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Grandes cultivos

La necesidad de rentabilizar la fuerte inversión en maquinaria impulsa a muchos agricultores a convertirse en empresas de servicios

F. de Paz / José Antonio Martín / Alejandro de Vega

24/05/2022

En el siguiente reportaje se aborda la casuística que rodea a las empresas de servicios formadas por agricultores profesional que, con el objetivo de alcanzar una mayor eficiencia y rentabilidad en sus explotaciones, afrontan el reto de llevar a cabo las operaciones agrícolas necesarias en fincas de terceros. Una actividad cada vez más demandada por factores como el acceso a las nuevas tecnologías y herramientas digitales y el envejecimiento progresivo de los activos en el campo.

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Ernesto Hernández.

“La prestación de servicios me proporciona unos ingresos que preservan la rentabilidad de mi explotación”

Ernesto Hernández es un joven agricultor de 26 años que desarrolla su actividad profesional en la localidad oscense de Cuarte, en la comarca de la Hoya de Huesca. Tras recomponer la explotación familiar y "empezar desde cero", actualmente gestiona una extensión total de 156 hectáreas en secano. La rotación de cultivos que lleva a cabo se compone de "veza -para cumplir con los requisitos medioambientales de la PAC-, guisante o colza dependiendo de cómo venga el año y cereales de invierno", detalla. Su parque de maquinaria incluye dos tractores: Case IH Puma CVX 135 y John Deere 6400 con pala. También cuenta con una sembradora de siembra directa Kuhn SD 4500 y un pulverizador AMP 2200 de 24 metros.

Con el fin de obtener una rentabilidad extra, Ernesto Hernández ofrece sus servicios a otros agricultores de la zona. "Lo que más se demanda es la aplicación de fitosanitarios y de fertilizante líquido que hago con el equipo pulverizador", afirma. Una máquina con la que opera desde hace dos años y que ya acumula más de 5.000 hectáreas de trabajos para terceros. La aplicación de abono en forma líquida es una opción que muchos agricultores contemplan "porque tiene la ventaja de incorporar a los cultivos el nitrógeno en forma nítrica, ureica y amoniacal a un coste bastante ajustado", asegura. En cuanto a la aplicación de fitosanitarios, Hernández señala que "la mayoría de agricultores no tiene este tipo de maquinaria con ISOBUS y corte por tramos, por eso prefiere subcontratar el servicio ya que obtiene una mayor eficiencia y porque al final es un coste que compensa, en torno a 12 euros por hectárea".  

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Equipo de pulverización para la prestación de servicios. Foto: Ernesto Hernández.

Otro de los factores que motiva la contratación de servicios en esta zona de Aragón es la práctica de la siembra directa. Socio de Agracon, la Asociación Aragonesa de Agricultura de Conservación, Ernesto Hernández realiza las tareas propias de la implantación del cultivo a otros agricultores gracias a la máquina sembradora de la que dispone. “Presto el servicio de siembra directa y también asesoro a los agricultores que se inician en este sistema, dado que son muy importantes aspectos como la profundidad a la que se coloca la semilla para favorecer la nascencia o la aplicación de fitosanitarios. Es una práctica que va creciendo en Aragón y que resulta muy valorada por el aporte de materia orgánica al suelo”.

Uno de los aspectos que, a su juicio, todavía no ha evolucionado lo suficiente en su zona es la adopción de las herramientas relacionadas con la agricultura digital. “Sería muy interesante disponer de mapas y hacer dosificación variable de insumos, pero por el momento no tenemos demasiado apoyo técnico por parte de las empresas que distribuyen este tipo de tecnología en nuestra zona”. Hernández revela que lleva ya varias campañas utilizando una App gratuita (OneSoil) para conocer el estado vegetativo de los cultivos a través del índice NDVI. Este año ha comenzado a probar la plataforma Climate FieldView de Bayer para obtener una prescripción de dosificación variable de abono.

“La prestación de servicios me proporciona unos ingresos que preservan la rentabilidad de mi explotación, especialmente en años en los que los márgenes son muy ajustados”. La inversión que hace anualmente en su explotación ronda los 100.000 euros entre siembra, insumos, aplicaciones y recolección. El trabajo para terceros le ha permitido costear parte de la inversión que hizo en maquinaria agrícola y le abre la posibilidad de adquirir nueva tecnología en el momento que sea necesario. Al igual que otros agricultores de su generación, Ernesto Hernández muestra orgulloso el paisaje en el que desarrolla su profesión a través de la red social Instagram (agricultor_aragon) donde acumula más de 12.000 seguidores.

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Javier García Duque, de la empresa de servicios Agricón, recolectando cebollas.

“La aplicación de dosis variable comienza con la elaboración de un mapa de rendimiento al cosechar el año anterior”

Javier García Duque y su hermano Fernando son dos agricultores vallisoletanos que incorporan una visión avanzada de la agricultura, tanto a su explotación de Barruelo del Valle como a través de la empresa de servicios Agricón.

En su explotación de 200 hectáreas de secano y 100 de regadío cultivan principalmente cereal, colza, girasol y leguminosas (vezas, yeros, guisantes). La rotación habitual que hacen los hermanos de Barruelo es cereal-legumbre-cereal-colza o girasol. Aparte, con Agricon trabajan otras 2.000 hectáreas de cereal, colza, girasol, leguminosas y cebollas para las que dan servicio de siembra directa y convencional con abono incorporado en la línea de siembra, aplicación de fertilizantes y fitosanitarios, corte, hilerado y empacado de forrajes y paja, preparación de terreno con fresadora entierra piedras para hortícolas y remolacha, recolección de cebollas y recolección de cereales, leguminosas y colza.

Para compaginar el trabajo propio con el de terceros, sobre todo en la época de recolección de cereales, "cada vez sembramos más forrajes y de esta manera liberamos horas de cosechadora para poder ofrecérselas a nuestros clientes", apunta Fernando García Duque.

Los hermanos García Duque son unos convencidos de que la rentabilidad de las explotaciones de secano pasa por aplicar dosis variables de semilla y abono con siembra directa o mínimo laboreo, para ahorrar costes de productos y también para hacer menos pasadas y trabajos con el tractor.

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Javier García Duque, de Agricon, con la sembradora combinada Horsch arrastrada por un tractor John Deere.

Javier García sabe que una agricultura moderna debe basarse en el análisis periódico de las parcelas (cada cuatro años) y en utilizar la información que pone a su alcance la tecnología digital, a través de las imágenes de satélite o de los mapas de rendimiento. De hecho, las aportaciones de fertilizante se basan en el citado análisis de la tierra y en el mapa de rendimiento, elaborado en la cosecha del año anterior; y también en las fotos de satélite que informan de la estructura de las tierras antes de la siembra y de las necesidades del cultivo una vez implantado.

De cara a la cobertera, las fotos de satélite transformadas en datos y en un mapa de colores, les informan de cómo se desarrolla el cultivo. Ese mapa se introduce en el ordenador del tractor y, en función de eso, la abonadora aplica más o menos cantidad de nitrógeno con los microelementos necesarios.

“Tengo claro que la aplicación de dosis variable comienza con la elaboración de un mapa de rendimiento al cosechar el año anterior, tanto para semilla como para el abonado”, afirma el agricultor de Barruelo del Valle. “Con la información obtenida se sabe dónde están las zonas peores en las que sembrar y abonar menos y las mejores en las que hay que echar un poco más”, añade.

En este caso, las labores de siembra y abonado las hacen con un tractor John Deere 7230R y una sembradora combinada Horsch Pronto, con capacidad para 1.800 kilos de semilla y 3.000 de abono. La consola del tractor, que conecta a través del sistema ISOBUS con la sembradora, va ofreciendo datos sobre el mapa de rendimiento de la parcela, como la velocidad del tractor, la profundidad a la que siembra o el consumo de semilla y abono en cada zona. Para la aplicación de fitosanitarios emplean un carro arrastrado Tecnoma Tecnis 3500.

"Las empresas de servicios debemos estar a la altura de las circunstancias, para prestar esos servicios siendo productivos, sostenibles y rentables. El hecho de que cada vez haya menos agricultores pero más grandes, está haciendo que el sector se profesionalice mucho más y que las exigencias a las empresas de servicios sean mayores", concluye Fernando.

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Plantación de olivares en la localidad de Consuegra (Toledo).

El envejecimiento de la población impulsa las empresas de servicios

El envejecimiento progresivo de la gente que trabajan las tierras de su comarca, los Montes de Toledo, sin apenas jóvenes que quieran tomar el relevo, y el incremento del coste de la maquinaria moderna, así como la complejidad creciente de su manejo, son los factores que más contribuyen al desarrollo de las empresas de servicios en el sector agrario, asegura JM Martín, un agricultor de Mora de Toledo (Toledo) que en los últimos años ha ido dejando de lado una parte del trabajo de su explotación para ocuparse de diversas tareas en las de sus vecinos.

Después de probar fortuna sin mucho éxito en la zona de Madrid, como otros muchos convecinos de la zona, en 2003, cuando tenía poco más de 30 años tuvo que volver con urgencia al pueblo para ocuparse de las fincas de la familia (168,7 has), dada la enfermedad de su padre. La explotación, casi toda de secano (90%), incluía unas 95 hectáreas de olivares tradicionales (Cornicabra), a los que su progenitor había ido prestando cada día menos atención en detrimento de la producción cerealista y de la horticultura, pero que para él se han convertido en el punto central de su estrategia y en el motor que le ha llevado a montar la empresa de servicios de maquinaria para terceros que ahora es el soporte de su economía.

Cuando se hizo cargo de la labranza familiar, tuvo claro que era necesario tomar decisiones para renovar el parque de maquinaria que su padre había dejado envejecer y que le planteaba un futuro incierto y una sangría continua de gastos, al tener que externalizar buena parte de las tareas. En un expediente de incorporación como agricultor joven decidió ir intensificando algunas parcelas de olivos, aumentando el número de árboles por hectárea hasta rondar los 300 allí donde era factible, y hacer una apuesta por la renovación del parque de maquinaria sustituyendo varios equipos, empezando por el tractor, e incorporando máquinas para tratamientos fitosanitarios y recolección mecanizada. Quería aprovechar el auge que el cultivo del olivo iba tomando de nuevo en la zona, al amparo de la recién relanzada DO Montes de Toledo, y del impulso que las diversas almazaras de Mora y de otras localidades limítrofes estaban dando al mercado de la aceituna. Para reforzar la inversión y hacerla más llevadera, decidió también hacer caja deshaciéndose de las tierras de regadío de la explotación familiar y arrendar las que tenían un uso puramente cerealista, lo que le permitió seguir especializándose y ampliar la superficie de olivar sin apenas endeudarse.

"Te haces empresa de servicios casi sin darte cuenta, por la presión de los vecinos"

En ningún caso, sin embargo, pasaba por su cabeza convertirse en una empresa de servicios: “Eso llegó por casualidad, sin buscarlo, y casi sin darnos cuenta”, señala. “Cada día había más propietarios que heredaban parcelas o se hacían mayores y no tenían tiempo, ni conocimientos, o ni siquiera ganas de ocuparse del trabajo, por lo que siempre andaban pidiéndonos que hiciéramos esto o hiciéramos aquello. Primero era un vecino que estaba al lado, después otro de un poco más lejos. Y se fue corriendo la voz, y empezaron a llamarnos también  de los pueblos de al lado, en la zona de Yébenes o Consuegra… Y nosotros les atendíamo, porque nos suponían unos ingresos extra que venían muy bien, aunque muchas veces nos planteaba un problema porque no sabías ni cómo cobrarlo. Al final tuvimos que plantearnos poner un poco de orden, porque corríamos el peligro de dejar sin hacer lo nuestro y de buscarnos un poblema legal”.

La decisión de tirar para adelante y tomarse en serio eso de trabajar para otros la tomaron en 2010. El paso supuso contratar a una persona de forma permanente, comprar otro tractor, y adquirir de segunda mano un nuevo equipo de pulverización y otro paraguas para la recolección. Además, era necesario buscar gente de apoyo en los momentos de más faena, algo que sigue siendo necesario cada año desde entonces, y que se ha convertido en uno de sus mayores problemas. “Encontrar la gente que necesitas en los momentos de mayor trabajo es siempre difícil, y si quieres que esa gente sepa de lo que se trae entre manos, a veces resulta imposible”, se queja.

Al principio, toda esa actividad con los vecinos formaba parte del trabajo en la explotación agrícola, sin cuentas diferenciadas y sin una planificación diferente. “Pero aquello era un lío cada día más grande -apunta-”, por lo que el asesor les recomendó al año siguiente, en 2011, que se diesen de alta como empresa de servicios y separasen la actividad para terceros del trabajo en la propia explotación “porque podría acabar dándonos problemas con Hacienda y con la Consejería”.

Desde entonces han seguido creciendo, aunque poco a poco y teniendo claro que no quieren ser una empresa demasiado grande, ni dejar de lado el cuidado de sus olivos. “Trabajo hay mucho, más cada día, y si quisiéramos podíamos hacer el doble o el triple de lo que estamos haciendo, pero si coges mucha faena hay que dejarla en manos de otros y no nos da confianza. Además, muchos quieren que trabajemos en negro y eso no nos interesa”, asegura. En estos momentos, con unas labores o con otras abarcan una superficie que ronda las 2.000 hectáreas.  

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La recolección mecanizada es el trabajo más demandado a las empresas de servicios en el olivar. En la imagen un vibrador con paraguas de Topavi.

Mercado desordenado y sin precios fijos

"Los trabajos de mecanización a terceros en esta zona, y creo que en todas, son en general un mercado desordenado y variopinto", apunta JM Martín. Cada vez son más los propietarios de pequeñas parcelas que no pueden atender el olivar de forma manual y necesitan mecanizarlo, sobre todo la recolección, pero no pueden asumir ni la inversión necesaria, ni el manejo de los equipos, por lo que están buscando siempre alguien que les haga el trabajo, echando mano de algún vecino.

En estos momentos, la mayoría de los clientes con los que trabaja la empresa de Martín son gente fija, a los que atienden año tras año, al ritmo que marca la campaña. Y de cuando en cuando, según donde estén y si surge la oportunidad, pueden atender trabajos de alguien próximo que les llama y que les viene bien para completar jornadas o rentabilizar el desplazamiento.

Eso hace que los precios finales que se cobran por las tareas sean bastante dispares y un poco a la carta. “En realidad no aplicamos unas tarifas fijas, porque depende de muchas circunstancias: cada finca es un mundo". Las referencias básicas de las que parten siempre son el número de horas de trabajo y la distancia de la parcela, y si es recolección el número de kilos recogidos o la distancia a la almazara. Pero no es lo mismo un cliente que otro, ni un sitio u otro.

En ese tema de los precios, además, asegura que las cosas se han complicado mucho en el último año por los aumentos de los costes y tendrán que replanteárselo todo en los próximos meses si el panorama no cambia. “Hasta ahora hemos aguantado porque trabajamos con máquinas que ya están amortizadas y los sueldos y otros gastos no han subido mucho, pero el aumento del precio de los carburantes y de otras cuestiones se está haciendo insostenible, por lo que este año habrá que revisar pronto todos los precios al alza”. La puntilla, comenta, es el incremento en el precio de las máquinas nuevas: “Acabamos de comprar un atomizador arrastrado de 4.000 litros para trabajos en terrenos complicados que nos ha costado casi un 20% más de lo que teníamos previsto, y eso hay que repercutirlo sin remedio”.

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Equipo arrastrado Gaysa de alta capacidad especial para la pulverización del olivar en terrenos con dificultad de trabajo.

La digitalización todavía ayuda poco

Respecto a los efectos que la digitalización puede suponer para mejorar la eficiencia de su trabajo o para ampliar el abanico de servicios a los clientes, Martín se muestra un poco excéptico todavía. "Llegará, seguro, pero no sabemos muy bien cuándo". La realidad, por el momento, es que el mercado ni lo demanda ni lo valora, "y si te lías mucho con esas cosas, al final lo único que haces es complicarte la vida tú solo", puntualiza. Quizá en los próximos años, con los cambios de la nueva PAC y de las normas medioambientales, y también con las instrucciones que reciben desde la DO, empezará a producirse el cambio. 

 "Nosotros nos vamos preparando a nuestro aire. Vamos ensayando algunas ideas en nuestros propios olivares, sobre todo en cuanto al control de plagas y a la aplicación de fitosanitarios. Pero los olivares de secano dan menos juego para todas estas cosas", indica. Una buena ocasión para incorporar las nuevas tecnologías es en el momento de renovar equipos, como ahora que acaban de comprar un pulverizador nuevo. "Esto nos va a permitir ajustar mejor las aplicaciones, echar menos producto e ir almacenando una información que nos ayuda a realizar los trámites administrativos, como el cuaderno de campo, pero creo que por el momento no nos van a pagar más por ello".

Y muestra cierta inquietud sobre la evolución que siga todo este proceso de digitalización del campo, "porque si de repente alquien decide que las cosas tienen que hacerse de una manera distinta de un año para otro, eso nos puede obligar a tener que prepararnos a toda prisa y a realizar inversiones que no sabemos si se podrán amortizar". Por el momento, espera que se aprueben las ayudas del Kit Digital para las empresas de menos de 10 trabajadores y los autónomos, con las que empezarán a prepararse para afrontar ese futuro.    

Comentarios al artículo/noticia

#1 - Julián Bran Calle
26/05/2022 19:21:37
Buenos días desde Bocamanga, Colombia Como ingeniero agrónomo, agricultor y gremialista, encuentro muy importante este documento, donde, no solo impulsan el uso de las nuevas tecnologías digitales, a las que se podrían sumar las biotecnologicas y nanotecnologicas, sino, que ademas advierten las posibilidades de rentabilizar la practica de la agricultura y del ejercicio profesional, prestando un servicio social, al facilitar el uso de estos equipos, maquinarias y herramientas tecnológicas, sin necesidad de adquirirlas directamente, y con el plus del asesoramiento técnico.

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