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Reglamentación de etiquetado

Productos modificados: nuevas reglas, viejo conflicto

Dr. Miguel Merino-Pacheco23/07/2003

A comienzos de julio, el Parlamento europeo aprueba una nueva directiva para el etiquetado de alimentos procedentes de organismos modificados genéticamente (OGM´s) considerablemente más restrictiva que la vigente hasta el momento, en medio del aplauso de organizaciones de consumidores, grupos ecologistas y, curiosamente, también de representantes de compañías multinacionales de semillas

A comienzos de julio, el Parlamento europeo aprueba una nueva directiva para el etiquetado de alimentos procedentes de organismos modificados genéticamente (OGM´s) considerablemente más restrictiva que la vigente hasta el momento, en medio del aplauso de organizaciones de consumidores, grupos ecologistas y, curiosamente, también de representantes de compañías multinacionales de semillas. Pero, ¿hay razones para tanta satisfacción? y ¿por qué un consenso tan sorprendente entre ecologistas y multis, que pasan la mitad de su existencia tirándose mutuamente de los cabellos? Dadas las profundas derivaciones que puede tener la nueva reglamentación para el comercio, el consumo y la industria alimentaria, es interesante hacer algunos comentarios aclaratorios.
La nueva reglamentación es mucho más severa que la anterior. De acuerdo con la reglamentación vigente en Europa, es obligatorio etiquetar alimentos que contienen material genéticamente modificado (DNA, proteínas) detectable mediante análisis,aunque si el producto es sometido a un proceso de refinamiento que elimine las trazas de este material,  las advertencias no son obligatorias. El límite es 0,9% de material modificado, a partir del cual hay que etiquetar, pero la nueva directiva añade que también hay que indicar si esos alimentos provienen de plantas modificadas, aunque no contengan restos detectables de componentes alterados. Esto significa que como no es posible saber analíticamente si el producto proviene o no de OGM´s, la única forma de hacerlo es instituyendo un rastro de papel a lo largo de toda la cadena industrial alimentaria. Curiosamente, la reglamentación no afecta a aquellos alimentos en cuya elaboración intervienen enzimas u organismos genéticamente modificados, lo que deja fuera de las exigencias a alimentos como el queso, el vino o la cerveza, todos importantes artículos de exportación para Europa.
Pero esta directiva, por otra parte, abre el camino para que se levante la moratoria de hecho imperante en Europa desde 1998 para el cultivo de nuevas plantas genéticamente modificadas. No se reglamenta puntillosamente el comercio de un producto, para prohibirlo a punto seguido.
Esta es la razón por la cuál las grandes empresas productoras de semillas han encontrado satisfacción con el acuerdo: les permitirá colocar también en Europa esta clase de material vegetal, hasta este momento vedado. La presión para que esto suceda ya se está ejerciendo de forma importante.

Pero si finalmente las plantas OGM se abren paso en Europa, el etiquetado puede perder todo sus significado. El polen de las plantas se desplaza un largo camino; esto lo ha experimentado cualquier alérgico. Sería sumamente difícil mantener el polen modificado alejado de campos donde se quisiesen cultivar variedades vegetales sin manipular, y no podría hacerse sin enormes costos adicionales. Barreras antipolen, zonas "buffer", estrictos procedimientos de transporte y almacenaje podrían incrementar los costos de producción en hasta un 40%; ¿quién se haría cargo de ésto? ¿los consumidores a través de precios más elevados? ¿o los contribuyentes en la medida que el Estado otorgue subsidios? Y aun así, es muy posible que los consumidores pronto descubriesen que los alimentos no etiquetados no necesariamente estarían libres de ingeniería genética.   Y de todas formas, esta técnica ha llegado ya hace rato a los estantes de nuestros supermercados. Se estima que en un gran centro comercial, unos 30.000 productos alimentarios contienen ingredientes derivados de la soja. Y la mitad de la soja comercializada en los mercados mundiales es genéticamente modificada...
Como si todo ésto fuese poco, la decisión del Parlamento europeo puede agravar el conflicto comercial que mantiene Europa con los exportadores de productos en los que la tecnología genética se ha impuesto,(Estados Unidos, Argentina, Brasil, Canadá). Se ha señalado que la nueva reglamentación puede entrar en colisión con normas de la Organizaciónn Mundial de Comercio (WTO), que obligan a los países a dar el mismo tratamiento a "productos similares", independientemente del método de producirlos. Los Estados Unidos sostienen que versiones modificadas y no modificadas de los mismos alimentos son esencialmente lo mismo. Puede argumentarse que el etiquetar productos derivados se constituye en una barrera comercial que discrimina contra productos que son intrínsecamente iguales.
En resumidas cuentas, la resolución del Parlamento europeo, contra todas las apariencias, no ha resuelto los conflictos existentes, e inclusive puede agravarlos en el mediano plazo. No hay motivos para alegrarse.

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