El árbol en el diseño urbano

Adiós al verde a metros

Mónica Daluz23/05/2008

23 de mayo de 2008

Una ciudad sin árboles ¿es posible? Se aproxima 2019 y, afortunadamente, el Los Ángeles de Blade Runner no parece tener ‘réplica’ fuera de la ficción, aunque el paisaje de algunas macrociudades asiáticas tiende a ello peligrosamente. Una ciudad sin árboles no es siquiera imaginable; incluso nuestra salud psíquica depende de la gestión de los espacios verdes, sobre todo ahora que la urbanización del suelo avanza imparable: 2008 pasará a la historia por ser el año en que por vez primera más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. Fachadas verticales, cubiertas verdes, jardines terapéuticos, huertos urbanos, integración de los espacios verdes en los proyectos curriculares escolares, participación ciudadana en la conservación del arbolado y las zonas verdes, etc. Mucho queda por hacer para integrar la naturaleza en la ciudad, para eliminar las barreras que separan el medio urbano y el medio rural y evitar que el asfalto nos asfixie, ahora que el ser humano deviene urbano y emigra en masa, como especie, a la ciudad.
El protagonista de este reportaje es el árbol, siempre presente en nuestras ciudades, obligado a convivir entre humanos que raramente reparan en él, y a sobrevivir en un entorno innecesariamente hostil. Analizaremos cómo ha evolucionado el papel de este elemento vivo en el diseño de las ciudades, hallarán también ejemplos de algunos de los errores cometidos en el pasado y encontrarán las pautas y tendencias que marcarán la incorporación del arbolado en el diseño urbanístico que viene, ahora que las urgencias climatologías no dejan lugar a dudas y, para bien o para mal, han empujado al consenso. Se acabó el ‘verde a metros’; la escasez de agua, el enorme coste en el mantenimiento del arbolado y las nuevas condiciones climáticas han colocado sobre el tapete el debate de cómo optimizar la integración del árbol y las zonas verdes en el diseño de las ciudades. La solución a los desatinos en la gestión del arbolado y los espacios verdes en la urbe ya está inventada; dos términos, que a veces se nos antojan gastados, más de nombrarlos que de practicarlos, recogen la fórmula del éxito: calidad y profesionalidad.
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Vista de París desde la Torre Eiffel. Sobre el río Sena, el parque arbolado de Trocadero, y en segunda línea el Bois de Boulogne, un bosque urbano que supone un verdadero pulmón para la ciudad, con una superficie de 846 hectáreas, dos veces y media más grande que el Central Park de Nueva York y 3,3 veces mayor que el Hyde Park de Londres. Al fondo, los rascacielos del distrito de negocios de La Défense. Ejemplo de perfecta combinación de espacios ‘verdes y grises’, y de tradición y modernidad. El tratamiento del espacio en su planificación urbanística hace de París una gran ciudad que, sin embargo, no ‘asfixia’…
Queda mucho trabajo por hacer para integrar la naturaleza en la ciudad y evitar que el asfalto nos asfixie
No es mucho: una elección adecuada de las especies, un terreno de calidad y el espacio suficiente para crecer y vivir. Invertir en el ‘antes’ para evitar costes de mantenimiento evitables.

Y algo está cambiando. Para empezar, la presencia del técnico en jardinería y paisajismo en la obra civil es hoy incuestionable. Sin embargo, abordar la cuestión en toda su dimensión implica replantear el diseño urbanístico de nuestras ciudades, lo cual no va a ser tarea fácil.

En cualquier caso, nunca es tarde para rectificar y parece que al árbol le llegó la hora de ocupar el lugar que le corresponde en la urbe del siglo XXI.

Floreros urbanos: concepto caduco

El concepto clásico de jardinería urbana en el que el arbolado cumplía una misión puramente ornamental hace tiempo que ha dejado de ser vigente, por lo menos en la teoría, y la misión del árbol ha mutado hacia la funcionalidad. La aportación ambiental del árbol es hoy reconocida y tomada en cuenta en los proyectos de diseño urbano. Entre sus funciones figuran la regulación ambiental, la depuración de aire, la atenuación de ruidos, la aportación de humedad y sombra, la de canalizar los vientos, la de atraer fauna a la ciudad y el hecho de ejercer una influencia psicológica positiva sobre el ciudadano. Cierto es que queda mucho por hacer a la hora de actuar con rigor, pues si bien los planes urbanísticos recogen la cuantía de la reserva de espacios libres o verdes, no concreta su composición, pero hoy, las administraciones han asumido la necesidad de un nuevo replanteamiento de los espacios verdes ante el advenimiento de fenómenos climáticos como la sequía y el aumento de la temperatura, así como del incremento de los índices de contaminación atmosférica, y todo apunta a que ya se han puesto manos a la obra.
¿Qué hacen los árboles por nosotros?
  • Amortiguan la densidad del ruido y los sonidos molestos.
  • Sirven de barrera evitando la dispersión aérea de partículas como el polvo, humo y hollín. Los árboles con follaje ancho son los más eficaces para asimilar los desechos del aire, las partículas contaminantes que flotan en la atmósfera.
  • Absorben el dióxido de carbono y restituyen el oxígeno a la atmósfera.
  • Favorecen la regulación de la temperatura en áreas específicas, dando sombra.
  • Ayudan a la eliminación o reducción de olores desagradables.
  • Evitan la erosión de laderas y pendientes de lomas y cerros circundantes.
  • Favorecen la privacidad de jardines y casas particulares.
  • Favorecen el restablecimiento de la fauna urbana benéfica.
  • Contribuyen a la infiltración de agua y a la recarga de los mantos acuíferos.

Los árboles, uno a uno

El Ayuntamiento de Madrid ha incluido en su web un inventario informatizado del arbolado urbano, a través del cual el ciudadano puede localizar los árboles de cualquier calle de la capital, conocer su especie y edad o realizar la solicitud de la actuación que precisen. El proyecto se llama ‘Un alcorque, un árbol’.

Por su parte, el Ayuntamiento de Huelva ha realizado recientemente un inventariado on line de la arboleda de la ciudad, un registro en el que ya hay más de 30.000 árboles inventariados pertenecientes a 135 especies. Con el objetivo de tener un control exhaustivo de la situación de los árboles de la urbe, el Consistorio ha instalado un sistema informático que localiza geográficamente cada ejemplar y ofrece una ficha técnica del mismo, en la que se incluye un código y una fotografía y se informa de la especie, edad, altura, diámetro y estado fitosanitario. El programa informático, conocido como Ingrid, es para gestión interna aunque los responsables del proyecto no descartan colgarlo en un futuro en la página web del Ayuntamiento para que los ciudadanos tengan acceso a dichos datos.

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Loa árboles amortiguan la densidad del ruido y los sonidos molestos.

Jardín terapéutico

He aquí otro ejemplo de cómo rentabilizar la inversión pública en zonas vedes, dando a parques y jardines nuevas utilidades, buscando un sentido práctico, no sólo estético: son los llamados jardines terapéuticos.

Alejados más que nunca de la naturaleza parece que hemos entrado en un punto de inflexión; vemos cada día ejemplos del creciente interés por la preservación del medio ambiente, por la defensa de las especies amenazadas de extinción, por las energías renovables y también por una alimentación más natural o por una medicina menos farmacológica. Hidroterapia, baño de pies, alfombra de texturas… Seguro que la proliferación del jardín terapéutico tendría una buena acogida entre la ciudadanía.

Las primeras experiencias de estos espacios de salud se desarrollaron en Alemania; se trataba de un jardín municipal estratégicamente situado que tenía una piscina con agua pisable, una pequeña pila para hacer baños de brazos y zonas con césped o con piedras para caminar con los pies descalzos.

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Las zonas verdes producen un efecto terapeutico a las personas.
Hoy proliferan en las ciudades alemanas circuitos terapéuticos para pies descalzos, con instalaciones de juegos infantiles o para realizar ligeros ejercicios gimnásticos, donde acuden familias, personas de la tercera edad, los ciclistas hacen parada, son destino de excursiones escolares…

Este tipo de jardines constituye una instalación terapéutica y lúdica a la vez, que combina las instalaciones de hidroterapia básica con otras de gimnasia suave para pequeños y mayores, todo ello con el aliciente de unos diseños de gran belleza. Este tipo de circuitos, que se extendió durante el siglo XIX en Alemania y en otros países nórdicos, llegó también a los pueblos y, más tarde, el concepto se amplió: hoy muchos de estos circuitos están instalados en zonas de bosque, los llaman ‘itinerarios de salud’.

En noviembre de 2005 fue inaugurado en Barcelona el primer jardín terapéutico de España, situado en la finca ‘Villa Florida’ en el barrio de Sant Gervasi. El jardín permite andar descalzo por tres alfombras con diferentes texturas, como hierba, piedras de diferentes tamaños, arena fina y gruesa, troncos o corteza de pino. En este parque, paradójica y al mismo tiempo lógicamente, no se admiten perros.

Los beneficios del jardín terapéutico son numerosos. Estimulan el sistema inmunitario, activan la circulación de las piernas, reducen el estrés. Además, cumplen una función social, pues constituye una instalación para hacer medicina preventiva activa con un componente lúdico, socializante y de disfrute del entorno. Es una manera de fomentar la buena salud de los ciudadanos

Cifras del arbolado de Madrid: datos generales

  • Número de árboles en el viario de Madrid 226.301
  • Árboles por habitante 1 árbol/14 habitantes
  • Número de especies distintas 203
  • Número de calles arboladas 4.146

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