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Luz nueva en la ciudad... ¡Cuidado!

Carlos Sierra01/02/2016

Hace ya unos cuantos años que se está renovando los parques de alumbrado urbano de nuestras ciudades, con el objetivo de mejorar la eficiencia energética de las instalaciones y cumpliendo con la reglamentación y normativa vigente.

Todo este proceso de normalización jurídica se realiza muchas veces en el marco de concursos de gestión y explotación de las instalaciones que son adjudicados a empresas de servicios energéticos (ESEs).

La mayoría de propuestas se basan en un cambio de luminarias, de las existentes con tecnología de descarga (vapor de sodio, halogenuros metálicos o vapor de mercurio) por tecnología led, más eficiente y con mejores prestaciones cromáticas, en teoría. Y digo en teoría porque se están dando casos en los que el resultado no es el esperado. Sí mayormente en cuanto a ahorro energético, pero muchas veces obteniendo unos resultados lumínicos que dejan bastante que desear. Luminarias que deslumbran y que emiten la luz muy vertical provocan que el resultado en la percepción sea una pérdida de calidad respecto a lo que había anteriormente.

Esto, en mi opinión, es debido a las siguientes causas:


  • La primera es la ausencia de un Plan Director de Iluminación Urbana que defina las necesidades lumínicas de los diferentes espacios urbanos, para después, con una correcta elección de fuentes de luz y luminarias, poder dar respuesta a esas necesidades. Cada tipo de espacio tiene unas necesidades particulares, una actividad diferente, ya sea residencial, industrial, viaria o comercial, es decir, cada uso del espacio requiere de una solución adecuada tanto al propio espacio como a las actividades a que se destina.

Por otro lado, una reglamentación muy estricta y limitante. El Reglamento de Eficiencia Energética para Instalaciones de Alumbrado Exterior está muy orientado a pensar que todos los espacios públicos deben ser tratados como viales, como si fuéramos conduciendo un vehículo. Hay una notable diferencia entre ir caminando por una calle e ir conduciendo un coche. Cuando estamos en el interior de un vehículo, nuestro campo de atención es un plano horizontal situado de unos 60 a 100 metros frente a nosotros, estamos mirando hacia un plano horizontal, por lo que la luminancia horizontal es el parámetro correcto a evaluar, junto con las uniformidades, deslumbramientos, etc.

Pero, cuando vamos caminando por una calle, una plaza o un centro comercial de una ciudad, no vamos mirando al suelo, sino que dirigimos la vista hacia adelante, con el objetivo de poder distinguir obstáculos, personas y otros elementos que pueden aparecer en nuestra escena visual. Es por ello, que en este tipo de situaciones es casi más importante la iluminancia vertical que la horizontal, ya que es la que permite distinguir los volúmenes y formas de las personas y objetos que nos rodean.

En muchas operaciones de substitución de luminarias no se ha tenido en cuenta esto, dando como resultado una iluminación muy cenital que impide percibir el plano vertical.



  • En muchos casos, para adaptarse a la nueva reglamentación, es necesario reducir los niveles de iluminación. El ojo humano es mucho más sensible a poca luz que a mucha luz, por lo que si la nueva situación (con una reducción importante de los niveles de iluminación) no va acompañada de una correcta distribución de la misma (uniformidades, deslumbramientos…), la sensación será de que está peor iluminado que antes.



  • Las limitaciones establecidas en cuanto a Contaminación Lumínica. En muchos casos se limita totalmente la emisión de luz hacia el hemisferio superior de las luminarias, con lo que se limitará de una manera muy importante la percepción de lo que hay por encima del plano de las luminarias, hasta el punto que puede llegar a ser muy difícil leer el nombre de una calle o distinguir el número de un portal. Con la obsesión de que toda la luz emitida se dirija hacia abajo, lo que se consigue es tener la sensación de que estamos caminando por un túnel.

La contaminación lumínica no sólo proviene de la emisión directa de las luminarias por encima de la horizontal, sino que también del reflejo en las superficies. Cada espacio debería analizarse y solucionarse de forma que se limitara la contaminación lumínica resultante de la emisión directa y por reflexión, solucionando cada situación de una forma adecuada.

En muchos ayuntamientos en los que no se ha tenido en cuenta la redacción de un Plan Director de Iluminación y en los que sólo se han substituido luminarias antiguas por otras no contaminantes más eficientes comienzan a aparecer quejas. “Se ve peor” o “Se ve menos que antes ”son comentarios que han recibido los responsables municipales por actuaciones en este sentido.

Hoy la iluminación urbana, además de un servicio al ciudadano, es una herramienta que están aprovechando muchos ayuntamientos para incrementar y mejorar la vida nocturna de la ciudad, planificando, ordenando y dando una solución adecuada a cada espacio, se puede conseguir mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, la imagen de la ciudad y además, ahorrar mucha energía.

¡¡SÍ AL PLAN DIRECTOR DE ILUMINACIÓN URBANA!!

Fotografía de apertura: Architectural Lighting, de Anna Marcinkiewic, galardonada con el 3r Premio Opinión en la Modalidad Iluminación arquitectónica en la 1ª edición del Concurso Internacional de Fotografía de luz artificial de la ETSAB.