Los retos de la I+D en la viticultura se debaten en La Rioja

David Pozo03/12/2014

Un marco inigualable para hablar de la I+D en viticultura es sin dudarlo La Rioja, por ello el Grupo de Viticultura y Enología de la SECH no dudó en escoger la Bodega Institucional de La Grajera, muy cerca de Logroño, para organizar los días 19 y 20 de noviembre sus primeras jornadas. Desde la genética a las estrategias de riego, pasando por las nuevas tecnologías y la gestión del viñedo, solo las novedades en materia de lucha contra plagas y enfermedades se echó en falta en una cita a la que asistieron más de 70 investigadores de primer nivel.

El consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de La Rioja, Íñigo Nagore, el coordinador del Grupo de Viticultura y Enología de la SECH, Gonzaba Santesteban, y el vicedirector del Instituto de las Ciencias de la Vid y el Vino, Enrique García-Escudero, fueron los encargados de inaugurar unas jornadas que contaron con todo el apoyo institucional y que, con una visión amplia, abarcó un gran número de los estudios que se están llevando a cabo en nuestro país en relación con la viticultura. Para ello, el encuentro se estructuró en cinco sesiones técnicas en las que se abordaron la caracterización agronómica, genética y molecular del material vegetal; la viticultura de precisión; el agrosistema vitícola sostenible: terroir y adaptación a un escenario de cambio climático; la gestión agronómica del viñedo y las estrategias de riego.
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“Estas jornadas son la cristalización de una necesidad que existía hace tiempo, cubierta con congresos de vid y viña internacionales, pero de la que adolecíamos los investigadores del sector en España”, considera Gonzaba Santesteban. "El nivel de comunicaciones y trabajos ha sido muy bueno en general y representa perfectamente la I+D que se está llevando a cabo en nuestro país. Los trabajos sobre estrategias de riego han marcado la investigación en los últimos años y de cara al futuro comienzan a aparecer otros aspectos como la viticultura de precisión (variabilidad, georeferenciación de información y la forma de adquisición de información no invasiva) que tendrá éxito siempre y que se entienda como una herramienta para el gestor de la viña. Un número en una pantalla puede ayudarnos a tomar una decisión acertada en un contexto determinado, pero no debe nunca tomarla por nosotros”, añade.

Primera jornada: Genética, viticultura de precisión y terroir

La primera tanda de comunicaciones se centró en el material vegetal, desde aspectos genéticos a otros más agronómicos. "La vía de la mejora genética, la profundización en el genoma y el explicar los mecanismos de expresión de ciertos aspectos cualitativos a resistencias y adaptaciones, va a ser también un campo muy a tener en cuenta en los próximos años”, considera Enrique García-Escudero. Entre las comunicaciones se presentaron estudios tan diversos como el de Adela Mena, del IVICAM, en el que, tras identificarse algunas variedades como posibles descendientes de Tempranillo, se concluyó que tres de ellas (Coloraíllo, Albillo Dorado y Moribel), posibles descendientes de su cruce con Moravia Dulce, cuentan con una especial idoneidad para producir uvas de calidad. Por otro lado, Javier Ibañez, del ICVV-CSIC, propuso una nueva metodología para generar colecciones nucleares en pasos secuenciales usando la estrategia M, con el fin de incrementar la representación de clases minoritarias en la colección nuclear y mejorar los resultados de los análisis de asociación genética con ciertos caracteres de interés comercial y agronómico cuyas clases deseadas ocurren en baja frecuencia.

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En la segunda sesión técnica, moderada por Javier Tardáguila, investigador principal del Grupo Televitis, el protagonismo recayó en las nuevas tecnologías en la viticultura, un tema que crea tanta expectación como recelo entre los propios investigadores, por el uso que se pueda hacer de ella para la gestión de la vid. "Las nuevas tecnologías influirán de una forma positiva, siempre y cuando el viticultor como usuario sea consciente realmente de la herramienta que tiene entre manos”, sentenciaba García-Escudero.

Hipólito Medrano, emérito investigador de la Universidad de las Islas Baleares, mostró los ensayos llevados a cabo con drones, una herramienta útil para obtener información, en alta resolución, del estado hídrico de los viñedos y que podría mejorar la evaluación y programación del riego. Esta tecnología también podría ser útil para ensayos en campo, como la fenotipificación de cultivo en diferentes entornos, relaciones entre vástago y portainjertos, y otros estudios que requieren información en planta a escala de campo.

María Paz Diago, de la Universidad de La Rioja, fue la encargada de ofrecer una revisión de los últimos avances en la monitorización próxima del viñedo mediante diferentes tecnologías no invasivas: análisis de imagen RGB e hiperespectral; la termografía; los sensores basados en la fluorescencia de la clorofila, y la famosa espectroscopia de infrarrojo cercano (NIR). El tema creó un acalorado debate posterior, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de técnicas que hablan de estimaciones de producción, de predicciones del color del vino, e incluso de clasificar e identificar rápidamente variedades y clones de vid a partir de imágenes hiperespectrales.

José Blasco, del IVIA, tuvo la oportunidad de presentar un nuevo método para evaluar la compacidad del racimo mediante el análisis de imagen. El modelo PLS, construido a partir de diferentes características del racimo, mostró una capacidad de predicción del 85,3% para el conjunto de los 90 racimos de las nueve variedades estudiadas. Las variables que demostraron ser más discriminantes están altamente correlacionadas con el grado de agregación de las bayas en el racimo y con su forma.

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La primera jornada, antes de la visita guiada por las excelentes instalaciones de la Bodega Experimental La Grajera, la cerró la sesión sobre el terroir y la adaptación a un escenario de cambio de climático, moderada por Felicidad de Herralde, investigadora del Irta. En ella pudimos conocer un estudio, presentado por Carlos Miranda (UPN), en el que las relaciones alométricas aplicadas sobre una exhaustiva base de datos de crecimiento vegetativo y producción para viñedos de Tempranillo, Garnacha, Graciano y Cabernet cultivados en Navarra y La Rioja han permitido definir los rangos de producción de biomasa y su reparto en cepas de estas variedades. El viñedo, capaz de fijar cantidades relativamente elevadas de carbono en sus estructuras, contribuye muy eficazmente a la reducción de los niveles de gases invernadero de la atmósfera.

Segunda jornada: Las estrategias de riego, vitales también en el futuro

Si hace quince años se comenzaron a estudiar las relaciones hídricas por las particularidades climáticas de la viticultura española y por la prohibición existente hasta 1996 del riego de la viña, el enfoque actual va encaminado al estudio de la mejora de la disponibilidad hídrica o de las estrategias de riego en el marco del denominado cambio climático.

En este sentido, pudimos conocer en la última sesión, moderada por Diego Intrigliolo (CEBAS-CSIC), un estudio de siete años, presentado por Pascual Romero (IMIDA), en el que se han analizado los efectos del secado parcial de raíces (PRD) y del riego deficitario controlado (RDC) sobre la calidad de la uva Monastrell. Los resultados demuestran como mientras el RDS mantuvo altas producciones y mejoró la calidad tecnológica de la uva, los tratamientos deficitarios (PRD y RDC) redujeron substancialmente la producción, pero incrementaron la eficiencia en el uso del agua y mejoraron el color, el contenido polifenólico y las características cromáticas de la uva y el mosto, incrementando también el valor nutricional y saludable del fruto.

El propio Diego Intrigliolo cerró con una ponencia suya la sesión previa sobre gestión agronómica del viñedo, moderada por Javier Cancela, de la Universidad de Santiago de Compostela. Intrigliolo lanzaba una pregunta: ¿Es posible incrementar la eficiencia en el uso del agua modificando la orientación de las filas y la inclinación de la espaldera de los viñedos? La respuesta no es baladí, porque los resultados obtenidos muestran el papel que puede jugar el diseño del viñedo y la arquitectura del dosel vegetal sobre la eficiencia en el uso del agua a nivel de planta entera. Por ejemplo, la orientación de las filas este-oeste permite reducir la transpiración en un 15% con respecto a la orientación norte-sur; y la inclinación de las espalderas hacia el oeste, puede incrementar la productividad del viñedo, seguramente debido a la mayor cantidad de radiación interceptada por las cepas a primera hora de la mañana cuando la capacidad fotosintética de las vides es mayor.

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La directora general de Investigación y Desarrollo Rural de La Rioja, María Martín de Valdeón, fue la encargada de cerrar las Jornadas.

Jesús Yuste, del ItaCyL, fue el encargado de explicar cómo conviene valorar qué densidad de plantación puede ser la más adecuada para maximizar la rentabilidad cuantitativa y cualitativa del viñedo en función de las condiciones edafoclimáticas del lugar. En un estudio llevado a cabo con cv. Tempranillo, cultivado en espaldera, se demostró como el aumento de densidad de plantación favoreció el desarrollo vegetativo; supuso un ligero incremento del rendimiento en uva, debido al incremento del número de racimos y a pesar de una ligera disminución del peso de baya y, consecuentemente, del peso de racimo; y favoreció el proceso de maduración de la uva, incrementando la concentración de azúcares, levemente, así como de potasio y de antocianos.

Unas Jornadas como las del Grupo de Viticultura de la SECH no se podían cerrar sin un debate, y aprovechando la presencia de un gran número de investigadores, se quiso hacer hincapie en la necesidad de armonizar y  estandarizar las metodologías de trabajo. Martínez-Zapater propuso, por ejemplo, la creación de una BBDD en la que se recogiesen las mediciones y resultados de investigaciones concretas para que puedan ser usadas como fondo por otros grupos de investigación. Hipólito Medrano replicó que esa propuesta resulta difícil “porque la vid es un cultivo muy marcado por la variabilidad, que depende de las condiciones ambientales, por lo que resulta normal que cualquier congreso esté lleno de comunicaciones con casos particulares”.

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