“Hay que ser valientes y educar al usuario sobre el agua, que no es cara cueste lo que cueste”

Entrevista a Manuel Rubio Visiers, presidente de la Asociación Española de Desalación y Reutilización (AEDyR)

Anna León01/10/2010

1 de octubre de 2010

En un plazo no superior a cinco años unos 500 millones de personas se podrían abastecer de agua desalada, lo que da una idea de la influencia de esta tecnología. Así lo aseguraba Manuel Rubio Visiers, presidente de la Asociación Española de Desalación y Reutilización (AEDyR), en el marco del VIII congreso de la entidad que preside. Una asociación, con 12 años de historia, sin ánimo de lucro que aúna a todas las entidades, empresas, suministradores, agentes, grupos de investigación e universidades interesados en la desalación y reutilización del agua. “Hay otros recursos, pero son no son comparables con la desalación, básicamente por membranas”, asegura Manuel Rubio durante la entrevista para Interempresas.
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Manuel Rubio Visiers, presidente de la Asociación Española de Desalación y Reutilización (AEDyR).

Básicamente, ¿cuáles son los objetivos del VIII Congreso de la Asociación Española de Desalación y Reutilización?

Para nosotros, cualquier congreso que organicemos es un acto importantísimo: nos permite reunirnos, hablar, asistir a ponencias. Ponemos en común novedades y experiencias, ya sean de fabricantes de equipos como de suministradores de servicios. Es decir, el congreso es nuestro evento por excelencia. En cuanto al programa, intentamos variarlo en cada edición, para así renovarnos y adaptarnos a la realidad del sector. En materia de contenido, el certamen busca transmitir una serie de mensajes, básicamente tres. En primer lugar, la asociación experimenta una etapa de madurez. Durante los últimos 12 años, hemos trabajado con un equipo humano entregado a sus funciones y hemos podido crear una serie de herramientas que nos permitan funcionar con normalidad. Y así, poder alcanzar otros retos más importantes. En segundo lugar, se persigue internacionalizar del todo nuestra tecnología de desalación y reutilización, algo que las empresas españolas han entendido, de forma que trabajan más fuera que dentro. Por último, y no por ello menos importante, terminar de adoptar conocimientos, aspectos y normativas técnicas que, de alguna manera, expresen nuestra comunicación. Esos son los propósitos a corto plazo. ¿Qué como apostamos por la internacionalización? Con la organización de la mesa redonda ‘Australian Experiencies', por ejemplo. También hemos intentado transmitir cómo una administración pública, en este caso la Agència Catalana de l’aigua, puede gestionar recursos heterogéneos complementarios, algunos no convencionales, para garantizar el suministro hídrico. El agua no cae del cielo, ni viene de un río o de un pozo, sino que procede de muchos lugares a combinar para obtener el nivel idóneo que asegure el suministro. Esto es lo que persigue el congreso; el resto solo es un cambio de formato para hacerlo más atractivo e interesante.

Durante la inauguración del congreso, la directora general del Agua del Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino (MARM), Marta Morén, ha insistido en que las administraciones se han de implicar más en el sector de la desalación y reutilización del agua. Un apoyo que, ha subrayado, debe ser sobre todo económico. En su opinión, ¿el sector acusa únicamente falta de inversión o adolece de otros hándicaps?

El sector se mueve si dispone de clientes que necesiten fábricas de agua; para construir estas fábricas hace falta una tecnología determinada... estos son los primeros actores. Alguien, ya sea nacional o extranjero, compra esa instalación de agua cuya puesta en marcha depende de una serie de proveedores o colaboradores. A lo largo de los últimos 30 años, la administración española ha invertido en proyectos del país, actualmente menos porque ya está casi todo acabado. Hoy en día, los gobiernos extranjeros son nuestros principales clientes, ya que destinan sus presupuestos a la construcción de nuevas infraestructuras. En este caso, las administraciones central y autonómica españolas pueden actuar de otra manera. Básicamente, nos pueden ayudar a promocionarnos fuera de nuestras fronteras. Por lo tanto, sí se trata de una carencia económica, ya que nos han de comprar el producto, pero necesitamos que nos ayuden a difundirlo. Algo, que como asociación que representa a un sector, hemos solicitado en reiteradas ocasiones. Se trata pues de un apoyo económico a otro nivel, y en un sentido distinto, pero en ambos casos nos hace falta.

“Los gobiernos extranjeros son nuestros principales clientes, puesto que invierten en nuevas infraestructuras. En este caso, las administraciones central y autonómica españolas nos pueden apoyar fuera del país”
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La desalación y reutilización de agua empieza a 'tocar techo' en España y continúa con su expansión en el extranjero, según Manuel Rubio.

Es decir, se apuesta por la internacionalización aunque, tal y como se ha comentado durante una de las ponencias del congreso todavía hay muchas plantas desaladoras en construcción o que aún no funcionan.

Es cierto: el programa ha sido muy ambicioso y aún no ha finalizado. Aunque se planificó a una serie de años vista, los cambios meteorológicos con mayores precipitaciones, han ralentizado este proceso. Esta es una tecnología no convencional y complementaria: cuando la necesitas es porque hace falta; de no ser así ya dispones de ella para cuando sea necesario. El flujo de precipitaciones y en general, el clima mediterráneo es cíclico. En suma, hay proyectos por finalizar, pero para la cantidad de compañías desarrolladas aquí, no es suficiente.

Así pues, ¿cuáles son los principales mercados exteriores actuales a los que se dirige toda esta tecnología del agua con sello español?

En líneas generales, estamos implantados en todos. Hemos sido pioneros en el norte de África; hablo de Argelia, Túnez, Marruecos (en este último, aún no ha alcanzado su punto álgido) y Libia, todavía en fase de desarrollo. En un principio, en Oriente Medio adquirió una cierta importancia, después se freno y ahora vuelve a mostrar signos de recuperación, porque para ellos el agua es vital. En estos momentos, India, China y algo del sudeste asiático constituyen mercados importantes. Lo mismo se puede decir de Australia, donde se están construyendo plantas muy importantes, casi todas por compañías españolas. Por su parte, en el continente americano ha habido y habrá todavía algún proyecto puntual. En definitiva, cualquier mercado en país emergente con mucha población o que soporte un déficit estructural en la obtención de agua a través de recursos convencionales. Básicamente, en todas las zonas que he nombrado, cubrimos todas las necesidades que puedan surgir.

Volviendo al papel de las administraciones, ¿además de una mayor implicación económica hace falta algún cambio normativo que libere, de alguna manera, el sector de la desalación y reutilización de aguas?

A mi modo de ver, más que liberar el desarrollo de esta tecnología, hace falta un mecanismo automático y engrasado no solo para recuperar la inversión, sino también para educar a la población sobre cualquier inversión en materia hídrica que se lleve a cabo. Según la Directiva europea, el agua no tiene precio en sí misma; sino en función de lo que se haga con ella (obtención, transporte, tratamiento, almacenamiento, distribución...). Debemos ser conscientes, y esto es algo que ninguna administración ha abordado de forma valiente, que tener un vaso de agua en la mano equivale a pagar un determinado dinero, ya que eso tiene un coste. Y no solo de producción, ya que debemos devolver lo que se ha invertido. Se trata de que quien utilice una infraestructura de este tipo, pague por ella, ya sea el estado o cualquier administración de otro nivel dentro del mismo, etc. En conjunto, para mí el sector carece de valentía para afrontar el problema del agua. Tal y como se ha dicho en el congreso, la energía ha experimentado una serie de incrementos, en los últimos años, para adecuar los costes a los precios de venta; cosa que no ha sucedido en el agua. También se nos ha hecho saber, que el agua tiene un precio X, y que en realidad, cuesta dos veces y media más. Estamos abonando un precio inferior a los costes que se generan. Hay que ser valientes y educar al usuario sobre el agua, que no es cara a pesar de que cueste lo que ha de costar. Para hacerse una idea, supongamos que una botella de agua mineral pueda costar medio euro, pero consigue que un metro cúbico de este recurso cueste 500 euros. Un metro cúbico de agua de mar desalada donde no la haya, cuesta 0,7 euros, con financiación. Es decir, pasaríamos de abonar 500 a 0,7 euros por una botella de agua; y ya no hablo de otras bebidas...

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El presidente de la AEDyR durante la organización del VIII Congreso de la Asociación Española de Desalación y Reutilización.

En consecuencia, y con relación al agua, ¿qué les diría a los ciudadanos?

Al ciudadano se le ha de educar diciéndole que el agua no cae del cielo, sino que dispone de ella en base a un préstamo para poner en marcha esta inversión, lo que produce un gasto. Uno asume que la obtención de energía supone un coste, pero no sucede lo mismo con el agua. Como este recurso ya se da en la naturaleza y la Tierra cuenta con ¾ partes de agua –aunque esto no es cierto, ya que el agua reutilizable, de forma sostenible, es mínima comparada con el total–, no se hacen a la idea. No explicamos que el agua está ahí, pero se debe transportar y tratar.

Cerca de un 40% de la población mundial sufre estrés hídrico. Se estima que llegaremos a los 100 millones de m3 diarios de agua desalada producidos, con los que se abastecerían a cerca de 500 millones de personas

A finales de 2009 se hallaban en funcionamiento unas 1.000 plantas de desalación en España, cifra que experimentó una tasa de crecimiento medio anual del 3% durante el periodo 2002-2009, según la consultora DBK. ¿Se puede seguir considerando el sector de la desalación como emergente o está ya consolidado? 

Desde el punto de vista tecnológico, el sector de la desalación está muy maduro. A nivel mundial, el mercado es muy deficitario en materia de agua y la desalación sigue siendo un recurso no convencional. Y como se trata de un sector tecnológicamente maduro, es el más utilizable, barato y fiable. Yo creo que se debe distinguir la madurez técnica de la comercial. Eso es vital: una gran madurez técnica y una inmadurez comercial logran que el proceso sea utilizable. No olvidemos que en el mundo, cerca de un 40% de la población sufre estrés hídrico, según organizaciones internacionales. Donde existe un grave desequilibrio población-recurso es posible, de manera puntual, el desarrollo de la desalación. Y al respecto, quiero añadir un ejemplo muy visual. En el mundo se estima que llegaremos a los 100 millones de m3 diarios de agua desalada producidos, en un plazo de cinco años como máximo. Ello significa que cerca de 500 millones de personas podrían abastecerse de agua desalada. Una cifra que pone de manifiesto la importancia de este proceso, aunque normalmente son más los seres humanos que se nutren de varios recursos a la vez. Aun así, debe quedar claro que una parte importante de la población mundial se nutre de agua desalada, por lo tanto sigamos con ella.

“Cuando tienes agua no necesitas desalación”

“No hay ningún país con más ingenieros por m2 expertos en desalación que España”. Con esta afirmación, subrayaba Manuel Rubio el nivel tecnológico español en materia de desalación, teniendo en cuenta que buena parte de los proyectos internacionales los llevan a cabo empresas nacionales. Una evolución que se debe básicamente a las carencias hídricas que ha soportado el país. “Cuando tienes agua no necesitas desalación, y si es buena mejor. Si te hace falta, la extraes del mar y la tratas. Básicamente, hemos llegado a este punto debido a nuestras condiciones climatológicas y también a razones geográficas”. Un nivel tecnológico en el que también ha influido, a su juicio, el esfuerzo y  apoyo económico de las administraciones pertinentes.

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