Bo de Debò: la delicadeza en el trato del producto

David Pozo17/03/2014

¿Cuantas veces no nos hemos puesto ante un plato de comida preparada con cierta desconfianza? Desterrar ese miedo ha sido desde sus inicios uno de los objetivos de la empresa catalana Bo de Debò. Todo comenzó en los años de la posguerra con una pequeña carnicería en Terrassa (Barcelona). Hoy la tercera generación de la familia sigue preparando los platos más típicos de nuestra cocina con el mismo esmero y utilizando siempre ingredientes de primera calidad.

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Blai Escoda y Marta Marrugat, propietarios de Bo de Debò, junto a una selección de los productos más representativos de la marca.

Es difícil que una empresa de alimentación te abra las puertas de su casa como lo hizo para este reportaje Bo de Debò. Síntoma de que hay poco que esconder y que lo que se elabora en sus instalaciones de 3.500 m2 de Sant Vicenç de Castellet es el resultado de mimar el producto desde su más profunda esencia, la empresa catalana se ha hecho un hueco relevante en el sector de la producción y distribución de elaborados cárnicos, cocinados y precocinados. En estos momentos de la planta salen unas 10.000 bandejas de comida cada día y sus productos ya se pueden encontrar en las principales cadenas de supermercados de Cataluña y Andorra.

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Más de 70 años de historia...

Bo de Debò comenzó su andadura en 1942 con la abuela de Marta Marrugat, propietaria actual junto a su esposo Blai Escoda, al mando de una pequeña carnicería en Terrassa, desde donde comercializaba la carne de los animales que pasturaba ella una vez falleció su esposo. Después de un periodo en que vendía la carne a otras carnicerías de la misma localidad, decidió hacerlo al por menor desde la propia tienda. Esa pequeña carnicería, con la gestión posterior de sus hijas, se convertiría en uno de los supermercados con más solera de Terrassa. “En 1980 las hermanas Llovet, a quienes les encantaba visitar las ferias internacionales de alimentación, llegaron de una de ellas con la visión de que lo que estaba funcionando en Europa era el plato precocinado y lo quisieron aplicar en su negocio”, nos explicaba Blai Escoda. “En realidad, todo comenzó con una pequeña cocina de dos fogones y una cocinera. Esa idea fue evolucionando, se asociaron propietarios de varios supermercados de Terrassa y se creó una pequeña central de compras desde donde comercializaban los platos precocinados para estos establecimientos”.

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En un pequeño rincón de la cocina de las actuales instalaciones de Sant Vicenç de Castellet aún hay espacio para aquella vieja cocina de dos fogones, germen del actual Bo de Debò.

“Fue en 1998, coincidiendo con la expansión de las grandes cadenas de distribución, cuando una de ellas absorbió el negocio de mis suegros. Éramos especialistas en carnes y les ofrecieron hacerse cargo de todas las líneas de carne y platos preparados de la cadena. Financieramente, y por edad, decidieron apartarse del proyecto. Fue el instante en que mi mujer Marta y yo tomamos las riendas del negocio”, explicaba con orgullo Blai Escoda. Para hacerse una idea, cuando se inició el proyecto hace 15 años la plantilla la componían unos 10 empleados, hoy ya son casi 100. “En todos estos años hemos pasado por tres locales diferentes: desde la planta superior del supermercado original, pasando por una planta de 1.000 m2 en el centro de Terrassa hasta, desde hace un par de años, situarnos en una planta de 3.500 m2 en Sant Vicenç de Castellet cuyo almacén incluso ya se nos está quedando pequeño”. Y es que si echamos un vistazo a los resultados de esta empresa observamos crecimientos del 20% anuales.

La calidad, base del producto y del trabajo

Bo de Debò ha basado su fórmula del éxito siempre en la calidad de su producción y así lo pudimos comprobar en cada una de las dependencias durante nuestro recorrido por la planta.

En el muelle de entrada de materias primas es donde comienza todo el proceso. Allí se comprueba que tanto visualmente como organolépticamente cada lote esté en óptimas condiciones. Diariamente llegan a la planta unas diez toneladas de producto que después se transforman en más de 10.000 bandejas de comida preparada. La planta está perfectamente dividida en una línea de almacén —donde se puede comprobar que Bo de Debò sólo trabaja con primeras marcas— y otra dedicada a la producción, donde se elaboran y envasan con mimo todos los platos preparados que acabarán en nuestras mesas. “Toda la carne de nuestros elaborados es 100% nacional, nos llega la materia prima directamente del matadero. No utilizamos ni productos congelados ni canales con intermediarios”, matizó Blai Escoda.

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‘A mano’ es un concepto que Bo de Debò llevan a su máxima expresión: brochetas de pollo montadas totalmente a mano, albóndigas y croquetas moldeadas manualmente o miles de bandejas rellenadas cada día una a una de la mano de alguno de sus operarios. Un buen ejemplo es Maribel Ríos, que lleva más de 20 años junto a la familia Marrugat Llovet y que es la encargada del obrador de carne. “Aquí picamos toda la carne, tanto la que va a cocina para elaborar los canelones o los macarrones cpmo la que necesitamos para elaborar nuestros productos cárnicos. De este obrador salen cada día más de 12.000 hamburguesas, 1.000 bandejas de salchichas, otras tantas de albóndigas, etc.”, explicaba.

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Maribel Ríos, encargada del obrador de carne, en la línea de salchichas.

La cocina es otro de los puntos clave de la planta. Allí se encuentran los entresijos de Bo de Debò y es allí donde, además de la calidad de la materia prima, cobra especial relevancia la higiene y el especial cuidado a la hora de manipular el producto. “Para conseguir caducidades sin conservantes añadidos hemos de cuidar tanto el producto como la forma en que lo tratamos”, añadía Blai Escoda.

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Cambios en los hábitos de consumo

En los últimos años el sector de comida preparada ha crecido de forma significativa, aunque al principio tuvo que superar algunas barreras. “Costó porque el plato preparado había sido introducido en el mercado por las grandes empresas. Eran productos esterilizados y pasteurizados de los que el consumidor desconfiaba. En definitiva, se había prostituido el producto”, considera Blai Escoda. “Empresas como la nuestra han ido educando a ese mismo consumidor en el sentido de que el plato preparado puede ser un producto de calidad. Si a ello le sumamos los cambios en las estructuras de las familias y de los hábitos de sus miembros, éste se convierte en un producto en alza. Antes una señora de 65 años se pasaba horas en la cocina preparando unos canelones para la comida familiar del domingo, ahora prefiere dedicar ese tiempo a sus actividades. Por ello uno de nuestros productos estrella en fin de semana es la bandeja familiar de canelones”, añadía.

Por primera vez en Alimentaria

Bo de Debò ha decidido asistir por primera vez al salón Alimentaria. Todos los responsables de la compañía darán la bienvenida y explicarán el proyecto de la empresa a todo aquel visitante que se acerque a su stand, situado en el Pabellón 5 (Intercarn), D123.