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Una alternativa menos agresiva para el suelo que la agricultura convencional

Cubiertas vegetales en el cultivo del olivo

Redacción Interempresas18/01/2011

18 de enero de 2011

El objetivo principal de la utilización de cubiertas vegetales es la conservación del suelo, mejorando su estabilidad y protegiéndolo de la erosión. El laboreo, el sistema de cultivo más utilizado por los olivareros, es el sistema que origina las mayores pérdidas de suelo. Las cubiertas vegetales, por la supresión del laboreo que conllevan y su efecto sobre la escorrentía, se constituyen como la forma más eficaz de luchar contra la erosión.

Los primeros ensayos con cubiertas vegetales se realizaron en 1902, en Estados Unidos. En España, es en la década de los 70 cuando se realizan estudios sobre cubiertas vegetales espontáneas y su manejo con siega mecánica en Jaén. Se ha investigado el empleo de cubiertas vegetales vivas en diversos cultivos leñosos como el olivar, el almendro o el viñedo, con resultados excelentes en cuanto a conservación de suelo y agua. Con la utilización de cubiertas vegetales, se disipa gran parte de la energía cinética de las gotas de lluvia, lo que reduce el efecto de separación de los agregados del suelo, protegiendo al suelo de la escorrentía superficial y de la erosión hídrica.

Los cultivos leñosos de hoja perenne mantienen la zona de suelo bajo la copa de los mismos protegida del impacto directo de las gotas de lluvia durante todo el año. Sin embargo, los espacios entre las hileras de árboles quedan expuestos a la erosión hídrica generada por el efecto de dichos impactos. La mayoría del olivar andaluz se encuentra en secano, siendo el agua el principal factor limitante para la producción.

La cubierta vegetal da lugar a una distribución de agua más favorable en el perfil del suelo

La cubierta vegetal, en cuanto a que puede producir mayor infiltración del agua de lluvia, así como reducir la escorrentía y la evaporación, da lugar a una distribución de agua más favorable en el perfil del suelo. El balance global indica que suele disponerse de más agua en un suelo con cubierta que en uno labrado, siempre que se realice la siega en el momento adecuado. Además, la presencia de restos vegetales secos limita la evaporación.

El establecimiento de una cubierta vegetal en el suelo, junto con la reducción de la erosión del mismo, supone una disminución de la pérdida de nutrientes, lo que debe permitir una mejora de la calidad del agua al reducir sus contaminantes.

Tipos de cubiertas vegetales

Las cubiertas vegetales pueden ser vivas o inertes. Los tipos de cubiertas que se pueden emplear para luchar contra la erosión se pueden clasificar, Por su origen y manejo, en no sembrada o espontánea (malas hierbas, popularmente dicho) o sembrada, en cuyo caso puede estar formada por gramíneas (cebada, ballico, bromo), leguminosas (vezas, altramuces) o crucíferas. Por su duración se dividen en temporales (de ciclo anual) y permanentes; y por el método de control ejercido sobre la cubierta, en segadas mecánicamente, segadas químicamente con herbicidas o controladas por pastoreo. En todo caso, las más utilizadas son las espontáneas de malas hierbas no seleccionadas y las sembradas de gramíneas.

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Las cubiertas vegetales dan lugar a una mejor distribución de agua en el suelo.

Manejo de cubiertas vegetales

En el caso de los olivares se pueden dar las siguientes pautas de manejo:

Cubierta vegetal espontánea seleccionada hacia gramíneas: Es recomendable para suelos que hayan sido labrados durante años con anterioridad a la implantación de la cubierta, de forma que exista un banco de semillas con gran variedad de especies y alta densidad de semillas. Las especies que compondrán estas cubiertas serán, entre otras, el ballico, el bromo, la cebadilla o la espiguilla.

El punto de partida de esta cubierta es permitir el crecimiento de las malas hierbas en las calles del olivar de forma espontánea en otoño para, una vez hayan alcanzado cierto desarrollo, aplicar un herbicida selectivo para controlar las malas hierbas dicotiledóneas o de hoja ancha. La aplicación del herbicida permitirá un mejor desarrollo de las gramíneas, haciendo así una selección hacia estas especies, cuyo manejo a posteriori es más sencillo. Además, es aconsejable abonar la cubierta.

En el caso de los olivares de secano, cuando la cubierta compita con el cultivo por el agua, se deberá controlar bien mediante la aplicación de un herbicida o bien mediante desbroce mecánico. Una opción a tener en cuenta en las cubiertas de gramíneas es la de dejar sin controlar una franja (banda de semillado) de al menos medio metro de ancho, con la finalidad de que semille y se produzca la “autosiembra” de la cubierta para el año siguiente.

Cubierta vegetal sembrada de gramíneas: Es uno de los tipos de cubierta vegetal más extendido. Se lleva a cabo sembrando en las calles del olivar una o varias especies de gramíneas. La siembra se puede realizar con la utilización de una sembradora, de una abonadora centrífuga o incluso a mano. Una vez establecida la cubierta, el manejo debe ser igual que en el caso anterior.

Cubierta vegetal de malas hierbas no seleccionadas: Consiste en permitir el crecimiento de la vegetación espontánea en las calles del olivar, realizando un control de las mismas en el momento en el que empiecen a competir por el agua con el olivo. Este sistema supone un ahorro de costes en semillas y herbicidas selectivos. Es una alternativa en cultivos ecológicos (donde no se utilizan herbicidas ni fertilizantes de síntesis). Una de las desventajas es que la diversidad de especies ofrecerá desigual sensibilidad a los herbicidas, por lo que se necesitarían mayores dosis para la siega química. Otro problema que se puede presentar es que si se realiza control con desbrozadora, se puede producir una inversión de flora hacia especies de porte rastrero, perennes y de fácil rebrote difíciles de controlar con el desbroce.

Cubiertas vegetales inertes: Es un sistema complementario al de cubiertas vivas. Consiste en la disposición de los subproductos del olivar o de los restos de poda triturados en las calles del olivar. Con esta práctica se suprime la operación de quema y además, se producen ciertos efectos positivos en el olivar, como son el aumento de la materia orgánica en las capas superficiales del suelo, mayores contenidos de agua y nitrógeno en el suelo y mejor estructura de las capas superficiales del suelo.

Además, en las plantaciones de secano, las cubiertas vegetales vivas pueden competir por agua y nutrientes con el olivo, siendo necesario modificar las dosis y aplicación de fertilizantes; sin embargo, las cubiertas vegetales inertes consiguen mejores balances de agua y mejor aprovechamiento por el árbol. El empleo de una cubierta con restos de poda reduce la necesidad de emplear herbicidas para el control de malas hierbas.

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Éste procedimiento reduce los costes de producción al consumir menos combustible. Foto: Juan Colín.

Ventajas e inconvenientes

Entre sus ventajas se cuenta el hecho de que reducen los costes de producción, ya que se consume menos combustible y se requiere menos mano de obra que en el manejo convencional del cultivo. Mejoran la estructura del suelo. Reducen la erosión del suelo hasta en un 95%, reducen la incorporación de fertilizantes y productos fitosanitarios a los cauces fluviales y a los embalses al adherirse estos a las partículas del suelo y al ser posteriormente arrastrados por erosión. Fomentan el incremento de la biodiversidad por el efecto protector y el alimento que proporciona la propia cubierta y por la ausencia de labores sobre el suelo que impidan la actividad de las aves y mamíferos.

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Olivares de la campiña estepeña.

Con la reforma de la PAC iniciada en 2003, la condicionalidad exige que, en caso de mantener el ruedo de los olivos limpio de malas hierbas mediante la aplicación de herbicidas, se deberá obligatoriamente implantar una cubierta vegetal entre las hileras de olivos en sentido perpendicular a la línea de máxima pendiente.

Esta técnica también presenta algunos puntos débiles: el fuego intencionado de los restos vegetales secos durante el verano podría causar daños a la plantación, en especial en primaveras muy secas en las que la descomposición de los restos por los microorganismos del suelo es más lenta; el mal manejo de la cubierta puede ocasionar importantes e irreversibles pérdidas de agua, lo que puede afectar negativamente a la producción del olivo; y la presencia de la cubierta puede dificultar la recolección de las aceitunas, si no se preparan los suelos mediante la aplicación de herbicidas.

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