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“Se esperan sequías más frecuentes y probablemente más prolongadas”

Entrevista a Jordi Molist, director del área de Abastecimiento de ACA

Javier García17/12/2014

La gestión y distribución del agua en nuestro país no ha dejado de dar titulares en los últimos años. Jordi Molist, director del área de Abastecimiento de Agència Catalana de l’Aigua (ACA), habla en esta entrevista del presente y futuro Plan de Gestión del Agua de Cataluña y de las consecuencias del cambio climático en la comunidad, entre otras cuestiones de interés. Además, enumera los sistemas de abastecimiento y los recursos hídricos en Cataluña y detalla las diferencias existentes en la distribución de estos entre los sectores mediterráneo, central, septentrional y noroccidental.

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Jordi Molist, director del área de Abastecimiento de Agència Catalana de l’Aigua (ACA).

Recientemente ha participado en la jornada Tratamiento, regulación y abastecimiento de agua potable en la que hablaba de la gestión de los recursos hídricos en Cataluña. ¿Cuál es, a grandes rasgos, la situación actual?

Actualmente disponemos de varios recursos para garantizar el abastecimiento. Por un lado, contamos con los recursos tradicionales (agua superficial procedente de los embalses y agua subterránea almacenada en los acuíferos), que continúan siendo mayoritarios y son la base de funcionamiento habitual. Adicionalmente, se dispone de recursos adicionales de desalinización de agua de mar y reutilización, que permiten incrementar la garantía en el suministro de agua en año secos. De este modo, en los últimos 5-6 años se ha incrementado en un 25% la disponibilidad de recursos hídricos para situaciones de sequía. Por otra parte, desde la última sequía, en el 2007-2008, se ha observado una reducción muy significativa en los consumos urbanos, con dotaciones domésticas ya muy próximas a los 100 litros por habitante y día, lo que también contribuye a mejorar la garantía de abastecimiento.

¿Cómo prevén la gestión de dichos recursos hídricos en el futuro?

Las cuencas internas de Cataluña disponen de unos recursos hídricos modestos y condicionados por la irregularidad del clima mediterráneo, que alterna periodos considerables de lluvias escasas con situaciones de intensas precipitaciones de corta duración. Además, la regulación con la que contamos (embalses y acuíferos) es limitada en volumen, lo que conlleva que periodos de escasez superiores a un año ya produzcan importantes tensiones en el sistema.

Si bien las nuevas infraestructuras de desalación y reutilización han supuesto una mejora importante de las garantías, también es probable que el futuro comporte nuevos retos, sin que se pueda descartar, por ejemplo, un incremento de la irregularidad pluviométrica asociada al cambio climático. Por tanto, hay que seguir trabajando en la mejora continua de la eficiencia en la gestión, al tiempo que se planifican nuevas infraestructuras complementarias para situaciones de sequía.

¿A qué retos debe hacer frente la Agència Catalana de l’Aigua?

Además de las cuestiones relativas a la gestión de los recursos hídricos, que comentábamos antes, la agencia afronta retos de igual envergadura en relación con la mitigación de los riesgos de inundación, con la mejora ambiental (de la calidad del agua, pero también de los ecosistemas asociados) y con la sostenibilidad económica del ciclo del agua en su conjunto.

Defina qué es un plan de gestión del agua.

Tal y como establece la Directiva marco del agua, el plan de gestión es la hoja de ruta que recoge los objetivos de la planificación hidrológica y determina las acciones y medidas necesarias para alcanzarlos, para un periodo de 6 años. Por tanto, en este plan se determinan, entre otras, medidas encaminadas a garantizar el abastecimiento, el saneamiento, el buen estado del medio hídrico y la sostenibilidad económica del ciclo del agua.

El Plan de Gestión del Agua de Cataluña, elaborado por la Agència Catalana de l’Aigua (ACA) cubre el periodo 2010-2015. ¿Habrá próximamente un nuevo plan?

Sí, actualmente se ha iniciado el proceso de revisión del Plan de Gestión, de manera que se aprobará uno nuevo durante el 2015. Este plan fijará por tanto la planificación para el periodo 2016-2021.

¿Qué cambios o mejoras incluirán? ¿Qué inversiones hay previstas en Programa de medidas para los próximos años?

Hasta finales de 2015 no se podrá precisar, ya que el plan está todavía en fase de elaboración y hay que esperar también a que se desarrollen los procesos de participación pública, que son una parte muy importante del procedimiento. En todo caso, se puede adelantar que un cambio significativo será la obligada adaptación de las medidas previstas a la situación económica general, partiendo de la necesidad de garantizar la sostenibilidad económica de la planificación.

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Embalse de la Llosa del Cavall (comarca del Solsonès).

Los recursos hídricos en Cataluña

Al hablar de la hidrología catalana, a menudo hay que distinguir entre las cuencas internas de Cataluña (ríos Muga, Fluvià, Ter, Llobregat, Francolí, etc.) y la cuenca del Ebro (río Ebro y sus afluentes: Segre, Nogueres, etc.).

En las cuencas internas, donde la mayor parte de la demanda es de carácter urbano y/o industrial, los recursos hídricos son, sobre todo, irregulares. Se dividen prácticamente a partes iguales entre usos superficiales y subterráneos y, en todo caso, son relativamente modestos y muy ajustados a las demandas ordinarias. De manera que, a pesar de la regulación de embalses y acuíferos, períodos deficitarios en lluvias superiores a un año ya pueden comportar dificultades. Prueba de ello, explica Molist, ha sido la necesidad de dictar decretos de medidas excepcionales en cinco ocasiones durante un periodo de dos décadas (en 1990, 1999, 2002, 2005 y 2007). Por otra parte, el predominio de los usos urbanos también limita las posibilidades de reducción de consumos en situaciones de sequía, haciendo su gestión más compleja. De ahí la necesidad de fomentar en todo momento un uso eficiente del agua y de disponer de recursos complementarios mediante soluciones estructurales que no dependan de la pluviometría, como la desalinización o la reutilización, entre otras opciones.

En la parte catalana de la cuenca del Ebro, donde hay una menor densidad de población y las principales demandas son agrícolas, se cuenta además con mayor regulación natural (nieve) y mediante embalses, y por el contrario el uso de los acuíferos es reducido. Los abastecimientos tienen en general garantías de disponibilidad hidrológica completa (incluso en el caso que puedan estar afectados en algunos casos por deficiencias infraestructurales). “Los riegos cuentan con garantías muy elevadas, en comparación con los de las cuencas internas, aun cuando en los años más secos pueden surgir ciertas dificultades”, sostiene el director del área de Abastecimiento de Agència Catalana de l’Aigua (ACA).

Los sistemas de abastecimiento

En Cataluña existen grandes redes supramunicipales de abastecimiento en alta, que alcanzan aproximadamente al 85% de la población. Las tres mayores son:

  • Red Ter-Llobregat: gestionada por la Generalitat de Catalunya, suministra a unos cinco millones de habitantes de la región metropolitana de Barcelona;
  • Consorci d’Aigües de Tarragona (comarcas de Tarragona)
  • Consorci de la Costa Brava (comarcas de Girona).

Estos sistemas se alimentan, sobre todo, de aguas superficiales reguladas por embalses. Las aguas subterráneas, no obstante, tienen una gran importancia estratégica ya que un 70% de los municipios catalanes se abastecen total o parcialmente de pozos, aun cuando la contribución total en volumen sea de un 35%. “La preservación de la calidad de estos acuíferos es muy importante, porque la dispersión de estas pequeñas poblaciones dificultaría mucho la aportación de caudales alternativos”, señala Molist.

¿Cómo afecta el cambio climático?

Este es un factor que se debe tener en cuenta y que por supuesto se contempla en el momento de elaborar la planificación. En todo caso, se trata de unos impactos que todavía hoy son difíciles de predecir con detalle, geográfica y temporalmente. Podemos hablar de efectos a corto plazo (una o dos décadas) o largo plazo (a partir de mitad del siglo XXI), pero bajar al nivel de efectos diferenciados en nuestras cuencas es complicado, ya que se entra en el campo de la interpretación. Sobre las tendencias de las temperaturas hay menos dudas, pero sobre los cambios en los patrones de precipitación, en el ámbito local o regional, las incertidumbres son todavía elevadas. En todo caso, con carácter general, se espera que nuestro clima, que ya de por sí es irregular, todavía se extreme más.

¿Cómo se materializará?

Se esperan sequías más frecuentes y probablemente más prolongadas, aunque quizá no más intensas que las vividas en estos últimos años. También se esperan aguaceros más violentos. En conjunto, las aportaciones fluviales se podrían reducir entre un 5 y un 10% en un par o tres de décadas, respecto las aportaciones medias de los últimos 30 años, aproximadamente. Otros efectos hidrológicos, que son quizá menos visibles, serían los ligados directamente a los incrementos de temperatura, que comportarán mayores evapotranspiraciones (mayor demanda de riego, pero también menor disponibilidad de caudales en ríos y acuíferos puesto que los bosques evapotranspiraran un porcentaje mayor de la lluvia caída y se reducirá la escorrentía). Si estas temperaturas superan ciertos umbrales, podrían observarse efectos a nivel de progresión de especies invasoras de climas más cálidos, mayor riesgo de incendios, estabilización de zonas cálidas en embalses y lagos (que podrían comportar su eutrofización), etc.

¿Qué diferencias existen en la distribución de los recursos hídricos entre, por ejemplo, el sector mediterráneo, el central, el septentrional y el noroccidental?

Existen diferencias notables. El sector noroccidental tiene las características de un clima atlántico, con lluvias y nieve que se registran de manera muy constante. Si a esto se une el hecho de que las demandas (y la densidad de población, en definitiva) son escasas, resulta que éstas cuentan con garantías y disponibilidad excelentes. La práctica totalidad de sus recursos (exceptuando Garona), fluyen hacia el sector central del país, a la plana de Lleida, donde se cuenta con pluviometrías muy escasas y, en cambio, las mayores demandas de agua, con los riegos de los canales de Urgell, Pinyana o Aragó-Catalunya.

¿Y en cuanto al sector septentrional?

A medida que nos acercamos al Mediterráneo, las características del sector noroccidental se difuminan, el clima se irregulariza (por ejemplo, a pesar de la elevada orografía de las cabeceras del Segre, Ter o Llobregat, sus regímenes nivales ya son mucho menores que los de la Garona o las Nogueras) y crecen paulatinamente la densidad de población y las demandas, aunque todavía se conserva un buen equilibrio entre recursos y demandas y, en general, las garantías son correctas.

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Jordi Molist, durante su intervención en la jornada Tratamiento, regulación y abastecimiento de agua potable, celebrada en Barcelona el pasado 16 de octubre.

¿Qué puede decirnos del sector mediterráneo o litoral?

En él se concentran buena parte de las demandas urbanas y, aunque se generan pocos recursos disponibles (las precipitaciones son medias, pero irregulares y en cuencas escasas, con cursos fluviales cortos), se cuenta con los recursos provenientes de las partes altas de los ríos mayores (regulados en los casos más significativos, como Ter y Llobregat, cuya gestión está conectada mediante la red de suministro alrededor del ámbito metropolitano de Barcelona), además de acuíferos aluviales y deltaicos. La parte sur de este arco litoral cuenta con las aportaciones del río Ebro, tanto para los riegos ribereños y del Delta como para buena parte del abastecimiento urbano e industrial de la provincia de Tarragona.

En cuanto al consumo, ¿está el ciudadano realmente concienciado en ahorrar recursos, en la importancia del agua?

Sin lugar a dudas. Las sequías de 2004-2005 y 2007-2008 consolidaron esta concienciación y los ciudadanos son hoy perfectamente conscientes de la importancia de un consumo eficiente de agua. Desde la sequía de 2007-2008 se ha producido una disminución acumulada de demanda de un 10% y las dotaciones domésticas en Cataluña están hoy entre las más bajas de Europa.

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