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El objetivo es cultivar de forma que se rompa al máximo posible el ciclo de desarrollo de las malas hierbas

Estrategias básicas en el control de malas hierbas en maíz

Montull JM.2, Llenes JM.1, Taberner A.1 y 2

1Servicio de Sanidad Vegetal. 2Grupo de investigación en Malherbología y Ecología Vegetal, ETSEA. Agrotecnio

28/12/2016

El cultivo del maíz, dada su condición de cultivo de regadío, conlleva de forma inevitable la aparición de malas hierbas que pueden ocasionar numerosas e importantes pérdidas en la cosecha. Paradójicamente, el empleo de herbicidas para combatir esas malas hierbas está desarrollando tipos resistentes a su efecto. Para ello, es importante la forma de cultivar y el manejo de las infestaciones, así como conocer los herbicidas adecuados y cuándo y cómo hacer uso de ellos.

Introducción

El maíz es a día de hoy el primer cultivo extensivo de regadío en España, con una superficie aproximada de algo más de 400.000 ha. Se encuentra distribuido a lo largo y ancho de nuestra geografía, dado que los diferentes ciclos varietales permiten siembras desde febrero a julio dependiendo de las condiciones agroclimáticas de cada zona.

El que sea un cultivo de regadío, y que responda al incremento en el riego y el abonado con altos rendimientos, lleva asociado una flora infestante muy importante y de especies que además pueden provocar grandes pérdidas de cosecha.

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Con el desarrollo de herbicidas selectivos del cultivo, a mediados de la década de 1980, se simplificaron en gran medida las labores de desherbado y, además, se tendió al monocultivo también promovido por las ayudas al cultivo percibidas por la PAC. Este monocultivo continuo durante más de 20 años ha sido la causa principal de que, un cultivo que durante décadas se consideró de limpiador porque su siembra en filas permitía el paso de cultivadores entre ellas, cada vez demande más aplicaciones de herbicidas.

Ya no es raro, en muchas de las zonas de cultivo españolas, plantear una aplicación de herbicidas de preemergencia en el cultivo, seguida de un repaso con otro tratamiento en postemergencia. Esta utilización masiva de herbicidas, además del impacto sobre el medio ambiente, está ocasionando el desarrollo de biotipos de malas hierbas resistentes a su efecto que dificultan y encarecen el desherbado.

En este artículo se plantean respuestas a estas cuestiones, desde una perspectiva de sostenibilidad a medio y largo plazo.

Importancia de la forma de cultivar para conseguir un desherbado correcto

A diferencia de las plagas y las enfermedades, las malas hierbas son propias de cada parcela. Por tanto, la primera estrategia a tener en cuenta en el desherbado es gestionar bien el cultivo que se quiere mantener libre de malas hierbas, así como el conjunto de cultivos que le acompañan en la rotación.

En primer lugar, es importante conocer el historial de malas hierbas de la parcela. No sólo las diferentes especies presentes y su abundancia, sino también la eficacia obtenida con los métodos de control que se hayan empleado en años anteriores. Así, en el caso de emplear herbicidas, podemos prever que especies podrán ser importantes durante el cultivo y qué productos son candidatos a tener problemas de resistencias. Con esto, se dispone de una primera observación para definir la estrategia a seguir.

Un segundo aspecto es considerar qué manejo del suelo debemos hacer en presiembra del cultivo, para disminuir al máximo posible las infestaciones de malas hierbas que nos encontraremos después durante el cultivo y que podremos controlar en el marco de un control integrado, combinando diversos métodos entre los que se incluirán herbicidas selectivos. El periodo entre dos cultivos de la rotación y la forma de trabajar el suelo pueden influir en la evolución de las poblaciones de malas hierbas. Si las malas hierbas presentes son de germinación superficial será necesario un laboreo también superficial, a fin de estimular su germinación previamente a la instalación del cultivo. De esta manera se podrán controlar mecánicamente o con herbicidas no selectivos. Si las malas hierbas son plurianuales, una situación probable en el caso del maíz, será necesario un laboreo en profundidad o con aperos cortantes, a fin de destruir el aparato vegetativo presente en profundidad del suelo y con actuaciones más repetidas en el tiempo. Este último aspecto, que incluye la cadencia y necesidad de repetición de las actuaciones en el tiempo, va adquiriendo cada vez una importancia más notable en la gestión de las malas hierbas.

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Flor y fruto de abutilon teophrasti.

Además, el conocer los cultivos anteriores en la rotación también puede condicionar las estrategias a seguir durante el cultivo. Es muy diferente el desherbar un maíz sembrado tras 10 años de monocultivo, que un maíz sembrado después de 3 años de trigo o después de un cultivo de alfalfa que puede estar muy afectado de plantas plurianuales como Sorghum halepense o Rumex obtusifolius. En el caso de un maíz que sigue a un maíz es de esperar una gran cantidad de malas hierbas de verano, tanto anuales como perennes, entre las que se pueden encontrar S. halepense, Echinochloa cruss-galli, Setaria spp, Chenopodium spp, Amaranthus spp. Datura stramonium o Xanthium spp. Sin embargo, en el segundo caso, en que cultivamos el maíz después de un cultivo de invierno, es de prever una infestación más baja de malas hierbas, sobre todo de las plurianuales de verano.

El objetivo, desde el punto de vista del control de las malas hierbas, es cultivar de forma que se rompa al máximo posible el ciclo de desarrollo de las malas hierbas. Por ello, es preferible alternar ciclos de cultivo estivales con invernales y, en el caso de no ser posible, alternar las fechas de siembra. Las siembras retrasadas que suponen un acortamiento del periodo de tiempo del cultivo en el terreno suelen implicar infestaciones menores de malas hierbas, de ahí el interés, desde este punto de vista, de los maíces rastrojeros cultivados en verano.

En definitiva, en la forma de cultivar se trata de diversificar, es decir, combinar todas las posibilidades disponibles a fin de no repetir la forma de hacerlo.

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Inflrescencia de digitaria.

Manejo de las infestaciones de malas hierbas anuales

La característica principal que tienen todas las malas hierbas anuales infestantes del maíz es que su germinación se produce a partir del inicio de la primavera, cuando la temperatura del suelo empieza a aumentar. Por esto, las prácticas de cultivo que tienden a aumentar la temperatura del suelo facilitan su germinación precoz y su eliminación antes de la siembra del maíz.

Así, una preparación del suelo anticipada, en la que se deja la capa superficial nivelada y sin terrones, facilita la germinación de las malas hierbas en mayor medida que un suelo groseramente trabajado hasta el momento de la siembra, ya que los terrones y los huecos en la cama de siembra van a disminuir la germinación precoz de las malas hierbas.

En el mismo sentido, es una buena alternativa esperar a sembrar el maíz cuando que haya germinado una parte importante de las malas hierbas presentes en la parcela, de este modo es más fácil conseguir una eficacia adecuada de los herbicidas. Un inconveniente del retraso de siembra puede ser que se aumente el riesgo de infecciones por virosis en zonas endémicas.

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Para mejorar el uso de herbicidas es muy importante definir la flora infestante en la parcela. Por esto, la tendencia es disminuir las aplicaciones de herbicidas en preemergencia y posicionar los tratamientos en V1-V2 del maíz, aprovechando las sinergias entre los herbicidas de acción radicular y foliar. Así se pueden identificar adecuadamente especies presentes y densidades, y elegir la mejor combinación de herbicidas posible. De ahí el desarrollo de sistemas de ayuda a la decisión a nivel europeo para facilitar el trabajo de técnicos y agricultores como el CPOWeeds.

Manejo de las infestaciones de Sorghum halepense

El S. halepense, conocido como Sarrajón, Sarrachon, Canyota, etc. en las distintas zonas de cultivo de maíz, es la principal mala hierba plurianual que infesta el cultivo.

Las plantas procedentes de rizoma empiezan a brotar a inicio de la primavera y son insensibles a la mayor parte de los herbicidas de preemergencia que se utilizan en el cultivo. Por esto, su control se lleva a cabo mediante aplicaciones de herbicidas en postemergencia, entre 3 y 6 hojas del cultivo. Para ello, se aplican herbicidas de la familia de las sulfonilureas como nicosulfuron, rimsulfuron o foramsulfuron. La aplicación reiterada de estos herbicidas está ocasionando el desarrollo de biotipos que no son suficientemente bien controlados e incluso se han confirmado casos de resistencia a este grupo de herbicidas.

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Panicula de Sorghum halepense.

En este caso, la mejor solución es la siembra de cultivos de invierno como trigo o cebada para así poder destruir mecánicamente tanto la parte aérea como los rizomas durante el verano sin cultivo. Si las infestaciones no son muy importantes también se puede plantear el utilizar herbicidas antigramíneos en cultivos como alfalfa, girasol o soja. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los rizomas acumulan gran cantidad de reservas y que si el control no es suficiente pueden llegar a rebrotar.

Además de por rizomas, esta mala hierba también es capaz de generar un banco de semillas muy importante. Las plántulas procedentes de semilla sí son susceptibles a los herbicidas que comúnmente se aplican en preemergencia o postemergencia precoz del cultivo como las cloroacetamidas. Sin embargo, al tener una germinación muy tardía y escalonada, pueden llegar a escapar del efecto de estos herbicidas y mantener la infestación a lo largo del tiempo.

Herbicidas disponibles para el cultivo del maíz

Es interesante aprovechar las campañas en las que se prevén precios bajos de maíz para rotar con cultivos de invierno dado que, desde el punto de vista de la gestión de las malas hierbas, el monocultivo de maíz no es sostenible. Así, detrás de alfalfa o un cereal de invierno, el uso de herbicidas en maíz puede racionalizarse. También debe tenerse en cuenta que es conveniente conocer el historial de la parcela y aplicar herbicidas de preemergencia sólo si está justificado.

De forma resumida, se aportan en el siguiente cuadro las sustancias activas que se pueden emplear en el cultivo del maíz. Se indican los herbicidas que se pueden emplear en función de cada tipo de mala hierba y del estado de desarrollo, tanto de las malas hierbas como del cultivo.

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La tendencia a nivel europeo es reducir las aplicaciones de preemergencia. Debe tenerse en cuenta que con aplicaciones en el estado de desarrollo del maíz V1-V2, con herbicidas de acción radicular complementados con herbicidas de acción foliar, es posible monitorear las infestaciones y racionalizar el uso de herbicidas. Esto se propone dado que en la práctica totalidad de herbicidas utilizados en preemergencia pueden ser utilizados hasta el estado V4 del maíz.

Interesa también diversificar y cambiar el empleo de los herbicidas, puesto que los del grupo K3 pueden generar problemas de lixiviación a aguas subterráneas si se emplean de forma masiva y reiterada.

Finalmente, en las aplicaciones de herbicidas en los primeros estados de desarrollo del maíz o en preemergencia del cultivo se deben extremar las precauciones, las aplicaciones de herbicida deben realizarse a baja presión (2 bar) para evitar problemas de deriva. En esos momentos, inicios de primavera, la vegetación está iniciando su ciclo de cultivo, y los brotes recién emergidos son especialmente sensibles a los efectos de herbicidas que les puedan afectar por deriva. Se aplicarán con ausencia de viento y cuando no se den condiciones extremes de temperatura ambiente elevada o una humedad relativa del aire excesivamente baja. Para los herbicidas empleados en esta situación debe tenerse en cuenta que no se mejora la eficacia herbicida con volúmenes de caldo superiores a 150 l/ha.

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