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“La innovación en la envolvente pasa por su papel activo”

Entrevista con Felipe Pich-Aguilera, arquitecto

José Luis París14/10/2017
En todo proyecto arquitectónico se plantea una relación de colaboración entre arquitectos, industriales y promotor para la resolución de todos los detalles específicos del mismo. En ocasiones, cundo el proyecto requiere de soluciones innovadoras para dotarlo de un valor añadido, esta relación se intensifica dando lugar luego a desarrollos que posteriormente pueden llegar a tener un recorrido comercial para el propio industrial.
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Felipe Pich-Aguilera. Foto: AFL.
Pich Architects es un estudio de arquitectura acostumbrado a trabajar de manera transversal con la industria en el desarrollo de soluciones innovadoras para sus proyectos. De la relación que se establece entre arquitectos e industriales y de la forma de fomentar la investigación en beneficio de la innovación en la arquitectura, hemos hablado, entre otros temas con Felipe Pich-Aguilera, fundador de este despacho.

En un proceso de innovación en un proyecto arquitectónico, ¿cómo se suele establecer la relación entre los arquitectos o técnicos implicados y los industriales que deben resolver las propuestas definidas en el proyecto?

Normalmente, cuando en un proyecto todos los elementos implicados son estándar no es necesario que haya una relación previa de colaboración entre arquitecto e industrial. En esos casos, el arquitecto acude a los catálogos de soluciones y escoge las que más se adecuen al proyecto. La relación previa se establece cuando en el proyecto existe algo que requiere una solución no estándar. 

Puede darse el caso que esa solución sea necesaria porque el proyecto lo exija o bien –lo más probable– porque el arquitecto la plantee como un valor añadido para el propio proyecto. Entonces, al no existir una solución estándar para ello, se pone en contacto con un industrial especializado que probablemente tendrá la capacidad de llevar más allá esa prestación y siempre dentro de las posibilidades del mercado.

En esta dimensión de innovación, ¿qué condicionantes tienen más peso a la hora de decantarse en la sección de un industrial colaborador: calidad, precio, capacidad técnica...? ¿Qué peso tiene el arquitecto en esa decisión?

Cuando no hablamos de innovación, prácticamente el único criterio es el del precio. Pero cuando se trata de innovación, el que mejor puede calibrar los criterios de elección es el arquitecto. El promotor, no obstante, debe estar al corriente de la incorporación al proyecto de ese proceso de innovación, pero no tiene por qué tener forzosamente un criterio profundo sobre el mismo. Así, el que acaba decidiendo es el técnico. 

En la mayoría de los casos, los criterios de elección se fundamentan en la confianza y la expertise, aunque también depende de la innovación que se proponga. Generalmente, las innovaciones que surgen en un proyecto de arquitectura no obligan siempre a acometer procesos necesariamente más costosos, con lo que diversas industrias podrían ser capaces de hacerlo. Lo más importante para el arquitecto es la confianza y la implicación que esa industria sea capaz de ofrecerle para asegurar que ese proyecto va a llegar a buen término con garantías. 

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Edificio Aura Seguros, en Santa Coloma de Gramanet. Foto: Simón García.

¿Se suele trabajar con industriales con los que ya hay confianza por experiencias anteriores? Y si se trata de una industria con la que nunca antes se ha colaborado, ¿qué criterios de selección se siguen para decantarse por la opción que ofrece mayores garantías de que esa solución se va a desarrollar de manera apropiada?

Según mi experiencia, las decisiones sobre proyectos de innovación por parte de la industria debe tomarlas alguien que tenga una capacidad de decisión muy alta. Empresas familiares y aquellas que tienen poder de decisión y conocimiento de la gestión son las que mejor están preparadas estructuralmente para afrontar una decisión de innovación. Da igual el tamaño de la empresa, a veces una empresa pequeña puede ser mucho más ágil y flexible porque los procesos de innovación tienen mucho que ver, sobre todo, con la gestión de las decisiones. A menudo –o casi siempre– esos procesos de innovación se arruinan no tanto por los procesos técnicos, como por los procesos internos de tomas de decisiones. Por lo tanto, basándome en mi experiencia, una empresa con un accionariado vinculado a la gestión ofrece muchas más garantías que un director general delegado que tiene que explicar con una presentación informática a unos accionistas desvinculados del proyecto la innovación que este requiere. Un proyecto de innovación no puede explicarse racionalmente al cien por cien. Hay una parte intuitiva y de visión, aparte de la experimentación, que es difícil transmitir ni cuantificar con datos en una hoja de cálculo.

Hoy en día, gran parte de la innovación que existe en el sector de la edificación –que tampoco es mucha– la están haciendo empresas con estructuras pequeñas. A veces ocurre que estas son compradas por estructuras más grandes para así explotar o asimilar esta innovación, pero el germen de la innovación no se encuentra en la mayoría de los casos en las estructuras más grandes.

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La fachada visual interactiva del edificio de Aura Seguros fue el factor innovador que proporcionaba valor añadido al conjunto. Foto: Simón García.

Cuando una estructura grande adquiere una de esas más pequeñas, ¿existe el riesgo de que se pierda esa agilidad o espontaneidad en el desarrollo de los procesos de innovación?

Desde luego, si en la adquisición no se dejan claros ni se permiten los niveles de decisión, de flexibilidad, de autonomía y de independencia de esa estructura pequeña, finalmente se deja arrastrar por las inercias de la grande lo que puede terminar con el proceso de innovación y afectando al mismo resultado final. Un ecosistema innovador mantiene una diversidad y vibración de elementos de un tamaño pequeño. Eso puede estar estructurado dentro de un cuerpo más grande, pero entonces existe el riesgo de que esa biodiversidad se paralice.

A veces hemos desarrollado una innovación concreta con una industria pequeña que ha tenido un gran éxito y ha derivado en la compra de esta por parte de otra empresa mayor. Al final, eso ha eclipsado el éxito de la innovación de esa empresa e, incluso, ese producto que había desarrollado ha acabado integrado en una estructura comercial más amplia donde ha quedado difuminado.

Parece que buena parte de la innovación hoy en la arquitectura viene por la envolvente. ¿Qué papel tiene este elemento en el impulso de la innovación? ¿Qué criterios se siguen para elegir la o las empresas que desarrollarán el proyecto?

La envolvente presenta muchas ventajas, en comparación con las instalaciones o la estructura, entre otras. La primera ventaja es que protagoniza gran parte de la dimensión visual o del diálogo exterior con la sociedad y por ello del valor añadido del edificio. La envolvente es apariencia y sobre la apariencia hay mucha sensibilidad porque muchas cosas adquieren un reclamo comercial a través de ella. Por lo tanto, la envolvente es un estrato que se mueve especialmente por esa dimensión intangible.

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Vista interior de la reforma. Foto: Alberto Tallón. 

Sin embargo, hablando de innovación, en los últimos años la envolvente ha tenido otra ventaja gracias a las normativas europeas respecto a las necesidades de disminuir la demanda energética de los edificios, que en el área mediterránea tiene una gran importancia. La envolvente tipo muro cortina al uso puede ser adecuada para países del norte de Europa, donde surgió como solución técnica, pero en nuestra climatología no es una solución válida inmediata, no funciona adecuadamente, por lo que hay que trabajar diferentes modos de protecciones solares, aislamientos, fachadas ventiladas, que palíen o anulen las disfunciones que se presentan. Eso ha dado mucho juego y dinámica al sector de la fachada ligera en los últimos años, pero creo que no ha hecho más que empezar. Nuestros edificios y sus envolventes además de ser reactivas empiezan a ser activas. Gran parte de los requerimientos de edificios de energía nula o de balance cero (ECCN) están basados no solo en proteger y aislar, sino también en producir. Ese paso - que ya está a la vuelta de la esquina- será el siguiente en el desarrollo de innovación y va a proporcionar muchas oportunidades a las empresas que sepan verlo y posicionarse.

El conocido popularmente como “impuesto al sol” vigente en nuestro marco legislativo, ¿puede poner límites o perjudicar a la innovación en esta materia?

No, en absoluto. Esta ley vigente todavía hoy es una especie de salvedad coyuntural e incluso con esa ley la investigación y el desarrollo en este sentido no se ha limitado, ni mucho menos. Hoy en día existen comercializadoras de energías alternativas que están analizando seriamente la posibilidad de producir energía renovable en entornos densos. Cuando esa ley sea sustituida, este tipo de producción será una alternativa plenamente madura y el crecimiento y su demanda será exponencial. Para las empresas que se pongan en marcha entonces, ya será tarde porque el que da primero da dos veces.

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Esquema del funcionamiento bioclimático del edificio Aura Seguros. Imagen: Picharchitects.

El edificio de oficinas de Aura Seguros ha sufrido una reforma integral, también su fachada. ¿En qué ha consistido la reforma de esta fachada?

Se ha realizado una reforma integral del edificio existente. Se trataba de un edificio de los años 70, con una estructura muy fragmentada, que dejaba zonas muertas. Hubo que adaptar el conjunto del edificio a unas oficinas modernas, diáfanas, con las prestaciones que hoy en día tienen ese tipo de infraestructuras y, sobre todo, activando y poniendo en juego cualquier metro cuadrado que fuese posible dentro de la estructura existente, ya que no había posibilidad de incorporar más metros cuadrados.

Por lo tanto, el objetivo de la reforma era jugar con la dualidad del edificio: por un lado, activar una estructura como infraestructura capaz y, por otro, hacer que ese edificio entre medianeras con una fachada Sur muy doméstica que daba a un patio interior de manzana y otra Norte muy pública, que daba al Paseo de Santa Coloma de Gramanet y casi delante de la plaza del ayuntamiento, tuviera una presencia más perceptible en la ciudad.

El objetivo de la fachada Sur era la protección ante el sol, crear zonas de vida, con elementos vegetales que proporcionaran sombra, en el lugar donde el edificio es más habitado. En la fachada Norte teníamos la necesidad de crear una cierta protección solar porque tenía un cierto componente oeste, pero debíamos dejar entrar la máxima luz posible hacia el interior. Debíamos encontrar la solución para combinar esa protección y al mismo tiempo tamizar esa gran entrada de luz para que el edificio no se convirtiera en una pecera visto desde la calle. Así surgió esa celosía que a la vez era pantalla solar y que hace que por la noche el edificio sea algo más que un elemento estático.

¿Qué aspectos de innovación se han propuesto en el proyecto? 

Nuestra propuesta fue la creación de una fachada Norte activa, con una pantalla visual interactiva de leds, con una visualidad que pudiese moverse con una cadencia determinada.

Sin embargo, todas las soluciones que había en el mercado eran simples grandes pantallas que no consideraban la posibilidad que detrás hubiera una fachada habitable. Eran pantallas instalables en fachadas que iban de fuera hacia adentro, con unas mallas o elementos continuos para proyectar elementos de leds desde fuera. Esa no era una solución para nuestro proyecto porque hubiéramos bloqueado la entrada de luz exterior y porque estos leds que se proyectaban desde fuera causarían una distorsión hacia el interior que causaría molestias a los usuarios que tuvieran que estar trabajando y coexistiendo con la pantalla. 

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Detalle de la malla de la fachada Norte. Foto: AFL.

Así, se tomó la decisión de desarrollar un sistema que fuera una adaptación de los existentes, pero proyectando desde dentro hacia fuera. Así, la malla tenía que hacer no solo de reflejo, sino sobre todo de difracción de la luz. Se partía de un sistema existente y se adaptaba a ese nuevo requerimiento. Una empresa local se sintió capacitada para ejecutar el reto, por la proximidad y las facilidades que ello daba por la necesidad de testear y de crear una complicidad que hiciera posible el proyecto. Sin embargo, esa empresa local no era cien por cien autónoma en cuanto a los servicios y componentes que nos presentaban, sin nosotros saberlo. En cualquier caso, todos trabajamos siempre por confianza y no podemos saber con total certeza cuál es la cadena de abastecimiento o de distribución de las empresas próximas con las que colaboramos.

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La reforma ha conseguido crear espacios diáfanos y mejorar las condiciones de iluminación, ventilación y confort natural. Foto: Alberto Tallón.

El proceso fue bien y avanzando dentro de lo pautado y con los habituales puntos de incerteza que se generan en esos proceso de innovación. 

En sistemas complejos como éste, donde intervienen otras empresas especialistas subcontratadas, cada uno debe saber a lo que se compromete dentro de la cadena y asumir sus responsabilidades. 

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Esquemas de planta 0 y planta 2. Imagen: Picharchitects.

¿Qué casos de éxito de la colaboración con industriales nos podría explicar?

La gran mayoría de proyectos de innovación que iniciamos con empresas finalizan con un altísimo porcentaje de éxito. Algunos pueden ser más o menos complejos, pero normalmente todos salimos airosos y mutuamente contentos de los procesos en los que colaboramos y participamos. El porcentaje de proyectos que no acaban de manera satisfactoria es mínimo y, por lo general, se debe a problemas surgidos en la fase de ejecución en obra, no propiamente del desarrollo técnico previo.

Buena parte de nuestros proyectos incorpora parte de innovación, en algunos casos puede ser muy compleja y en otros muy sencilla y aún en estos casos puede siempre llegar a ofrecer un valor añadido considerable al proyecto, aspecto beneficioso para todos.

El desarrollo de la innovación es, pues, una labor conjunta entre técnicos e industria.

En algunos países de Europa las atribuciones del arquitecto están muy delimitadas. En España, el arquitecto y el técnico en general tienen unas responsabilidades mucho más transversales. Aquí, los técnicos de la construcción tenemos además un doble componente de ingeniería de la construcción y, a la vez, también de generar apariencia. Hay que subrayar que en nuestro país las empresas pequeñas están muy atomizadas y probablemente les cuesta asumir los costes derivados de un departamento de I+D interno.

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Secciones del edificio Aura Seguros. Imagen: Picharchitects.

Con esta realidad industrial atomizada pero intensa y unos episodios de construcción también intenso, y con unos técnicos que tienen múltiples atribuciones, responsabilidades y conocimientos tanto en la apariencia como en la responsabilidad, el cálculo y el conocimiento técnico, lo lógico es que, frente a transformaciones que estamos empezando a experimentar, se establezca un proceso de innovación colectiva potente, donde los técnicos puedan actuar en complicidad y sinergia con las empresas y sus departamentos de I+D. Si además de contar con los técnicos, que tienen una atribución, responsabilidad y autoridad amplias en el sector, existe un microclima de empresas proactivas para dar respuestas a estos temas, se puede crear un caldo de cultivo propicio al crecimiento importante de la innovación para dar respuesta a las exigencias y demandas que vienen.

¿Cómo se puede estimular eso, desde la administración, desde la empresa privada?

Personalmente, pienso que las relaciones deben ser totalmente privadas. Creo que la Administración no debe interponerse en esa corriente de complicidad. Lo que sí puede hacer es tratar de crear un marco propicio que lo fomente. El actual marco de contratación de la obra pública no lo está fomentando porque la ley de contratos del estado da un excesivo peso al precio y a las constructoras que lo ofertan y estas sí que son órganos de gestión interpuestos entre el técnico y el industrial subcontratado. Solo con que la administración tratase de adaptar la Ley de Contratos del Estado para fomentar una relación directa entre los técnicos y la industria, al margen de la constructora, ganaríamos mucho en el sentido de favorecer la innovación.

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Visión diurna de la fachada del edificio de Seguros Aura. Foto: AFL.

Por otro lado, las constructoras podrían tener un papel más activo ahí que redundaría a favor de su propia identidad corporativa. El hecho de que las constructoras se impliquen en el desarrollo de sistemas novedosos con otras prestaciones y que aglutinen industrias, si la Ley de Contratos fomentara este tipo de propuestas, podría dar pie a que estas se adjudicaran concursos no solamente por razones económicas, que es lo que está sucediendo actualmente, sino por lo que se ha dado en llamar compra innovadora.

Las administraciones podrían implantar un marco de la licitación de la obra pública que fuese sensible a esas nuevas respuestas y no poniéndolo todo en manos de la constructora que pueda ofrecer el precio más asequible.

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