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Para mantener la competitividad el sector debe reducir su consumo energético

La nueva agricultura optimiza sus procesos

Mónica Daluz29/09/2009
El incremento del precio del combustible y las importaciones de los países extracomunitarios amenazan la competitividad del sector agrícola, mantenerla pasa, en primer término, por la reducción del consumo energético de instalaciones y procesos. Por otra parte el sector energético ofrece a la agricultura nuevas oportunidades de negocio como productora de energías renovables de la biomasa. La transformación del sector ha comenzado. La progresiva renovación del parque de tractores o la migración del regadío hacia sistemas de riego localizado son sólo el principio. Los cultivos alternativos (cultivos energéticos para alimentación de plantas de biomasa y otros combustibles sólidos o cultivos energéticos para producción de biodiésel), el aprovechamiento de los residuos y de recursos endógenos, técnicas de agricultura de conservación, la investigación en el campo de la modificación genética, los continuos avances tecnológicos e informáticos, proyectos arquitectónicos de cultivos verticales o novedosas aplicaciones como la bio-geoingeniería (consistente en enfriar grandes zonas de la Tierra gracias a la plantación de especies agrícolas que reflejen más el sol), están situando al sector agrícola en el centro de interés de numerosas disciplinas. El reto no es pequeño: alimentar a una población que crece a ritmo de 200.000 personas por día, al tiempo que se gestiona la escasez de tierra fértil de cultivo, de agua y de recursos energéticos fósiles.
El crecimiento del consumo energético en España se multiplica cada año que pasa. La necesidad de alcanzar un modelo energético sostenible debe sustentarse en la eficiencia energética en primer lugar y, tal como apuntan desde el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (Idae), “en las energías renovables, las tecnologías de generación más eficientes y respetuosas con el medio ambiente, los combustibles menos contaminantes, la captura y almacenamiento del CO2, etc., después”. Las necesidades energéticas de los sectores agrícola y ganadero también son crecientes, por lo que el ahorro en esta partida resulta prioritario para los empresarios. El tránsito hacia la eficiencia ha comenzado, aunque, como afirma Javier Roca, gerente de Sahivo, “el cambio de punto de vista es más por una cuestión de costes que por concepto pedagógico de eficiencia mediambiental.”

El agua, la energía y, en el caso de la ganadería porcina, los purines, constituyen los puntos principales sobre los que el empresario trata de incidir. Los suministradores logran mediante el diseño y la tecnología dotar al mercado de productos más eficientes, de manera que granjas y explotaciones agrarias han alcanzado altos grados de mecanización y de optimización de recursos. La elección del sistema energético a utilizar (gas, electricidad, gasolina, biocombustibles, solar térmica o solar fotovoltaica), será crucial en la rentabilidad del negocio. El sector agroganadero, sin duda, está asumiendo un papel protagonista en el uso eficiente y sostenible de la energía.

El sector agroganadero está asumiendo un papel protagonista en el uso eficiente y sostenible de la energía
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Aceitunas arbequinas, a punto para su recogida, en los campos de la empresa Molí dels Torms, productora del aceite ecológico Olicatessen.

La clave: investigación y formación

Los programas de investigación actuales están adquiriendo una nueva orientación focalizada hacia la sostenibilidad en el uso de los recursos y se innova en nuevas tecnologías que permitan un mejor aprovechamiento de éstos. En este sentido las políticas impulsadas por la Unión Europea dejan claro este nuevo enfoque medioambiental, por ejemplo con el 7º Programa Marco o el Programa Marco para la Innovación y la Competitividad.

En relación a la competitividad de las personas vinculadas al sector agrario, Jaume Sió, subdirector general de Innovación Rural del Departamento de Agricultura, Alimentación y Acción Rural de la Generalitat de Catalunya, manifiesta que “es fundamental la formación de empresarios agrarios y técnicos del sector, así como el asesoramiento que estos últimos pueden ofrecer a los primeros”. Sió añade a la formación otro elemento para favorecer la transformación del sector hacia la eficiencia energética: “Las líneas de ayuda a las inversiones incidiendo, entre otros aspectos, en que éstas sean respetuosas al máximo, con el medio ambiente, y orientándolas hacia subsectores que se considerasen estratégicos para lograr los objetivos en materia de sosteniblidad”.

Una de las instituciones más involucradas en la difusión de una praxis más eficiente y sostenible en el sector agrícola y ganadero es el Idae. El contenido de las acciones formativas llevadas a cabo por el Idae pone de manifiesto cómo las buenas prácticas pueden optimizar el consumo energético. He aquí algunos ejemplos de las recomendaciones que el Instituto ofrece en sus cursos y sesiones: “Según las formas de conducción y el mantenimiento adecuado del tractor puede reducirse el consumo total de combustible de un 15 a un 30%; la gestión de los cultivos en grandes explotaciones, bien profesionales o asociativas, permite obtener costes de mecanización menores y una mejor eficiencia en el uso de combustible; con el manejo apropiado de una misma labor agrícola puede conseguirse una disminución en el consumo de hasta un 30%, y si se cambia la labor tradicional con vertedera por un ‘no laboreo’ con siembra directa, el consumo de combustible puede reducirse hasta en un 75 %.” En estas sesiones informativas y formativas se recomienda también la concentración en parcelas grandes, “preferiblemente de más de 5 hectáreas, y a ser posible de formas alargadas y regulares. El consumo de carburante por hectárea se reduce en la medida en que crece la superficie de la explotación, siempre que ese crecimiento se produzca aumentando el tamaño de las parcelas y sin incrementar significativamente los desplazamientos”. Otro aspecto contemplado es la eficiencia en el uso del agua y la eficiencia energética de las instalaciones de riego, “que permiten significativos ahorros de energía en las explotaciones de regadío”. También se pone el acento en que el aislamiento, la climatización, la estanqueidad, la iluminación y el mantenimiento constituyen los principales elementos sobre los que incidir en las instalaciones ganaderas.

Prolifera en el sector una nueva generación de agricultores comprometidos con el paisaje y con el medio ambiente. Trabajan con un nuevo paradigma y el resultado son productos con un valor adicional que el consumidor comienza a apreciar
De obligación a vocación

En 1985, el porcentaje de trabajadores dedicados a la agricultura en España era de algo más del 17 por ciento. Hoy, la representación de ocupados en el sector apenas alcanza el 4 por ciento. Son menos pero, al parecer, más implicados y preparados. Prolifera en el sector una nueva generación de agricultores comprometidos con el paisaje y con el medio ambiente. Trabajan con un nuevo paradigma y el resultado son productos con un valor adicional que el consumidor comienza a apreciar. Junto al modelo tradicional, la agricultura ecológica y la agricultura integrada son modalidades al alza, que se sofistican y dan lugar a nuevos modelos de negocio. Es el caso de Molí dels Torms, empresa elaboradora del aceite de oliva ecológico Olicatessen. La empresa leridana ha implementado un proceso de elaboración respetuoso con el medio ambiente: minimiza el uso de agua y la generación de aguas sucias, recupera el hueso de la aceituna utilizándolo como abono, y los brotes y hojas se recuperan por aspiración en lugar de por barrido, lo que facilita la preparación del compostaje, entre otras técnicas beneficiosas para el suelo y el entorno. La particularidad de esta empresa consiste en su apuesta por el cuidado de cada detalle tanto de la producción como de la comercialización. La empresa vende el producto acompañado de fotografías de sus olivares y de las diferentes fases de producción. Además, su filosofía de aprovechamiento de los recursos les lleva a elaborar nuevos productos; los residuos generados en la decantación del aceite se utilizan para la elaboración de jabón de aceite de oliva.

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La empresa Molí dels Torms vende su aceite ecológico acompañado de fotografías del proceso de producción. Arriba, instantánea tomada durante la poda.

Respetar la tierra

La nueva sensibilidad de muchos empresarios agrarios también está difundiendo la llamada agricultura de conservación, menos mediática que la ecológica. Desde la Asociación Española de Agricultura de Conservación Suelos Vivos explican que la agricultura de conservación consiste en diversas prácticas agronómicas que permiten un manejo del suelo agrícola alterando lo menos posible su composición, estructura y biodiversidad, y evitando también su erosión y degradación. Las técnicas de agricultura de conservación incluyen diversas modalidades tales como la siembra directa (no laboreo), el mínimo laboreo (no se incorporan o sólo en muy breves periodos, los residuos de cosecha), y el establecimiento de cubiertas vegetales entre sucesivos cultivos anuales o entre hileras de árboles en plantaciones de cultivos leñosos. En términos generales, con las técnicas de conservación, el suelo queda protegido de la erosión y escorrentía, se aumentan la formación natural de los agregados del suelo, la materia orgánica y la fertilidad, y a su vez se disminuye la compactación debido al tránsito de la maquinaria agrícola. Además, tiene lugar una menor contaminación de las aguas superficiales, se reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera y se aumenta la biodiversidad.

Desde la asociación se afirma también que “la agricultura de conservación tiene una mayor rentabilidad económica en comparación con la convencional. En ésta el laboreo del suelo requiere elevadas inversiones en adquisición y mantenimiento de maquinaria agrícola, combustible y mano de obra. Así, por ejemplo, con el sistema de no laboreo en el olivar y en cultivos anuales se pueden ahorrar unos 60 y 30 litros de gasoil por hectárea y año, respectivamente. En términos generales, la agricultura de conservación reduce el consumo de energía y el trabajo que conllevan las operaciones propias del laboreo entre un 15-50%, y se incrementa el rendimiento energético entre el 25% -100%”.

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El sector agrícola diversifica el destino de su producción. El almidón es uno de los materiales no provenientes del petróleo que pueden servir para la fabricación de bolsas comerciales de un solo uso, que tanto están dando que hablar en los últimos tiempos. El centro tecnológico Itene trabaja ya en la mezcla del almidón con otros productos como el poliéster (en la imagen) para mejorar la resistencia de las ‘biobolsas’.

Invernaderos y consumo energético

La superficie invernada en la Unión Europea está en constante ascenso, y en determinadas zonas como el sureste de España tiene una importancia socioeconómica muy relevante. Sólo en la provincia de Almería existe una superficie invernada cercana a las 30.000 hectáreas, produciendo más de la mitad de las frutas y hortalizas de toda la Comunidad Autónoma Andaluza, con una producción final agraria estabilizada en torno a los 2.000 millones de euros anuales y una industria auxiliar muy competitiva en los mercados internacionales. Sin embargo, esta situación favorable a los agricultores puede verse amenazada por la subida del precio del combustible y por la competencia con otros países donde los gastos de producción son más bajos (ahí tenemos el asunto del precio de la patata, que ha movilizado a los agricultores durante las últimas semanas; éstos denuncian que en un país deficitario en el consumo de patata, como es España, las importaciones se están haciendo en condiciones ventajosas). El consumo energético en los invernaderos es, pues, un factor muy importante a considerar dentro de los costes de producción, y resulta prioritaria la optimización energética de estos sistemas. Por otra parte, optimizando el consumo de energía se facilitará el cumplimiento de las regulaciones ambientales y energéticas cada vez más restrictivas que afectan al sector, logrando unos invernaderos más amigables con el medio ambiente a la vez que competitivos en el mercado europeo.

Proyecto Greenergy

En el marco del Proyecto Europeo Energy Optimisation in European Greenhouses (Greenergy), en el cual participan siete universidades, nueve asociaciones de productores y once empresas, la Universidad de Almería ha liderado el establecimiento de los estándares de calidad para el uso eficiente de la energía en los invernaderos hortícolas, con el objetivo final de racionalizar el consumo energético en los invernaderos europeos.

Estos estándares establecen los requerimientos mínimos que todos los invernaderos europeos (agrupados por zonas climáticas) deberían cumplir para optimizar la eficiencia energética de varios sistemas de producción hortícolas, y perfilan los mínimos requerimientos técnicos para beneficiarse de las condiciones climáticas de cada área con el objetivo de minimizar las pérdidas de energía y maximizar la producción eficiente.

El documento define conceptos como: invernadero, tipos, materiales de cubierta, sistemas de ventilación, sistemas de refrigeración por evaporación de agua, iluminación artificial, calefacción y sistemas de distribución de calor, cogeneración, fertilización carbónica y sistemas de control climático.

Para cada zona climática y aspecto estudiado, se han definido una serie de medidas que dependiendo de la zona climática se ha establecido su carácter obligatorio, altamente recomendado, recomendado, o sin efecto significativo. Estas se refieren a aspectos constructivos, materiales usados como cubiertas de invernaderos, requisitos mínimos de ventilación, de refrigeración, de los sistemas pasivos suplementarios, para la iluminación artificial, la calefacción, la cogeneración, requisitos mínimos de los sistemas de distribución de calor, para el almacenamiento de calor y para el abonado carbónico. También establece otros requisitos como integración de la temperatura, regulación y calibración de todos los sensores, aditivos antigoteo y tratamiento de los materiales de cubierta para prevenir infecciones fúngicas y daños en las plantas, uso de sensores en las plantas, ventilación de los sensores y control de los gradientes de temperatura. O las medidas relativas a los sistemas de control, como por ejemplo: control climático por ordenador, predicción climática y la integración de todos los dispositivos en el mismo sistema de control.

Cultivos verticales

Esta técnica de cultivo consiste en plantar verticalmente, utilizando diferentes sistemas que pueden ser bolsas plásticas, tubos de barro, etc. Ideal para cultivos de ciclo corto como las plantas hortícolas. Entre sus ventajas: el aprovechamiento y alto rendimiento de las áreas de siembra. En la imagen una granja vertical. Es un proyecto para la ciudad de Dubái. The Seawater Vertical Farm es una idea del estudio de arquitectos Studiomobile de Cristiana Favretto y Antonio Girardi. Se trata de un edificio inteligente y verde que utiliza el agua del mar pulverizada para enfriar y humedecer el ambiente en unos grandes invernaderos suspendidos en el aire y sujetos a un enorme pilar central por donde circula el agua. La condensación hace que se genere agua dulce que, a su vez, se utiliza para regar los cultivos. Además de su diseño singular constituye un interesante sistema para ahorrar agua y producir vegetales en zonas áridas.

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Proyecto arquitectónico de una granja vertical en Dubái.

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