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“El cambio generacional, la mano de obra y el agua son los tres grandes retos que tiene el sector a medio plazo”

Antonio Marhuenda, especialista en Hortaliza de Hoja

David Pozo09/07/2018

Cuando se dieron los primeros pasos de la transformación del sector de la hortaliza de hoja en España, Antonio Marhuenda ya estaba allí. A pie de campo. Lleva más de tres décadas poniendo en el mercado variedades con las que la lechuga española ha conquistado al consumidor europeo. Inició su larga trayectoria profesional como responsable técnico de cultivos de hoja en Pascual Hermanos y más tarde fue en Primaflor donde ocupó la dirección de producción, dirigiendo los proyectos de expansión de la empresa en diversos países y el desarrollo de nuevos productos y tecnologías. Nadie mejor que un profesional como él para poder analizar con detalle la situación y proyección de nuestra industria productora y transformadora.

Hace 30 años que comenzó la nueva era de la lechuga en España. ¿Sobre qué bases se ha cimentado su evolución?

Tuve la suerte de iniciar mi carrera justo en el momento en el que daba comienzo esa nueva etapa a finales de los 70 con la introducción de la lechuga iceberg. En aquel entonces teníamos a Raventós en la zona norte y a los Hermanos Pascual en el sur de España como únicos grandes productores. Fue la demanda de los supermercados ingleses la que comenzó a dar un vuelco a la producción de lechuga, llevado por la innovación que provenía de Estados Unidos.

La iceberg fue la primera variedad escogida por ser muy aprovechable y por su rendimiento, pero rápidamente comenzaron a plantarse variedades como Little Gem, se ha ido reinventado la Romana y han aparecido derivadas como la mini-romana, una de las más vendidas en el mercado alemán. Gracias a la conveniencia, su diversidad y su carácter saludable se ha conseguido que la lechuga se haya convertido un producto muy atractivo para el consumidor.

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¿Está todo inventado en el mundo de las hortalizas de hoja? ¿En qué debe aún innovar aún el sector?

Seguimos contando con las variedades tradicionales, como la iceberg, que junto a otras como trocadero, romana o batavia forman el núcleo de consumo, y con otras que siguen apretando fuerte, como es el caso de Little Gem, la mini-romana o las variedades multi-hoja. En cambio el futuro considero que vendrá marcado por la ‘baby leaf’. Es una variedad con una gran facilidad para las mezclas, atractiva y muy saludable, ya que es posible mezclar hojas rojas, ofreciendo un alto aporte vitamínico y de antocianos, rúcula, conocida por sus propiedades antioxidantes, y la espinaca, con un alto aporte nutritivo.

Y por otro lado está apareciendo también el mercado, sobre todo local, de los brotes de lechuga sin lavar. Existen países donde el consumidor desea productos más 'naturales' y donde no está permitido utilizar biocidas en el agua de lavado del procesado, y en este terreno puede quedar mucho recorrido.

¿Se ha sabido transmitir al consumidor final el valor añadido de esas nuevas variedades como es el caso, por ejemplo, de la ‘baby leaf’?

No. Posiblemente a través de grandes empresas del procesado se vaya haciendo llegar ese mensaje progresivamente, pero la realidad es que aún no han calado en el consumidor.

¿Qué factor puede jugar la preferencia del consumidor por una producción de proximidad?

Este aspecto se ha llevado incluso hasta al regionalismo, con cadenas de supermercado alemanas que han implantado la proximidad de producción del propio Estado federal como estrategia de marketing. Esto no es sostenible económicamente, y se volverá a seleccionar el producto de la zona de producción más adecuada, sobre todo si queremos contar con una planificación eficiente para ofrecer el producto de mejor calidad y mejor precio en cada época del año. Por ello, el regionalismo ha de quedar restringido a productos muy autóctonos y tradicionales de la zona.

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¿Hasta qué punto la especialización para determinados tipos de comercializaciones condiciona el desarrollo de nuevas variedades?

Existen empresas de transformado con un grandísimo nivel de I+D, y todas ellas van de la mano de las grandes cadenas de distribución. No solo se investiga desde el punto de vista de los gustos del consumidor, sino también aspectos vitales como la vida útil o los nuevos formatos de presentación. El objetivo es ofrecer productos distintos, atractivos para el consumidor, a la vez que competitivos en precio. Y ese impulso innovador es el que después se transmite a otros eslabones de la cadena, como por ejemplo las casas de semillas, obligadas a proveer el mercado continuamente con nuevas variedades.

¿Cuánto puede costar en tiempo y valor desarrollar una nueva variedad de lechuga? Y sobre todo, ¿justifica que se haya duplicado el precio de la semilla en la última década?

Existe un valor añadido que el productor puede recuperar, como la introducción de variedades resistentes a algunas enfermedades en las que el productor ahorra en fitosanitarios. Pero existen otros valores añadidos, como la innovación de producto, en el caso de la multi-hoja con un rendimiento en peso inferior al estándar, donde el productor no se ve recompensado. La tendencia es que este tipo de hoja se vaya consolidando como estándar, mejoren las técnicas de rendimiento y que con ello el precio se vaya ajustando.

También valdría la pena una estandarización de los tipos de lechuga que producimos, para que podamos asociarnos entre los productores y ofrecer un producto de garantía y calidad durante todo el año.

¿Veremos a productores españoles estableciéndose en otros países para ofrecer al distribuidor campañas de 12 meses?

Hace unos años, en mi anterior etapa, inicié una aventura en Inglaterra y esa experiencia quedó finalmente en vía muerta. La realidad es que al igual que empresas productoras extranjeras se han implantado en España para completar su ciclo y ofrecerproducto a sus clientes en Inglaterra o Alemania los doce meses del año, nosotros podemos perfectamente realizar el camino a la inversa y constituirnos en empresas de ámbito europeo, como mínimo. Los americanos ya lo hacen dentro de Estados Unidos y logran suministrar el mercado todo el año. ¿Por qué no lo hacemos nosotros? Es cuestión de tiempo. Existen empresas que desarrollarán esa iniciativa y se consolidarán como empresas profesionales dentro de un ámbito global.

España ha superado la producción de 100.000 t y una facturación de 600 M€ en IV Gama, con una marca que copa casi la mitad del mercado. ¿Hay opciones que haya una redistribución en los próximos años?

La tendencia, como en otros sectores, es la concentración. No resulta fácil contar con la capacidad de llegar a la gran distribución y mantener una oferta atractiva y diferenciada. Si además es una marca con un gran reconocimiento en el mercado será muy difícil desplazarla, y solo aquellos que deriven hacia una especialización podrán destacarse de la competencia. En mercados como el italiano, donde la industria transformadora tiene una gran relevancia, existen tres grandes operadores y muchas pequeñas marcas especializadas. Aquí esa etapa aún se está iniciando.

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¿Qué papel puede jugar la producción ecológica en el objetivo de seguir ganando valor en un mercado tan diversificado?

La producción ecológica en hoja cuenta con un grado de complejidad superior a otros cultivos, ya que aquí cualquier insecto, ya sea beneficioso o no para la planta, es un contaminante y deteriora el producto. Pero así y todo hay una demanda por parte del consumidor y ésta se va a desarrollar para cubrir una pequeña parte del mercado, oscilando alrededor del 10%. Y no va a crecer mucho más, porque la producción convencional, gracias a los controles existentes, también va a ir generando más confianza en el consumidor. A partir de ahí será más o menos demandado en función de la cultura o el poder adquisitivo del país.

¿Qué hándicaps pueden encontrarse los productores de nuestro país a medio plazo?

Existe un problema que se está manifestando últimamente que es la evolución de la empresa familiar a empresa profesional, y la consiguiente falta de incorporación de nuevos empresarios jóvenes al sector agrícola. Otro problema es sin duda la mano de obra. Mientras que en España la inmigración que trabaja en el campo lo hace con regímenes laborales poco adecuados, en países como Alemania se han establecido normas específicas para los trabajadores de campo con medidas impositivas especiales y flexibilidad horaria.

Y finalmente, el agua, que actualmente es más un problema político que de sector. Los planes hidrológicos propuestos en los últimos años resolvían parcial o totalmente el problema, pero no ha habido voluntad política de aplicarlos.

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