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Un informe relata la historia de los virus en cultivos hortícolas intensivos en el arco mediterráneo español en los últimos 40 años

No bajar la guardia con el control biológico y digitalización, las claves para frenar la virosis en la horticultura

Elio Sancho García, periodista25/09/2020
Los virus suponen una gran amenaza para la agricultura en todo el mundo y provocan pérdidas de varios miles de millones de euros cada año. Los principales factores que favorecen la aparición de virus, según el informe ‘Detección de virus de plantas y manejo de enfermedades: relevancia de la diversidad genética y la evolución’, publicado a mediados del pasado mes de julio por investigadores del Centro de Protección Vegetal y Biotecnología del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) y del Centro de Investigación en Agrigenómica (CRAG), son: los sistemas agrícolas basados en monocultivos con baja diversidad genética y alta densidad de plantas, que son más vulnerables a patógenos y plagas; el comercio mundial de material vegetal (germoplasma y plantas vivas) que transporta virus, huéspedes y vectores a nuevas regiones y entornos; el cambio climático que afecta al área de distribución de huéspedes y vectores; y la capacidad de los virus para una rápida evolución y adaptación.

Los virus en los cultivos hortícolas intensivos son una gran preocupación para los productores ubicados en el arco mediterráneo. Para aquellos radicados en el sureste de España, destacan como una de sus mayores inquietudes, junto a factores como las fluctuaciones del mercado y los costes de producción. Sin embargo, y pese a ello, la producción se ha mantenido rentable a lo largo de las últimas cuatro décadas. Y, de momento, los datos continúan siendo favorables, aunque los agricultores, las organizaciones agrarias y las empresas comercializadoras llevan varios años advirtiendo del estrechamiento de los márgenes y el desequilibrio existente en la cadena de valor, señalando al productor en origen como el eslabón más débil.

Desde sus orígenes, la horticultura intensiva trata de lidiar con la virosis de la mejor forma posible, buscando mecanismos para minimizar las pérdidas y aunando fuerzas entre los distintos agentes implicados en el control de estas enfermedades -productores, técnicos, investigadores y empresas semilleras, además de las distintas actuaciones de la Administración en forma de normativa, asistencia e inspecciones-, lo que ha logrado limitar su efecto nocivo.

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Nesidiocoris depredando mosca blanca.

Sin embargo, el riesgo cero no existe y, si algo ha quedado claro a lo largo de la historia, es que siempre han aparecido nuevos virus. Un hecho que continuará produciéndose en el futuro, como predicen los expertos, que advierten de la importancia de analizar la evolución de estas enfermedades en el pasado para poder prevenir y paliar, en la medida de lo posible, los efectos de aquellas que están por venir a corto, medio y largo plazo para que no comprometan el futuro de este modelo productivo y poder garantizar su supervivencia.

Así lo analiza el informe ‘Un relato histórico de virus en cultivos hortícolas intensivos en el arco mediterráneo español: nuevos retos para una agricultura sostenible’, publicado el pasado junio, que radiografía de forma exhaustiva la evolución histórica de los virus que han afectado a los cultivos hortícolas intensivos en el arco mediterráneo español en los últimos 40 años.

El análisis, elaborado por los investigadores Leonardo Velasco, del Centro del Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, IFAFA, de Churriana, Málaga; Leticia Ruiz y Dirk Janssen, del Centro IFAPA de La Mojonera, Almería; y Luis Galipienso y Luis Rubio, pertenecientes al Centro de Protección Vegetal y Biotecnología, Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), recoge las claves y los retos que debe hacer frente la agricultura para ser más sostenible y mejorar el control de virosis en el futuro.

Para ello, el documento aboga por el uso decidido del control biológico y el manejo integrado de plagas, un sistema implantado hace ya años y que requiere ahora un nuevo impulso para contrarrestar el auge de las resistencias de los virus a los productos químicos. Además, analiza los efectos del cambio climático tanto en los virus como en los vectores de transmisión. Y plantea el uso de nuevas herramientas de diagnóstico, apoyándose en la digitalización del sector, y la importancia de la inteligencia artificial a la hora de optimizar el proceso de toma de decisiones.

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Técnico de la empresa Agrobio en invernadero de tomate.

Evolución anterior y futura

En los últimos 30 años han aparecido nuevos virus en el sureste de España a una media de 0,9 virus al año. Así lo recoge el estudio realizado por los investigadores del IFAPA y el IVIA, que estiman que, siguiendo esta tendencia, aparecerán entre cinco y diez nuevas especies de virus en los próximos diez años. A su juicio, es difícil predecir si esta tasa aumentará en un escenario de cambio climático y de incremento del comercio de bienes. Sin embargo, “aunque podemos anticipar la llegada de nuevos virus, el impacto económico de las epidemias en la zona se puede minimizar mediante mejoras en diferentes aspectos del cultivo y desarrollos tecnológicos”, explican.

Los técnicos describen varias tecnologías, algunas de ellas aún en una fase inicial, que ayudarán a hacer frente a las actuales y nuevas epidemias de virus que afectan a los cultivos hortícolas intensivos en España y zonas de características similares. Se trata de una serie de estrategias multidisciplinares, que se describen a continuación.

Por un lado, la aceleración de los programas de mejoramiento, que pueden ser facilitados por las nuevas técnicas de edición disponibles, incluidas las tecnologías de fenotipado de alto rendimiento. A ello se une el cultivo de resistencia en condiciones de alta temperatura, por encima de los 30 grados centígrados. También abogan por la mejora de las barreras físicas para controlar los vectores de virus y la optimización del control climático en invernaderos.

Por otra parte, apuestan por incrementar la investigación sobre epidemiología y los mecanismos de evolución de virus vegetales y los efectos de infecciones mixtas, con el fin de pronosticar la durabilidad de la resistencia. En este apartado, consideran necesario ahondar en los efectos que tienen el CO2 y las temperaturas en la biología de los vectores.

Asimismo, el estudio recoge la importancia de desarrollar herramientas de diagnóstico in situ rápidas, fiables y económicas, así como la implementación de mecanismos de detección efectiva de emergencias en invernaderos, viveros, empresas de semillas, etc. y el establecimiento de cuarentenas fiables. También es muy recomendable la identificación de malezas como reservorios de virus y la investigación de la dispersión a través de polinizadores.

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Seto exterior para control conservativo.

También proponen alternativas a la gestión de virus, por ejemplo, a través del desarrollo de un control mediado por ARNi (el ácido ribonucleico de interferencia, ARNi, es un mecanismo biológico por el cual se consigue silenciar genes mediante moléculas de ARN de doble cadena) impulsado por nanocompuestos.

Además, acercar y facilitar el acceso de los productores a la información sobre plagas y enfermedades, por ejemplo, a través de aplicaciones móviles; comunicación en tiempo real por parte de las autoridades fitosanitarias con los productores y los técnicos de campo; y hacer uso del análisis de Big Data utilizando plataformas de inteligencia artificial para la toma de decisiones.

Cronología de los virus

En la década de los 80, los virus que limitaban la producción de cultivos eran principalmente transmitidos por pulgones o transmitidos mecánicamente, según el estudio del IFAPA y el IVIA, que destaca el virus del mosaico del pepino (CMV), el del mosaico de la sandía (WMV), el del mosaico amarillo del calabacín (ZYMV), el virus del mosaico del tomate (ToMV), y el del moteado leve del pimiento (PMMoV); también en estos años aparecieron uno que afecta al melón y es transmitido por el hongo Olpidium, el denominado virus de la mancha necrótica del melón (MNSV), y otro transmitido por trips, llamado virus del marchitamiento manchado del tomate (TSWV).

La mosca blanca siempre ha estado presente en la agricultura mediterránea. Eso sí, su importancia solo dependía, hasta hace unos 30 años, de su daño como plaga, al tratarse de un insecto chupador de savia. Sin embargo, desde la aparición del BPYV a finales de los años 80 en España, el número de especies virales transmitidas por aleyrodids no ha dejado de crecer. La enfermedad del enrollamiento de la hoja amarilla del tomate (TYLCD) apareció en España a principios de los 90. El virus del mosaico del moteado verde del pepino (CGMMV) es un tobamovirus que afecta a las cucurbitáceas, especialmente al pepino, pero también al melón y la sandía y se detectó a mediados de los 90. El del mosaico del pepino (PepMV) es uno de los virus de transmisión mecánica más graves en España; a pesar de su nombre, no afecta al pepino sino al tomate, ya que se deriva de la planta solanácea sudamericana pepino dulce y, tras detectarse en España a finales de los 90, ha sido una de las epidemias más graves en tomate de todo el arco mediterráneo español.

A finales de 1999 se detectó un brote del virus del amarillamiento de las venas del pepino por ipomovirus (CVYV), lo que provocó un descenso espectacular en el rendimiento de cucurbitáceas y en la calidad de la fruta. El virus del amarillo transmitido por áfidos de las cucurbitáceas (CABYV) se identificó por primera vez en cultivos de melón a campo abierto en el Campo de Cartagena (Región de Murcia) y más tarde en provincias adyacentes. Otro virus transmitido por el hongo Olpidium es el de la mancha foliar del pepino (CLSV), que se ha detectado ocasionalmente en cultivos de pepino y su importancia parece ser menor. Este no es el caso del virus de la vena amarilla del pimiento (PeVYV), un polerovirus que apareció en 2012 en invernaderos de pimiento en España. Los daños provocados por este virus son principalmente la maduración irregular del fruto, malformaciones y decoloraciones en aquellas variedades en las que hay un cambio de color. Esto implica una pérdida del valor comercial de la fruta, que es fundamental en los altos estándares exigidos en los mercados de la UE.

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Tecnico de Agrobío observando una planta de pepino.

El virus del moteado del ilarvirus parietaria (PMoV) se detectó en invernaderos de pimiento en 2004 y luego en tomate. Otro crinivirus, el virus de la clorosis del tomate (ToCV), transmitido tanto por SLW como por GHW, se introdujo en el sureste de España a finales de los años noventa. Las medidas de control más efectivas, en una primera etapa, para limitar los virus transmitidos por la mosca blanca han demostrado ser las barreras físicas. Por definición, la estructura del invernadero forma una importante barrera física para prevenir la entrada de insectos plaga y vectores de virus. La movilidad de los dos principales vectores de virus en el sureste de España, B. tabaci y F. occidentalis, depende de la presencia de radiación ultravioleta de la luz solar. En consecuencia, la reducción de esta radiación mediante el uso de plástico absorbente de UV limita la movilidad de los insectos.

En los últimos diez años, destaca la presencia del virus New Delhi del enrollamiento de la hoja del tomate (ToLCNDV), un begomovirus transmitido por el SLW, que apareció en 2012 en el sureste español y que afecta principalmente a las cucurbitáceas, provocando graves daños en calabacín, pero también, aunque en menor medida, en pepino y melón.

Campaña 2020-2021

Acaba de arrancar la presente campaña hortofrutícola, correspondiente a 2020-2021, y ya han surgido numerosas voces advirtiendo del 'complicado' inicio de curso por culpa de la virosis, principalmente, en los cultivos de pimiento más tempranos, con alrededor de un 20% de plantas afectadas por spotted en algunas zonas del Poniente almeriense (Berja y Dalías).

Desde Agrobío, una de las empresas referentes en control biológico y líder en polinización en agricultura bajo plástico y al aire libre a escala internacional, advierten de la importancia que tiene no bajar la guardia en ninguna época del año, algo que normalmente ocurre entre las plantaciones de primavera y los del comienzo de una nueva campaña.

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Coexphal aboga por plantar setos en el límite exterior al invernadero.

Ana Belén Arévalo, técnico de Desarrollo en Campo de Agrobío, explica ha habido más pérdida de planta en los invernaderos por virus en pimiento, por encima de otras campañas. A su juicio, se veía venir, porque hay razas que superan las resistencias, que han tenido una rápida difusión en pimiento, a lo que se une que los productos registrados para control de trips no tienen apenas eficacia porque éste se ha hecho resistente a los productos. “El problema es que cada vez hay más razas resistentes de este tipo”, por lo que las casas de semillas tienen trabajo por delante para sacar nuevas variedades con otro gen, a las que estas razas no puedan saltar.

Arévalo recuerda que la plantación temprana está ligada a temperaturas más elevadas, lo que favorece la incidencia del virus en comparación con los ataques que se observan en meses de mayor frío, pues “se ve que para en noviembre y diciembre y luego en primavera repunta otra vez”. En ese sentido, añade que el cambio climático es un factor que perjudica a este modelo de agricultura, pues los virus se desarrollan con más facilidad y se replican más rápido, además que con el calor, las plantas se estresan más.

Además, hace hincapié en la necesidad de instaurar, en paralelo a las medidas clásicas de suelta de fauna auxiliar, el denominado control biológico por conservación y el establecimiento de setos como reservorios de insectos beneficiosos y barreras de entrada naturales. También lanza un mensaje a los semilleros que trabajan variedades tempranas, que suelen estar un poco solos en el arranque de la campaña, pues considera que deben invertir en infraestructuras y ponerse las pilas en control biológico haciendo sueltas porque se está viendo que está dando muy buenos resultados para control de pulgón en los módulos de ecológico y se puede extrapolar al cultivo convencional.

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Técnico de Agrobío realizando una suelta de Nesidiocoris en tomate en semillero-estrategia preventiva.

Desde el IFAPA llevan años trabajando para ofrecer soluciones a los horticultores, tal y como recuerda Salvador Parra, director del Centro IFAPA de La Mojonera (Almería), que apunta que entre estos proyectos, desarrollados por el Área de Protección Vegetal Sostenible, se encuentran los enfocados al control biológico en el interior y exterior de los invernaderos (control biológico por conservación). “Se pretende alcanzar una hortofruticultura más sostenible implementando medidas agroambientales que maximicen la productividad de los cultivos a través de la intensificación de los procesos ecológicos mediante la biodiversidad funcional. El avance científico en el conocimiento de los servicios ecosistémicos que las infraestructuras ecológicas de plantas autóctonas alrededor de los invernaderos son capaces de proporcionar en el control biológico de plagas es ya una realidad. El control biológico por conservación trata de modificar el entorno y manipular el hábitat para favorecer y potenciar la actividad de los enemigos naturales. Con los resultados de estos proyectos se ha desarrollado entre la Estación Experimental de Cajamar Las Palmerillas e IFAPA una App para móvil y tablet, denominada ‘PlantEN Plantas y Enemigos Naturales, que es una guía práctica para todos aquellos interesados en incrementar la biodiversidad de una manera funcional en sus cultivos”.

Salvador Parra explica que la idea de esta aplicación es que sea una herramienta que ayude a seleccionar las plantas más interesantes para fomentar la presencia de fauna auxiliar beneficiosa. “Se pretende seguir avanzando en la utilización de herramientas y tecnología digital para la divulgación y el uso del conocimiento científico generado. Como proyecto en marcha, y dando un paso más en lo iniciado con la App PlantEN, se está desarrollando una nueva herramienta DSS (Design Support System), ‘DiseñEN’, donde a partir de una serie de datos que solicitará al usuario, por ejemplo, el espacio disponible para el seto, pendiente, exposición a la luz, ubicación geográfica del invernadero, cultivos principales, plagas principales, etc., éste podrá ir diseñando su propio seto y seleccionar las especies de plantas que va a emplear, el número de plantas de cada especie que necesita, cómo distribuirlas en el seto... La idea es que el programa arroje una propuesta de diseño de un seto”.

Desde la patronal almeriense de comercialización y exportación de frutas y hortalizas, Coexphal, señalan que es cierto que prácticamente cada año aparece algún virus nuevo e importante por el daño que realiza. Su responsable del Departamento de Técnicas de Producción de Coexphal, Jan van der Blom, insiste en el cuidado que hay que tener con el movimiento internacional de plantas de un país a otro, tanto por parte de las casas de semillas, como de las empresas ornamentales y de los propios turistas, que pueden ser vectores de transmisión.

Además, destaca el auge que se está registrando de las plagas en los meses de invierno, lo que pone de relieve el aumento de las temperaturas como consecuencia del cambio climático. En ese sentido, insiste en el incremento de la incidencia de mosca blanca y pulgón en los últimos años, así como otras plagas que no transmiten virus, pero son muy importantes, como la tuta absoluta, y que tienen incidencia en meses de frío, como enero y febrero, por las temperaturas más suaves.

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Divulgación de las medidas de control biológico Coexphal.

Van der Blom recuerda que los productos químicos no son suficientes para controlar las plagas, sobre todo, al tener que hacer esta labor durante los doce meses del año, pues el clima ya no da tregua. El abuso de estos fitosanitarios provoca resistencias y complica el correcto desarrollo de los cultivos cada año. “Hay que conseguir un cambio hacia un nuevo sistema agroecológico en nuestro paisaje, romper el monocultivo, plantar setos que sirvan de trampas y reservorios, es decir, aumentar la biodiversidad en la horticultura porque estamos aprendiendo que la fauna auxiliar de las plantas silvestres que están en el exterior del invernadero es mucho más importante de lo que nos habíamos dado cuenta, pues hay plagas que se controlan perfectamente por bichos que aparecen en los invernaderos de forma espontánea, y proceden de esos insectos autóctonos”.

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