Obra de un patrocinador entusiasta y de un científico insigne

Fairchild Tropical Garden, la catedral de las palmeras

Santiago Orts28/08/2002

Fairchild Tropical Garden posee una vasta colección de plantas y hace coincidir filosofía, paisaje, diseño y calidad en una colección de palmeras con más de novecientas especies diferentes.

Ubicado en una finca de 83 acres (algo mas de 33 hectáreas), en la zona más lujosa de Miami (Florida, EE. UU.), el Coconut Grove de Coral Gables, se encuentra el Fairchild Tropical Garden. La finca donde hoy está el Faichild Tropical Garden fue comprada por el coronel Robert H. Montgomery en la tercera década del siglo pasado. Montgomery fue, a la vez que un  financiero -fundador de Coopers & Librandt, una de las compañías más importantes  del mundo en asesoría financiera-, asesor personal del mismísimo presidente Eisenhower en losbaspectos financieros de los preparativos bélicos en 1940.  A raíz de eso, adquirió el rango de coronel.

Montgomery era un entusiasta de las coníferas y, en su residencia del estado de Connecticut (EE. UU.), tenía una gran colección que, posteriormente, donó al Botánico de Nueva York para  trasladarse al sur de Florida. Allí, junto con el apoyo de su mujer Nell, concibió el proyecto de construcción de uno de los jardines botánicos más importantes de Norteamérica, el Fairchild Tropical Garden.

Pero, a principios de aquellos años, la idea de su fundador era la de hacer una colección de palmeras y cycas denominada Coconut Grove Palmetum. En 1932, Montgomery, fascinado por la lectura del libro "Exploraciones de plantas", de David Fairchild (el botánico explorador  más importante y respetado de los Estados Unidos), entabló una profunda amistad con Fairchild. Lo contrató y le financió largas expediciones alrededor de todo el mundo para recoger especies, no sólo de palmeras y cycas, sino también todo tipo de plantas. A partir de esta colaboración, la colección y el propio jardín dieron un vuelco espectacular.  El coronel decidió homenajear  a su amigo bautizando este insigne jardín con su insigne nombre.

Fairchild es, probablemente, la mejor colección de palmeras del mundo

Al decir la mejor no me refiero a la más grande o numerosa, sino a la más completa en todos los sentidos, pues no se trata de una simple colección de palmeras. Este jardín, embriagador y paradisíaco, reúne todas las virtudes que debe tener la capital de los jardines de palmeras; es decir, no sólo poseer de una vasta colección de plantas que supera las dos mil especies,  sino que en el mismo recinto hace coincidir filosofía, paisaje, diseño y calidad en una colección de palmeras con más de novecientas especies diferentes (la mayor de los Estados Unidos) que se exhiben con un mantenimiento que  raya la excelencia.

El jardín está formado por dos grandes cuerpos: el primero,  más alto, incluye los edificios que albergan la librería, las aulas, los laboratorios de investigación, las salas de conferencias, la tienda, los museos, un invernadero, una pequeña cafetería..., el Palmetum de Montgomery (ubicación de la colección original, ahora esparcida por todo el recinto) y la colección de plantas desérticas. Desde este cuerpo, y a través del bosque lluvioso, se pasa a otro segundo cuerpo, más bajo, que domina el 80 % de la superficie del jardín y que incluye los grandes lagos, la reserva de Manglar, la casa de los Chachi (una cabaña hecha de palmas por nativos de este pueblo de la selva húmeda del noroeste de Ecuador desplazados ex profeso para su construcción), el jardín de los hibiscos, el jardín frutal Maya, la colección de bambúes, etc.

Fairchild es, además de jardín, un lugar con una extraordinaria actividad pública, a diferencia de la apatía con que nos obsequian la mayoría de los jardines botánicos. Periódicamente, se organizan eventos abiertos al público, que van desde programas educativos, científicos y medioambientales, tanto para maestros como para alumnos, hasta  exposiciones de plantas, incluso presentaciones  de nuevas variedades, encuentros entre asociaciones de aficionados a las plantas, etc.

Esta es mi cuarta visita al Fairchild. Han pasado cinco años desde la última vez que estuve, y reconozco que me sigue impresionando, pues cada vez que lo visito, descubro nuevos pequeños tesoros que aquí se conservan. El jardín es hoy un punto de referencia mundial y resulta una visita obligada para todo el buen aficionado, que se precie de serlo, a este loco mundo de las palmeras.

Artículo aparecido en QEJ 93 (Marzo 2002)

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