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Material adecuado y seguridad en cada tipo de poda

Premisas predominantes en la poda viaria ornamental

Javier Fernández Villameytide29/08/2002

Dos son las premisas que deben predominar en una faena de poda: utilizar el material adecuado, según el ejemplar y su entorno, y anteponer la seguridad sobre todo.


Son muchas las personas que, por cuestiones de trabajo o por simple afición, han abordado alguna vez la poda de algún tipo de arbolado. Actualmente, aún se entiende esta actividad como una prolongación de la jardinería o del cultivo en el campo, y se pretende igualar la poda de un árbol viario a la poda de un rosal o de un olivo productor. Sin embargo, cada vez son más los sectores que han comprendido las peculiaridades y fundamentos específicos de una actividad que está renaciendo con entidad propia: la poda viaria ornamental.

Lo expuesto anteriormente no hace referencia a particularidades secundarias o complementarias, sino a diferencias de base: desde el mismo planteamiento de la poda hasta los detalles de su ejecución. El objetivo del presente artículo es la descripción de los materiales propios de esta actividad como ejemplo de las peculiaridades antes mencionadas.

Dos son las premisas que deben predominar en una faena de poda a este respecto:

  • Utilizar el material adecuado para cada tipo de poda que se vaya a realizar, según las circunstancias del ejemplar, de su entorno y de los objetivos previamente establecidos.
  • Anteponer la seguridad, tanto del operario como de toda persona ajena a la faena, sobre cualquier otra consideración.

Se desarrollarán estos dos puntos aplicándolos a las distintas situaciones que pueden plantearse a la hora de realizar un trabajo de poda viaria.

El caso más sencillo es la poda de formación de un ejemplar recientemente plantado y, por lo tanto, de dimensiones reducidas. En este tipo de labores debe ponerse especial cuidado en la planificación. Es vital, para el futuro del ejemplar, fijar unos objetivos para su estructura y elaborar un calendario con las acciones que se van a realizar, siempre de acuerdo con dichos objetivos.

A la hora de la ejecución, suele bastar con una tijera de mano o una tijera telescópica para las ramas más inaccesibles. La primera no es más que la habitual tijera de podador utilizada corrientemente en jardinería, mientras que la segunda lleva un brazo telescópico, con el que pueden alcanzarse elementos situados a más de cuatro metros sobre el suelo (dependiendo también de la altura del operario). La tijera se manipula, en este caso, mediante un cordel accionado por la mano libre del operario. La principal ventaja de estas herramientas es la limpieza del corte cuando se usan con cierta práctica, lo que facilita considerablemente la formación de estructuras cicatrizantes, por parte del árbol, como respuesta a la herida practicada. La desventaja es su inoperancia a partir de ciertos diámetros de rama. Para suplir esta carencia, suele utilizarse la sierra de mano o la sierra telescópica, que no es más que un pequeño serrucho dentado con el que se practican cortes menos precisos que en el caso anterior. Esta circunstancia se acentúa con la utilización de la pértiga telescópica, con la que, muchas veces, no se controla a la perfección el vaivén que se quiere imprimir, con lo que se provocan numerosas rebabas junto al corte. Como en el caso anterior, la práctica lo es todo.



Una herramienta intermedia entre las descritas es la tijera de dos manos, con la que se aplica una mayor fuerza en el corte ampliando el diámetro de las ramas susceptibles de poda.
Como equipo de seguridad para el operario en este tipo de faenas, se utilizan elementos básicos de protección, como son botas con puntera reforzada, casco, gafas y guantes. Todo este material debe estar correctamente homologado y ha de cumplir una serie de prescripciones establecidas para el trabajo de poda.

Cuando los árboles que se van a tratar son de tal envergadura que inutilizan las pértigas descritas, hay que recurrir a elementos de poda más sofisticados.

En primer lugar, mayor envergadura implica un mayor diámetro de las ramas que se quieren podar. De esta forma, tanto las tijeras como la sierra de mano resultan poco prácticas. Aparece aquí la motosierra como herramienta principal de poda. La oferta en el mercado es muy amplia, pero lo realmente difícil e importante es encontrar siempre la que mejor se adapte al tipo de tarea que se quiere realizar. A menudo prevalece la máxima de "cuanto más grande y potente, mejor", y nada más lejos de la realidad. Es tan inadecuado y peligroso utilizar una motosierra pequeña para un corte de diámetro importante, como trepar para despuntar una copa con una motosierra grande y pesada.

Los profesionales de estos trabajos cuentan, entre su material, con un verdadero ejército de motosierras para todas las circunstancias que puedan presentarse, pues, nadie mejor que ellos, conoce la importancia de una elección adecuada para una jornada completa de trabajo. Lo que debe exigirse siempre, sea cual sea el modelo escogido, es que disponga de los elementos fundamentales de seguridad, como son el freno de cadena, los dispositivos antivibración y, para motosierras que incorporen espadas largas, recogecadenas en caso de rotura.

Debe ponerse especial cuidado en el mantenimiento de esta maquinaria, pues de su correcto cuidado y puesta a punto puede depender, en muchas ocasiones, la seguridad del podador. Limas de afilado, aceites y mezclas carburantes adecuadas y cadenas de repuesto no deben faltar nunca en faenas donde se utilice la motosierra.

En cuanto al equipo personal de seguridad, es necesario añadir el protector auditivo y el pantalón anticorte. Este último es una prenda agradecida en fríos inviernos, pero bastante molesta en faenas veraniegas a pleno sol. Sin embargo, su utilización es imprescindible de cara a evitar accidentes de consecuencias verdaderamente serias.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta la ubicación del arbolado y sus características. Para trabajos sistemáticos con un buen acceso, son claramente rentables y prácticas las plataformas elevadoras. Son muchas las empresas dedicadas a su alquiler por horas, días o semanas a precios bastante asequibles, según la envergadura del trabajo que se va a realizar. En cuanto a la elección del modelo, depende de la altura de los ejemplares que se van a podar, así como de las condiciones de acceso. Si estas últimas son algo precarias o difíciles, se utilizará una plataforma con un cuerpo motor de pequeñas dimensiones y con tracción a las cuatro ruedas capaz de acceder a lugares reducidos o con terreno resbaladizo (césped, barro...). Muchos de estos modelos pueden ser accionados por el mismo operario que corta desde la cesta, con lo que el rendimiento mejora considerablemente. La principal desventaja de estos vehículos es su imposibilidad de trabajo en pendientes (aunque éstas no sean excesivas), su dificultad de maniobra según los modelos y su peso si se trabaja sobre praderas, ya que arrasa literalmente el césped por donde pasa. La oferta existente en el mercado varía desde brazos de tijera, telescópicos o de compás hasta modelos mixtos, ya sean acoplados sobre el chasis de un camión convencional o autopropulsados.

Debido al grado de complejidad de este tipo de tarea, la seguridad debe extremarse aún más. Todos estos equipos vienen con un sencillo manual de instrucciones que debe leerse cuidadosamente antes de empezar la faena. Muchas de estas máquinas incorporan elementos de seguridad, como el bloqueo del levantamiento del brazo, en caso de pendiente excesiva, o el accionamiento de pedales de seguridad, sin el cual no funciona ningún otro elemento. Sin embargo, es el operario el que debe poner especial cuidado, y atender, sobre todo, a los desplazamientos, donde debe controlar tanto los obstáculos que puedan existir a uno u otro lado, como los que puedan situarse por encima o por debajo de él, algo que tiende a olvidarse frecuentemente.

En último lugar, si las circunstancias de trabajo hacen inviable o poco rentable la utilización de estos vehículos, se puede recurrir a la técnica de trepa. Esta modalidad es especialmente interesante, ya que no resulta, en absoluto, invasora ni para el árbol ni para su entorno, y permite la realización de trabajos en condiciones extremadamente comprometidas, imposibles de realizar por ningún otro método. Se trata de una técnica ampliamente utilizada en otros países, pero, hasta hace poco, desconocida en España, y cuyas ventajas siguen descubriéndose día a día entre los profesionales de este sector.

El equipo imprescindible para este tipo de tareas incluye muchos elementos empleados en escalada deportiva, aunque con algunas modificaciones en ciertos casos. El elemento principal es la cuerda de trepa, que debe cumplir una serie de propiedades básicas, entre las que se puede enumerar su resistencia a la abrasión y a la humedad, buena relación resistencia-peso, ser de carácter estático para evitar alargamientos de la longitud de vuelo en caso de caída, etc. El arnés difiere de los utilizados en escalada en algunas características, como el material de fabricación y el diseño más ancho y acolchado de sus piezas para una mayor comodidad en faenas de larga duración. La sierra de mano, ya descrita anteriormente, va incorporada en una funda al arnés como pieza imprescindible del trepador.

Como elementos auxiliares, se utilizan eslingas o segmentos de cuerda de unos dos metros de longitud, ancladas al arnés por un mosquetón y una mordaza, que permite recoger la cuerda, pero no su alargamiento. Se utiliza para asegurar al trepador alrededor de una rama mientras realiza su trabajo en altura.

Por último, existe una amplia gama de complementos según los gustos de cada operario y las necesidades puntuales de la actuación. Se utilizan, según los casos, materiales específicos, como salvacambium y guardacabos para proteger la cuerda de la abrasión, mosquetones de rosca y americanos para diversos anclajes de cuerda, poleas y tracter para soportar ramas y fustes y para evitar caídas descontroladas, cuñas de apoyo en el apeo, cordinos para prevenir la caída accidental de motosierras y otras herramientas y un sinfín de pequeños artilugios que ayudan al podador en su tarea.

Es necesario hacer hincapié en el carácter altamente arriesgado de esta actividad y en la profesionalidad, no sólo de los operarios que la realizan, sino de los materiales utilizados y los procedimientos de actuación. Existe un auténtico protocolo para cada uno de los movimientos que hay que realizar en el árbol, basado en la experiencia -muchas horas de trepa- de los profesionales de este sector y homologado por las respectivas Asociaciones Nacionales de Arboricultura de cada país. Nada en la trepa es improvisado.

Aún queda mucho por hacer, pero, cada día, sigue acelerándose el proceso mediante el cual todos los sectores relacionados, de alguna manera, con el medio ambiente urbano están tomando conciencia del carácter específico y altamente profesional de la actividad de la poda urbana, con lo que se mejora la salud de muchos de nuestros árboles y la propia seguridad de operarios y viandantes.

Artículo aparecido en QEJ 93 (Marzo 2002)

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