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Mercados con historia

Mercado Central de Valencia

Texto: David Pozo / Fotografías: Mercado Central de Valencia26/09/2011
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26 de septiembre de 2011

El mercado surgió en la Valencia árabe, alrededor de la mezquita, en un laberinto de calles y plazuelas cuya nomenclatura ha sido elocuente testimonio: la plaza de la Virgen se llamó de la Paja; la que ocupaba el solar donde se construyó el Aula Capitular, de las Gallinas; la del Arzobispo, de la Fruta; y otra inmediata, la de la Hierba. No obstante, dada la importancia agrícola y la densidad demográfica, parece ser que se mantenía también un mercadillo en el arrabal de la Boatella (extramuros), prolongación del barrio de la Alcaicería, que se caracterizaba por la ordenación del comercio especializado, auténtico cordón umbilical unido a la carnicería y matadero situados en la actual plaza Redonda, próxima a la plaza de Les Herbes, luego Peixcatería y, finalmente, Lope de Vega.
La leyenda refiere el antiguo convento de las Magdalenas, sobre cuyas bases se construye el actual Mercado, fue construido a expensas de un caballero para encerrar a su esposa, que lo abandonó huyendo con un marinero, y a la que encontró años después vendiendo pescado en Valencia. El convento de 'Les Malaenes' estaba limitado por las calles del Molino de Na Rovella, Calabazas y de las Magdalenas, y perduró hasta 1838, cuando a causa de la desamortización el ayuntamiento dudaba entre destinar el claustro gótico a pescadería y ampliar la plaza, o construir un nuevo edificio derribando todo el convento y rectificar las alineaciones de la plaza. Por motivos económicos, se consideró construir el Mercado Nuevo; mercado descubierto bajo pórticos exentos, desarrollados tras una fachada principal y adaptándose a los espacios irregulares ocasionados por el derribo.
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La campaña desencadenada en la prensa criticando la situación de este mercado y el auge de una sociedad claramente burguesa que aspira a la demostración de su bienestar, contribuyen a que el ayuntamiento tome la decisión de construir un gran mercado totalmente cubierto. Para tal efecto, nombró a una comisión de estudio que examinara las propuestas recibidas. Fue aceptada la de los arquitectos municipales Ferreres y Monforte; sin embargo, la corporación abrió un concurso de proyectos, como base previa, en 1882. En la convocatoria de 1883 quedó desierto el primer concurso; y en el segundo fue premiado el proyecto de Luis Ferreres y Adolfo Morales de los Ríos, que no llegó a realizarse ante la demora que exigía la reforma interior del casco urbano.
Siendo alcalde Justo Ibáñez Rizo, en 1910 se convocó un nuevo concurso, y de los seis proyectos presentados se eligió el de los arquitectos Alejandro Soler March y Francisco Guardia Vial. Los arquitectos, a instancias de la Corporación, modificaron el proyecto original y el mercado se construyó de acuerdo con el fechado en noviembre de 1914, obra que terminaron los arquitectos Enrique Viedma y Ángel Romaní en el año 1928. Alfonso XIII protagonizó el acto protocolario con que se iniciaron los derribos. El 24 de octubre de 1910, con una piqueta de plata dio varios golpes en el muro del número 24 de la plaza del Mercado. Los derribos fueron lentos, se acumularon dificultades de toda índole y las obras parecían eternizarse. El solar en el que se asentó el Mercado Central –más de ocho mil metros cuadrados de superficie– abarcaba el del Mercado Nuevo, tres manzanas con 42 casas, calle de las Magdalenas, parte del Molino de Na Rovella y del Conde Casal. Por fin, dieciocho años después del golpe de la piqueta, el 23 de enero de 1928, se inaguraba el grandioso mercado.
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La explanada del Mercado Central, justo antes de la reforma iniciada en 1986.

Un edificio con historia

Las cúpulas, de hierro, cristal y cerámica (la central alcanza los 30 metros) y las veletas que las coronan –la de la cotorra y la del pez–, se integran a una panorámica paisajística de torreones y campanarios eminentemente valenciana. La distribución del interior es racional y perfecta, de manera que los puestos se sitúan a lo largo de una serie de calles rectilíneas atravesadas por dos anchas vías. Se concibió para 959 puestos, formados en la zona general por tiendas altas cerradas para carnicería, tocinería, ultramarinos y quincalla; tiendas bajas para venta de patatas, legumbres, verduras, frutas y gallina; tiendas altas abiertas para venta de pan, volatería, carne y caza, existiendo en la pescadería tiendas altas para venta de salazones y despojos, y tiendas bajas para pescado.

Los dos pabellones que flanquean el acceso principal están construídos enteramente en ladrillo visto, con aplicaciones de piedra y de cerámica decorada; mientras que el cuerpo anexionado de Tenencia de Alcaldía sigue la construcción de influencia novecentista y queda rematado por torretas coronadas por pequeñas cúpulas semiesféricas.

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En 2004 se inició la última rehabilitación integral del mercado a cargo del estudio madrileño Fernández del Castillo Arquitectos, dirigido por Horacio Fernández del Castillo. Su intervención consistió en una restauración completa del edificio; y una puesta al día de la función comercial como mercado y de sus instalaciones.

En el Mercado Central se puede encontrar todo tipo de alimentos, como pescado, mariscos, frutas, carnes y embutidos, tanto para consumo doméstico como para abastecer a importantes restaurantes de Valencia. La compra en este lugar está cargada de gran encanto por la belleza de su arquitectura y la tradición e historia del mercado.

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Un mercado querido por los valencianos

“Querido por los valencianos, al Mercado Central se acude cumpliendo un rito ciudadano, tradicional, cuando llegan los días navideños y los puestos compiten en ornamentación. Como réplica de los frutos en vidrieras y cerámicas, se diría que la huerta, prodigiosamente, muestra toda la riqueza y variedad de sus cosechas especialmente colocada en cestos de mimbre, esparto o cáñamo; mientras que los mariscos y pescados tienen un lecho de hielo y perejil; sin olvidar toda la variedad de frutos secos –especialmente higos y ciruelos– que con el 'porrat' (garbanzos en salmuera unas horas, que después se asan y reciben un baño de yeso y sal) se solicitan en estas fechas, cuando hay que comprar ”el arreglo" (conjunto de ingredientes) para el “puchero de Navidad”, el plato humeante que congrega a la familia de un pueblo donde los villancicos son delicadas canciones de cuna: “No plores fillet, que et vela la mare; adorm-te que el pare et fa un bressolet”.

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