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“La fruticultura del futuro requerirá mucho soporte técnico, un mayor asesoramiento y más innovación para que sea eficiente y competitiva”

Ignasi Iglesias: la fruticultura como pasión

David Pozo15/10/2018

Intentar resumir en pocas palabras la trayectoria del Dr. Ignasi Iglesias resulta una misión imposible. Tras 24 años en el IRTA, en los que ha liderado el Programa de Evaluación de nuevas variedades y patrones del IRTA, Iglesias da un paso al frente para continuar su vida laboral en la empresa privada. A lo largo de este cuarto de siglo ha vivido la transformación del sector frutícola español y como resultado de su apasionante e incansable trabajo desde Horticultura hemos querido conocer a través de su experiencia cuál es la situación del sector y cuáles son los retos a los que se enfrenta.

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Han sido casi 25 años trabajando en el IRTA. ¿Con qué se quedaria de este cuarto de siglo?

Me ha apasionado tanto lo que he hecho en estos últimos 24 años, que me quedaría con todo lo que he hecho. Ha sido una época profesionalmente muy motivadora y constructiva, y si hubiese seguido otros veinte años más, continuaría siendo así. He tenido la inmensa suerte de contar con una línea de trabajo basada en la innovación de nuevas variedades, que es el motor del sector, y que seguirá siendo constante en el futuro.

El programa de Fruticultura del IRTA, con los programas de evaluación de nuevas variedades y de tecnologías de producción, han posicionado a nuestro sector productor como referente en Europa. ¿En qué podemos mejorar aún?

El mejor ejemplo lo tenemos en el melocotón plano o paraguayos. Cuando otros países del mundo se lo miraban de refilón, aquí plantamos 14.000 hectáreas y hoy producimos 350.000 toneladas. La innovación es clave para avanzar y esa apuesta no nos ha hecho solo ganar competitividad, sino que seamos líderes mundiales en exportación de melocotón. Pero todo este trabajo en innovación no es suficiente si resulta que el productor se ganaba mejor la vida hace un cuarto de siglo que hoy. Echo en falta que todo ese trabajo que hemos realizado a lo largo de estos años no se haya convertido en valor añadido para el productor, y que este esfuerzo realizado desde el IRTA y el riesgo asumido por el agricultor no sea compensado con unos precios justos. Haber evaluado 1.800 variedades, 300 portainjertos, editar cientos de documentos de información o celebrar decenas jornadas es un trabajo sin parangón en el resto del Estado y en el sud de Europa. Y lo hemos hecho porque teníamos claro que nuestra misión era acompañar el sector para ser lo más competitivo posible.

¿Es la organización sectorial el gran talón de Aquiles respecto a otros países que compiten con nosotros?

Existen referentes en otros países que se han organizado en cultivos como el kiwi, la piña, la manzana o la pera, y aquí no hemos sido capaces. Es una asignatura que tenemos pendiente en la fruta de hueso, porque disponemos de una cadena de valor demasiado compleja, en la que intervienen tantos actores que es muy complicado ponerles de acuerdo. El objetivo ha de ser que se beneficien todos, desde el principio de la cadena hasta el final, con un productor que se ha de ganar la vida, con una innovación que se ha de repercutir como valor añadido y un consumidor con una experiencia de compra satisfactoria dispuesto a pagar más y que eso repercuta de nuevo en el productor para continuar con su actividad.

Como esta cadena no ha funcionado a lo largo de este cuarto de siglo, se han perdido muchos productores, al no poder mantener sus explotaciones, y también consumidores, que hoy consume mucho menos fruta de hueso que antes. Si comparamos los 3,5 kg por habitante y año de España con los 17 de Italia o los 7 de Francia, más teniendo en cuenta la gran cantidad de turismo de nuestro país, comprobamos que el potencial que tenemos por delante es inmenso. Los intermediarios no quieren correr riesgos y se recolecta la fruta sin estar madura, perjudicando a la experiencia del consumidor, a la vez que años como el 2014 llegaba a vender un kilo de melocotones en el supermercado a más del 500% del precio que pagaba al productor. Esto significa que tenemos una cadena de valor inenficiente. Por ello se han propuesto cadenas alineadas, como la que se lleva aplicando desde hace unos años en California, donde el productor, que es una empresa grande, vende directamente a la cadena de supermercado, ahorrándose la intermediación.

Por otro lado, hemos ganado muchísimo en la oferta de variedades. En melocotón hace 25 años había cuatro variedades de gusto ácido y  coloración mediana, mientras hoy contamos con variedades de todas las tipologías, mayormente dulce y de alta coloración, y que cubren desde junio a septiembre. Lo mismo ha ocurrido en manzana. A principios de los 90 teníamos la Golden, Granny y la Doncella, y hoy contamos con variedades muy importantes como la Red Delicious, Gala, Fuji, o una Golden con menos russeting, o la Pink Lady. 

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¿En cuál de todos estos cultivos se ha sabido adaptar mejor nuestro productor?

En la que se ha hecho mejor es en melocotón, principalmente porque las condiciones climáticas de las principales zonas productoras de España son perfectas. Por lo tanto, si contamos con las mejores zonas de cultivo y un producto innovador el futuro solo puede ser visto con optimismo.

En manzana la clave son los clubs, con producto de alta calidad como la Jazz, SweeTango o Envy, con una calidad gustativa y textura excelentes, y que ya se encuentran en los lineales. Cuando el consumidor percibe este cambio está dispuesto a pagar más porque sabe que está comprando un producto que le va a satisfacer, y no una manzana con un gusto normal. En España no lo vamos a tener fácil, porque vamos a tener que seguir cultivando Gala, Golden y Fuji, y a nivel de innovación no estamos tan organizados y climáticamente tampoco lo tenemos fácil. El programa de mejora genética Fruit Futur-IRTA será decisivo en este sentido, porque dispondremos de variedades con una categoría gustativa superior seleccionadas en nuestras condiciones climáticas y accesibles a nuestros productores". 

En otros cultivos como la pera el desarrollo será más lento, mientras que en cereza o albaricoque la evolución ya ha sido espectacular. El nuevo reto que tenemos por delante ahora es desarrollar variedades tolerantes o resistentes a las principales plagas y enfermedades. Se ha comenzado principalmente en manzana, con variedades resistentes al moteado que ya se están produciendo a escala comercial, aunque a nivel global su impacto aún resulte insignificante. 

¿Y el consumidor? ¿Consideras que se le ha sabido transmitir toda la investigación y el trabajo que hay detrás de la fruta que estamos produciendo?

En absoluto. Es el agujero negro de nuestra investigación. Se ha hecho un trabajo impresionante que no se ha comunicado bien al consumidor para acercarlo al productor. El fruticultor es innovador y está técnicamente muy preparado, y tiene ya la mirada puesta en la fruticultura de precisión, planteada en formas bidimensionales. Ya ha llegado la máquina para la prepoda, del aclareo y en poco estarán aquí los robots y los aspersores que pulverizarán el árbol sin necesidad del tractor. Y para ello se necesitan profesionales cualificados y una capacidad de inversión inicial mucho más elevada que la actual, por lo que el margen de error es mucho más pequeño. La fruticultura del futuro inmediato requerirá por lo tanto mucho soporte técnico, un mayor asesoramiento y mucha innovación para que sea eficiente y competitiva. Si eso somos capaces de transmitirlo a la sociedad, y lo combinamos con hacer marca y promoción de variedades de alta calidad gustativa, el consumidor estoy convencido que nos apoyará. 

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La Jornada Frutícola 2018 es la primera en la que no estás presente después de 22 ediciones presentando variedades tanto en Gimenells como en Mollerussa. ¿Qué han significado estos eventos para la fruticultura española y para ti como investigador?

He tenido la responsabilidad de liderar esta innovación y transferencia en el seno del IRTA, y esa ha sido la piedra angular de nuestra actividad, porque nuestra misión ha sido y será acompañar el sector. Para mi como responsable, junto a Joaquim Carbó en en IRTA-Mas Badía (Girona), ha sido un priviligio poder ayudar al sector a evolucionar, además de un profundo sentimiento de agradecimiento a todos aquellos que han colaborado en hacer posible un evento único a nivel español. Si cada año acuden a Mollerussa más de 1.500 personas es porque saben que se les aporta un conocimiento útil para su actividad. Y la elección varietal es clave, ya que un error en este terreno puede hacerle perder la campaña o que deje de ser competitivo si no innova.  

Ha compartido durante todos estos años centenares de jornadas, seminarios, viajes por todo el mundo, infinidad de momentos a pie de campo con miles de productores, ... ¿Qué parte es la que echará más en falta?

El contacto con los productores y los técnicos, codeándome con lo mejor de cada sector. Pero a la vez considero que se trata de un sector maduro, que lleva la innovación en su ADN, y que está preparado y consolidado para afrontar los retos del futuro con garantías.

Si al cuarto de siglo le sumamos los nuevo en el Departamento de Agricultura de la Generalitat de Catalunya, son casi 35 años en el sector público. ¿Consideras hay aspectos de la investigación pública en los que estamos hoy peor que hace 10 o 15 años?

A pesar de unos recursos económicos que siempre son limitados y más en períodos largos de crisis, el sector, principalmente en Cataluña, está especialmente agradecido. Contamos con Departamentos de Poscosecha o de Uso Eficiente del Agua o Programas de Mejora Genética y de Genómica inimaginables hace unos años y con las Estaciones Experimentales en Lleida y Girona (Mas Badia) que organizan cursos y jornadas que atraen a profesionales de todo el mundo.

Hace 30 años había un Servicio de Extensión Agraria con pequeñas actividades y una falta evidente de infraestructuras. Es importante destacar que el IRTA ha desarrollado el Progama de Evaluación de Variedades y Patrones recursos propios y en un entorno en que la aportación pública ha ido continuamente a la baja, lo que pone de manifiesto la voluntad decidida de apoyo al sector. Un modelo de futuro ha de pasar por que el sector privado se implique y que se establezca un modelo de cofinanciación. Por ejemplo, el programa Washington Tree Research Commission, un referente en la investigación frutícola de EE UU, se financia con la aportación de dos o tres céntimos por kilo de fruta, y de ese fondo común se financian los proyectos que solicita el sector. 

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El futuro en la empresa privada

¿Por qué ahora el salto a la empresa privada? ¿Y por qué en una empresa de referencia mundial como Agromillora?

El campo de la mecanización, incluida la robótica, ofrece tantas posibilidades y me apasiona tanto, que no quise desaprovechar la oportunidad que me brindaba una empresa de dimensión global como Agromillora. Sin olvidar nunca mis orígenes, creo que se me plantea un trabajo apasionante en un campo que no para de crecer. El desafío ahora se encuentra en el árbol, en su forma y manejo, y es aquí donde se podrá crecer en productividad. Mi trabajo consistirá en enseñar y aportar datos para mejorar las plantaciones bidimensionales, y hacerlas a su vez más eficientes con ayuda de la mecanización.

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