, que ha finalizado con una visita guiada a la Sagrada Familia.

Los entrevistados han dado respuesta a diferentes preguntas vinculadas a cuatro temáticas de la obra del célebre Antoni Gaudí, como el trabajo en equipo, la inspiración en la naturaleza, el trabajo de laboratorio y conceptos como la sostenibilidad.

Marià Marín y Miquel Àngel Julià son también los autores del artículo “Coworking: ¿Fue Gaudí un CO-Architect?” que profundiza sobre la forma de trabajar del genial arquitecto:

Se dice de Gaudí que, a causa de su personalidad y la originalidad de su obra, no tuvo discípulos, cuando más bien se debería decir que Gaudí no precisaba tanto de discípulos como de colaboradores. Lo suyo no era crear escuela (“cada artista y cada tiempo tiene su espíritu”, decía), sino trabajar en equipo (co-working), a su vez multidisciplinar (co-design), y de manera que se sacara la máxima potencialidad de cada uno de sus miembros. Esa era su responsabilidad, la del creador que toma las riendas de la gestión, puramente empresarial, de todos los recursos, humanos, técnicos y materiales, al servicio, claro y definido, de una obra de creación original y concreta. Redibuja, así, la definición y el rol del arquitecto, concebido como creador y gerente, como artista y como director de orquesta de un equipo humano en continua interacción e innovación.

Si bien no se puede reducir una experiencia vital a una objetivación cerrada, sí que hay dos factores que explican por qué Gaudí puede y debe ser considerado precursor del co-working. El primero es la necesidad, pura y dura; el segundo es el convencimiento humano de que el valor de las personas es no sólo el mejor capital de una empresa sino el valor per se. Vayamos por partes.

La necesidad de (trabajar con y en) un equipo

“No sé si le doy el título a un genio o a un loco”, era la duda de Elies Rogent, arquitecto presidente del Tribunal de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, en el discurso de graduación de Gaudí en el año 1878. La historia ha resuelto la cuestión: Gaudí era un genio porque tuvo una idea audaz y la llevó a cabo. Pero alerta: esa idea era, ni más ni menos, que hacer una nueva arquitectura. Nueva porque utilizaría formas constructivas que nunca jamás se habían utilizado. Formas que él veía en la naturaleza y que calculaba de la nueva matemática reglada. Él mismo llega a preguntarse si está loco, pero el hecho de que algo no se haya hecho antes, decía, no es impedimento para intentarlo. Innovación, originalidad: esa es la clave. Claro que para ello tenía que estar seguro, muy seguro, hasta que la lógica de sus planteamientos fuera aplastante. Así lo hizo: “No improviso, lo calculo todo, soy un geómetra...”, son dichos de Gaudí, frases que desvelan la voluntad férrea de convertirse en un científico del arte.

Aquí empieza Gaudí a convertirse en un co-arquitecto. Para inventar una nueva arquitectura necesita nuevas formas constructivas (paraboloides, hiperboloides, conoides, columnas inclinadas y de doble giro, etc.). Para calcularlas y construirlas precisa de la metodología para hacerlo posible (¡la aprendida en la facultad no estaba pensada para algo que todavía no existía!) y la técnica para ejecutarla: tecnología, herramientas y un conocimiento profundo de los materiales, a menudo reciclados.

Para conseguirlo lo tiene claro: necesita un equipo. Él solo no puede. Por genio que sea, por inteligente que se sepa, precisa de ayuda, de visiones amigas y compartidas, y de visiones procedentes de otras disciplinas. Si él no entiende de fronteras entre estructura y decoración, tampoco entiende de límites entre oficios. Por eso, que sepamos, es el primer arquitecto en incorporar un ingeniero en su equipo, Eduard Goetz. Gaudí trabajó no con pocos arquitectos: Jujol, Rubió, Bergós, Sugranyes, Berenguer, Puig i Boada, Bonet i Galí... y artistas: Ràfols, Matamala, Opisso, Llimona, Mani... pero la nómina de colaboradores crece también con profesionales del Laboratori d’Assaigs de la Escola Industrial de Barcelona; o con químicos, ópticos, físicos, astrónomos...; y con vidrieros, carpinteros, forjadores, ceramistas...; y con liturgistas, músicos y teólogos; y con escritores, intelectuales y excursionistas, políticos y obispos, maestros y obreristas; y con quien hiciera falta.

Dejémonos sorprender. Hemos dicho que Gaudí debe inventar un sistema para calcular estructuras nuevas porque las máquinas y métodos existentes no valen, así que debe innovar y, antes, investigar. Estamos en pleno planteamiento de I+D+I. Veámoslo de manera simplificada: Gaudí trabajó, en equipo y durante diez años, para concebir la famosa maqueta polifunicular (ver foto), la de los pesos proporcionales a las cargas estructurales, la maqueta cabeza abajo que, gracias a la gravedad, dibuja las formas constructivas que imagina. Pues bien, para inventar esta “calculadora” y “Autocad avant la lettre” de algo nuevo lo hace con el ingeniero citado y, agárrense, con un chaval de 14 o 15 años, y un albañil. ¿Por qué? Porque el primero le será útil para realizar cálculos; el segundo será un aprendiz eficaz (formación profesional) y, por edad, será un preguntón que pedirá el porqué de algo raro y nuevo sobre lo cual los otros no se atreven a pronunciar. Por su parte, el albañil porque lleva en sus manos, por pura transmisión de experiencia, toda la tradición constructiva, que funciona, útil, barata, eficaz, reciclable, del lugar y, si cabe, de la humanidad.

Este insólito equipo es el que rompe, en palabras de Arata Isozaki, los límites conocidos de las formas conocidas de la arquitectura: un chaval, un albañil, un ingeniero y un arquitecto que trabajan en equipo. Es la Cripta de la Colònia Güell, el lugar donde estalla la creatividad de Gaudí, el laboratorio de ensayo donde ideó los planteamientos constructivos y formales de esa nueva arquitectura que se plasmaría en la Sagrada Familia.
Fijémonos bien: Gaudí es el arquitecto con más obras declaradas Patrimonio de la Humanidad, hazaña que sólo se explica si comprendemos su método de trabajo y no olvidamos que apunta alto, a un ideal. El arte es belleza, la belleza es resplandor de la verdad y ésta sucede a todo el mundo. De la idea, del concepto, del “imagino formas y volúmenes” a la praxis, en equipo y sin miedo al error. Poniendo a cada cual en su lugar para aportar al conjunto lo mejor de sí mismo. Concibiendo desde la ciencia y la técnica, pero anteponiendo el amor a las personas. Ese es el método Gaudí, un motor de potencia creativa desbordante para poner a disposición de la gente obras y objetos útiles, es decir, bellos y racionales. ¿Acaso no es ese, precisamente, el objetivo de toda innovación y diseño desde el co-working?

Más información sobre la ponencia “Gaudi’s Studio: El taller d’un geni o d’un boig” en:
www.grupidea.com
www.youtube.com/grupidea96

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