La industrialización del hormigón ha permitido avanzar de forma imparable en el campo de la construcción en obra pública y la edificación civil

Hormigón prefabricado, el sello de nuestro mundo

Mónica Daluz12/11/2008

12 de Noviembre de 2008

Hijo biológico de la ingeniería, el hormigón prefabricado ha sido adoptado por la arquitectura y la construcción. Su irrupción supuso una revolución que marcó el inicio del desarrollo de la red de carreteras, seña de identidad del primer mundo, y resolvió las limitaciones que hasta el momento suponía acometer obras de ingeniería civil de envergadura; el ladrillo del ingeniero, lo llaman. Puentes, autopistas, diques, presas… La industrialización del hormigón, así como el desarrollo de nuevas técnicas constructivas, han contribuido a transformar nuestra sociedad. En este reportaje analizamos la penetración de este recurso constructivo en el sector residencial; la prefabricación optimiza los resultados y reduce los tiempos de ejecución, pero aún resulta cara y, a la larga, amenaza con la homogeneización paisajística. Nuestros entrevistados nos hablan de la cara y la cruz de la fabricación seriada.
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La Expo de Zaragoza es un ejemplo de ejecución en tiempo récord gracias al uso del hormigón prefabricado.

¿Llegó la hora del despegue?

En España, país de ladrillo por excelencia, prevalece la construcción tradicional y aunque hace algunos años se viene anunciando el arranque de la construcción prefabricada en el sector residencial, éste no acaba de llegar. No en vano, los materiales y técnicas constructivas utilizados de manera mayoritaria en cada lugar vienen dados por las condiciones climatológicas y los recursos propios de la zona, incorporándose a su tradición e idiosincrasia.

En plena crisis todo apunta a que la venta de estructuras prefabricadas no se verá demasiado afectada por el descenso de la actividad

Nuestro país comparte con otros países mediterráneos, calurosos y soleados, como Grecia, Italia, Marruecos o Francia -en la zona sur- la predominancia de la fábrica (como se denomina en términos técnicos a la cerámica), un material barato y utilizado desde hace mucho tiempo por su forma de cocción por calor.

En el norte de Europa, la fábrica ha sido una alternativa imposible debido a los problemas de humedad y al ciclo hielo-deshielo, que rompe la cerámica. El hormigón tampoco resultaba ser un buen material, a causa de las intensas lluvias, así que la llegada del hormigón prefabricado, allá por los años 50, constituyó una solución muy práctica, que permitía construir con independencia de la climatología.

En EE UU, por su parte, siempre se ha construido en acero, por la misma razón que nosotros construimos con hormigón in situ, su bajísimo coste, de modo que en Norteamérica (como ocurre también en Sudamérica, donde ni siquiera existe tradición de construcción en hormigón in situ) el prefabricado no logra abrirse paso. En Japón, en cambio, si años atrás la madera constituía uno de los materiales más utilizados, hoy, el minimalismo ha llevado a que se construya en hormigón.

Pero ¿cuáles son, aquí y ahora, las perspectivas del sector del prefabricado de hormigón? En plena crisis de la construcción, todo apunta a que la venta de estructuras prefabricadas no se verá demasiado afectada por el descenso de la actividad ya que el grueso de la producción de este material se vende al sector público, que seguirá construyendo. Es, además, un momento de oportunidad para el sector del prefabricado, que si sabe jugar bien sus fichas, proponiendo soluciones innovadoras, esto es, que funcionen y sean rentables, puede entrar en una rueda de demanda que permita reducir costes y bajar precios a corto plazo. De este modo se abonaría el terreno para que cuando se vuelva a construir se intente entrar en el sector residencial privado. Y es que en tiempo de crisis, quien se arriesga con una estrategia de acción, innovación e implantación, avanzará puestos en la línea de salida y se hallará mejor posicionado para competir cuando el motor del complejo engranaje de la actividad económica vuelva a ponerse en marcha.

Una historia cargada de dificultades

España es país de tradición hormigonera y los prefabricados constituyen un complejísimo sector, siendo materia prima de innumerables y dispares productos: pavimentación, cubiertas y tejados, elementos estructurales, saneamiento y obras hidráulicas, servicios eléctricos, elementos ornamentales y, en edificación, vivienda prefabricada y edificación modular. En concreto, y según la Asociación Nacional de Prefabricados y Derivados del Cemento, Andece, el peso por grupos de producto es el que sigue: grandes prefabricados para edificación y obra pública, 32 por ciento; pavimentación y urbanismo, 21 por ciento; drenaje y saneamiento, 10 por ciento, y cerramientos, forjados, estructuras ligeras y servicios, 37 por ciento.

Para hablar de los inicios de los prefabricados de hormigón debemos remontarnos un siglo atrás, cuando las piezas se fabricaban a pie de obra o, como nos cuenta el secretario general de Andece, Julián Martín de Eugenio, “en talleres de prefabricación, o en pequeñas instalaciones fabriles muy poco tecnificadas.”

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Splash, que representa una gota de agua impactando en una superficie, es una escultura de 21 m de altura diseñada por Program Collective y desarrollada mediante fluidos y dinámicas por Pere Gifre para la Exposición Internacional de Zaragoza de 2008. La escultura está formada por 135 piezas distintas que se sujetan mediante cables a la parte superior del edificio Torre del Agua.

Hoy, los talleres a pie de obra siguen existiendo, pero ligados a ciertos elementos de complejo transporte, y por lo que respecta a las fábricas, nuestro interlocutor comenta que éstas “han experimentado un gran desarrollo, no sólo en la cantidad de productos que ofrecen al mercado, sino también, en los procesos de control de calidad, hasta alcanzar los niveles actuales de gran fiabilidad.” A pesar de que hoy “la industria española -prosigue nuestro interlocutor- es una de las punteras en el mundo, dado que los fabricantes han ido incorporando la maquinaria y tecnologías más actuales, existen algunas diferencias con países de nuestro entorno basadas, fundamentalmente, en la climatología y en la 'cultura' de construcción. En países más fríos, sólo es posible construir durante una serie de meses, por lo que las soluciones prefabricadas de calidad son las que permiten resolver las necesidades de la construcción. En España generalmente se puede construir durante todo el año, siendo otras las ventajas que los prefabricados ofrecen”, concluye De Eugenio.

El prefabricado de hormigón: la opción de futuro

El de los prefabricados es, en la actualidad, un mercado atomizado, con infinidad de pequeños talleres y fábricas, con un producto pesado como protagonista, con escaso valor añadido, y que en demasiadas ocasiones ve cómo los costes del transporte merman los escasos márgenes con los que trabajan las plantas productivas, situación que se trata de compensar con grandes volúmenes.
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Entre hormigones

No se trató de una innovación cualquiera. La posibilidad de transportar el hormigón una vez fraguado constituyó la solución a los problemas y limitaciones que suponía un uso ligado a su realización en obra. Las condiciones climatológicas dejaron de ser un condicionante en su puesta en obra, los moldes se podían colocar en la posición más cómoda para el vertido, y el control sobre la materia prima permitía nuevas formas de curado. La fabricación previa permitió también disminuir los plazos de ejecución y el abaratamiento del proceso. Nacido en el seno de la ingeniería, de la tecnología constructiva de los puentes, pronto encontró utilidad en la edificación, aportando soluciones a los grades vanos (huecos en muros). Pero, ¿qué ventajas tiene el hormigón prefabricado frente al hormigón armado? En primer lugar, el hormigón prefabricado, que podemos definir como el material producido por la industria en forma de elementos acabados, por su forma de producción presenta un incremento de las magnitudes de todas las características físicas del hormigón armado: resistencia, tanto mecánica como a la corrosión; adherencia o acabado de la superficie, por poner tan solo algunos ejemplos. A la mejora de las propiedades resistentes, del acabado y la fiabilidad, se unió una nueva tecnología; llegaba el pretensado y, con él, se superaba la limitación del hormigón armado, la figuración. Fue entonces cuando se abrió la puerta a la entrada de nuevos materiales, como hormigones y aceros de alta resistencia. Además, el hormigón prefabricado en piezas lineales pretensadas elevaría los rangos de longitudes del hormigón armado, permitiendo naves de vigas con unas luces hasta entonces sólo posibles en acero. Otro de los condicionantes del hormigón prefabricado es su discontinuidad, que fue superada por la incorporación de una nueva técnica, el postensado como sistema de unión.

En cualquier caso, la historia del hormigón prefabricado es, sin duda, una historia de innovación. Sin embargo, muchos profesionales del mundo de la ingeniería y, sobre todo, de la arquitectura, critican que la técnica de la prefabricación ha perdido el potencial renovador con que nació y aducen que la industria ha buscado un sistema mecano, reduciendo la oferta a unas pocas piezas que llevan a que hoy se asocie prefabricación con diseños simples. Además, la asociación de ideas todavía juega en contra de los prefabricados de hormigón, que irrumpieron en España en los años 60 y cuya presencia iba ligada a una baja calidad.

En la práctica, y dejando al margen el debate de la innovación, para los partidarios de la construcción prefabricada uno de los ingredientes más importantes que ésta aporta es eliminar el elemento 'incertidumbre', tradicionalmente asociado al hormigón armado, al entrar en escena variables propias de la fabricación industrial como son el control de calidad y la precisión del producto final; la construcción en seco simplifica el proceso y, además, reduce la necesidad de especialistas en obra.

Lo cierto es que hoy por hoy en la obra residencial se construye de forma tradicional y, aunque desde el punto de vista técnico está todo resuelto para adoptar el prefabricado, en materia de costes, en muchos casos no resulta tan competitivo como los elementos tradicionales; el abaratamiento sólo llegará de la mano de la masificación, de la repetición. Sin embargo, el viento sopla a favor del prefabricado teniendo en cuenta que la mano de obra es cada vez más cara, así como las medidas de seguridad, al alza en exigencia y rigurosidad. En este sentido el arquitecto y profesor de Construcción de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, José María González Barroso, ha venido reiterando en diversas declaraciones que “hoy en día el modelo de la construcción convencional muestra claros síntomas de obsolescencia” y afirma con contundencia que “la construcción convencional no puede afrontar la creciente demanda de calidad en la construcción y la adecuación técnica y productiva que requiere, debido a las posibilidades que ofrece el sector actual. Es por eso necesaria una mayor industrialización de los procesos constructivos por la vía de la racionalización, mecanización y automatización de los sistemas y técnicas constructivas. Sin embargo, la construcción industrializada no es una realidad perfectamente acabada, ya que, la reducción de tiempo y costes de ejecución en la obra, y la mejor calidad de la construcción no son siempre reales. Las técnicas y sistemas industrializados son muy diversos y aun hay que perfeccionarlos y ponerlos a punto, para poder dar una mayor credibilidad material a este modelo constructivo”.

Repensar la construcción implica necesariamente introducir un elemento en el tablero de juego: las exigencias medioambientales. Al respecto González afirma que “es necesario que la construcción industrializada sea más ambientalmente sostenible que la convencional, de otra manera no sería ninguna alternativa de futuro. Habrá que tener en cuenta la eficiencia en el uso de recursos materiales, las posibilidades de reciclaje y la reducción de residuos producidos en la obra”. Al hilo de este extremo De Eugenio manifiesta que “en el sector hoy empleamos productos naturales, mejorados en sus prestaciones, y perfectamente reciclables; distintos estudios independientes ponen de manifiesto el ahorro energético que supone la construcción con prefabricados de hormigón”.

El material brinda al mercado altas resistencias que permiten reducir notablemente las secciones resistentes, mejorar la durabilidad y acometer objetivos estructurales singulares

Ahí van algunos ejemplos que dan fe del largo recorrido del hormigón prefabricado, que abre las puertas, con sus posibilidades infinitas, a hacer realidad cualquier forma, textura, acabado y prestación imaginables. Al grado de calidad de los materiales se une la sofisticación de las técnicas que rodean el mundo del prefabricado, como la medición y el calibrado de piezas con rayo láser para obtener el tamaño exacto. El material en sí brinda al mercado altas resistencias que permiten reducir notablemente las secciones resistentes, mejorar la durabilidad y acometer objetivos estructurales singulares. La industria ha venido desarrollando encofrados modulares para otorgarles facilidad de manejo, rápida recuperación del material, medidas especiales y múltiples accesorios que permitan estanqueidad y acabados mejorados. Hoy es posible lograr acabados óptimos gracias a los encofrados desechables, habitualmente de materiales económicos como el poliestileno expandido, o encofrados refinados, bien lisos o texturados.

La prefabricación ofrece productos singulares como el hormigón translúcido, un verdadero contrapunto a la opacidad clásica de este material, que permite el paso de un cierto grado de luz de una cara del hormigón a la otra mediante la incorporación de fibras ópticas ordenadas perpendicularmente. Otro ejemplo de nuevos desarrollos es el hormigón ligero y aislante. Éste presenta una reducción del peso específico del 20 al 60 por ciento, alcanzada por medio de áridos ligeros y por oclusión de aire en la masa, lo que, a su vez, reduce la conductividad térmica y confiere al hormigón propiedades aislantes.

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Puente Rama VIII, en Bangkok, Tailandia. Situado sobre el río Chao Phraya, en el centro de la ciudad, fue construido entre 1998 y 2002 en memoria del rey Rama VIII. Su longitud total es de 475 metros y la altura de la torre, de 160 metros.

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