Reflexiones

Presente y futuro del sector de la planta en maceta

Juan Iribarren14/08/2002

Para entender el presente, es necesario retroceder en el tiempo hasta el ingreso de España en el Mercado Común Europeo (actual UE), que supuso un punto de inflexión que indujo a profundos cambios en el sector.
Artículo de Horticultura - 150, enero 2001.


Sector de plantas en maceta es el conjunto de agentes económicos que centran su actividad en las plantas cultivadas de forma intensiva en invernaderos y umbráculos, y destinadas a la decoración. Se pueden señalar dos grandes grupos dentro de este tipo de plantas: aquellas que se valoran por la belleza de sus hojas (plantas verdes o de follaje) y las plantas de flor. El comienzo de un nuevo milenio es una buena excusa para reflexionar sobre el presente de este sector y su evolución en el futuro. Para entender el presente, es necesario retroceder en el tiempo hasta el ingreso de España en el Mercado Común Europeo, después Unión Europea, que supuso un punto de inflexión que indujo a profundos cambios en este sector, como en tantos otros. Desaparecen las protecciones arancelarias, se implanta el IVA, y las empresas del sector, entonces carentes de tecnología, y de reducida dimensión, tienen que hacer frente a las potentes empresas comerciales de Holanda y Dinamarca, respaldadas por estructuras productivas altamente tecnificadas que dominan el mercado. La situación económica de esos años parece ahora una pesadilla: tipos de interés por encima del 15%, inflación de dos dígitos, y una política monetaria que apreció artificialmente el cambio de la peseta pero con efectos letales para la competitividad de la producción local. También es necesario reconocer que la calidad de las plantas foráneas era muy superior a la nuestra.

Todo aquello fue duro, pero obligó a mejorar o a desaparecer. Se fue imponiendo la lógica, y los cultivos se fueron localizando en las zonas de condiciones más favorables: aquellos con mayores exigencias energéticas se concentraron en el sur y sureste de la Península, que ya no estaban conectados al resto del país por carreteras infames sino por autovías que facilitaban la distribución. Los cultivos de plantas de flor se localizan en su mayor parte en la costa mediterránea, y buscan la proximidad de los centros de consumo para evitar transportes largos que afecten a la calidad de este tipo de plantas. La calidad fue evolucionando positivamente a medida que se incorporaba la tecnología y se mejoraban las instalaciones y técnicas de cultivo.

El retorno de la peseta a una paridad más realista tras una serie de devaluaciones, y el continuado descenso de los tipos de interés y de la inflación, cambian el escenario en la década de los 90: los cultivos de calidad hechos en España no sólo ganan cuota en nuestro mercado sino que empiezan a ser demandados fuera de nuestras fronteras. Crece el consumo interno que estimula la expansión de las explotaciones de producción. En los últimos años se han consolidado interesantes iniciativas de comercialización en forma de cooperativas y consorcios de productores que liberan a los cultivadores de estas tareas para que se concentren sólo en la producción. Pero esta evolución positiva no debe conducir a un exceso de optimismo. Hay factores que conviene analizar para alcanzar un diagnóstico realista de la situación actual del sector.

Primero, a pesar de los progresos alcanzados, sigue siendo un sector de reducido tamaño desde el punto de vista económico. Por un lado, la falta de lo que podríamos llamar "masa crítica" provoca múltiples dificultades para el desarrollo de éste. Haría falta un salto significativo en el crecimiento del mercado para que se pudiera dar una verdadera especialización de los cultivadores, como sucede en Holanda. También, una mayor dimensión propiciaría el desarrollo de estructuras comerciales más eficientes y ágiles, y se justificaría la existencia de empresas de transporte especializado. La falta de dimensión impide la presencia de una industria auxiliar que desarrolle tecnología e instalaciones a precios competitivos; es necesario, en muchos casos, importar tecnología concebida y desarrollada para condiciones climáticas muy distintas a las nuestras.

Se ha mencionado el aumento del consumo interno, pero apenas se ha reducido el enorme diferencial con nuestros socios de la UE. Para el nivel de renta per cápita de España, de un 83% de la media de la UE, el consumo de plantas es extremadamente bajo. El hábito de comprar plantas va muy unido al desarrollo cultural de la población, y éste es mucho más lento que el mero desarrollo económico. Aún se percibe la planta ornamental como un objeto de regalo antes que como un elemento más de la decoración de la casa. Por otro lado, los costes de producción han evolucionado de manera diversa: el coste del capital ha disminuido de forma sensible, pero las ganancias de productividad obtenidas por fuertes inversiones en tecnología e instalaciones se diluyen por los incrementos de los costes laborales, energéticos y de materias primas. Todo ello en un escenario de precios de venta estabilizados en el tiempo, cuando no con tendencia a la baja. El nivel de precios es el mismo que hace 15 años. La consecuencia obvia es que los márgenes se han estrechado peligrosamente. El sector ha ganado en transparencia, pero aún no es la suficiente para que cada agente económico realice su tarea con eficacia y especialización: el cultivador que cultive, la empresa comercial que venda y el transportista que transporte. La evolución del consumo es, por tanto, un factor clave para el despegue del sector en el futuro, así como la consolidación de los nichos existentes en los mercados de exportación.

Las acciones promocionales sobre los consumidores finales son complejas y muy costosas, fuera del alcance de las empresas. En este sentido, es interesante la iniciativa plasmada en los últimos dos años a través del Programa de Promoción de Plantas y Flores, en el cual el sector ha participado activamente a través de FEPEX y ha contando con ayudas de la Administración y de la UE; aunque debido a la limitación de fondos las acciones promocionales han sido insuficientes.
El futuro va a depender, en gran medida, de la comercialización. Ya se sabe producir; la calidad se da por supuesta; pero tiene que ser la acción comercial la que abra nuevos mercados, la que explore nuevos canales, optimizando y mejorando a la vez los existentes para que el sector productivo crezca de la mano de estos avances, y nunca al revés. Las iniciativas que en los últimos tiempos se han ido consolidando en forma de agrupaciones de productores, consorcios y alianzas estratégicas entre empresas son muy positivas, pues aportan transparencia y eficacia.

Tenemos que ser conscientes de que se trata de un sector muy atomizado, de empresas de reducida dimensión que deben buscar su viabilidad a través de la especialización. Pero ésta sólo será posible si hay estructuras comerciales ágiles y potentes que den salida a los productos. Se debe tender, como sucedió en Holanda hace ya muchos años, a disociar la actividad comercial de la productiva. Otro factor que, de no resolverse, puede ser un obstáculo de importancia para el futuro desarrollo es la escasez de mano de obra. El sector hortícola no puede competir en salarios con el sector de la construcción y el sector de servicios, predominantes en el litoral mediterráneo que es la zona de mayor implantación de explotaciones de horticultura ornamental. Sin embargo, se precisa personal con cierto grado de especialización, por lo que es una de las actividades que está absorbiendo inmigrantes, pero no hay una reglamentación clara por parte de la Administración para incorporar a estos trabajadores con la rapidez y flexibilidad que se requiere. Hay un importante potencial de crecimiento, pues es un sector incipiente en España.
 
Hay también grandes retos pero, a diferencia de otras ocasiones, el futuro depende en gran medida de nuestro esfuerzo. Ya se sabe que no todo consiste en contar con un clima favorable. Cuando en nuestro país los productores todavía discuten sobre la fuente de energía que utilizar (fuel, gas, residuos sólidos), en cualquier invernadero de Holanda o Dinamarca se puede encontrar una instalación de cogeneración de energía eléctrica y calorífica operando con costes muy inferiores a los nuestros. Será necesario seguir invirtiendo en tecnología y en automatización. El mercado es muy amplio y está abierto pero hay que competir con los mejores.

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