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Europa acuerda un nuevo reglamento de fertilizantes que se implementará plenamente a partir de 2022

Un único reglamento para gobernarlos a todos

Álvaro Bárez, periodista agroalimentario10/02/2019

A las puertas de las elecciones al Parlamento Europeo, han sido varias las iniciativas legislativas que se han precipitado en los últimos meses. Una de ellas ha sido el paquete legislativo sobre economía circular que en la Comisión Europea presentó en marzo de 2016 al Consejo y al Parlamento Europeo para su debate, y que incluía una propuesta de Reglamento sobre productos fertilizantes con marcado CE. A lo largo de este tiempo, el Consejo y al Parlamento Europeo han hecho algunas modificaciones al texto de la propuesta de la Comisión y ha habido algunos asuntos en los que las diferencias entre ellos han sido importantes, tales como el del cadmio. Finalmente se ha podido alcanzar un acuerdo en el conocido como 'trílogo', que aún está pendiente de ser refrendado por el Consejo y el Parlamento Europeo.

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En estos momentos (por poco tiempo ya) la normativa comunitaria vigente en materia de fertilizantes es el Reglamento CE 2003/2003 relativo a los abonos, que únicamente cubre los abonos minerales. Se trata de una norma de comercialización que lista los tipos de productos autorizados, llamados abonos CE, estableciendo requisitos de calidad, fabricación y etiquetado y al que en el año 2013 se incluyeron también las enmiendas calizas. El resto de productos relacionados con la nutrición de las plantas (otros abonos minerales, abonos orgánicos y organominerales, bioestimulantes…) están regulados por legislaciones de ámbito nacional, existiendo un principio de reconocimiento mutuo de ámbito europeo para abordar el intercambio de los abonos nacionales entre los diferentes países de la UE. En España estos productos están regulados por el Real Decreto 506/2013, que ha sido modificado posteriormente por el Real Decreto 999/2017. “El reconocimiento mutuo en productos no armonizados implica que un abono orgánico, por ejemplo, comercializado legalmente en un Estado Miembro, pueda ponerse en el mercado de otro sin ninguna traba. Esto conlleva dificultades en el control de mercancías puesto que no se conoce qué normativa fue la que los autorizó.

Convenía, por tanto, incluir todos los productos relacionados con la nutrición vegetal en un mismo reglamento. Además de este inconveniente de la normativa vigente, el citado Reglamento CE 2003/2003 no establecía controles suficientes en cuanto a la seguridad de los productos y su modificación no era todo lo ágil que el mercado demandaba”, destacan desde la Dirección General de Producciones y Mercados Agrarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. A ello se añade que existen una serie de residuos y subproductos que podrían utilizarse como materias primas para la fabricación de productos fertilizantes, con lo que debía existir una normativa que facilitarse su empleo en este sector y armonizase la comercialización de los productos obtenidos a partir de dichas fuentes.

Primeras valoraciones

Era, pues, fundamental que una misma pieza normativa abarcase todos los medios de producción relacionados con la nutrición de los cultivos. De igual manera, tal y como recalcan desde la D.G. de Producciones y Mercados Agrarios, “esta ampliación supone un respaldo a los mercados de materias primas secundarias y a la implantación de una verdadera economía circular que aprovecha residuos, subproductos o materiales en la producción de fertilizantes”. Sin embargo, todo es mejorable.

Así lo consideran desde la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (ANFFE), que agrupa a las principales empresas españolas fabricantes de fertilizantes y a empresas productoras extranjeras con representación en el territorio español. Estiman que los contenidos mínimos de nutrientes que se han aprobado para los fertilizantes son en algunos casos bastante bajos. “Como ya hemos indicado en diversas ocasiones, los productos con un contenido muy bajo de nutrientes no tienen ningún valor para el agricultor y además su trasporte y aplicación no es sostenible, debido a su alta huella de carbono. Aunque se han hecho algunas propuestas para solucionar este problema, especialmente desde el sector, la Comisión ha insistido en mantener unos contenidos muy bajos para los nutrientes, con el fin de impulsar su iniciativa de economía circular y de posibilitar que determinados subproductos y materias primas secundarias puedan utilizarse para fabricar fertilizantes”, afirman. ANFFE lamenta igualmente que en el nuevo Reglamento no se exija que se demuestre la eficacia agronómica de los productos antes de su comercialización: “Si además tenemos en cuenta que no se declarará el origen de las materias primas ni los procesos de fabricación, será difícil poder valorar de manera adecuada la validez agronómica de algunos productos”, añaden.

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También han seguido muy de cerca las negociaciones por parte de la Asociación Española de Fabricantes de Agronutrientes (AEFA) que reúne a 54 empresas fabricantes de fertilizantes, productos especiales y agronutricionales. Recalcan que sigue faltando mucho camino que recorrer en el sector y que este reglamento no satisface las necesidades de los fabricantes de fertilizantes. Aplauden, eso sí, contar con una legislación más avanzada que contemple productos que hoy en día no tienen lugar en la regulación, como son los bioestimulantes, y que fomente la sostenibilidad: “Incluir el término ‘bioestimulante’ y su definición es un hecho muy importante, puesto que ya existe un reconocimiento para la comercialización de este tipo de productos fuera de Europa y son altamente demandados por su perfil medioambiental y de seguridad, no solo para el aplicador si no por la ausencia de residuos en los cultivos tratados”, inciden. Y es que hoy en día existen productos que, debido a la ausencia de legislación no estaban clasificados y no tienen cabida en el mercado. “La nueva normativa ha distribuido todos los productos en siete categorías y, por ejemplo, en el grupo de ‘Bioestimulantes de las plantas’ el reglamento se va a publicar con una lista positiva de únicamente cuatro microorganismos aceptados. Esperamos que al ser un texto abierto sea sencilla la forma de proceder para incluir en ella otros microorganismos y otros usos”, añaden desde AEFA. En ese aspecto incide Ángela Varó, directora de I+D de la compañía Green Universe Agriculture, que trabaja activamente a nivel europeo a través del Consejo Europeo de la Industria de Bioestimulantes (EBIC): “Consideramos que algunos productos que quedan fuera la norma deberían incluirse en enmiendas posteriores. Es el caso de otros productos a base de microorganismos (actualmente solo 4 géneros de microorganismos quedarían regulados), metabolitos de origen microbiológico y determinados polímeros”. No obstante, completa, “desde EBIC estamos satisfechos ya que con este nuevo Reglamento de fertilizantes se da un paso sustancial hacia un marco regulatorio innovador que funcione bien para llevar al mercado productos novedosos, de base biológica y sostenibles, como los bioestimulantes”, completa Ángela Varó.

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El cadmio, capítulo aparte

Uno de los caballos de batalla de las negociaciones de este reglamento durante estos últimos años ha sido la reducción de niveles de cadmio en los abonos fosfatados. En una primera fase de las negociaciones se propuso reducir el límite de cadmio a 60 partes por millón (60 miligramos de cadmio por kilo de fósforo) y, progresivamente, llevarlo a 40 mg/kg en tres años, y a 20 kg/mg nueve años después. Una medida sin un análisis científico riguroso que hubiese supuesto la no disponibilidad de los fosfatos provenientes del norte de África (Marruecos y Argelia, principalmente) con yacimientos con más volumen y más cercanos a España y la total dependencia de Rusia, ya que se hubiese convertido en la única fuente posible de abastecimiento de roca fosfórica con bajo contenido en cadmio. Ello hizo que la industria europea, a través de Fertilizers Europe, elevase su queja, de la que se hicieron eco los agricultores europeos a través del COPA-COGECA, que hubiesen sido quienes, a la postre, hubiesen pagado el sobrecoste originado.

Tras intensos debates entre las tres instituciones europeas, con posiciones muy claras y diferentes, se ha conseguido llegar a un acuerdo en torno al asunto del cadmio, estableciéndose finalmente un límite único de 60 mg Cd/kg P2O5, que se deberá cumplir después del período de transición de 3 años para la aplicación del Reglamento. “España ha defendido siempre la ausencia de problemas con el cadmio en nuestro país, debido a su escaso contenido en los suelos agrícolas españoles, a la naturaleza de los mismos y a la climatología, avalado todo ello por estudios científicos. El sector español de fertilizantes, representado por ANFFE, ha defendido siempre el establecimiento de un límite con el cual no existía ningún problema para la salud o el medio ambiente y con el que se garantizaba al mismo tiempo la fabricación de fertilizantes con fósforo”, destacan desde la industria.

Por otro lado, se ha previsto en el Reglamento que, tras siete años desde su publicación, la Comisión haga un estudio para revisar y analizar la viabilidad de las medidas sobre el cadmio, con el fin de evaluar una posible reducción del límite al contenido de cadmio en los fertilizantes.

Reconocimiento mutuo

El nuevo reglamento cambia de manera importante la comercialización de los productos fertilizantes, aunque se prevé que el mayor esfuerzo de adaptación recaiga en los fabricantes de estos productos. Se pasa a un reglamento según el nuevo enfoque legislativo que establece requisitos, de forma que el producto que cumple debe ser certificado para poder marcarse como “producto fertilizante UE”. Dependiendo de las materias primas utilizadas y del producto final, el sistema de certificación es más o menos exhaustivo. “El agricultor podrá contar con más productos procedentes de otros estados miembro, contando con todas las garantías de una normativa común (abonos orgánicos y órgano-minerales, enmiendas orgánicas y otras, bioestimulantes y sustratos de cultivo). También al favorecer el mercado de materias primas secundarias se incluirán nuevos materiales que, con determinados requisitos, podrán utilizarse en el suelo. Se trata de ampliar el abanico de productos posibles, posibilitando un abaratamiento de costes por fertilización”, afirman desde el Ministerio de Agricultura.

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Así, los fabricantes podrán elegir si colocan el marcado CE en su producto o no, en cuyo caso la legislación que le afecte será diferente. Las medidas que se establecen en el Reglamento europeo para los productos con el marcado CE no pueden impedir que los abonos nacionales no armonizados se comercialicen en el mercado interior de la UE, de conformidad con la legislación nacional de un Estado miembro y bajo el principio de reconocimiento mutuo entre los países. “La Comisión ha querido con este Reglamento eliminar los problemas que existen en la actualidad con el reconocimiento mutuo, pero dado que se ha aprobado que en el futuro siga coexistiendo el Reglamento europeo con las diferentes legislaciones nacionales de los Estados Miembros, podrá seguir apareciendo algún problema con dicho reconocimiento”, recalcan desde ANFFE. “Gracias a la facilidad del libre mercado el agricultor va a poder disponer de un mayor catálogo de productos y posibilidades de probada eficacia y seguros para el consumidor final. La categorización y registro de los “Bioestimulantes” y “Otros Microorganismos” permitirá además a los agricultores incrementar sus producciones”, completan desde AEFA. “La regulación de productos fertilizantes a nivel europeo aportará al agricultor nuevas herramientas para alcanzar una agricultura que responda más adecuadamente a las demandas del mercado en términos de eficiencia, calidad y sostenibilidad. Esto fomentará un mayor crecimiento e innovación en un sector donde las empresas europeas y en concreto, las españolas, son líderes mundiales. Proporcionará a los agricultores de toda Europa un mayor número de herramientas innovadoras y sostenibles para ayudarles a satisfacer las demandas de la sociedad”, completa Ángela Varó, de Green Universe Agriculture y voz autorizada de EBIC en España.

Economía circular y fertilización

Este Reglamento es clave para fomentar que ciertos residuos y subproductos generados en la UE se puedan utilizar como materias primas en el sector de los fertilizantes, por lo que se modifica el Reglamento 1069/2009 de subproductos animales, para que los productos que hayan sobrepasado el punto final puedan ser puestos en el mercado sin restricciones. Para asegurar la ausencia de problemas para la salud y el medioambiente, se han fijado límites al contenido de ciertos contaminantes y elementos patógenos.

Otro tema de especial relevancia es el de los subproductos industriales, ya que en la propuesta de la Comisión se impedía su uso para la fabricación de abonos CE, por lo que productos tales como el sulfato amónico, muy demandado en la agricultura, no podría seguir utilizándose y no sería posible seguir comercializando muchos de los actuales fertilizantes que contienen ese producto, lo que hubiese ocasionado un grave perjuicio a la agricultura y la industria de fertilizantes. “Afortunadamente, tras una serie de debates, este tema finalmente se ha solucionado, ya que la Comisión, tras un periodo de tres años, durante los cuales se seguirá aplicando el Reglamento 2003/2003, establecerá los requisitos que deben cumplir los subproductos, de manera que en un futuro se pueda seguir utilizando el sulfato amónico y otros subproductos de amplio uso en la agricultura actual”, comentan desde ANFFE.

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Estos industriales consideran que los contenidos mínimos de nutrientes, los límites para los metales pesados, la solubilidad, las tolerancias permitidas o las disposiciones del etiquetado son claramente discriminatorios en favor de los productos fertilizantes obtenidos a partir de materias primas secundarias, y estiman que se han fijado sin tener en cuenta criterios científicos y sin que haya un claro beneficio para la productividad y la rentabilidad de la agricultura europea. “Aunque nos parece correcta la idea de reciclar y creemos que pueden aprovecharse algunos nutrientes contenidos en determinados subproductos, consideramos que en este Reglamento se ha priorizado la economía circular y la utilización de algunos residuos y subproductos sobre aspectos tan importantes como la calidad y la eficacia agronómica”, completa esta asociación que da voz a empresas como Fertiberia, Yara, Eurochem o ICL.

El reto de un etiquetado claro

Debido a la complejidad del Reglamento y a la gran diversidad de productos y de materias primas que abarca, se ha encargado a la Comisión que elabore una Guía de Etiquetado, un año después de que se publique el Reglamento. Y es que con este nuevo Reglamento se ampliará la oferta de productos, con una gran diversidad de composiciones, ya que se podrán mezclar diversos tipos de componentes (fertilizantes, bioestimulantes, etc.) en un producto. “Eso podrá provocar que la etiqueta sea confusa en ocasiones y el agricultor deba prestar mucha atención a aspectos tales como el contenido de los nutrientes y la solubilidad, en especial en lo relativo al fósforo, ya que si éste no es soluble, únicamente se declarará el fósforo total, no habiendo garantía de que sea disponible para la planta. Para que el agricultor pueda elegir el producto más adecuado a las necesidades de los cultivos y a las condiciones y características del suelo y del clima, el etiquetado debe ser claro y debe incluir toda la información sobre los nutrientes disponibles y sobre sus solubilidades. Con ello se logrará una mejor eficiencia en el abonado y en el respeto al medio ambiente”, afirman desde ANFFE.

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Lo que parece claro es que los productos fitosanitarios que además tengan otra función, como puede ser la de bioestimulante, estarán excluidos de este nuevo Reglamento, obligándoseles a que sigan bajo el ámbito del Reglamento 1107/2009 de fitosanitarios y por tanto estando sujetos a seguir un proceso de registro. Se delimita así claramente la barrera entre un nutricional y un fitosanitario.

El futuro reglamento será de directa aplicación en España y estará en plena vigencia a partir de 2022. De todas formas, para facilitar la transición y para dar cabida legal a aquellos productos tradicionalmente comercializados como abonos CE y que no opten por la comercialización como futuros 'productos fertilizantes UE', se modificará el vigente Real Decreto 506/2013, de 28 de junio, sobre productos fertilizantes, para incluirlos en la normativa nacional.

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