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Opinión

Ser arquitecto…

Octavio Mestre, arquitecto de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona

11/04/2019
Ser arquitecto, como decía Lorca de ser poeta, no sabiendo si lo era “por la gracia de Dios o del diablo… sino, sólo por saber reconocer la belleza” Esa frase debí de leerla (en la prensa, seguramente), porque nunca la he encontrado en sus obras completas que he releído varias veces. ¿Qué significa ser arquitecto? Y no me refiero a los años de estudios que se requieren (porque para ello ya están otros libros, como los de mis amigos Jordi Querol, Alberto Alegret y Esteva Cabré, Anna i Eugeni Bach, cada cual desde distintas ópticas), ni a las competencias que la Ley de Atribuciones o la LOE nos confiere, ni al “Plan Bolonia” que amenaza, tanto como da y posibilita (como casi todo lo que es nuevo, en la vida). Este libro está más en la línea del que Jordi Viola me hiciera llegar: las ‘Charlas a principiantes’ del argentino Eduardo Sacriste, un incunable que, ya en el año 76, iba por su tercera edición y que demuestra que lo esencial de la arquitectura no ha cambiado, un libro en la línea de los Entretiens avec les étudiants de Le Corbusier… Me refiero a ser arquitecto, arquitecto, de verdad, como aquel anuncio televisivo, de hace unos años, en los que unos marineros tenían ganas de llegar a tierra, para tomarse una cerveza, y cuando uno le decía al otro que, precisamente, cerveza ya tomaban, el primero les espetaba… señores, he dicho una cerveza. Pues eso. Ser un arquitecto de verdad, como Machado era bueno, en el buen sentido de la palabra, bueno. ¿Qué significa, pues, ser arquitecto?

Por eso me gustó tanto el comentario de aquel viejo profesor francés cuando le enseñaron las plantas de los varios socios que competíamos en un macro concurso en Lyon Confluence y, de entre todas, precisamente seleccionó las de los 4 bloques que habíamos proyectado nosotros y le dijo a nuestra amiga Catherine -y socia en la ocasión-: "Ça c´est un vraie architecte". Porque se trata de las cosas que son verdad, no de las que nos parecen verdad a mí o a ti… Las cosas son. Y no todas son relativas, ni susceptibles de interpretación. El único enemigo de lo bueno es lo mejor. Lo malo es, simplemente, malo, no cuenta.Y eso, uno, por más que le digan una u otra cosa, íntimamente lo sabe. Tú sabes qué proyectos, de entre los que has hecho, tienen interés y qué otros podrías haberte ahorrado (Rafael Moneo decía que los arquitectos sólo deberíamos de hacer los proyectos que nos ayudasen a definir nuestra trayectoria personal, claro que no todos somos Rafael Moneo)…. Y Pepe Llinàs lo cuenta, de manera muy gráfica, en la película que sobre Jose Antonio Coderch ha hecho Poldo Pomés y que se presentó en sociedad, en la sede de Mínim, en Barcelona, en enero del 2015... Uno sabe cuándo las cosas hacen zas, zas, zas… Y, como dice él, a veces, entre colegas, no se necesitan demasiadas explicaciones. Coderch decía que, a veces, la cabeza o el corazón nos engañan, pero nunca el estómago… hay que escuchar al estómago desde la conciencia de que todo lo que no ayuda molesta, estorba, y como decía Joan Margarit, arquitecto y poeta, un mal poema embruta el món... lo ensucia (y así nosotros, si no hacemos bien nuestro trabajo).

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El arquitecto Octavio Mestre.

Porque se trata de ser… De que la arquitectura sea una ventana para ver el mundo a través de ella (he dicho, tantas veces, a los alumnos) no de tener, en este caso, un título. Ni incluso, de tener cierta cantidad de obra construida…. ¿Cuántos jóvenes fantásticos se cruza uno hoy en las Escuelas y sabes que no podrán construir lo que piensan por falta de trabajo? Tampoco quiero caer en el espejismo de considerar arquitecto a alguien, simplemente, por tener el título (porque lo difícil no es tener el título, sino ser arquitecto), como no considero escritor al que no escribe. Salinger lo es, y muy bueno, a pesar de sus cincuenta años de silencio, porque escribió una obra (y muy buena). Así como al mexicano Juan Rulfo le bastaron las ciento cincuenta páginas del Pedro Páramo y su Llano en llamas, para ser considerado uno de los maestros en lengua castellana. Estaba, hace unos años, participando en un congreso en Montpellier, invitado por la sociedad COBATY cuando, al acabar el día, oí, como música de fondo de la librería en la que estaba mirando libros, Volver, una canción de un cantautor cubano contemporáneo, de nombre Raúl Paz, al que no conocía y al que le acababan de dar el premio en Francia de 'Mejor canción del año en lengua extranjera' Cómo si hubiera lenguas extranjeras, pensé… Lo cierto es que decía, con nostalgia, cosas como que nada es mejor que volver a casa, nada mejor que volver… Y añadía 'et le temps passe, et le temps passe' y, con él, la vida… y, en otro punto de la canción, decía 'porque de lo que se trata es de ser…' Pues eso. De ser arquitecto, trata este libro, diría yo. A eso es a lo que me refiero. Diría, parodiando a Raymond Carver 'What we talk about when we talk about love…' ¿De qué hablamos, cuando hablamos de ser arquitecto?

Resolviendo los problemas de la gente

Cuando me preguntan qué es un arquitecto digo, como decía Alejandro de la Sota, que un arquitecto es alguien que resuelve los problemas de la gente, en la materia que nos compete, claro… Eso lo decía Sota, una suerte de referente moral para los de la profesión (al menos, para los de una cierta edad y condición, supongo). Sólo que los problemas de la sociedad, cada vez, son más y más variados y, por eso, hay hoy muchas formas de ejercer la profesión. Un arquitecto debe de resolver los problemas de la comunidad en materia de vivienda y alojamiento (una de las necesidades básicas del hombre), de equipamientos públicos, de creación de ciudades y barrios de nueva planta y hoy, aún más, de regeneración de los que ya tenemos (hoy la sociedad, en nuestra vieja Europa, nos pide restaurar y reutilizar lo que otros han construido, más que crear nuevas unidades).

Un arquitecto debe de ser sensible a cómo implantar edificios en el centro de la ciudad y ciudades en el territorio, al diseño de objetos y mobiliario que respondan a las funciones que les pedimos para hacernos la vida más fácil y enriquecedora, responder a las nuevas necesidades que la sociedad genera, para no distraerse de lo esencial, que nunca cambia, aunque adopte nuevas formas. Y, si no es capaz de solucionar las cosas, al menos, no debería de crear más problemas de los que ya existen… Un arquitecto debería de ser capaz de mediar entre las muchas administraciones, organismos y comunidades para hacer viables y llevar a puerto cuanto proyecta. Juan Herreros, en la clausura del Congreso de Arquitectos que el COAC organizó, en el año 2016, con motivo de revisar el estadio de la profesión 20 años después, como lo hizo en el 96 con la UIA (la Unión Internacional de Arquitectos), tras los JJOO, decía que, cada vez más, los arquitectos nos estábamos convirtiendo más en mediadores que en diseñadores y así trabajábamos más horas reunidos que dibujando con el lápiz en nuestra torre de marfil. Porque de poco sirve proyectar el mejor edificio si luego no lo construimos, diseñar el objeto más maravilloso si, después, no somos capaces de encontrar la industria que lo produzca, lo mejore, y pueda ponerlo en el mercado a un precio asequible que haga que la gente lo compre y lo haga suyo… de nada serviría que yo escribiera, si una editorial no lo publicase y distribuyera.

Por hacer un símil futbolístico, un delantero es bueno cuando mete goles entre 4 defensas y con un buen portero delante. Meter goles, sin defensas y sin portero, no tiene la menor gracia… y fuera del partido menos, y en los entrenamientos, a puerta vacía, menos aún… Y, si siempre te hacen falta, si siempre te derriban antes de chutar, quizás no eres tan buen delantero, como crees… Porque un buen delantero tiene que saber zafarse de los marcajes. Y un buen arquitecto tratar con problemas (cada día más complejos) y resolverlos... y llevar a buen puerto la barca que todo proyecto supone… Consensuar más que imponer decisiones, porque sólo al consensuarlas, los otros harán suyas tus ideas y así cuidarán del fruto común que todo edificio es… De hecho, muchas de las mejores ideas (decía ya en el prólogo) son de otros… de tus socios y colaboradores… del cliente que, en su necesidad, te sugiere cosas… del industrial que fabrica cuanto proyectas y, con su experiencia, mejora tu solución. Pocos momentos hay más bonitos, en una obra, como ese en el que ves amplificado cuanto dibujaste, hecho posible por gentes que, dominando su oficio, saben más que tú de lo que es y no es posible hacer. Y de entre lo posible, lo que tiene sentido o no lo tiene… mientras, otras soluciones, surgen obligadas por la normativa a respetar…

Darle la vuelta a los problemas (quizás por eso la cabeza es redonda)

Mi padre me contaba la anécdota del aquel chaval enclenque (aquel que somos todos, cada cual, a nuestra manera, cuando jugamos en territorio hostil, en un medio que no dominamos) y el chulo de barrio, de turno. Se encuentran en una acera estrecha, de esas en las que sólo cabe una persona y el chulo piscinas le dice al otro: “Yo no me bajo de la acera por un capullo” Pues yo sí, le respondió el otro… O aquel “no sabía que su señora fuera tan indiscreta” que respondió un Diputado a Cortes, en tiempos de la Segunda República, cuando el de la oposición insinuó que usaba ropa interior de color rosa, en clara alusión a su supuesta homosexualidad. Darle la vuelta a los problemas es lo que hizo Reagan, cuando le tildaban de viejo y dijo no querer aprovecharse de la juventud de su adversario político, supuestamente mucho más inexperto, por su imberbe condición. No es otra cosa que la que hace el judoca, usando, a su favor, la fuerza del contrario. A veces, es más inteligente recular, tomar distancia y ver dónde está la puerta de salida que darse de cabezazos contra el muro... En arquitectura, en particular, y en la vida, en general…

A cierta edad, en la vida, uno sabe que hay guerras que no merece la pena luchar, que no son tu guerra. Elegir los enemigos está bien, para delimitar el campo de acción, 'le domaine de la lutte' (disculpad si mis referencias son, muchas veces, literarias, pero es que, como dice mi hija Lola, 'el papa és molt lector' y sólo leer cada día, todos los días, me permite irme a dormir con los problemas de otros). Pero está mejor elegir los objetivos. Aquel que corre y, yendo primero, mira mucho atrás es que no se siente seguro de ganar la carrera. El segundo es siempre el primero de entre los derrotados (eso uno lo sabe que ha participado y perdido muchos concursos). Y el mejor general, como reza el proverbio chino, no es el que gana más batallas, sino el que las evita. Por eso, fortalecer ese yo interior que te hace no desmoronarte ante la derrota es importante… porque todos perdemos muchas batallas, cada día… Y cada día es más farragoso el ejercicio de la profesión entre exigencias del capital, la maraña de normativa a la que dar respuesta y la complejidad de poner de acuerdo a tantos agentes (no sé cómo pero, cada vez son más los participantes en toda obra). Y tener claras las cosas y no perderse por caminos que no tocan es importante para no olvidar la emoción primera (la del hombre que clava un menhir y ve que se aguanta) y la voluntad última de todo cuanto hacemos… y así no permitir que nos ensucien la vocación y tratar como daños colaterales, lo que realmente no es lo importante y concentrarnos en lo que nos sobrevivirá.

¿De quién son los edificios?

Porque los edificios no son de uno, aunque los arquitectos digamos este edificio es de fulano o de mengano, y nos refiramos siempre al arquitecto que lo proyectó… Porque los promotores hacen lo propio, entre ellos, pero hablando de los promotores… y los contratistas, refiriéndose a qué constructora los ha hecho… Y eso mismo hacen albañiles, lampistas, herreros o carpinteros, entre los del gremio… Eso lo he hecho yo… No será la primera vez que, yendo de visita de obras en fin de semana, cuando los días cuentan y hay que acabar la obra, sí o sí, para tal fecha, que te encuentras a un operario que ha aprovechado que tenía que trabajar para traerse a su mujer y sus hijos y decirles, esto lo ha hecho vuestro padre… y tiene, además, toda la razón. Una vez, estando dibujando en la Plaza Real de Barcelona, cuando era alumno de segundo curso de la ETSAB (la Escuela de Arquitectura de Barcelona), se me acercó un niño y me preguntó si era dibujante… Cuando le dije que no, que era arquitecto (atribuyéndome una condición que aún no tenía, pero ya sentía en mi interior), me preguntó que qué es lo que hacía un arquitecto… Cuando, acordándome de lo que un día me dijera Coderch en su despacho, le dije que los arquitectos hacíamos casas… me dijo, ¡ah, usted es paleta, albañil, como mi papá! Y me quedé pensando.

Los edificios son, pues, de uno y son de todos… Y, una vez están construidos, nos trascienden, adquieren vida propia, pasan a ser ciudad o hitos en el paisaje… A veces son referencia, faros, a veces se disuelven en el tejido urbano y, otras veces, mejor que no hubieran sido nunca… Los errores el médico los tapa la tierra y los del arquitecto la hiedra… Claro que hoy están de moda los jardines verticales, los muros y cubiertas vegetales, pero es por otras razones de sostenibilidad que no vienen al caso, en este momento. Un buen arquitecto es aquel que hace posible las cosas y es capaz de disolverse detrás de la obra. Lo otro es el circo del ¡más difícil todavía!... que ha llenado libros y revistas del sector, como si se tratarse de las revistas de corazón de papel couché. Y algunos añoran.

Comentarios al artículo/noticia

#2 - Guillermo Montero, arquitecto.
17/04/2019 10:20:48
He disfrutado con tu artículo Octavi, transmites de manera clara lo que aprendimos en la ETSAB con Llinás y otros buenos profesores. No cambiado el concepto. Un saludo
#1 - Joan Vigoros Puigros, ex arquitecto.
12/04/2019 19:30:32
Bien explicado i documentado Octavi. Una abrasada..

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