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Llegó el momento del gas renovable

Luis Puchades y Juliana Herrero, director y técnico de proyectos de biogás respectivamente de Biovic Consulting S.L.

06/05/2022

Tras mucho tiempo rezagados con respecto a otros países europeos, el sector del biogás y biometano experimenta un auge en España con varios proyectos en etapa de estudio y desarrollo y con condiciones de mercado favorables.

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Luis Puchades y Juliana Herrero
El gas renovable es imprescindible para llegar a los objetivos de descarbonización de Europa en 2050. Nuestro modelo energético necesita el gas para muchos usos, principalmente industrial, residencial y/o el transporte de mercancías. La producción de muchos bienes de nuestro consumo diario, desde la cerámica a la cerveza, pasando por los fertilizantes, necesitan de procesos industriales donde el gas es fundamental.

Principalmente, existen dos gases renovables: el hidrógeno y el biogás. La Comisión Europea ha lanzado un plan estratégico de desarrollo de hidrógeno muy ambicioso, con más de 500 mil millones de euros a 2050. España no se queda atrás, planea invertir 1.500 millones de euros en los próximos 3 años. Por ello, se espera que sea un gran vector energético y un regulador del sistema. Sin embargo, aún se encuentra en la etapa inicial de su desarrollo, por lo que a corto plazo se espera un gran despliegue del biogás. Es una tecnología madura, que no solo aporta energía verde, sino que captura las emisiones que generan los millones de toneladas de residuos orgánicos en su descomposición. La Hoja de Ruta del Biogás reconoce su contribución a la economía circular, ya que establece sinergias entre distintos sectores tales como la gestión de residuos urbanos, la industria alimentaria, el sector agropecuario, depuración de aguas y contribuye a los objetivos de reto demográfico. Además, no hay que fabricarlo, lo están fabricando microorganismos bacterianos sin interrupción, todos los días del año, y sus emisiones son, además de un gas de efecto invernadero, nocivas para la atmósfera que respiramos en mayor o menor medida según los tipos de residuos.

El biogás puede ser depurado a una composición equivalente al gas natural (entonces se le conoce como biometano), y es la tecnología de gas renovable más madura y, a día de hoy, más barata.

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El número de plantas de biogás en la UE supera las 19.000, mientras que en nuestro país aún no llegamos a 300.

Desde hace muchos años, los países vecinos reconocieron y apoyaron el desarrollo del biogás. Entendieron su potencial de descarbonización, así como otras ventajas que aporta a la sociedad. Aparte de la reducción de emisiones y de sustituir a energías fósiles, mitigando el cambio climático y mejorando la calidad del aire, también contribuye a reducir la contaminación de suelos y aguas, genera empleo en zonas rurales y produce bioproductos como los biofertilizantes reemplazando fertilizantes químicos. Es por todas estas 'externalidades positivas', que otros países apostaron fuertemente por su desarrollo, estableciendo marcos jurídicos estables, ayudas financieras, promoviendo y estimulando producción y consumo.

El número de plantas de biogás en la UE supera las 19.000, mientras que en nuestro país aún no llegamos a 300, sumando todas, agropecuarias, alimentarias, EDAR, vertederos. Si consideramos las de biometano, Europa acabó 2021 con algo más de 1.000 plantas, de las cuales 365 están en Francia. Cabe destacar que en este país se inauguran dos plantas a la semana. En España, a día de hoy, contamos con cinco, aunque hay numerosos proyectos en desarrollo.

El principal potencial de desarrollo en España es el sector agropecuario, debido a la importancia de la ganadería (primer productor de porcino en Europa) y a la gran extensión agrícola de este país.

Tenemos una situación muy favorable para la producción de biogás y biometano. La desgracia de la guerra en Ucrania ha abierto los ojos sobre la necesidad de la autosuficiencia energética, concepto en el que el gas renovable debe tener un papel crucial. La reacción de la Comisión Europea ha sido también rápida y eficiente, poniendo en marcha el plan REPowerEU, con una serie de propuestas y medidas cuyo objetivo es independizar a nuestro continente de los combustibles fósiles antes del 2030 y que pone de manifiesto el potencial de nuestro país a la hora de contribuir y garantizar la seguridad energética, tanto nacional como europea.

Todo va en la misma dirección: la necesidad de descarbonización, la necesidad de autosuficiencia energética, o la necesidad de mejorar todos los eslabones de nuestra cadena de gestión de residuos ganaderos, agroindustriales o urbanos. Todo va en la dirección del biogás y el biometano.

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“El biogás es una tecnología madura, que no solo aporta energía verde, sino que captura las emisiones que generan los millones de toneladas de residuos orgánicos en su descomposición”.

Recientemente se ha aprobado la Hoja de Ruta del Biogás, que ha dejado en el sector una sensación agridulce: llega con retraso, es poco ambiciosa y no termina de concretar unas medidas de apoyo a la altura del reto y el potencial del biogás.

Si bien la Hoja de Ruta identifica algunas de las oportunidades para el desarrollo del biogás en España, proponiendo una serie de líneas de acción destinadas a impulsar este tipo de proyectos, en el marco del fomento de los gases renovables establecido tanto en el artículo 12 de la Ley 7/2021 de Cambio Climático y Transición Energética o en la medida 1.8 del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, la realidad es que se queda corta. Por poner un ejemplo, fija un objetivo mínimo de producción de biogás de 10,41 TWh anuales en 2030. Es una cantidad mínima, que palidece en comparación a los objetivos de otros países, como Países Bajos, Francia o Dinamarca.

Estas cifras se encuentran lejos del potencial real de España como productora de biogás, que la propia Comisión Europea establece en 120 TWh. No debemos olvidar que nuestro país es el mayor productor de carne porcina de Europa, y está entre los mayores productores de carne de vacuno, ganado aviar, e industria agroalimentaria en general.

A su vez, si la estrategia de diversificación y resiliencia energética de Europa pasa por cubrir casi el 10% de su demanda de gas con biometano, nuestro país no puede desaprovechar el enorme potencial de este vector para la descarbonización.

No obstante, están ocurriendo cosas positivas, vinculadas principalmente a la iniciativa privada. En términos de proyectos de biogás y biometano, cabe destacar interesantes iniciativas de los últimos meses como las inyecciones al sistema gasista del biometano que se produce ya en el vertedero Elena (Barcelona), la planta de Biogasnalia (Burgos), la planta de Torre de Santamaría (Lleida) y la EDAR Bens (A Coruña), todas ellas fantásticos ejemplos del potencial de España para producir gas renovable a partir de purines, residuos agroalimentarios o aguas residuales. También se anuncia numerosos proyectos en el corto plazo, como el vinculado a la depuradora y la planta de residuos urbanos del consorcio Vallés Oriental- Besós Tordera en Cataluña, que construirá la primera planta de biometano que ha sido sometida a licitación pública en el sector EDAR; los proyectos vinculados a empresas de fertilizantes orgánicos en Almansa y Llutxent; o el proyecto de planta de biometano en una zona con tantos problemas de residuos orgánicos y purines como es Lorca, en Murcia.

El sector afronta el año 2022 con esperanza e ilusión. Hay anuncios de proyectos de biometano que comienzan a aflorar, y el sector tiene un nivel de iniciativa como no se ha visto en España nunca.

Hay varios aspectos que contribuyen a esto. El modelo de generación de energía renovable se impone en todas partes. Las empresas del sector energético han tomado un camino claro hacia la descarbonización y la inversión en proyectos de energías renovables. El biogás lo tiene todo para ser bien acogido en el portfolio de estas empresas: es economía circular en su máximo grado, es una tecnología renovable en estado de madurez y es una herramienta indispensable para la descarbonización de la sociedad.

“La Hoja de Ruta del Biogás ha dejado en el sector una sensación agridulce: llega con retraso, es poco ambiciosa y no termina de concretar unas medidas de apoyo a la altura del reto y el potencial del biogás”

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