La escalada de los precios de los combustibles encarece entre un 30 y un 40% otras materias primas, vitales para el sector primario

El efecto ‘dominó’ de la subida de los carburantes agrava la crisis del campo

Anna León08/03/2011

8 de marzo de 2011

Que el precio al que se cotizan los carburantes haya aumentado un 27% es especialmente grave para los profesionales del sector primario. Sin embargo, más que el incremento en sí mismo, lo que realmente preocupa a buena parte de los productores del país son los ‘efectos colaterales’ que se desprendan de este encarecimiento. Tienen claro que si sube el barril de petróleo, aumenta el coste del gasóleo y también el de otras materias primas como abonos, pienso, etcétera, necesarias para la actividad. Ante semejante fenómeno, algunas organizaciones agrarias como Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya (JARC) y la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, (COAG) han alzado la voz para impedir que se agrave, aún más, la renta de agricultores y ganaderos.
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Pere Rubirola, titular y propietario de una explotación en Girona (Cataluña) de 300 hectáreas donde cultiva cereales y leguminosas, además es presidente de JARC en la provincia. Foto: JARC.

“Hoy en día, llenar el depósito del tractor es 57 euros más caro que hace un año”. Así lo aseguran desde la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, COAG. A la vez que se ha disparado el precio del barril de petróleo Brent, que supera los 100 euros por barril, esta tendencia alcista se ha trasladado a los precios del carburante que consumen agricultores y ganaderos. Pero, ¿qué implica en realidad, para el sector primario, un incremento de un 27% más en el precio de los carburantes? Ante una subida de este tipo, lo más preocupante no es el encarecimiento en sí mismo, sino el efecto ‘dominó’ que genera. Es decir, sube el gasóleo, aumenta el coste de los abonos, por poner un ejemplo. “En tres años, los abonos nitrogenados han doblado su precio”, añade como ejemplo Pere Rubirola, agricultor y titular de una explotación de 300 hectáreas, donde cultiva cereales y leguminosas en Girona (Cataluña). Este productor, que recoge una media de 4.000 kilos por hectárea, lo explica así: “Si este incremento repercute en otras materias primas indispensables para la cosecha, como los abonos, las consecuencias son aún más graves. Los abonos nitrogenados se encarecen a la par que el petróleo”, insiste. “Inputs como abonos y combustible –continúa– han aumentado entre un 30 y un 40%. Esperemos que los precios de las cosechas de este año no caigan en picado, aunque prevemos que no será así porque de lo contrario lo podríamos llegar a pasar muy mal”.

De cara a esta temporada, Rubirola cree que tendrán suerte, porque se augura que los precios de los cereales que se pagarán a pie de campo serán prácticamente el doble comparados con los del año anterior. “Si las expectativas se mantienen, la repercusión de los combustibles no será tan difícil de soportar. Pero si volviéramos a precios del año pasado, evidentemente la situación sería insostenible”, insiste este agricultor para quien los carburantes representan entre el 10 y el 15% del total de sus costes de producción. En la explotación de Rubirola, se consume una media de 1.200 litros de gasóleo diarios para dos tractores de 280 CV cada uno, sin contar el gasto de carburante de otra maquinaria que efectúa tareas agrícolas secundarias. Al aumento del coste de carburantes y fertilizantes se incrementa también el factor ‘riesgo’ que caracteriza al sector primario. Ahora, aún se depende más de una buena cosecha, que para cubrir gastos debe superar los 1.500 o 2.000 kilos por hectárea, y de los precios que perciben los productores por sus productos. “Imaginad una mala temporada porque la situación meteorológica no acompañara, por ejemplo. Aunque el producto se cotizara a un precio alto, si no cosechas la cantidad suficiente perderás dinero, porque los costes han sido muy altos”.

“Inputs como abonos y combustible han aumentado entre un 30 y un 40%. Si los precios de las cosechas cayeran en picado, lo podríamos llegar a pasar muy mal”

“Del coste energético, el más elevado para nosotros, depende la producción que podamos ofrecer”
 
Concepció Anton, propietaria de una granja avícola
en Cataluña
 
Madre de dos hijas en edad escolar, Concepció Anton, autónoma agraria, se dedica a la cría de 40.000 pollos de engorde. El consumo energético es vital para la actividad que desempeña, ya que como precisa “no podemos criar a todos estos animales sin calefacción”. En su explotación, variaciones de temperatura que en otros casos no ejercerían una repercusión importante, afectan, claramente, al crecimiento y engorde de los animales. “Por ejemplo, una variación de dos décimas de grado, arriba o abajo, puede hacer que el pollito gane entre 60 u 80 gramos diarios de peso. Años atrás esto no sucedía. La morfología de estos animales ha cambiado, aunque sí es cierto que los criamos en menos días. Lo que está claro es que han de tener la ventilación, temperatura y calefacción adecuadas. Y nosotros hemos de llevar un control muy exacto al respecto”.

“En seis años de diferencia, el precio del GLP se ha encarecido casi un 50%”

En la granja, Concepció usa como combustible gas licuado a presión (GLP), una mezcla de propano y butano desde el punto de vista práctico. El GLP, que se caracteriza por su poder calorífico alto, no ha sido inmune a la escalada de precios de los carburantes. “Antes del año 2005, el precio oscilaba entre 0,53-0,68 euros el kilo (a pesar de ser líquido posteriormente se transforma en kilos). Ahora, ya estoy pagando entre 0,99-1,09 euros el kilo. En solo seis años, hemos experimentado un encarecimiento entre 0,41 y 0,46 céntimos de euro por kilo”, matiza. A modo de ejemplo una explotación media que gaste 15.000 kilos anuales de gas propano, hoy en día, debería pagar 15.000 euros a finales de año, mientras que en el año 2005 tan solo abonaba 7.950 euros por el mismo consumo de gas. De seguir esta tendencia, Concepció se plantea la posibilidad de sustituir este combustible por algún otro que sea renovable y que posea también un alto poder calorífico. “Pero habría que hacer un estudio. Conozco a otros ganaderos que crían codornices con éxito, que necesitan más calor que los pollos, a base de biomasa. Básicamente, usan orujillo de aceituna y cáscara de almendra que desprenden mucho calor”. Los payeses usuarios de gas licuado no cuentan con mejoras fiscales ni reciben ayuda alguna, al contrario de lo que sucede con los que utilizan gasóleo profesional agrario. “Nos vemos obligados a renegociar precios con la empresa suministradora. Lo malo es que la Administración ignora lo básica que es la calefacción para negocios como el nuestro”.

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Concepció Anton en su granja avícola donde cría 40.000 pollos de engorde. Foto: JARC.

Explotaciones ganaderas, las más perjudicadas según las organizaciones agrarias

“De los 16.000 millones de euros en costes de producción que soportan agricultores y ganaderos en España, 1.500 corresponden a carburantes y energía. Es decir, un 10% de los costes finales que tiene un productor medio”, ejemplifica Felipe Medina, responsable del departamento de Economía de COAG. En opinión del portavoz de la organización agraria, es el segundo gasto más importante, por debajo de los piensos, en el sector primario. “Hablando de los piensos –insisten desde COAG–, hemos comprobado que los precios de las materias primas y los de los gasóleos están muy correlacionados. Si el petróleo se cotiza al alza, también lo hacen las materias primas, y con ello el precio que los ganaderos pagan por el pienso”. Una dinámica que grava aún más la renta de los ganaderos, ya que la alimentación de los animales representa entre un 80 y un 90% de sus costes de producción, sin olvidar los gastos de los carburantes en sí mismos. De todos los productores que viven del campo, los ganaderos resultan los más perjudicados ante estos picos al alza en el precio de los combustibles, y así lo hacen saber desde las entidades agrarias. Pero los agricultores tampoco se quedan al margen de esta espiral alcista. “En cuanto a la dinámica que siguen abonos y fertilizantes, también hemos observado que las variaciones de los precios del petróleo les influyen, aunque con un retraso de tres o cuatro meses, que al final acaban pagando”, reconoce el responsable de Economía de COAG.

“De los 16.000 millones de euros en costes de producción que soportan agricultores y ganaderos en España, 1.500 corresponden a lubricantes y energía. Es decir, un 10%”
“El encarecimiento del gasóleo nos supone un coste añadido de 2.200 euros mensuales, el sueldo de una persona”

Robert Jaimejuan, titular de una explotación en Lleida (Cataluña) de forraje y cereales

Agricultor y ganadero, Robert Jaimejuan hace números. “En nuestro caso, la subida del precio del gasóleo, ha derivado en un coste añadido de 2.200 euros mensuales. Tranquilamente, el sueldo de una o dos personas. Y es que, como media, una explotación mixta competitiva, como la nuestra, precisa un consumo de 20.000 litros anuales. Al precio que están los carburantes, esto representaría unos 3.800 euros de más anuales, por hacer el mismo trabajo que el año pasado. Aunque esto no es del todo real, porque el gasóleo ha subido de forma progresiva y ya veremos hacia dónde llega...”. Y es que entre propiedad y arrendamiento, Robert Jaimejuan trabaja un total de 600 hectáreas que destina a forraje y 100 más al cultivo de cereales. Con la particularidad de que el primero precisa del uso de numerosa maquinaria agrícola. “Aquí, en la zona catalana del Segrià, segamos, abonamos, sulfatamos, empacamos y recogemos la alfalfa entre cinco y siete veces al año. En una explotación de cereal y forraje, el gasto medio de combustible oscilaría entre el 15 e incluso el 20%”.

“Se hace muy difícil la continuidad de las explotaciones agrarias con estos precios de los combustibles, además de otros factores. Nuestros inputs son cada vez más altos”

Sin embargo a pesar de la cantidad de carburante que precisa, este agricultor se muestra partidario de la tecnificación, ya que así se precisa menos mano de obra. “Cuánto mayores son los tractores que empleamos, aunque necesitemos más gasóleo, también contamos con aperos más grandes y así estás menos tiempo para hacer las mismas tareas”. Aun así, se muestra positivo: “A pesar de este aumento en los precios del gasóleo, aún no hemos tocado techo. En estos momentos, el barril de Brent ronda los 110-115 euros, pero yo recuerdo alguna vez que se llegó a cotizar a 150 dólares”. Como ya se ha visto, la cantidad de combustible consumida depende mucho del tipo de cultivo, y se acrecienta en la producción de forraje, cereales y algunas frutas. En la explotación de Robert Jaimejuan cada mes se llegan a pagar 13.000 euros en gasóleo A y B. “Desde JARC (Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya), ya hace tiempo que pedimos unas rebajas fiscales para el gasóleo profesional, de forma que se baje del 18 al 8%, sin olvidar los impuestos que todavía se cobran”. Por último, este agricultor hace referencia a las ayudas que ahora perciben de 73 euros por cada 1.000 litros si cumplen una serie de requisitos, y que “son insuficientes cuando se llega a estos niveles de producción”. “Con el tiempo estas ayudas quedarán desfasadas, aunque tenemos muchas esperanzas con las negociaciones de la futura PAC. En realidad, se hace muy difícil la continuidad de las explotaciones agrarias debido a este encarecimiento de los carburantes, junto a otros factores como la volatilidad de los precios y el hecho que no podamos incidir en ellos. De hecho, nuestros inputs son cada vez sean más altos”.

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Robert Jaimejuan junto a una de las máquinas que utiliza en su explotación leridana de 600 hectáreas de forraje y cereales. Foto: JARC.

La posible distorsión del mercado hace que el gasóleo agrícola no caiga al mismo ritmo que el barril de petróleo

De confirmarse las previsiones al alza de los precios del gasóleo agrícola para este ejercicio, resultado de la paulatina escalada del precio del barril de petróleo, que ya supera los 100 dólares por barril, desde COAG se advierte que este encarecimiento se traslada, de forma paralela y casi a tiempo real, a los precios del carburante en el campo y también a otras gasolinas. Sin embargo, y tras diversos análisis efectuados, los Servicios Técnicos de la asociación agraria han notado, también, un efecto curioso. Durante el abaratamiento del precio del barril de Brent, que tuvo lugar desde septiembre del año 2008 a junio del 2009, el gasóleo agrícola no experimentó la misma dinámica, a la baja. Los motivos, siguen siendo una incógnita para COAG. “Esa pregunta se la hemos trasladado al Ministerio de Economía y al de Agricultura y hasta la fecha, no hemos obtenido ninguna respuesta. Creemos que hay un poco de distorsión del mercado o la intención de no trasladar esos precios al consumo por parte de quien sí puede hacerlo. Me imagino que esto sería responsabilidad de todos aquellos agentes que tienen la capacidad de distribuir estos combustibles, aunque no lo podemos asegurar con exactitud”, puntualiza Medina.

“Con la subida de la luz y el gasóleo, ahora pagamos 1,20 euros por kilo de carne que producimos, un 4% más”

Jaume Bernis, propietario de una granja porcina en Cataluña

Desde su explotación porcina, donde cuenta con un ciclo cerrado de 1.200 madres y sacrifica cerca de 500 cerdos semanales, Jaume Bernis explica hasta qué punto el encarecimiento energético aumenta sus costes de producción: “En las salas de maternidad se gasta mucha luz, que está encendida todo el día. Entre lo que ha subido esta última y el mayor coste del gasóleo, ahora pagamos 1,20 euros por kilo de carne que producimos, un 4% más. Este kilo de carne lo vendemos a 1,26 euros, de los que hemos de descontar los cinco o seis céntimos que nos cobra el matadero. No tenemos margen alguno y nos limitamos a cubrir costes”.

“Apostar por energías renovables, para mejorar costes, es difícil. Supone destinar a este fin entre 30.000 o 40.000 euros”

Una manera de hacer frente a esta escalada de precios consistiría en apostar por otras energías alternativas, aunque según Jaume Bernis, en la mayoría de las granjas porcinas, todavía se utilizan calderas de gas o gasóleo que funcionan todo el año. “Yo diría que entre un 10 y un 15% se sirven de combustibles orgánicos a base de cáscara de almendra y hueso de aceituna. El problema está en que no puedes invertir en energías renovables, con las que ahorrarías dinero, porque has de pagar el pienso que supone entre el 60 y el 70% de tus costes de producción”, se lamenta. “Una inversión de este tipo –matiza– para mejorar costes ronda entre los 30.000 o 40.000 euros”. Asimismo, insta a la Administración a apoyar al sector primario, primer eslabón de la cadena alimentaria, para producir o consumir esas energías alternativas, en sintonía con lo que se hace en otros países. Y para ello pone como ejemplo lo que sucede en países como Alemania o Dinamarca donde, en su opinión, ganaderos y agricultores reciben primas más altas por la energía que producen vía plantas de biogás o parques fotovoltaicos.

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Jaume Bernis en su explotación porcina, donde tiene salas de maternidad y también de destete. Foto: JARC. 

Desde COAG se pide equilibrio en la cadena agroalimentaria

Para las organizaciones agrarias, este nivel de vulnerabilidad que experimenta el sector primario no es ninguna novedad. En COAG se basan en la experiencia del año 2008. De esta manera, aseguran que productos como el azúcar y los cereales, cuya producción no ha sido incentivada por parte de la Unión Europea durante años, se han visto afectados por todo aquello que suceda en los mercados internacionales y en el resto de países productores del mundo. “En ese momento, los precios de los cereales alcanzaron picos históricos para, posteriormente, descender en picado a menos de la mitad de lo que se había vendido con anterioridad. Ahora, es probable que eso se repita”. Y es que el cultivo de los cereales es víctima, cada vez más, y a juicio de la entidad agraria, de intereses especulativos al estar incluido entre los mercados de futuro. “Es algo preocupante. Al ser algo básico para la alimentación humana, se debería replantear si la producción de cereales ha de ser objeto de inversiones financieras o no”.

Ante este panorama, COAG ha solicitado al Ministerio de Economía y Hacienda la convocatoria urgente de la Mesa de Fiscalidad para mejorar el tratamiento fiscal del gasóleo profesional agrario. En este sentido, se pide al Ejecutivo sumar a la actual devolución del Impuesto Especial de Hidrocarburos (IEH) que grava el gasóleo (0,078 euros / litro), la eliminación del impuesto sobre ventas minoristas de determinados hidrocarburos, conocido como tasa de hidrocarburos, y la aplicación de un tipo reducido de IVA, para pasar del 18% actual al 8%. La devolución indefinida del Impuesto Especial de Hidrocarburos, es una de las medidas derivadas del acuerdo del gasóleo suscrito por COAG con los Ministerios de Economía y Agricultura en diciembre del año 2005.El acuerdo, además de la devolución del impuesto de hidrocarburos incluía otras medidas fiscales, como la reducción coyuntural de módulos en los sectores ganaderos, que caducaron en el 2009. Ahora, la organización pide que se mantengan dichas medidas aunque sus principales esfuerzos se dirigen al fortalecimiento de la vía de los ingresos más que la reducción de costes “ya muy trabajada”. Para ello, ha presentado alegaciones al borrador de la Ley de Calidad Agroalimentaria con el que se incluyan modificaciones reguladoras en dos aspectos: por un lado, el fortalecimiento del sector productor y su participación en la cadena agroalimentaria, así como en la negociación de los precios y los contratos a través de las organizaciones interprofesionales; por el otro, en la regulación de las prácticas comerciales abusivas que, aseguran, padecen cooperativas y sociedades agrarias de transformación por parte de otros agentes de la cadena como las empresas de distribución. “Exigimos que se corrija esa falta de equilibrio que se da en la cadena agroalimentaria y que ese descenso de la participación del productor en el valor añadido de los productos, algo reconocido por la Comisión Europea y el Parlamento Europeo por citar algunos, se pueda paliar de alguna manera”.

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Felipe Medina, responsable del departamento de Economía de COAG.

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