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La EPA registra un trasvase de mano de obra de 40.000 nuevos ocupados en el campo, ante el desplome de otros sectores económicos

Savia nueva para el campo… a la fuerza

Anna León28/06/2011

28 de junio de 2011

La última Encuesta de Población Activa (EPA) no deja lugar a dudas. El número de activos del sector agrario se incrementó en 40.000 trabajadores en el año 2010, alcanzando casi un millón de personas. Ante la caída de otros sectores económicos, y el mayor número de desempleados, el campo se percibe como ‘sector refugio’ para ganarse la vida. Un escenario que no acaba de gustar a las organizaciones agrarias que advierten de las dificultades del sector primario para absorber semejante excedente de mano de obra y de una presumible precarización. Y con ello, un regreso a la agricultura de la época de nuestros abuelos.
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La crisis ha dado pie a un incremento de mano de obra en el campo, fruto de la caída de otros sectores económicos. Foto: JARC.

En un principio, y dejándose llevar por los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA), se podría llegar a la conclusión que el incremento de ocupación, durante el año 2010, ha revitalizado el campo. Según la EPA, el número de activos del sector agrario aumentó en 40.000 trabajadores en el año 2010, hasta rondar el millón de personas. En consecuencia, los trabajadores agrarios –por cuenta propia y ajena– representaron el 4,1% de la población ocupada, un incremento de dos décimas sobre el año 2009, tal y como se desprende del informe 'Empleo agrario en 2010. El campo se convierte en sector refugio frente a la crisis económica', de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (Coag), basado en datos de la EPA, sobre. Un estudio que según su autor, José Luis Miguel, director técnico de Coag, se lleva a cabo tras cotejar los datos de la EPA con medias anuales ya que la agricultura “es muy estacional y el volumen de trabajo varía en función del trimestre”.

Desde Coag, José Luis Miguel corrobora que esta dinámica se debe a la crisis económica, un factor externo al propio sector. “El campo no atraviesa un buen momento desde hace años. Hemos observado caídas de renta así como dificultades de viabilidad económica de muchas explotaciones para proseguir con la actividad. El hecho que haya 40.000 personas más, según la EPA, interesadas en trabajar en el sector –un aumento de 11.700 ocupados más sobre las estadísticas del año 2009– no es significativo de una evolución del sector primario, sino a la falta de alternativas laborales en otros sectores que atraviesan horas bajas, como la construcción, el turismo, etc… Ello empuja a las personas que se quedan en paro a considerar el campo un sector refugio”. Una opinión que también comparte Carme Rosell, responsable de Comunicación de Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya (JARC). “Con los datos en la mano podemos decir que realmente la crisis ha hecho del campo un sector refugio para la economía, aunque también debemos dejar claro que éste no se halla en su mejor momento para absorber esa oferta de mano de obra más allá de las campañas de temporada”, advierte.

“La crisis ha hecho del campo un sector refugio para la economía, aunque también debemos dejar claro que éste no se halla en su mejor momento para absorber esa oferta de mano de obra más allá de las campañas de temporada”
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Las barreras de entrada son menores en explotaciones hortícolas, lo que redunda en un aumento del grado de ocupación. Foto: Coag.

El incremento de mano de obra se da en explotaciones agrarias, básicamente hortícolas, que requieren menos inversión

El mayor o menor grado de ocupación, por cuenta propia o ajena, depende de las barreras de entrada que exija un tipo de explotación u otra. Es decir, los recursos y capitalización que precise para su puesta en marcha. Al respecto, el director técnico de Coag explica el porqué: “En general, el aumento de ocupados agrarios se produce en aquellas explotaciones donde resulta más fácil iniciar la actividad sin necesidad de grandes inversiones, para ello. Por ejemplo, la plantación de frutas y hortalizas. Además, son cultivos intensivos en cuanto a mano de obra. Por el contrario, las explotaciones cerealistas así como las granjas ganaderas, sobre todo las de vacuno de leche, requieren mucho capital y no se pueden poner en marcha de un día para otro. En estos casos, debes poner sobre la mesa cerca de un millón de euros, solo para empezar a trabajar. Eso no está al alcance de la mano de personas que están en paro o atraviesan dificultades por falta de recursos”. Para hacerse una idea, el portavoz de Coag aclara, de forma gráfica: “En el caso que seas propietario de unos terrenos en Murcia puedes cultivar hortalizas y obtener unos pequeños ingresos para salir hacia delante. Esto no sería posible en Castilla, si lo que pretendes es plantar cereales, por primera vez, a menos que algún familiar se jubile y te deje la explotación. Has de comprar maquinaria, construir naves, buscar un terreno adecuado… es prácticamente inviable y desde luego, nada rentable. Lo mismo sucede en una granja de leche, cuyas barreras de entrada son muy altas”.

Desde JARC, se recalca que la demanda de mano de obra, aunque solo fuera de temporada, se ha notado más en el sector agrícola, siendo superior a la de años anteriores. “Por otra parte, en el sector ganadero –puntualiza Carme Rosell–, desde JARC ya hemos denunciado que éste está soportando un aumento importante de los costes de producción, debido al encarecimiento de las materias primas destinadas a la alimentación animal. Este factor ha contribuido al estancamiento del sector”.

¿Posible rejuvenecimiento del sector primario?

En España, tan solo el 4,5% de los productores tienen menos de 35 años, mientras que los mayores de 65 representan el 36,57% del total de ocupados. El bajo porcentaje de jóvenes al frente de explotaciones agrarias amenaza la continuidad de las mismas, aunque en opinión del director técnico de Coag esta tendencia podría cambiar. “Últimamente, hemos observado una mayor afluencia de jóvenes, con dificultades para hallar otras salidas laborales, a las reuniones y cursos de formación que organizamos. Nos llama mucho la atención este rejuvenecimiento de público presente en salas a las que antes acudía gente de 50 años e incluso por encima de esta edad”. Se trata pues de “cambios cualitativos importantes”, según José Luis Miguel, respaldados por los datos de la EPA del año 2010. “Esto confirma que existe un cambio en cuanto al envejecimiento que se da en el campo, aunque es una pena que se produzca por factores externos. En general, la afluencia de jóvenes a la actividad agraria es una buena noticia, aunque esperamos que éstos puedan desarrollar su actividad profesional en el medio rural y que hagan de esta profesión su medio de vida. Que puedan vivir de ella con dignidad, superándose las situaciones de crisis que arrastramos desde hace tiempo”.

Sin embargo, desde JARC insisten en que la renovación del campo sigue siendo “una asignatura pendiente”. “Poco a poco se incorporan nuevos efectivos –reconoce Carme Rosell– aunque la crítica situación que soportan la agricultura y la ganadería no hacen muy atractivo el sector. Como sociedad, hasta que no tomemos conciencia de que es un sector estratégico, que alimenta a millones de personas, no impulsaremos las medidas necesarias para cambiar el rumbo del campo. Y desde nuestra organización, creemos que esta situación se ha de resolver a la mayor brevedad posible. No bastan las palabras y declaraciones de nuestros políticos. Ha llegado el momento de actuar”.

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José Luis Miguel, director técnico de Coag.

La ocupación agraria se dispara en Comunidades como Canarias y Cataluña

En términos absolutos, tal y como indica el informe elaborado por Coag, gran parte de los ocupados en el sector primario se sitúan en Andalucía (29%), Galicia (11%), Murcia (9%), Castilla y León (8%) y Cataluña (8%). En otras Comunidades como Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón y Comunidad Valenciana los porcentajes varían del 4 al 7%, del total del país. En términos relativos, y sobre una media del Estado del 4,3%, en la organización han clasificado las diversas Comunidades Autónomas en tres categorías: las que cuentan con mayor vocación agraria, y donde el tanto por ciento de empleo en la pesca y la agricultura supera la media estatal, las de vocación agraria media y, por último, aquellas donde el porcentaje de empleo agrario está muy por debajo de la media estatal, es decir, de escasa vocación agraria. Al respecto, desde Coag se llama la atención sobre el incremento de ocupación en algunas Comunidades, algunas como Canarias y Cataluña con porcentajes de empleo agrario del 3,6 y el 2,1% respectivamente. “El número de ocupados en Canarias ha crecido un 27% en un año, en Aragón un 21%, en Murcia un 19%, en Cataluña un 16% y en Andalucía un 6%. Es posible, teniendo en cuenta las zonas donde más se ha notado el aumento de ocupación, es posible que éste haya ido a parar a explotaciones de activación rápida, como las hortícolas: intensivas en mano de obra y que necesitan menos capital para funcionar”. El porqué de este fenómeno, algo que corroboran desde Coag y JARC, se ha de buscar en la crisis y sus efectos sobre otros sectores económicos, no en argumentos agrarios.

Desde un punto de vista más cualitativo, el sector primario ha acogido más mano de obra que titulares al frente de una explotación. “En muchos casos estamos hablando de supervivencia, no siempre se trata de retomar una actividad profesional agraria, entendida como profesional”, razona José Luis Miguel. Según el responsable técnico de Coag, la zona en cuestión es otro de los factores a tener en cuenta. “En Murcia hemos detectado que muchos jóvenes se incorporan a la agricultura, por primera vez, ante la falta de salidas profesionales en el sector de la construcción. Sin embargo, en Andalucía se han dado casos de personas que se han quedado sin empleo y han regresado al pueblo donde se criaron, y se cultivan olivos. Allí trabajan para otros o empiezan a explotar plantaciones familiares”.

El regreso al campo por parte de los ocupados que trabajan por cuenta ajena responde a mano de obra inmigrante, con distintos niveles de formación, según detalla Carme Rosell, responsable de comunicación de JARC. “De hecho, vuelven al sector agrario ante la falta de perspectivas en la construcción, y últimamente en el sector servicios. Los ocupados que se registran como titulares, normalmente son hijos de profesionales de la agricultura o la ganadería que toman las riendas de la explotación familiar”.

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Asociaciones agrarias como Coag alertan de que la imagen del campo como sector refugio puede dar pie a una precarización y un regreso a la agricultura de generaciones anteriores. Ello haría difícil el poder competir con otros países más tecnificados que destinan más recursos a esta actividad. Foto: JARC.
“Tengo la oportunidad de convertir lo que empecé como hobby en un oficio”

José Manuel Cazorla, apicultor de 39 años, en la comarca Alta Ribagorça, Lleida (Cataluña)

Ante las pocas salidas profesionales que han dado pie a un trasvase de mano de obra de otros sectores, aún se dan casos como el de José Manuel Cazorla, apicultor por vocación. Durante 20 años, Cazorla trabajó como monitor de esquí y hace dos años se empezó a interesar por la apicultura, algo que no le viene de familia. “En un principio, la idea era compaginar las clases de esquí con la apicultura. Era suficiente con tener tres o cuatro colmenas para consumo propio. Con el tiempo, le visto posibilidades profesionales y económicas. Tengo la oportunidad de convertir lo que empecé como hobby en un oficio”.

“Tuve que invertir más de 100.000 euros para poder controlar todo el proceso de producción”

Actualmente, explota unas 300 colmenas en un terrero de una hectárea en la comarca Alta Ribagorça, cercana a la Vall d’Aran, en Lleida. La explotación se halla en “pleno crecimiento” por lo que calcula que esta temporada recogerá 2 toneladas de miel, aunque prevé llegar a producir un promedio de entre 4 a 10 toneladas, más adelante. “En estos momentos, me interesa más hacer crecer la explotación que sacar partido de las colmenas. Es decir, aumentar el volumen de estas últimas”. Vistas las cosas, este productor se propone vivir de la apicultura, dedicándole menos tiempo y esfuerzo a las clases de esquí. Para ello, ha fundado la empresa Tastet de Mel que comercializa la firma Miel Cazorla. Un negocio que le supuso una inversión cercana a los 100.000 euros. “Se puede empezar con mucho menos, pero en mi caso tuve que adquirir un vehículo preparado para ir a las colmenas, un remolque, herramientas y las cajas para las colmenas. Además, necesitaba un almacén para conservar el producto porque si no se me estropeaba todo. Supongo que no todos los apicultores empiezan a trabajar con envasadora propia como yo”. Un capital necesario si se trabaja solo, por cuenta propia y se quiere obtener el máximo rendimiento. “Yo cuido de mis abejas, les extraigo la miel, me la llevo al almacén, allí me encargo de su elaboración y así controlo todo el proceso de producción. Únicamente me tengo que preocupar de venderla a los comercios de la zona”. Cazorla, en trámites de conseguir el registro sanitario para etiquetar la miel desde su propia envasadora, asegura que su producción “tiene una gran aceptación” entre los comerciantes vecinos, al ser el “único apicultor profesional de l’Alta Ribagorça”. Para ello, la formación es vital. “En octubre empiezo un curso sobre la cría de abejas reina. Se trata de hacer una selección natural para conseguir abejas reinas resistentes y aclimatadas a esta zona, con inviernos más largos y fríos. Éste es un mundo en el que no paras y al que cada vez le veo más posibilidades”.

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José Manuel Cazorla, apicultor en l'Alta Ribagorça, LLeida (Cataluña).

¿Un cambio estructural o algo pasajero?

Imagine que cambia el escenario actual, y que en cuestión de meses crece la oferta de trabajo en la construcción, la industria o los servicios. ¿Qué sucedería con la ocupación agraria? “Creo que si los factores externos cambiaran y, de repente, hubiera mucho trabajo en la construcción y la hostelería perderíamos ocupación. Pero ese panorama ahora no es realista, dada la economía española actual. Quizás estemos ante un cambio estructural que esperamos se pueda confirmar”, apuntan desde Coag. “Las dificultades económicas van a continuar –predice José Luis Miguel– incluso durante el año que viene. El problema es que el sector primario no es una solución ante la caída de otros sectores, aunque actúe como refugio para sobrevivir en el pueblo, donde el gasto familiar es menor que en las grandes ciudades. No se trata de una revitalización de la actividad económica, a menos que podamos conquistar nuevos mercados, las producciones ganen peso y los precios repunten... pero esto no está sucediendo”. Ante semejante panorama, desde Coag hacen un llamamiento a que la inmersión de jóvenes en el campo sea estructural y que muchos de ellos desarrollen su vida profesional en el mismo. Asimismo, advierten de una presumible precarización. “Me preocupa que estemos viviendo una cierta regresión, es decir, una vuelta hacia la agricultura de nuestros abuelos. Que se limiten a sobrevivir en el pueblo, de una forma menos profesional, con explotaciones muy pequeñas y en unas condiciones muy precarias. Una precarización fruto de la visión del campo como sector refugio y alejada de la profesionalización, en una época en la que se demanda más tecnificación así como mayores dimensiones e inversiones en capital. Me inquieta que se vuelva hacia atrás, en lugar de ir hacia adelante, en algunos casos”.

Las perspectivas tampoco son muy halagüeñas desde Joves Agricultors i Ramaders de Cataluña, quienes instan a un descenso del coste de las materias primas para así generar una recuperación que facilite la creación de empleo en el sector ganadero. “De no ser así, la creación de empleo será nula en este ámbito. En el sector agrícola, salvo posibles crisis de seguridad alimentaria que minen la confianza del consumidor, se augura un posible incremento de ocupación aunque esta será siempre de caracter temporal. A menos que se refuercen las estructuras y problemáticas que inciden sobre la viabilidad de nuestras explotaciones para que se modernicen y se creen nuevos nichos de ocupación y empleo”.

Salvador Sarroca Barrull, payés de 26 años, en Almenar, Lleida (Cataluña)

“El trabajo en el campo es muy duro, pero no me planteo dedicarme a otra cosa”

Desde siempre, Salvador Sarroca ha trabajado en el campo. Junto a varios miembros de su familia ostenta una explotación de fruta dulce de 40 hectáreas en Lleida (Cataluña). Dedica una media de 10-15 horas diarias a una ocupación que considera “muy dura, aunque no me planteo dedicarme a otra cosa”. En su opinión, poner en marcha una explotación hortícola implica una capitalización elevada y el aval de algún conocido o familiar. “Desde el punto de vista económico, necesitas muchos recursos para empezar la actividad. Y es que los costes de producción no dejan de subir. En estos momentos, producir es un 20% más caro que el año pasado. El coste del agua, de los productos fitosanitarios y, por supuesto, las malas condiciones climatológicas que nos afectan muchísimo”.

“Si hiciéramos números no saldríamos de casa”

A pesar que su familia recoge cerca de un millón de kilos de fruta, Sarroca recalca: “Solo en fitosanitarios nos gastamos más de 400 euros al mes. Si hiciéramos números no saldríamos de casa”. En cuanto al trasvase de mano de obra de otros sectores al campo, ésta se da solo en tareas temporales y no cualificadas. “La mayoría de los jóvenes payeses de por aquí son aquellos que toman las riendas del negocio familiar porque sus padres ya han abandonado la actividad, de lo contrario no lo harían. Tengo un compañero al que después de hacer números y producir tres millones de kilos de fruta le quedaba un sueldo mensual de 1.000 euros. En mi caso, no mucho más de esta cantidad”. La formación y el estar al día de lo último en el sector también es importante para aquellos productores que dirigen una explotación. “Tienes que conocer las nuevas normativas, las novedades en maquinaria y equipos, hacer cursos para jóvenes emprendedores… pero no me planteo cambiar de sector. La crisis no está en el campo. Los responsables de esta situación son los intermediarios que son los que marcan los precios de los alimentos”.

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Salvador Sarroca Barrull, payés en una explotación de Almenar, Lleida (Cataluña).

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