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La planta desalinizadora de El Prat de Llobregat puede llegar a aportar el 20% del agua potable que necesita el área metropolitana de Barcelona

La desalación: la solución del futuro

David Pozo05/02/2010

5 de febrero de 2010

El agua fue, ha sido y será el elemento imprescindible en nuestras vidas y en la de todo ser vivo. Muchos expertos consideran que será la gran fuente de conflicto en este siglo XXI, en que habrá zonas de nuestro planeta que pasarán por largos periodos de sequía. La Tierra dispone de 1.300 trillones de litros de agua, pero sólo el 2% es agua dulce, y de ella tres cuartas partes está congelada en los Polos. La parte restante está distribuida de forma desigual por todo el planeta, lo que complica aun más la situación. Por ello el hombre ha encontrado un camino para poder aprovechar todo ese agua que llena nuestros mares y océanos: la desalación. La desalinizadora de El Prat de Llobregat es la más grande de Europa para abastecimiento humano y aportará entre un 17 y un 20% del consumo de agua diario del área metropolitana de Barcelona.

Lleva más de medio año en funcionamiento, por la buena capacidad actual de las cuencas internas de Cataluña que abastecen la Ciudad Condal. La desalinizadora de El Prat es la más grande construida hasta ahora en Europa para abastecimiento humano, ya que en términos absolutos –con 80 hectómetros cúbicos/año– le supera la que se está construyendo en Alicante, pero es mixta, es decir sirve mayoritariamente para regadío y otra parte para abastecimiento.

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Vista aérea de la desalinizadora de El Prat de Llobregat.

Objetivos de la desalinizadora de El Prat

Con la planta se pretende garantizar y complementar las demandas de agua potable de la red de Aigües Ter Llobregat, la empresa pública dependiente del Departament de Medi Ambient i Habitatge de la Generalitat de Catalunya, que abastece actualmente a más de 100 municipios de su red regional. La incorporación total a la red de suministro de agua potable puede ser de hasta 60 hectómetros cúbicos de agua al año de agua desalada, con una capacidad máxima de 180.000 metros cúbicos al día de caudal medio. Con la nueva instalación se garantiza el suministro y estabilidad en la calidad del agua abastecida, que junto con otras actuaciones permiten satisfacer holgadamente la demanda regional para los próximos años.

Encajada en 51.000 metros cuadrados de superficie y con soluciones técnicas innovadoras, sobre todo en lo que se refiere a su ahorro energético, la planta significó desde un principio todo un reto para dar solución a un problema, el de los periodos de sequía, que son cada vez más habituales.

La desalinizadora de El Prat puede llegar a captar 450.000 metros cúbicos diarios de agua de mar y convertirla en 180 millones de litros de agua dulce
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Tanques en los que se realiza el primer proceso de filtración.

Funcionamiento de la planta

La planta capta el agua del mar a través de dos tomas abiertas sumergidas a 30 metros de profundidad, siendo transportada por dos conducciones de 2,2 kilómetros de longitud. Para realizar la instalación se necesitaron 10 tubos de gran diámetro, que se desplazaron flotando desde Noruega en tramos de 500 metros. En la orilla de la playa se construyó la estación de bombeo, cuya misión es impulsar el agua hacia la planta a través de una tubería de dos metros de diámetro y tres kilómetros de longitud que discurre paralela a la costa.

Una vez llega el agua a la planta ha de ser desalada. La eliminación de las partículas suspendidas requiere que el agua salada atraviese un proceso de flotación y otro de filtración que se realiza en dos etapas, una abierta y otra cerrada. Una vez el agua ha sido filtrada, pasa a la nave de ósmosis, donde en los diez bastidores de membrana se bloquea el paso de las sales minerales contenidas en el agua marina impulsada a alta presión mediante bombas. Por cada 100 litros de agua captada, la planta llega a producir 45 de agua potable. Los 55 restantes son devueltos al mar en forma de salmuera a través del emisario submarino de la depuradora del Baix Llobregat, consiguiendo una concentración salina similar a la del mar y minimizando de esta forma las afectaciones al litoral.

El agua desalinizada, antes de salir de la planta, pasa por una última fase. El hecho que el resultado de la ósmosis sea un agua muy pura, hace que para que sea apta para el consumo humano se deba añadir una serie de sales minerales en un edificio especializado en remineralización.

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Nave que acoge los bastidores con membranas en que se realiza la ósmosis inversa, y los recuperadores de energía.

Ósmosis inversa

En estos momentos existen dos procesos para producir agua potable a partir de agua de mar: por destilación y por ósmosis inversa. ¿Pero cómo funciona? El agua salada es forzada a pasar a presión a través de unas finísimas membranas semipermeables que filtran las sales e impurezas. Las plantas que funcionan por destilación necesitan mucha más agua salada para producir la misma cantidad de agua potable que una desalinizadora que funciona con el sistema de ósmosis. Lo mismo ocurre con los residuos: una planta de destilación vierte al mar diez veces el volumen de agua que ha depurado, mientras que en las plantas de ósmosis inversa no llega a la tercera parte, si bien el contenido de sales es mucho más grande.

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Membranas en las que se produce el proceso de ósmosis inversa.

Un gran ahorro energético

Desde el día en que se comenzó a proyectar se sabía que esta ‘megaconstrucción’ requería una aportación muy importante de aporte energético. La nueva planta ha necesitado una subestación eléctrica propia, que consume 2,9 kilovatios por hora y m3 de agua producida, muy inferior en comparación con las primeras plantas desalinizadoras que se construyeron en Canarias, donde se necesitaba entre 30 y 40 kilovatios para la misma cantidad de agua producida.

La planta dispone de recuperadores de energía de última tecnología, que mediante intercambio de presión permiten un ahorro energético del 50%.

Además, y con la finalidad de reducir la emisión de gases contaminantes, la planta cuenta con plantas fotovoltaicas en las cubiertas de los principales edificios, con una potencia superior a 1,3 megavatios.

La planta ha necesitado una subestación eléctrica propia, que consume 2,9 kilovatios por hora y m3 de agua producida

¿Y a dónde va a parar el agua?

Las aguas desalinizadas en El Prat son llevadas hasta el depósito de la Fontsanta, en Sant Joan Despí, a través de una tubería de 12 kilómetros y 1,4 metros de longitud. Desde este depósito el agua es mezclada con el resto de caudal y distribuida a la red de suministro. De esta forma sirve, no sólo para abastecer el núcleo central del área metropolitana, sino también a las comarcas del Vallés, Penedés, Garraf y Anoia. Además, en un futuro las aguas desalinizadas no sólo se mezclarán con los caudales del Llobregat, sino también con los del río Ter. Esta conexión será posible gracias a la gran tubería de 11 kilómetros que se está construyendo bajo la sierra de Collserola.

Y todos nos preguntamos, ¿cuál es el coste? Pues efectivamente, producir agua desalinizada es hoy por hoy más caro. Si el coste convencional de abastecimiento de un metro cúbico de agua dulce es de 0,32 céntimos, el coste del metro cúbico de agua desalinizada es de 0,60 céntimos de euro. Por ello, evidentemente, la planta producirá sólo la cantidad de agua necesaria dependiendo del estado de los embalses. Cada línea de trabajo es capaz de generar 20 metros cúbicos de agua al día y se van poniendo en funcionamiento según las necesidades. Si el caudal de los embalses de Cataluña bajase del 60% comenzarían a funcionar todas las líneas. En estos momentos, con los embalses a casi un 70% de su capacidad, la planta funciona a un 50% de su capacidad.

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