Por unas condiciones adecuadas para una buena producción biológica

Estrategias para la recuperación de suelos degradados

D. Figueroa02/02/2004

El suelo es un recurso natural que necesita de un largo periodo de tiempo para su formación, lo que hace que se le considere como un recurso natural no renovable. Ante esta situación se nos presentan dos alternativas: elaborar estrategias para su conservación o simplemente perder un recurso imprescindible.
Artículo de Horticultura - 175, marzo 2004.

El suelo es un recurso natural que necesita de un largo periodo de tiempo para su formación, lo que hace que se le considere como un recurso natural no renovable. Ante esta situación se nos presentan dos alternativas: elaborar estrategias para su conservación o simplemente perder un recurso imprescindible.

Cuando un suelo alcanza su madurez está en equilibrio con sus factores ambientales y tiende a adquirir, generalmente, unas condiciones adecuadas para una buena producción  biológica. Si este equilibrio se rompe, la evolución natural se modifica y se desarrollan una serie de procesos que tienden a la disminución de la calidad del suelo y por consiguiente, a su degradación. La degradación del suelo afecta a extensas áreas del planeta y suelos que actualmente no están degradados se encuentran amenazados de serlo en el futuro cercano.

El fenómeno de la degradación se manifiesta en la pérdida de la cubierta vegetal o en el descenso de la productividad agrícola asociado con cambios importantes en las características físicas, químicas y biológicas del suelo, lo que incrementa su vulnerabilidad ante los agentes erosivos. Dentro de los principales cambios que se producen en los suelos degradados se pueden mencionar los siguientes:

- Pérdida de la estructura del suelo y por ende descenso de la porosidad y del grado de aireación.
- Compactación y encostramiento de la capa superficial del suelo.
- Disminución de la capacidad de retención de agua, lo que se traduce en una reducción de la cantidad de agua útil para las plantas.
- Reducción de la velocidad de infiltración de agua lluvia.
- Menor disponibilidad de macronutrientes (principalmente fósforo y nitrógeno asimilable).
- Descenso de las poblaciones de microorganismos del suelo.

En grandes extensiones del área mediterránea el nivel de degradación es tal que la productividad del suelo es prácticamente nula, lo que determina la baja rentabilidad del recurso suelo si pensamos en los diversos usos agrícolas y forestales que podrían tener. En términos generales, la regeneración de estas zonas se acomete con la introducción de una cobertura vegetal y con bastante frecuencia las actuaciones de revegetación están abocadas al fracaso.

Por un lado la concurrencia de los suelos degradados con baja productividad biológica y, por otro, de condiciones de fuerte déficit hídrico, en la mayoría de los casos determinan la falta de éxito. Para revertir esta situación es necesario realizar tratamientos conjuntos del suelo y de la planta que permitan incrementar la resistencia de las especies vegetales introducidas ante las condiciones ambientales adversas.

En base a nuestra experiencia podemos señalar que en la recuperación de ecosistemas degradados, como los del área mediterránea, consideramos que la aplicación de una Enmienda Orgánica junto con el uso de Micorrizas son herramientas claves destinadas a recuperar la estructura y capacidad biológica del suelo, permitiendo así frenar el avance de la erosión y la desertificación.

Enmienda orgánica
Un suelo con bajo contenido en materia orgánica y por ende con escasa actividad microbiana determinan una baja calidad y fertilidad edáfica, lo que finalmente dificulta la instauración de una cubierta vegetal. En estos suelos degradados, el modo más eficaz de emprender su recuperación, previo a la introducción de cualquier especie vegetal, es la mejora de su calidad mediante la incorporación de una enmienda orgánica.

La introducción de un enmendante orgánico en el suelo promueve el desarrollo de reacciones químicas, físico-químicas y procesos microbiológicos. Estas reacciones conducen a modificaciones en las características físicas del suelo, lo que se manifiesta en aumentos de la capacidad de retención de agua, infiltración, porosidad y estabilidad estructural (Roldán et al., 1996).

En este contexto, es necesario destacar que las zonas árida y semiáridas presentan la dificultad añadida de la escasez de recursos hídricos, por lo que cualquier acción tendiente a mejorar la estructura del suelo redundará en una mayor disponibilidad de agua para el desarrollo de los procesos biológicos.

Los residuos sólidos urbanos (RSU) constituyen una importante fuente de materia orgánica, por lo cual se deben aprovechar las ventajas que nos ofrece, es decir, ser un material de bajo costo, fácilmente disponible, su producción es permanente y además, sus efectos positivos en el suelo perduran en el tiempo (Figueroa, 2002).

Como el residuo supone una pérdida de energía de nuestro ecosistema y su acumulación tiene un efecto contaminante, una vía de tratamiento de los RSU en productos aceptables para la utilización en el sector agrícola o forestal es someterlos a un proceso de compostaje. El producto así obtenido, compost, presenta una materia orgánica estable, elementos nutritivos directamente asimilables por la planta y se puede aplicar al suelo sin riesgo de fitotoxicidad.

Micorrizas
Micorriza es un término que hace referencia a la asociación establecida entre hongos y raíces, considerada como una simbiosis mutualista multifuncional, cuyos efectos no se restringen sólo a la nutrición de los cultivos, sino que incluyen también beneficios en términos del uso sostenido del suelo y la conservación de la diversidad biológica. Cabe mencionar que los hongos formadores de micorrizas o micorrizógenos son uno de los principales grupos de microorganismos beneficiosos para mejorar el establecimiento y desarrollo de las plantas.

Las ventajas que proporciona el hongo a la planta son diversos, destacando por su importancia: La absorción de agua y nutrientes, gracias al hecho de que el micelio fúngico al constituirse en una extensión de raicillas explora un mayor volumen de suelo que una raíz sola, permitiendo la captación de los nutrientes más allá de la zona de agotamiento de las raíces (Jacobsen, 1992), efecto particularmente importante en zonas donde las precipitaciones varían tanto en el tiempo como en el espacio.

En las plantas micorrizadas se produce un aumento del contenido de agua, debido posiblemente a un incremento de la conductividad hídrica de la planta o a una disminución de la resistencia al flujo de agua a través de ella o es una respuesta secundaria, consecuencia de la mejora de la nutrición o de algún cambio fisiológico en la planta hospedadora que, indirectamente, incremente la resistencia a la sequía (Augé, 2001). Sin embargo, las mejoras de las micorrizas no se limitan sólo al ámbito de la nutrición mineral, sino que las plantas reciben beneficios adicionales tales como resistencia a diversas situaciones de estrés: sequía, salinidad, metales pesados, resistencia de las plantas a lo ataques de patógenos (Pythium, Phytophtora, Fusarium, Rhizoctonia).

Cabe señalar que esta resistencia o tolerancia no es generalizable, ya que la efectividad varía con el hongo micorrícico, el patógeno implicado, el sustrato de crecimiento y las condiciones ambientales. También hemos comprobado que los hongos micorrizógenos producen un efecto positivo sobre las características edáficas influyendo en la estabilidad física del suelo ya que facilitan la agrupación de las partículas (Caravaca et. al, 2002; Figueroa et. al, 2002).

En definitiva, las hifas de los hongos en conjunción con otros microorganismos del suelo, contribuyen a la formación de agregados estables necesarios para mantener la estructura y por lo tanto, la Calidad del Suelo. Como perspectiva de futuro el manejo de los hongos micorrizógenos debe permitir y potenciar el desarrollo de una agricultura sostenible, que se pueda aplicar en actividades tan diversas como:

- Propagación y producción de planta en vivero (frutales y ornamentales).
- Producción de cultivos forzados (hortalizas) bajo el concepto de reducción de sustancias contaminantes y optimización de recursos.
- Cultivo de tejidos.
- Regeneración de áreas degradadas.

La simbiosis micorrícica podría ser una alternativa al uso de la fertilización química, evitando así los factores de riesgo como salinidad, fitotoxicidad, contaminantes orgánicos y metales pesados que muchas veces limita la utilización de estos productos químicos en los distintos programas de producción frutícola, hortícola u ornamental.

Finalmente, se debe tener en cuenta que los beneficios de las micorrizas no sólo se restringen al ámbito de la productividad y optimización fisiológica en el vegetal, sino que engloban una serie de ventajas medioambientales.

Experiencia en campo
Durante un período de 2 años se comprobó, en campo, el efecto de dos técnicas de revegetación: adición de un residuo orgánico compostado e inoculación en vivero, con el hongo Glomus intraradices. Las plantas utilizadas fueron lentisco (Pistacia lentiscus L.), retama (Retama sphaerocarpa L. Boissier), acebuche (Olea europaea L. subsp. sylvestris) y espino (Rhamnus lycioides L.). Cabe señalar que estas especies vegetales se caracterizan por ser autóctonas de la cuenca mediterránea, estar adaptadas a condiciones de aridez y su uso en programas de recuperación de suelos degradados cuenta con la subvención de la Comunidad Económica Europea.

Se estudiaron los cambios individuales sobre las propiedades relacionadas con la calidad del suelo, así como también sobre los parámetros de crecimiento de estas especies arbustivas.

Los principales resultados fueron los siguientes:
- La adición del residuo orgánico compostado mejoró considerablemente las propiedades físicas (estructura del suelo), químicas (fertilidad), biológicas y bioquímicas (activación de los microorganismos) del suelo revegetado con las 4 especies arbustivas. Este hecho se tradujo en un significativo crecimiento de los arbustos en estudio. La mejora en la calidad del suelo pone en evidencia la eficacia de este enmendante orgánico como biofertilizante.
- La inoculación micorrícica de estos arbustos estimuló notablemente el crecimiento y la asimilación de nutrientes.
- La interacción entre ambas técnicas de revegetación mostró un efecto sinérgico en la producción de biomasa aérea de retama, acebuche y lentisco, así como también en la biomasa radicular de retama. A los dos años de iniciada la plantación el crecimiento de estas especies fue espectacular, siendo la producción de biomasa entre un 600 y 900 % (incluso más) superior en relación a las plantas que no fueron micorrizadas y que no recibieron la enmienda orgánica.

Sin duda, estos resultados, al margen de ser muy positivos e innovadores, plantean el desafio de orientar las investigaciones a optimizar el funcionamiento del delicado sistema suelo-planta, a enriquecer la biodiversidad junto con desarrollar distintas metodologías que faciliten y garanticen la restauración del manto vegetal, ya que esta acción constituye una de las estrategias más eficaces para combatir la degradación del suelo y recuperar así, agroecosistemas degradados.

Referencias Bibliográficas
- Augé, R., 2001. Water relations, drought and vesicular-arbuscular mycorrhizal symbiosis. Mycorrhiza, 11:3-42.
- Caravaca, F., Barea, J.M., Figueroa, D. y Roldán, A., 2002. Assesing the effectiveness of mycorrhization and soil compost addition on reafforestation with Olea europaea subsp. sylvestris through changes in soil biological and physical parameters. Applied Soil Ecology, 20:107-118.
- Figueroa, D., Caravaca, F., Alguacil, MM., Roldán, A., 2002 Improvement of rhizosphere aggregates stability of afforested semi-arid plant species subjected to mycorrhizal inoculation and compost addition. In: Faz, A., Ortiz, R. & Mermut, A.R. (eds.) Sustainable use and management of soils in arid and semiarid regions, Quaderna Editorial, Murcia, España. pp.537-538.
- Figueroa, D., 2002. Efectividad de la inoculación con Glomus intraradices y la aplicación de compost en la revegetación de un área semiárida mediterránea con especies arbustivas autóctonas. Tesis Doctoral. Universidad de Murcia, España.
- Jacobsen, I., 1992. Phosphorus transport by external hyphae of vesicular arbuscular mycorrhizas. En: Mycorrhizas in Ecosystems. Read, D.J., Lewis, D.H., Fitter, A.H. y Alexander, I.J. (Eds.). C.A.B. International. Wallingford, UK: 48-54.
- Roldán, A., Albaladejo, J. y Thornes, J.B., 1996. Aggregate stability changes in a semiarid soil after treatment with different organic amendments. Arid Soil Research and Rehabilitation, 10:139-148.

Para más información: dinito99@hotmail.com

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