El efecto bonsái

Manuel Cetina Sebastián, director del departamento de Desarrollo de Producto de Ara-Profi

11/03/2014
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En el sector de las artes gráficas se dan ciertos efectos de transformación impulsados por las nuevas tecnologías que provocan en todos los sectores de pre-impresión, impresión y acabados grandes cambios en los formatos de trabajo.

En estos momentos, las cantidades en las tiradas de impresión son más pequeñas, lo que reduce el riesgo de stocks y de que el producto se quede obsoleto, caducando en un breve espacio de tiempo, dado que en cualquier sector hay gran cantidad de novedades.

Estas circunstancias provocan que las grandes empresas no sean tan rentables, lo que en algunos casos ocasiona el cierre empresarial o una alta especialización. Esto se traduce en la creación de pequeñas estructuras a través de microempresas o autoempleos. También se transforma todo el sistema: los costos, márgenes, tiempos, servicios, plazos, etc.

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Es ‘el efecto bonsái’: todas estas circunstancias, unidas a la necesidad de los clientes, nos van moldeado y obligando a ser autosuficientes, lo que nos lleva a ser más competitivos, a no depender de nadie. Nuestro cliente nos exige que desarrollemos todo el proceso: diseño, pruebas, impresión y manipulado. Todo esto, lo antes posible y al mejor precio.

Éste es el primer efecto; y cuando esté muy maduro llegará el siguiente efecto bonsái. Al cliente final le hacen pensar que lo que se le entrega son unas simples copias… y siempre hay un vendedor de impresoras que los anima a que lo imprima él, le explica lo que vale un clic de impresión y ¡oh, magia! El producto que le entrega su impresor digital le cuesta un 80% más barato: dos operaciones matemáticas, unas dosis de persuasión muy persistente y se coloca su departamento de impresión.

A los dos meses, la mayoría se da cuenta de su error, no saben diseñar, se pensaban que el chico de la oficina, su sobrino, etc., era un ‘hacha’ con el Corel, se enfada y se frustra, pero ya es tarde, tiene una inversión que amortizar y un contrato mínimo de cinco años.

Es el efecto bonsái: la mayoría se adapta al medio, muy pocos crean y riegan su bonsái como ellos desean. Aprenderán por pura necesidad de supervivencia.

Preparémonos para estos cambios y creemos nuestro bonsái a nuestra imagen y semejanza. Nuestro bonsái, aunque sea pequeño, será lo más perfecto posible, crecerá como queramos y por donde creamos. No escuchemos a los visionarios, asesorémonos y seamos nosotros los que nos equivoquemos.

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