¿En qué piensan las mujeres cuando cogen el autobús?

María Izaguirre Vizcaya, directora de Consultoría de Novadays 03/11/2011

3 de noviembre de 2011

El transporte urbano está en el centro de la actividad de gran parte de los departamentos de movilidad y transporte de los ayuntamientos del país, que —además de gestionar su día a día— se esfuerzan por mejorarlo y adecuarlo a las nuevas necesidades de sus ciudadanos. Todos ellos comparten el objetivo de fomentar su uso y así frenar el alto grado de contaminación y, de paso, los embotellamientos en sus calles.

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Muchas son las campañas que desde los ayuntamientos y Comunidades Autónomas se lanzan cada año para animar a los ciudadanos a usar el transporte público, dotándolo de un valor añadido y atribuyendo a su espacio funciones totalmente nuevas y atractivas. Basta pensar en muestras de arte en estaciones de metro, concursos convocados por las empresas de transporte (de fotografía, microrrelatos, etc.) por no hablar de los ‘flashmob’, que se llevan a cabo en otras ciudades extranjeras y que muy pronto será algo casi cotidiano en nuestro país. Todas estas iniciativas de marketing son parte de la estrategia para acercar el transporte urbano a sus habitantes, conseguir impulsar su utilización y así evitar llegar a otras medidas más agresivas para paliar las emisiones.

Sin embargo, me atrevería a plantear si los gestores de la movilidad y los consultores del transporte conocen, o conocemos, las motivaciones y las necesidades de los potenciales usuarios. Y en concreto, me atrevería a plantear esta pregunta: ¿Sabemos lo que piensan del transporte el grupo más numeroso y homogéneo de sus clientes y potenciales clientes: las mujeres?

Son muchos los ámbitos en los que hombres y mujeres piensan diferente por su naturaleza y sus costumbres, aún a riesgo de caer en estereotipos. Es la forma de percibir lo que marca la diferencia, la importancia y el valor atribuido a cada situación o aspecto encontrado en el día a día. Así pues, en el mundo del transporte no podría ser de otra manera.

Probablemente hasta ahora no se había pensado en las distintas percepciones de algo que tenemos tan asimilado como es el transporte público. Se podía pensar en satisfacción o descontento de los ciudadanos ante la tarifa, horarios, etc., pero no se pensaba en la posibilidad de que los servicios de transporte fuesen percibidos de manera distinta entre hombres y mujeres o, incluso, era algo tan evidente que no se ha parado a reflexionar acerca de ello.

Sin embargo, nuestra consultora ha realizado recientemente el primer estudio de un sistema de transportes —el de Gipuzkoa— desde la perspectiva de género, es decir, de la mujer. A través de encuestas, entrevistas personales y grupos de trabajo, nos han trasladado sus distintas percepciones.

A diferencia de los hombres, la mayoría de las mujeres no dan tanta importancia al estatus que ofrece la posesión y consecuente posibilidad de conducir un vehículo; motivo por el que la elección de la mujer, para desplazarse en el día a día, suele declinarse —preferentemente— por el transporte público. Los porcentajes de utilización del transporte público indican la mayor utilización que de él hacen las mujeres, sobre todo en lo que se refiere a desplazamientos habituales.

Además, el hecho de que, en la generalidad de los hogares con un único vehículo, sean los hombres los que tienen prioridad sobre el coche, contribuye al mayor uso del transporte público por parte de las mujeres.

También, las pautas de movilidad entre hombres y mujeres son diferentes. Podemos decir que los hombres y las mujeres se desplazan de distinta manera: las distancias recorridas y los tiempos empleados en los desplazamientos por las mujeres son menores que los que recorren y emplean los hombres, lo que indica una mayor dependencia del transporte público y, por tanto, la necesidad de realizar sus desplazamientos en el entorno cercano.

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Foto: Billy Fowks.

Las mujeres tienen una gran movilidad asociada al entorno familiar y social, son las proveedoras del hogar y las encargadas de dar apoyo a los otros miembros del núcleo de convivencia. Esta situación, añadida a la ocupación laboral (si existe) y al dinamismo en el tiempo de ocio, hace que en la mayoría de los casos se hable de muchos y variados desplazamientos diarios, pudiendo confirmar que las mujeres tienen una gran movilidad, se desplazan con asiduidad y por muy diferentes motivos, lo que provoca que lo hagan en una mayor amplitud de horarios que los hombres.

La comodidad es un factor bastante valorado por las mujeres, quien, en numerosas ocasiones, utilizan el transporte público para acompañar a los niños al colegio. Basta con que observemos a nuestro alrededor cada mañana: tanto hombres como mujeres, pero sobre todo ellas, se desplazan con sus hijos para llevarles a los centros escolares. Por esto son muy valorados aspectos, ya no de horarios y rutas, sino otros a los que tradicionalmente no se había prestado tanta atención: el confort, el espacio y el mobiliario para que los pequeños puedan viajar lo más fácil y cómodamente posible.

Otro aspecto que tienen en cuenta las mujeres a la hora utilizar el transporte público es la seguridad; necesitan sentirse seguras tanto en paradas y estaciones (que estén lo suficientemente iluminadas y concurridas) como durante el trayecto, con la forma de conducción.

Conociendo lo que las mujeres piensan del transporte —incluso profundizando en sus opiniones en función de la edad, asiduidad, motivo de viaje, etc.— podremos saber mejor qué ofrecerles, como adecuar la oferta a sus necesidades, satisfacer sus expectativas y, en definitiva, hacer del transporte público la solución a la movilidad de todas ellas.

Las mujeres tienen una gran movilidad asociada al entorno familiar y social, son las proveedoras del hogar y las encargadas de dar apoyo a los otros miembros

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