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Las plantas autóctonas

Jardinería de bajo mantenimiento

Miquel Barceló,Joan Parera18/08/2003

La sensibilización y preocupación por parte de un sector de los profesionales dedicados a la jardinería y paisajismo y por algunas administraciones públicas, ha llevado en los últimos años, al desarrollo de alternativas a la jardinería de gran consumo, para la consecución de espacios verdes más respetuosos con el medio ambiente y en concordancia con los recursos naturales disponibles...


La sensibilización y preocupación por parte de un sector de los profesionales dedicados a la jardinería y paisajismo y por algunas administraciones públicas, nos ha llevado, durante los últimos años, al desarrollo de alternativas a la jardinería de gran consumo, para la consecución de espacios verdes más respetuosos con el medio ambiente y en concordancia con los recursos naturales disponibles, ya sea agua, suelo, vegetación, etc.

Todas estas alternativas a la jardinería de gran consumo (xerojardinería, jardinería mediterránea, paisajismo autóctono, jardinería sostenible, naturación, jardinería de bajo mantenimiento o bajo consumo, etc.), denominadas de maneras diversas según hagan hincapié en uno u otro aspecto tales como el manejo del agua, la utilización de plantas autóctonas, el uso de plantas adaptables al clima mediterráneo, la intencionalidad de simular la vegetación natural del entorno, etc., abogan por un mantenimiento reducido de los jardines, por un uso racional del agua de riego, una limitación de productos fitosanitarios y abonos, el menor uso de maquinaria con gasto de combustible, el reciclaje, el uso de especies vegetales adecuadas al entorno, etc.

Generalizando podríamos englobar todas estas nuevas concepciones de la jardinería con la denominación de jardinería de bajo mantenimiento. El fundamento de esta visión de la jardinería es la obtención de unos espacios verdes casi autosuficientes, optimizados al máximo y aplicables en todo tipo de climas (no únicamente orientada al clima seco y con poca disponibilidad de agua).

Los jardines de bajo mantenimiento no deben entenderse como espacios pobres en vegetación y restringidos al uso de plantas aromáticas y plantas crasas. Todas las plantas son, en principio, susceptibles de ser utilizadas en jardinería de bajo mantenimiento. Su posible uso depende de que éstas se adapten adecuadamente a los condicionamientos climáticoambientales y edafológicos del lugar de implantación y de la adecuada zonalización de las plantas dentro del propio jardín.


Los resultados de estas prácticas pueden ser perfectamente jardines exuberantes y de bajo consumo. Ahora bien, estas prácticas deben estar encauzadas en una serie de pautas a seguir y que no pueden obviarse. Una buena planificación y diseño del jardín siempre han de ser previos a la implementación de la jardinería. Ello implica considerar:

a-Condiciones climáticas y microclimáticas de la zona. Se han de considerar los diversos factores ambientales tales como la pluviometría de la zona, la distribución de las lluvias a lo largo del año, la posible infuencia de vientos marinos, las heladas que suelen producirse, etc.

b-Condiciones edáficas y topográficas. Es importante tener un conocimiento del tipo de suelo, la textura, nutrientes, pH, la conductividad, la materia orgánica y las pendientes y la exposición al sol del terreno. Es posible corregir la acidez, la salinidad, la textura arcillosa, etc. Ahora bien, en la práctica de la jardinería de bajo mantenimiento aunque puedan ser útiles determinadas correcciones del suelo es aconsejable basarse en la utilización de especies vegetales que se adapten a las características disponibles del substrato. En la zona mediterránea existe tal diversidad de especies autóctonas que simplemente basándose en estas plantas pueden cubrirse todas estas necesidades. 

c-Las especies de plantas a utilizar y la zonalización o agrupación del material vegetal. En la planificación del jardín es básica la distribución de las plantas agrupando las especies según sus necesidades de agua. Por ejemplo, no es en absoluto conveniente disponer unas lavandas (Lavandula sp.) o unas jaras (Cistus sp.) cerca de una zona de cespitosas o de una sarga (Salix eleagnos), ya que la cantidad de agua que va a recibir el césped o la sarga es excesiva para estas plantas, siendo este exceso perfectamente evitable si se plantan en otro lugar junto a plantas de similares requerimientos hídricos como podrían ser un lentisco (Pistacia lentiscus) o una coronilla (Coronilla valentina).

En este sentido se distinguen tres niveles según el consumo de agua de las plantas (bajo, moderado y alto), y podemos hablar en consecuencia de tres zonas básicas en los jardines de bajo mantenimiento:


-Zona seca, en la cual se utilizan las plantas autóctonas que soportan bien las condiciones de sequía de la zona y que se desarrollan bien simplemente con los aportes de agua de lluvia. Pueden ser necesarios únicamente riegos de apoyo en determinadas épocas del año. Existen numerosas plantas autóctonas que cumplen estas exigencias, como por ejemplo Cistus salviifolius, Cistus crispus, Erica multiflora, Jasminum fruticans, Rhamnus alaternus, etc., a la vez que la mayor parte de plantas aromáticas (Thymus vulgaris, Lavandula dentata,...). Ahora bien, no deben rechazarse algunas especies alóctonas capaces de soportar igualmente esta carencia hídrica. Aunque con cierta prudencia, estas plantas pueden servir de agradable contraste y aportar cierta originalidad a nuestros jardines (Salvia fruticosa, Perovskia atriplicifolia, etc.). 

-Zona de riego moderado, donde se aporta agua ocasionalmente a especies más exigentes, o bien se trata de zonas en las que la pluviometría no es excesivamente baja. Serían útiles en esta zona una innumerable cantidad de especies, tanto autóctonas como alóctonas. Entre las autóctonas podríamos citar Cornus sanguinea, Crataegus monogyna, Iris spuria, Lonicera etrusca, Salix purpurea, Tamarix canariensis, Viburnum lantana, Vitex agnus-castus, etc.

-Zona húmeda, en la que las necesidades de riego son mayores y, por lo tanto, se intentará siempre que sea la más pequeña. En esta zona pueden incluirse las plantas de temporada, los céspedes, las plantas vivaces no resistentes e incluso especies autóctonas provenientes de zonas más húmedas, tales como Carex pendula, Sambucus nigra, Iris pseudacorus, etc.

d-El matenimiento. No debe confundirse la jardinería de bajo mantenimiento con una revegetación completamente autosuficiente. Aunque se haga un uso racional del riego, o éste se anule por completo al utilizar especies vegetales de zonas secas, deben llevarse a cabo una serie de actividades que permitan mantener una determinada apariencia en principio deseada en el jardín (floraciones, crecimientos controlados, fructificaciones, coloraciones y texturas de hojas, etc.). Deberán eliminarse las malas hierbas y podrán ser necesarias unas podas o un abonado. Cualquier tipo de jardín debe ser cuidado.

De todas maneras debemos remarcar que la denominación de jardinería de bajo mantenimiento se debe a que todas estas prácticas se ven enormemente reducidas: menor riego (fácilmente reducible a una cuarta parte de lo habitual), podas poco drásticas, aparición de menos malas hierbas al controlar mejor los riegos, abonados nulos o realizados con prudencia (sobre todo por lo que respecta al nitrógeno durante las épocas más calurosas), menores tratamientos fitosanitarios (al utilizar mayoritariamente especies autóctonas, menos sensibles a las plagas y enfermedades).



La experiencia y los estudios efectuados hasta el momento nos demuestran que la jardinería de bajo mantenimiento debe basarse mayoritariamente en especies de plantas autóctonas de la zona donde se lleva a cabo la creación de un espacio verde.

Las plantas autóctonas evidentemente son las especies mejor adaptadas a la climatología y a las condiciones edáficas de una zona concreta, y por consiguiente son las plantas que menores requerimientos van a tener en los jardines, tanto hídricos como nutricionales. En la Península Ibérica y en Baleares éstas se caracterizan por estar adaptadas a un clima mediterráneo (inviernos secos de suaves a frios según la zona, veranos secos y calurosos y lluvias en primavera y otoño).

Las plantas autóctonas llevan en una región determinada el tiempo suficiente como para haber coevolucionado con los animales para tejer ecosistemas, de modo que están asociadas siempre a una fauna variada y equilibrada. Atraen a los insectos que se alimentan de ellas y también a sus depredadores, con lo cual se evita el peligro de plaga o invasión. Incluso cuando se utilizan mayoritariamente especies alóctonas en los jardines, es conveniente intercalar plantas autóctonas entre ellas, lo cual disminuye la posibilidad de proliferación de plagas descontroladas. La diversidad de especies vegetales es una gran aliada de los jardines de bajo mantenimiento.

Muchas plantas de estética modificada genéticamente o plantas foráneas sacrifican la vitalidad, la reproducción, la producción de néctar, etc., y son especies extrañas de las cuales la fauna autóctona no es capaz de sacar provecho, y con frecuencia son fuente de plagas, introducción de especies invasoras, enfermedades y otros desajustes. Por otro lado con el uso de plantas autóctonas también disminuye notablemente el peligro de importación de plagas.

Asimismo, con la implantación de  plantas autóctonas en los espacios verdes públicos y privados se contribuye a la preservación de la genética propia de la vegetación natural del entorno, evitándose tanto hibridaciones no deseadas como la expansión de plantas invasoras y desplazamiento de la flora silvestre.


Existe una variedad de especies autóctonas amplísima en nuestro paisaje que pueden cubrir la mayoría de requisitos de los jardines en cuanto a formas, texturas, portes, épocas y color de las floraciones, adaptadas a nuestro clima y suelo. La posible combinación de estas especies con las plantas provenientes de otras regiones del mundo con clima del tipo mediterráneo y, por tanto, adaptables en nuestras condiciones, realizada en su justa medida, puede proporcionarnos unos jardines de bajo mantenimiento extremadamente ricos.

Como hemos mencionado antes, sería un error asimilar este tipo de jardinería a unas pocas especies de plantas aromáticas, a algún árbol como el olivo y a plantas crasas. La monotonía provocada por la repetición de estas mismas especies en los jardines puede, a la larga, ser perjudicial ya que puede llevar a que se interperte la jardinería de bajo mantenimiento como una moda y una estética en jardinería, cuando en realidad es un conjunto de criterios agronómicos.

Lo mismo nos puede ocurrir con el concepto de planta autóctona. Un desconocimiento general por falta de información adecuada lleva a equiparar este grupo de plantas con las aromáticas, cuando en realidad éstas son una ínfima parte de las plantas autóctonas.

Podemos establecer una serie de grupos casi inacabables en base a los posibles usos en los espacios verdes (y que en parte pueden solaparse), a partir de las plantas autóctonas de nuestro entorno, gracias a la gran diversidad de hábitats naturales. Mencionamos los siguientes ejemplos, por su utilización más frecuente en jardinería:

-Plantas de zonas secas y soleadas: Anthyllis cytisoides, Atriplex halimus, Chamaerops humilis, Cistus albidus, Cistus clusii, Cistus crispus, Cistus salviifolius, Cistus laurifolius, Cneorum tricoccon, Coronilla valentina, Ephedra nebrodensis, Erica multiflora, Halimium atriplicifolium, Juniperus phoenicea, Juniperus sabina, Lavandula stoechas, Phillyrea angustifolia, Phlomis purpurea, Pistacia lentiscus, Quercus coccifera, Retama monosperma, Retama sphaerocarpa, Rosa canina, Rosmarinus officinalis, Sarothamnus scoparius, Spartium junceum, etc.

-Plantas aptas para zonas de sombra o media sombra: Arbutus unedo, Buxus sempervirens, Cornus sanguinea, Crataegus monogyna, Erica arborea, Hippocrepis balearica, Ilex aquifolium, Laurus nobilis, Ligustrum vulgare, Phillyrea latifolia, Ruscus aculeatus, Viburnum lantana, Viburnum tinus, etc.

-Plantas aptas para zonas húmedas: Carex pendula, Cornus sanguinea, Fraxinus angustifolia, Iris pseudacorus, Juncus effusus, Salix eleagnos, Salix purpurea, Salix fragilis, Sambucus nigra, Tamarix africana, Vitex agnus-castus, etc.

-Plantas acuáticas: Cladium mariscus, Iris pseudacorus, Lythrum salicaria, Phragmites australis, Typha latifolia, etc


-Plantas tapizantes: Asteriscus maritimus, Atriplex portulacoides, Cistus salviifolius, Frankenia laevis, Hedera helix, Juniperus sabina, Rosmarinus officinalis var. palaui, Saponaria ocymoides, Thymus zygis, Teucrium chamaedrys, Thymus serpyllum, Thymus vulgaris ssp. palearensis, Vinca difformis, etc.

-Gramíneas: Ammophila arenaria, Ampelodesmos mauritanica, Hyparrhenia hirta, Lygeum spartum, Sacccharum ravennae, etc.

-Plantas aromáticas: Helichrysum stoechas, Lavandula angustifolia, Lavandula latifolia, Rosmarinus officinalis, Salvia officinalis ssp. lavandulifolia, Santolina chamaecyparissus ssp. pecten, Thymus vulgaris ssp. aestivus, etc.

-Plantas adaptadas a zonas litorales: Anthyllis cytisoides, Asteriscus maritimus, Crithmum maritimum, Cistus clusii, Ephedra fragilis, Limoniastrum monopetalum, Lotus creticus, Nerium oleander, Olea europaea var. sylvestris, Pinus pinea, Pistacia lentiscus, Santolina chamaecyparissus ssp. magonica, Tetraclinis articulata, etc.

-Plantas trepadoras: Clematis cirrhosa, Clematis flammula, Lonicera etrusca, Lonicera periclymenum, Rosa sempervirens, Smilax aspera, etc.

-Plantas útiles en rocallas: Asteriscus maritimus, Centranthus ruber, Hyparrhenia hirta, Iris foetidissima, Frankenia laevis, Limonium vulgare, Phlomis italica, Salvia officinalis ssp. lavandulifolia, Thymus serpyllum, etc.

¿Porqué son relativamente poco utilizadas todas estas especies en la elaboración de nuestros espacios verdes si en realidad casi podrían cubrir todas nuestras expectativas?

Existe actualmente una creciente actividad técnica y científica sobre el manejo del agua, la ecofisiología de la sequía, los requerimientos de las plantas susceptibles de ser utilizadas en jardinería de bajo mantenimiento y sobre las especies vegetales potencialmente más aptas para este cultivo, entre las que se encuentra el gran abanico de plantas autóctonas. Sin embargo no se produce adecuadamente la transferencia de esta información a los usuarios potenciales de estos productos.

Es evidente que, por un lado, una parte mayoritaria de los técnicos de las administraciones y los paisajistas y proyectistas no disponen del asesoramiento estructurado necesario para poder incorporar estas plantas o bien en sus proyectos, o en la creación de zonas verdes públicas, como por otro lado los comerciales y los responsables en los puntos de venta (centros de jardinería, etc.) no acceden a una información necesaria para aconsejar y recomendar a sus clientes, los jardineros e incluso los propios usuarios particulares.

Para solventar este vacío debemos atender a dos consideraciones estratégicas:

Por un lado las plantas autóctonas constituyen un producto que por su desconocimiento general, debe ir asociado a una información y asesoramiento técnico. Esta información, la cual se asimila como una parte indisociable del propio producto, ha de llegar a los técnicos y proyectistas de una parte, y a los centros de jardinería de otra, con un carácter más académico o más divulgativo, según los ámbitos de actuación.

A su vez, debe existir una red de distribución del producto suficientemente ágil y eficaz para que éste sea fácilmente obtenible en los puntos de venta.

Existen empresas, tales como Bioriza, S.L., especializada en la producción de plantas autóctonas, o como Vivers Mas Vicenç, sensibilizadas al respecto y preocupadas en hacer llegar a sus clientes (centros de jardinería) estos productos y en transferirles la documentación necesaria para que tengan la capacidad para aconsejar sobre su correcto uso.

Y por otro lado, para que la concepción de la jardinería de bajo mantenimiento sea incorporada por la sociedad en general y sea entendida como una aplicación de metodologías hortícolas racionales para la obtención de jardines de calidad, con la consiguiente conservación y protección de los recursos naturales, la administración debe llevar a cabo una tarea educacional en la sociedad. Ello requiere una planificación efectiva por parte de la administración, pero este control no se puede efectuar sin aportar soluciones prácticas.


Y una de estas soluciones prácticas y de muy fácil aplicación es la elaboración de los jardines públicos basándose en los fundamentos de la jardinería de bajo mantenimiento, lo cual sin duda determina una acción refleja en la sociedad. De este modo, los clientes potenciales, jardineros y particulares, pasan a asumir, entender y visualizar el resultado de estas prácticas y a crear una demanda de este tipo de producto (las plantas autóctonas y las plantas adaptadas a la jardinería de bajo consumo).

La simple utilización de estas plantas en los jardines públicos fomenta la conciencia social en la preservación de la vegetación silvestre y del medio ambiente, lo cual implica ya de por sí un logro extraordinario.

*Parte de los resultados de los estudios sobre las plantas mencionadas aquí ha sido posible gracias a la ayuda del CSIC (Referencia nº AGL2000-0498-P4-02).

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