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Tribuna de Opinión

Mejora de la seguridad hídrica en zonas urbanas

Benedito Braga, presidente del Consejo Mundial del Agua (WWC, por sus siglas en inglés)

17/05/2018
La formulación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son un esfuerzo sumamente importante para lograr una seguridad hídrica ecuánime en el mundo y garantizar un futuro próspero y equitativo para la humanidad. El ODS 6, que asegura la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos, es fundamental para los problemas actuales relacionados con el agua.

El agua no solo debe considerarse como un fin en sí mismo, sino también como un medio para alcanzar los otros objetivos de desarrollo (la alimentación, la energía, el crecimiento sostenible, el empoderamiento de la mujer, la prevención de las enfermedades y el desarrollo cultural). Después de todo, es un vector de unión que atraviesa todos los sectores de desarrollo y los ODS en general. Para ello, es necesaria una cooperación simultánea con los países y las organizaciones implicadas en otros objetivos, sobre todo teniendo en cuenta la migración masiva a las ciudades que tendrá lugar en las próximas décadas.

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Benedito Braga, presidente del Consejo Mundial del Agua.

La urbanización es una de las tendencias más transformadoras del siglo XXI. Las ciudades representan la fuerza dominante para el crecimiento económico sostenible, el desarrollo y la prosperidad, tanto en países desarrollados como en países en desarrollo. Actualmente, el 54% de la población mundial (4.000 millones de personas) vive en zonas urbanas. Para 2030, 2.000 millones de personas habrán emigrado a las ciudades, lo cual supondrá una presión sin precedentes sobre la infraestructura y los recursos, especialmente sobre aquellos relacionados con el agua (las Naciones Unidas y el Banco Mundial). Las diez ciudades más grandes del mundo serán Tokio (37,2 millones), Delhi (36,1 millones), Shangai (30,8 millones), Mumbai (27,8 millones), Pekín (27,7 millones), Dhaka (27,4 millones), Karachi (24,8 millones), El Cairo (24,5 millones), Lagos (24,2 millones) y Ciudad de México (23,9 millones). Entre 2016 y 2030 se espera que la población en estas diez mega-ciudades principales aumente un 35%. Las previsiones indican que las ciudades de los países en desarrollo, como Karachi, Lagos y Dhaka, superarán en densidad de población a ciudades como Nueva York, Osaka y Sao Paulo en 2030. Esto implica un aumento del 50% en la demanda de energía y agua, generando desafíos que ejercen presión sobre los recursos hídricos y amenazan la seguridad hídrica mundial. Esto tiene un efecto palpable en la salud pública, la economía y el desarrollo. Las soluciones locales para los problemas locales son las más adecuadas para hacer frente a estos desafíos.

Si bien ha habido cierto progreso, aún queda mucho por hacer. La meta 7.C de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, por ejemplo, no se ha cumplido, ya que el 50% de la población sigue sin acceso sostenible al agua potable y a servicios básicos de saneamiento. Esto pone de relieve la necesidad de redoblar los esfuerzos en materia de saneamiento.

Además, puesto que más de tres cuartas partes (76%) de las mega-ciudades del mundo son costeras, se producirá un impacto considerable en los ecosistemas acuáticos, desde las crestas de las olas hasta los arrecifes. Por ello, las autoridades locales y regionales lideran iniciativas que se centran en los obstáculos relacionados con el agua, como las carencias en materia de vivienda, el cambio climático y el aumento de la demanda de alimentos, energía y agua.

El cambio climático, en particular, representa un enorme desafío para las ciudades, ya que el 40% de la población mundial vivirá en cuencas fluviales con estrés hídrico severo, mientras que el 20% estará expuesto a inundaciones en 2030. Las inundaciones y las sequías han aumentado en todo el mundo y el impacto es devastador. Las ciudades de todo el mundo ya están experimentando los efectos del cambio climático. En respuesta al aumento de infraestructuras y viviendas afectadas por fenómenos meteorológicos extremos recientes, como huracanes, incendios e inundaciones, se ha solicitado repetidamente a los gobiernos que sean conscientes del papel que puede desempeñar una infraestructura hídrica adecuada para sobrellevar estas situaciones. Si nos basamos en la premisa de que prevenir es mejor que curar, resulta evidente que la financiación responsable debe centrarse en las zonas urbanas y en la infraestructura de las zonas rurales y urbanas interrelacionadas.

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Imagen de la última edición del Foro Mundial del Agua, el mayor evento global relacionado con el agua y que organiza el Consejo Mundial del Agua (WWC).

Muchos de los acuerdos mundiales aprobados por las Naciones Unidas complementan estas acciones, incluyendo el Acuerdo del Clima de París, la Nueva Agenda Urbana, el Marco de Sendai y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La inversión en agua se convierte así en un factor unificador para fomentar ciudades más saludables y prósperas, ofreciendo a la población empobrecida una oportunidad real de progreso.

Aunque los gobiernos nacionales dirigirán gran parte de la implementación de dichos programas, el éxito también dependerá del compromiso y de la capacitación de las autoridades locales y regionales. Las ciudades y regiones a menudo no reciben orientación sobre cómo lograr los objetivos a nivel local, contribuir a los objetivos establecidos a nivel nacional y aplicar soluciones concretas. Los alcaldes necesitan desarrollar estrategias para cumplir y adoptar planteamientos integrados para superar las barreras políticas, financieras, tecnológicas y de comportamiento.

La reducción del consumo y la mejora de la gestión constituyen el núcleo de estos esfuerzos, destacando la importancia de mejorar la inversión en infraestructuras. Al añadir el cambio climático a la ecuación, la necesidad de una financiación adecuada se vuelve aún más acuciante. Según los informes, se necesitarán más de 255.000 millones de euros anuales en infraestructuras hidráulicas mundiales de aquí a 2030 para hacer frente a este problema: 100.000 millones de euros al año para nuevas infraestructuras hidráulicas adecuadas; y al menos otros 155.000 millones de euros para renovar y mejorar los equipos de adaptación y hacer frente al cambio climático y mitigar el calentamiento global. Los informes de la ONU indican que para 2030 habrá un aumento del 50% en la demanda de energía y agua, lo que requerirá una inversión de capital en infraestructura hídrica tres veces mayor que la actual. Huelga mencionar que el retorno de la inversión en agua es exponencial y que se necesitan inversiones generalizadas para promover el desarrollo a través de la seguridad hídrica.

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Brasil fue el país que acogió la última edición del Foro Mundial del Agua 2018, celebrada el pasado mes de marzo.

En este sentido, es esencial formular un mecanismo a nivel internacional, determinado por la ONU, para el monitoreo y la evaluación de la implementación de los futuros objetivos de agua de la Agenda post-2015 con el fin de comprender con mayor precisión la situación actual del agua y su evolución en todo el mundo. Asimismo, el Consejo Mundial del Agua alienta el desarrollo de una plataforma única, crítica y constructiva en la que se intercambian ideas sobre los desafíos mundiales del agua y donde los responsables de formular políticas, los científicos, el sector privado y la sociedad civil desarrollan planes para implementarlas. El Foro Mundial del Agua, celebrado en Brasilia, Brasil, en marzo de este año, ofrece una oportunidad ideal para que todos los grupos de interés y la sociedad civil se reúnan y promuevan una agenda conforme al ODS 6 durante los próximos tres años.

Acerca del autor

Benedito Braga es secretario de Estado de Saneamiento y Recursos Hídricos para el estado de Sao Paulo y profesor (en excedencia) de Ingeniería Civil y Ambiental en la Escuela Politécnica de la Universidad de Sao Paulo (USP), Brasil.

El profesor Braga fue elegido para su primer mandato de tres años como presidente del Consejo Mundial del Agua en noviembre de 2012 y reelegido para un segundo mandato en noviembre de 2015. Antes de esto, de 2006 a 2012, trabajó como vicepresidente del Consejo Mundial del Agua (WWC) y presidió el Comité Directivo Internacional (ISC) de la 6ª y 7ª edición del Foro Mundial en Marsella (Francia) y Daegu-Gyeongbuk (Corea).

Trabajó como asesor principal de la Secretaría de Energía y Saneamiento del Estado de Sao Paulo, Brasil, en 2010 y fue miembro del Think Tank Gulbenkian para el futuro del agua y la humanidad, con sede en Lisboa, Portugal (2010 - 2012). También desempeñó su cargo en el Consejo de Administración de la Agencia Nacional del Agua de Brasil - ANA desde 2001-2009 y fue presidente de la Asociación Internacional de Recursos Hídricos (1998-2000).

El profesor Braga se graduó de la Escuela Politécnica de la Universidad de Sao Paulo en 1972. Tiene un Máster en Ingeniería Hidráulica de USP (1975), un Máster en Hidrología (1976) y un Doctorado (1979) en recursos hídricos de la Universidad de Stanford, EE.UU. Sus intereses científicos se encuentran en el campo del modelado de análisis de sistemas de procesos hidrológicos, la gestión integrada de los recursos hídricos y el desarrollo de políticas hídricas. http://www.worldwatercouncil.org/es/presidente

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