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Con 6 plantas piloto y 23 laboratorios pretende convertirse en el polo de atracción para investigadores de todo el mundo

IRTA-Fruitcentre, un polo de atracción para la investigación frutícola a nivel mundial

David Pozo05/05/2014

Hemos dejado pasar algunos meses tras su inauguración, el pasado mes de septiembre, para visitar el nuevo IRTA-Fruitcentre. Este espacio moderno ha unificado en el Parc Científic i Tecnològic Agroalimentari de Lleida la investigación llevada a cabo por el IRTA en toda la cadena de valor de la fruta. Simó Alegre, director del centro y una de las almas del proyecto, fue el encargado de guiarnos por cada uno de los recovecos de un espacio que, gracias a sus 6 plantas piloto y 23 laboratorios pretende convertirse en el polo de atracción para investigadores de todo el mundo. El espacio merece que así sea, el esfuerzo realizado también.

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Antes de adentrarnos en las tripas del nuevo IRTA-Fruitcentre, la primera parada técnica fue en sus modernas oficinas, ya que queríamos saber el por qué y cómo se había llegado a construir este nuevo referente en mundo de la investigación frutícola. “Comenzamos a definir este edificio hace seis años, en un proyecto que se gestó entre el IRTA y el Departament d'Agricultuta, Alimentació i Medi Ambient (DAAM) de la Generalitat de Catalunya, y para el que estuvimos durante dos años recorriendo Europa, conociendo centros de investigación similares, detectando tanto los elementos positivos como también sus defectos”, comienza explicando Simó Alegre. “La idea de crear este centro surge por dos motivos. Por un lado, la puesta en marcha por parte del IRTA de un programa de obtención de nuevas variedades de manzana, pera y melocotón que necesitaba de nuevas cámaras poscosecha para realizar pruebas de conservación. Las ochos cámaras que existían resultaban del todo insuficientes. Pero por otro lado, analizando la cadena de la fruta, consideramos también necesario dar un giro a la forma de trabajar y alargar la cadena con la que trabajábamos, incluyendo en ella las preferencias de los consumidores y llevar esas necesidades al inicio de la misma para la creación de las nuevas variedades. Para ello definimos un edificio que debía integrar conceptualmente y físicamente toda la actividad que teníamos a nivel de fruticultura en el IRTA, concentrando a los investigadores, para que existiese un flujo de información entre cada uno de los eslabones de la cadena”.

Han sido el personal investigador del IRTA quien han acabado definiendo los requerimientos del edificio, y este se diseñó y construyó pensando en su funcionalidad
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Han sido los propios usuarios, es decir el personal investigador del IRTA, quienes han acabado definiendo los requerimientos del edificio, y este se diseñó y construyó pensando en su funcionalidad. “El edificio cuenta con tres características importantes: es arquitectónicamente singular, técnicamente excelente y funcionalmente resulta afable para sus usuarios”, remarca Simó Alegre. El máximo responsable del IRTA-Fruitcentre se muestra también orgulloso de haber llevado hasta las últimas consecuencias el precepto de no desviarse del presupuesto. Y así ha sido, cuando faltan los últimos flecos para cerrar definitivamente el edificio, aún se está unos 30.000 euros por debajo de los 14,2 M€ inicialmente presupuestados. “La clave fue no entrar en una subcontratación en cadena a partir de una sola licitación, sino segmentar el proyecto en más de diez licitaciones independientes en que cada parte la hiciese una empresa especializada en la materia. Eso supone más control y más gasto, con una dirección facultativa al frente que velase por el interés común, pero a la vez te permite evitar que el proyecto se dispare”.

La necesidad de un edificio de futuro para el sector

“Necesitábamos dar un paso al frente. Estamos trabajando con un sector como el frutícola, de gran relevancia en Cataluña, muy dinámico y que demanda mucha información. Para ofrecérsela has de ser muy eficiente y muy rápido. En el momento que definimos la existencia de un nuevo programa de mejora de variedades, y que éstas habían de ser buenas, habían de conservarse y que debíamos conocer qué piensa el consumidor sobre ellas, y que además toda esa información la habían de compartir todos los investigadores de la cadena, resultaba evidente que teníamos que dar ese paso. Con las instalaciones disponibles era imposible conseguir estar por delante de la dinámica del sector. Era avanzar o cerrar. La investigación no puede ir nunca por detrás del propio sector”, considera el director del IRTA-Fruitcentre.

“Para todo el proyecto contábamos con el aval nuestros investigadores, pero aprovechamos también para dar otro paso al frente y rellenar aquellos huecos que faltaban a nivel de investigación dentro de la cadena, como aquellos ligados a los cambios generacionales de los últimos años: IV y V Gama, control biológico de plagas y enfermedades, estudio del consumidor, información en el punto de venta, etc. Fue una demanda que se elevó a la dirección del IRTA y al DAAM, y vistas las necesidades que tenía este sector, eminentemente exportador, no hubo dudas que se debía actuar”, continuaba explicando Simó Alegre.

 

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Línea de clasificación que se utiliza para mesurar y clasificar los frutos que se estudian en el IRTA-Fruitcentre.

El nuevo centro como polo de atracción de investigadores internacionales

Pero un edificio no tiene un valor en sí mismo sino que se lo dan las personas que trabajan en él. Por ello desde el IRTA se tenía muy claro que el fin último del nuevo Fruitcentre era convertirse en polo de atracción de conocimiento a nivel internacional. Así se lo han transmitido ya a los primeros investigadores de relevancia internacional que han podido visitar el centro. “Aunque la mayoría de ellos ya conocían el IRTA como institución y a sus investigadores, las instalaciones de las que disponíamos no eran vistosas. La mayoría marchaba con la sensación de una institución dispersa por todo el territorio. Con el nuevo IRTA-Fruitcentre la sensación que se llevan es que nuestras capacidades quedan más que demostradas tanto por su personal como por la infraestructura. Hemos recibido las felicitaciones de muchos investigadores que consideran que hemos hecho algo único, que no existe actualmente en Europa”, explica Simó Alegre.

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El nuevo IRTA-Fruitcentre cuenta con 23 laboratorios distribuidos en sus cuatro plantas.

“Uno de nuestros grandes retos es la proyección internacional del Fruitcentre, convirtiéndolo en una fuente de atracción de talento, posicionando en el mapa a Lleida y el Valle del Ebro en el ámbito de la investigación frutícola. Pretendemos que el centro se convierta en polo de atracción de grandes empresas y, sobre todo, de investigadores con mucho talento que se planteen, dentro de la oferta internacional, el venir a trabajar a Cataluña. Uno de nuestros grandes sueños es que los grandes investigadores del ámbito frutícola de todo el mundo estuviesen dispuestos a trabajar en el centro y generar aquí ese conocimiento. El gran problema en estos años ha sido precisamente la migración de talento. Con el IRTA-Fruitcentre no solo pretendemos retener ese talento que tenemos en España, sino hacer de efecto llamada para que el talento internacional pueda venir a trabajar aquí en beneficio de nuestra fruticultura y por extensión a nivel mundial”, añade.

 

“Uno de nuestros grandes retos es la proyección internacional del Fruitcentre, convirtiéndolo en una fuente de atracción de talento”

Tres grandes líneas de trabajo

1. Precosecha: Programa de obtención de nuevas variedades de manzana, pera y melocotón en colaboración con el Plant&Food Research de Nueva Zelanda, los otros grandes expertos a nivel mundial. Con este instituto se intenta desarrollar nuevas variedades de manzana y pera pensadas para climas cálidos, a diferencia de otros institutos europeos que desarrollan variedades que aplicadas a nuestras condiciones climáticas no funcionan.

2. Poscosecha: Un proyecto relacionado con el control biológico, eliminando el uso de productos químicos para la eliminación de microorganismos, utilizando para ello otros organismos vivos presentes en la naturaleza. Un proyecto que comenzó en el ámbito de la poscosecha y que ahora ha entrado de pleno en el de la precosecha.

3. Riego: Proyecto para la gestión de la productividad del agua, consistente no solo en cultivar con la menor cantidad posible de agua en producciones rentables, sino realizando un análisis a nivel de cuencas hidrográficas y económico para saber qué producción es más rentable con la cantidad de agua existente en cada momento. 

Un centro abierto a las necesidades del sector

Aunque en muchas ocasiones se acusa al sector privado de no participar activamente en la investigación, para Simó Alegre, este es un discurso que en el IRTA está superado desde hace tiempo. “El IRTA siempre ha trabajado muy cerca de la empresa, incorporando, por ejemplo, en los consejos de dirección de las estaciones experimentales a miembros del sector, por lo que la actividad que se define ya está en línea con las necesidades del sector. Además, de nuestro presupuesto solo el 30% proviene de los presupuestos públicos, por lo que el resto has de ir a buscarlo al mercado. Históricamente el IRTA lo ha conseguido a través de proyectos de investigación y de contratos con empresas. Por poner una cifra, en los últimos años nos hemos movido entre los 350 y 500 contratos vivos con empresas, y si buscamos financiación en Europa es imprescindible que acudamos de la mano de las empresas del sector”, reafirma el máximo responsable del IRTA-Fruitcentre. “Y para seguir siendo dinámicos hemos dedicado en el centro una zona para las empresas, para que aquellas compañías que quieran situar sus departamentos de I+D o a sus desarrolladores de proyecto en el IRTA-Fruitcentre lo puedan hacer físicamente en nuestras instalaciones”.

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Una parte importante de las instalaciones la ocupan sus más de 20 cámaras refrigeradas para realizar diferentes pruebas de control poscosecha.

Si hasta el próximo mes de julio el objetivo es seguir dando a conocer el IRTA-Fruitcentre entre los grandes representantes sectoriales y a las pymes del sector, para que puedan plantearse delegar su investigación en el centro, a partir del mes de mayo comienza, según Simó Alegre, una fase muy relevante: la exportación del modelo. “Queremos iniciar la visualización del proyecto a nivel internacional, que el centro sea conocido a nivel mundial por captar talento. Este proyecto que ha costado tanto esfuerzo no puede quedar como un proyecto local, sino que debe ser internacional. Nuestros homólogos europeos nos deben tener en cuenta para los grandes proyectos europeos, porque será de la UE de donde provendrá la mayor parte de la financiación para la investigación agroalimentaria”. Simó Alegre cerró la entrevista con un deseo: “Lo que más me gustaría es que cada año el IRTA-Fruitcentre contase con una nueva nacionalidad, querrá decir que habremos sido capaz de atraer talento de fuera y que este centro se ha convertido en una fábrica de conocimiento para los sectores en los que estamos inmersos”.

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El IRTA-Fruitcentre cuenta con líneas para IV y V Gama, debidamente homologadas, en que las empresas pueden realizar pruebas con nuevos productos a pequeña escala.

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