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No es la única semilla que es necesario introducir, pero es la más importante.

Lo que hay que sembrar

Carmen Pallarés (Comunicación de AESDESA),José Ignacio Sánchez (Director General de AESDESA)24/07/2003

Una nueva semilla es la que hay que sembrar en el campo español, la semilla del convencimiento de que las cosechas del futuro del sector pasan por la consideración y el tratamiento de los profesionales del agro como los de una PYME. No es la única semilla que es necesario introducir, pero es la más importante.

Una nueva semilla es la que hay que sembrar en el campo español, la semilla del convencimiento de que las cosechas del futuro del sector pasan por la consideración y el tratamiento de los profesionales del agro como los de una PYME. No es la única semilla que es necesario introducir, pero es la más importante. La fortaleza del sector difícilmente dejará de ser algo más que una entelequia si no se cuenta previamente con una asociación que unifique ideas, recursos y acciones, una asociación, o un estilo de asociacionismo, que no abone la fragmentación y el desconcierto, y que encare el futuro con proyectos de futuro.

La mera aproximación de los fragmentos no origina unidad, y la necesidad de un sector unido es prioritaria, porque prioritarias son las visiones amplias de las cosas y el análisis profundo de sus repercusiones. Es precisa pues una asociación profesional, empresarial, que logre concebir el futuro sin agravar la fragmentación del presente, dándole la vuelta al individualismo y al inmovilismo; con talante, conocimientos y capacidad para sacar de la UVI a los sectores más recalcitrantes o más precarios, cuya supervivencia y competitividad no pueden depender de sus propias y solas fuerzas.

Una asociación o, repito, un asociacionismo no cainita, sin la visión sesgada por el egoísmo de unos propósitos restringidos al predominio de sus intenciones; que gobierne, no que meramente mande, y capaz de colaborar (co-laborar, atención) con razón y con corazón; que conciba, presente, impulse y ponga en marcha proyectos, reformas e innovaciones que no incidan en un conservadurismo absurdo, sobrepasado e ineficaz salvo para la queja; que impulse en nuestro sector la claridad de la unión de raíces, troncos y ramas, capaz de considerar la interdependencia como una realidad benéfica y no como una maldición amenazadora y paralizante; que lime poco a poco la inveterada desconfianza entre unos y otros agentes del agro español, desconfianza que mucho tiene que ver con la inadecuación de las estructuras internas y externas, con la falta de formación y de información empresariales, con la inseguridad y el temor, con la atomización y el desconcierto tantas veces abonados por intereses políticos y económicos entorpecedores.

Intereses que abundan en la pervivencia de la actitud de la queja precipitada, del desacuerdo a bote pronto, de la imprudencia orquestada y poco más. Tales actitudes y recursos restan lucidez para conquistar un criterio eficaz a la hora de las decisiones, imaginación a la hora del encuentro de soluciones y confianza a la hora del planteamiento de los proyectos. Aquí, parece que la medalla se la pone el que alza la primera voz, o la más tonante, sea cual sea el contenido del discurso o el cariz del eco que despierte. No se ha esperado, por ejemplo, a la publicación y difusión del reglamento de la PAC para reaccionar ante las reformas, haciendo sonar las nueces antes de analizar su textura.

Los cestos muy baqueteados acaban por romperse y no ser útiles para nada ni para nadie, y quien se empeña en almacenar cestos desfondados llena finalmente sus almacenes con telarañas, se coloca en una posición de desventaja competitiva, pierde crédito y toca materialmente las fronteras del arrumbamiento. Así, no. Estas no son las semillas que necesita el campo español. ¿Para cuándo estamos dejando la formación de un asociacionismo fuerte?, es decir, no atomizado; con la capacidad de considerar al sector agrario como una PYME y actuar en consecuencia; formado por miembros que exijan resultados de acuerdo con tal consideración; un asociacionismo que encare el futuro profesional con cultura actualizada y con el orgullo de saberse necesarios para la buena marcha de nuestro país; sin arrogancias huecas, sin intereses restringidos y sin la pérdida de energía que producen la precipitación por norma y la lucha particularista. La verdadera presión viene más de los frutos que puede proporcionar la resistencia al inmovilismo que de la movilización de la protesta sin resultados duraderos.

Son pues las semillas de las pymes las que hay que sembrar en el campo español; una asociación y un talante asociativos sin el lastre de todas las características negativas que hemos apuntado a lo largo del artículo. El abono deseable es el de la idoneidad en tales sentidos. Y un laboreo moderno, renovado, actualizado, profesional. Son las mejores armas para las cosechas del futuro.

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