Un fruto que debe buena parte de sus propiedades organolépticas a la zona donde se produce y al uso de técnicas artesanales como el 'embolsado' manual

Melocotón de Calanda, mimo en el campo y lujo en el paladar

Redacción Interempresas04/10/2011

4 de octubre de 2011

Es época de Melocotón de Calanda. Por estas fechas, el mercado se llena de este fruto dulce, consistente y carnoso, cuya tonalidad oscila entre el amarillo crema y el amarillo pajizo. El porqué de su fama es fácil de adivinar: desde el año 1950 se empieza a cultivar ‘embolsado’, protegiéndolo de plagas y caídas, dotándolo de sus propiedades características. Y es que, como reza aquel refrán popular: “Si algo funciona, ¿para qué se va a cambiar?”
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Del árbol a la mesa. Al Melocotón de Calanda, con Denominación de Origen Protegida, se le ‘mima’ desde el campo, a base de técnicas tradicionales que realzan sus peculiares características organolépticas, como el ‘embolsado’. Desde la década de los 50, cada melocotón se estucha dentro de una bolsa de papel parafinado, que posteriormente se grapa, cuando aún está en el árbol. Una técnica minuciosa, que todavía se efectúa a mano, pero que ampara y preserva al fruto de tratamientos fitosanitarios, posibles plagas o caídas. Cada pieza permanece embolsada durante un periodo mínimo de nueve semanas, entre los meses de junio y julio. A partir del mes de septiembre, se empieza a recoger el Melocotón de Calanda, que ha de cumplir una serie de requisitos para comercializarse bajo el marchamo de la Denominación de Origen. El resultado es un melocotón sano y limpio, que en boca se aprecia dulce pero consistente y carnoso. A simple vista, se distingue también por su tonalidad que varía entre el amarillo crema y el amarillo pajizo.

Los números hablan por sí solos. El aclareo y el embolsado representan el 50% de las horas de cultivo que se destinan al Melocotón de Calanda, en la comarca del Bajo Aragón, comprendida por 45 municipios. A pesar que el uso de estas prácticas tradicionales equivale al 25% del coste de producción de este fruto, ello no parece importar demasiado. Así, el Melocotón de Calanda se cotiza más, no solo por su calidad sino porque además permanece en el mercado más tiempo que el resto de sus competidores.

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Cada melocotón se embolsa de forma manual, en bolsas de parafina. Una técnica tradicional que equivale al 25% del coste pero que los dota de calidad y los aísla de tratamientos, caídas y plagas.

El Melocotón de Calanda en cifras

En el mercado se considera Melocotón de Calanda a los frutos comercializados con el sello del Consejo Regulador de la especie Prunus persica. Sieb. y Zucc, procedentes de la variedad población autóctona “Amarillo tardío” y sus clones seleccionados Jesca, Evaisa y Calante. Éstos se cultivan en la zona suroriental de la depresión del Ebro entre las provincias de Teruel y Zaragoza, empleando la técnica tradicional del embolsado individual de los frutos en el árbol. A lo largo de una jornada de trabajo, de 8 a 10 horas, se pueden llegar a embolsar entre 2.000 y 3.000 melocotones, aunque algunos embolsadores llegan hasta los 4.000.

En términos productivos, un melocotonero sano produce de 45 a 50 kilos de fruta por temporada. Según datos promedio de los últimos cinco años, en la zona amparada por la D.O.P. se producen 23.000 toneladas de melocotón anuales. De éstas, 18.500 toneladas se comercializan en fresco y las restantes 3.500 se destinan a la industria transformadora, en forma de zumos y conservas.

Casi 4,5 millones de kilos de melocotones, fruto de un proceso artesanal

En la actualidad, se cultivan hasta 2.300 hectáreas en la zona amparada por la D.O.P. para así preservar el proceso de producción y recolección artesanal del fruto calandino, de ciclo largo, aunque en otras épocas se ha llegado hasta las 3.000. Durante el pasado ejercicio, se obtuvieron 4,48 millones de kilos de melocotón calandino, fruto de ciclo largo, cultivados en tierras áridas, de pluviosidad escasa e irregular y clima continental extremo, con altas temperaturas de primavera a octubre.

Junto a las peculiares características geográficas y climáticas de la zona, azotada por el Cierzo, el viento regional del Valle del Ebro, destacan otras diferencias, como el hecho que el fruto no recibe tratamiento alguno, un mínimo de 60 días antes de su recolección. Esto se efectúa en junio, tras el aclareo de los frutos, una tarea que se alterna con la poda del árbol para así dejar una distancia mínima entre cada uno de los frutos de 20 centímetros. Después, se envuelve a mano cada pieza en una bolsa de papel que se cierra con una grapa. Habitualmente, el cultivo del melocotón calandino se lleva a cabo en explotaciones familiares, cuya superficie oscila entre una y dos hectáreas de melocotón, simultaneadas con diversos cultivos leñosos.

La recogida se lleva a cabo también de forma artesanal, de forma que los melocotones se colocan en cajas de primera recogida, de 15 a 20 kilos, y se entregan al almacén receptor. Los melocotones no se desprenden de la bolsa de papel de parafina hasta que se inicia la clasificación de los frutos, en función de su tamaño.

Sólo es Melocotón de Calanda el que se produce en parcelas inscritas en el Registro del Consejo Regulador

El Melocotón de Calanda recibió la categoría de producto con Denominación de Origen a través de la Orden de 25 de agosto de 1999 del Departamento de Agricultura y Medio Ambiente de la Diputación General de Aragón (B.O.A. nº 114 del 6 de septiembre de 1999). El reglamento regulaba pues las zonas de cultivo, el sistema de inscripción de las parcelas, las prácticas de cultivo autorizadas, las especies del fruto permitidas, sus características y el procedimiento de acondicionamiento y envasado del mismo. Posteriormente, recibió el reconocimiento definitivo por parte de la Comisión Europea a través de la figura de calidad de Denominación de Origen Protegida.