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La sanidad del árbol en general, y el estado del fruto en particular, es la principal preocupación en este cultivo

Nueva propuesta para el control de la mosca del olivo Bactrocera oleae (Gmelin)

Enrique Quesada Moraga, Meelad Yousef e Inmaculada Garrido Jurado

(Universidad de Córdoba. E.T.S.I.A.M. Departamento de Ciencias y Recursos Agrícolas y Forestales)

24/03/2015

El cultivo del olivo tiene un papel muy importante en la sociedad española, tanto económico como social e incluso cultural. Según datos del Consejo Oleícola Internacional (COI), el olivar mundial está constituido por unos 850 millones de árboles que ocupan una superficie de más de 10 millones de hectáreas. De éstas, más de un millón se dedica a la producción de aceitunas de mesa. España cuenta con 2.593.523 hectáreas de olivar, si bien el 83,44% de la producción se registra en Andalucía (MAGRAMA 2014). A pesar de ser un cultivo tradicional, en la actualidad el cultivo del olivo está nuevamente en fase expansiva, sobre todo con el establecimiento de plantaciones intensivas en regadío donde el buen manejo de plagas se postula como una práctica esencial (Metzidakis et al. 2008).

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El olivo y sus plagas

La sanidad del árbol en general, y el estado del fruto en particular, es la principal preocupación en este cultivo, ya que este último es la parte cosechable destinada a la producción de aceite o bien al aderezo para su consumo en verde. El fruto del olivo es atacado por un conjunto de especies muy diverso, Liothrips oleae Costa (Thysanoptera: Phloeothripidae); Leucaspis riccae Targioni; Parlatoria oleae (Colvée) y Aspidiotus nerii (Bouché) (Hemiptera-Homoptera: Diaspididae); Pollinia pollinii (Costa) (Hemiptera-Homoptera: Asterolecanidae); Metcalfa pruinosa Say (Hemiptera-Homoptera: Flatidae); Rhynchites cribripennis Desbroches (Coleoptera: Atelabidae); Prays oleae (Bernard) (Lepidoptera: Yponomeutidae), Lobesia botrana (Denis et Schiff.) (Lepidoptera: Tortricidae) y Palpita unionalis (Hübner) (Lepidoptera: Pyraustidae); Bactrocera oleae (Gmelin) (Diptera: Tephritidae) y Prolasioptera berlesiana Paoli (Diptera: Ceccidomidae) (Alfaro 2005, De Andrés 2001, Tzanakakis 2006).

La mosca del olivo, plaga clave del cultivo

La mosca del olivo, B. oleae, es sin duda el principal problema de origen entomológico de este importante cultivo en regiones de clima mediterráneo. El fitófago, que es carpófago, ataca directamente al fruto, provoca caídas prematuras y una disminución importante de la calidad del aceite obtenido. Se estima que el insecto es responsable del 30-40% de las pérdidas en la producción total de aceituna en la región Mediterránea, incluso se tiene noticias de pérdidas del 100% de algunas variedades de mesa y hasta el 80% del valor del aceite causadas por B. oleae (Zalom et al. 2003). La mosca del olivo se considera el principal factor biótico que reduce la calidad del aceite al aumentar la acidez de este (Mraicha et al., 2010). Por tanto, el control de la mosca del olivo es un desafío importante para la mejora de la calidad del aceite de oliva.

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Figura 1. Aceitunas con picadura de B. oleae y hembra en proceso de oviposición.
La mosca del olivo es estrictamente monófaga, es decir, se alimenta exclusivamente de aceituna. La hembra deposita sus huevos dentro del fruto y la larva resultante se alimenta del mesocarpio con la formación de túneles que se infectan rápidamente con hongos y que modifican la calidad y estabilidad del aceite resultante. La aceituna afectada no es apta para ser procesada y la calidad del aceite resultante se reduce notoriamente (Figura 1). La deposición de los huevos y el daño normalmente se inician con el principio del verano, aunque buena parte del daño ocurre en el otoño cuando el fruto está maduro. Al final del desarrollo larvario, la larva hace una cámara y se transforma en pupa en el interior del fruto, o bien cae al suelo para pupar debajo de la copa del árbol. La mosca del olivo tiene 2-5 generaciones anuales (Figura 2) (Santiago-Álvarez y Quesada-Moraga 2007).

A pesar de que el control de este díptero ha sido objeto de numerosas investigaciones hasta la fecha aún se basa en el empleo de insecticidas químicos de síntesis en tratamientos larvicidas y adulticidas. Sin embargo, la irrupción de la directiva europea 2009/128/CE de uso sostenible de insecticidas, y su transposición para el Uso Sostenible de Productos Fitosanitarios a través del Real Decreto 1311/2012 (RD) y el Plan de Acción Nacional (PAN), y la puesta en práctica de éstos en el año 2014, ofrecen la oportunidad para el desarrollo de medios no químicos y su empleo como estrategia fundamental de control de plagas en programas de Gestión Integrada. Por todo ello, se hace imprescindible el desarrollo de metodologías alternativas para el control integrado de la mosca del olivo como el control biológico, bien macrobiano, por medio de entomófagos, depredadores y parasitoides, al que se han dedicado muchos esfuerzos con poca eficacia hasta la fecha, o microbiano, como virus, bacterias, hongos, nematodos y protozoos para explotar al máximo su potencial.

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Figura 2. Ciclo biológico de la osca del olivo.

Los hongos entomopatógenos y su potencial para el control de la mosca del olivo

Los hongos entomopatógenos (HE) (Ascomycota: Hypocreales) como agentes de control microbiano son únicos y relevantes entre los microorganismos patógenos de insectos porque invaden a sus hospedantes directamente a través del tegumento sin necesidad de ser ingeridos (Figura 3). A esto se une que su hábitat natural es el suelo, su producción en masa es relativamente fácil, así como su aplicación en campo. Por todo esto, en los últimos años los HE se han postulado como agentes de control de estados edáficos de 'moscas de la fruta' en general.

Trabajos realizados en el seno del grupo de investigación PAIDI AGR 163 'Entomología Agrícola' de la Universidad de Córdoba han constatado: (1) La gran presencia natural de los hongos entomopatógenos de los géneros Beauveria y Metarhizium en suelos de olivar de la Península Ibérica, con énfasis en Andalucía, así como la influencia de las prácticas agronómicas sobre la misma (Quesada-Moraga et al. 2007); (2) La eficacia de suspensiones fúngicas de cepas autóctonas de ambos géneros para el control de adultos de moscas de las frutas y de larvas próximas a pupación y puparios de las mismas en aplicaciones al suelo (Quesada-Moraga et al. 2006, Quesada-Moraga et al. 2008, Garrido-Jurado et al. 2011bc); (3) La ausencia de impacto negativo de estos tratamientos de suelo en un olivar frente a la artropofauna edáfica del mismo Garrido-Jurado et al. 2011a); (4) El potencial de una cepa del hongo Metarhizium brunneum Petch para el control microbiano de etapas pre-imaginales y adultos de B. oleae, así como la actividad insecticida de su extracto crudo frente a adultos de la especie en el laboratorio (Yousef et al. 2013); (5) La compatibilidad de estos hongos entomopatógenos con la mayoría de los herbicidas utilizados en suelos de olivar, lo que permite al agricultor su uso simultaneo con la mayoría de los herbicidas autorizados en Producción Integrada en el mismo tanque del atomizador lo que reduciría el coste de la aplicación (Yousef et al. 2014).

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Figura 3. Modo de acción general de un ascomiceto mitospórico. (1) Adhesión de las conidias a la epicutícula; (2) Germinación; (3) Penetración; (4) Hifas que atraviesan la cutícula y alcanzan el hemocele; (5) Reacción defensiva celular hemocitaria del insecto; (6) Cuerpos hifales en el hemocele; C: Cutícula; EPD: Epidermis.

En base a los buenos resultados obtenidos en laboratorio, y en colaboración con la junta de Andalucía, se vienen realizando ensayos en campo desde el año 2010, con el objetivo de establecer el uso de los HE como estrategia de control biológico sostenible y eficaz frente a la mosca del olivo. Con estas aplicaciones en campo se pretende controlar las etapas pre-imaginales de B. oleae enterradas en el suelo bajo la copa del árbol, ya que el suelo es el ecosistema natural de los hongos entomopatógenos y les ofrece protección frente a las condiciones ambientales extremas. Esta protección aumenta la persistencia de los conidios y su capacidad de prosperar y ofrecer una estrategia a largo plazo para el control de pupas. La propuesta de empleo de HE para el control de la mosca del olivo incluye dos aplicaciones anuales al suelo bajo la copa de árbol, coincidentes con la caída de larvas de B. oleae al suelo para pupar bajo la copa del árbol (otoño) y con la emergencia de la nueva población de adultos (primavera) (Figura 4).

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Figura 4. Curva de vuelo estándar anual de la mosca del olivo B. oleae en el sur de España. 1: tratamiento dirigido a los adultos emergentes del suelo. 2: tratamiento dirigido a las pupas.

Los resultados obtenidos hasta la fecha son muy prometedores como muestra la figura 5 con la eficacia de las aplicaciones de un aislado de M. brunneum realizadas el último año en Castro del Río (Córdoba) y su efecto sobre la población de la mosca del olivo. La densidad de esta disminuyó casi el 70% en las parcelas tratadas comparadas con las parcelas testigo. Por otro lado, el hongo aplicado ha demostrado tener suficiente capacidad para persistir en los suelos del olivar con dos aplicaciones al año lo que proporciona una estrategia de control a largo plazo.

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Figura 5. Densidad de la población de B. oleae en fincas tratadas y control tras la aplicación de una cepa del hongo entomopatógeno M. brunneum a suelos de olivar andaluz.
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Figura 6. Densidad del inoculo fúngico en suelos de olivar andaluz tras el tratamiento.

En conclusión el uso de los HE en aplicaciones dirigidas a la base del árbol es una herramienta eficaz para ser utilizada dentro de un programa de control integrado de la mosca del olivo a nivel regional o nacional. Por otro lado, el uso de estos HE reducirá el efecto negativo de los insecticidas químicos utilizados hasta la fecha para su control, tanto para el ecosistema como para la salud humana. Sin embargo, aún quedan aspectos por terminar de dilucidar como la mejora de la calidad y seguridad alimentaria del aceite de oliva al no verse el fruto comprometido con el tratamiento.

Referencias bibliográficas

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