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Estrategias para la protección biológica a nematodos

Los nematodos son animales microscópicos con aspecto de gusanos. Se conocen 26.646 especies de las cuales 10.681 son de vida libre y el resto son parásitos, tanto de invertebrados (3.501) como de vertebrados (8.359) y plantas (4.105) (Hugot et al., 2001). Actualmente los nematodos fitoparásitos se están revelando como un problema creciente de difícil solución y con efectos acumulativos sobre las plantaciones, ya que, campaña tras campaña, su presencia y distribución en los suelos parece no detenerse.

Como muestra un ejemplo. Se estima que las pérdidas de producción provocadas por especies de Meloidogyne en la cuenca mediterránea sobre cultivos hortícolas se sitúan entre el 15 y el 60% (Castillo y Verdejo, 2011). Otros estudios establecen que las pérdidas económicas anuales son equivalentes al 80 billones de dólares en cultivos tan variados como leguminosas, granos, banano, coco, remolacha azucarera, hortalizas y algunos frutales entre otros (Sasser y Freckman, 1987).

Conviene destacar que, en el caso de los nematodos, los daños mecánicos directos provocados por el hecho de alimentarse son leves. Es el proceso de alimentación lo que lleva asociado una serie de reacciones capaces de transformar las células vegetales donde el nematodo establecerá el sitio de alimentación. Parece ser que la secreción de saliva introducida en los tejidos de las plantas es la causante de la mayoría de los daños (Agrios, 2005). Por otro lado, la mayor o menor manifestación de los síntomas depende fundamentalmente de las densidades de población en el suelo y las raíces, de las condiciones ambientales y de la relación parásito-hospedante (susceptibilidad del cultivar).

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Manejo de Seiland, usado en semillero para la bioestimulación de las plántulas y la protección temprana.

Estrategia integral

Hoy en día no existe un método de control nematológico que pueda ser considerado eficaz y universal al 100%. Es por ello que, al enfrentarnos ante el reto de solucionar las enfermedades causadas por nematodos, se debe involucrar la integración de varios métodos de control. Resulta de vital importancia establecer una estrategia integral capaz de abordar la problemática desde una perspectiva global. Varios son los puntos a tener en cuenta ante esta compleja situación:

1. Diagnóstico adecuado. Dada la manifestación de síntomas no-característicos, se hace necesario recurrir a analíticas que permitan establecer tanto la especie concreta como su densidad en suelo (y raíces en su caso).

2. Conocer la disponibilidad de cultivares resistentes y/o el injerto sobre patrones resistentes. Pese a los enormes avances en este ámbito, su facilidad de uso y las altas eficacias, debe contemplarse que no siempre son una herramienta disponible, que existen (o podemos llegar a seleccionar) razas virulentas capaces de romper la resistencia y que, en función de las condiciones ambientales, dicha resistencia puede llegar a inactivarse.

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Testigo sin tratar.
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Cultivo tratado con Seiland.

3. Combinación de desinfecciones químicas y/o biológicas, junto con otras herramientas de protección biológica y bioestimulación del cultivo. Dentro de las técnicas de desinfección se hace una leve descripción de las principales.

a. Desinfección química: técnica ampliamente establecida y disponible. Sin embargo en muchas ocasiones su inadecuada utilización y abuso puede dar pie a la aparición de resistencias, la pérdida de eficacias aceptables por degradación microbiana (Mojtahedi et al., 1991; Davis et al., 1993) y la generación de importantes riesgos sanitarios y ambientales. Por ejemplo: etoprofos, fenamifos, fostiazato, oxamilo, dazomet… Aún con todo, siguen siendo una herramienta a tener en cuenta dentro de un manejo integral y como complemento de otras técnicas disponibles.

b. Solarización: técnica biológica consistente en recubrir el suelo con láminas de polietileno con el objetivo de aumentar la temperatura del suelo (entre 10-40 cm) entre 45-50 °C. Presenta también ventajas e inconvenientes.

c. Biofumigación: se fundamenta en la acción fumigante de las sustancias volátiles resultantes de la biodescomposición de la materia orgánica fresca, para el control de los organismos patógenos del suelo (Bello, et al.). Resulta necesario retener los gases producidos, para ello se sella el suelo mediante el agua de riego y se puede complementar con una cubierta suplementaria de plástico.

d. Control biológico: pese a que se están dedicando muchos esfuerzos para encontrar organismos con amplio rango de actividad, a día de hoy todavía existen algunos hándicaps que superar como son las dificultades de establecimiento en campo o los problemas de producción y comercialización.

e. Protección biológica: el mejor 'ataque' es planificar una buena defensa. Empleo de sustancias que fortalecen el sistema defensivo de las plantas, permiten al cultivo reponerse frente a las agresiones provocadas por nematodos.

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Sistema radicular de pepino afectado por nematodos. Emitiendo nuevas raicillas dos semanas después de la aplicación de Seiland.

La protección biológica con Seiland

Mediante el empleo de Seiland y a diferencia de los nematicidas químicos, se consigue activar el desarrollo radicular y vegetativo estimulando al cultivo para que emita nuevos pelos absorbentes. Esta acción es capaz de contrarrestar los efectos dañinos que supone la pérdida de sistema radicular. Además el desarrollo vegetativo se traduce en una mayor expresión de vigor con beneficiosos efectos sobre el calibre, el color y la calidad de las cosechas.

Seiland incorpora una mezcla de microorganismos, que actúan a modo de barrera biológica colonizando el nicho ecológico que queremos proteger y evitando de esta manera que las raíces sean ocupadas por agentes patógenos. Este conjunto de microorganismos presenta además ventajas para el cultivo ya que viven y se desarrollan en permanente interacción con las raíces, ejerciendo una acción biofertilizante como fijadores de nitrógeno o solubilizadores de fósforo y aportando sustancias y enzimas beneficiosos como polisacáridos, ácidos orgánicos, ácido abscísico entre otros.

Como refuerzo final, Seiland incorpora materia orgánica caracterizada por presentar una estructura compleja de carácter polimérico. Dicha estructura integra una gran cantidad de grupos funcionales (principalmente carboxilos e hidroxilos) junto con cadenas hidrocarbonadas, que le confieren una elevada capacidad para formar complejos, captar, liberar y vehicular minerales disponibles en el entorno, así como para tejer una estructura reticular en la zona de aplicación del producto. Esto garantiza y estimula de la actividad de la flora microbiana autóctona presente en el suelo de forma natural y la viabilidad de los microorganismos presentes en Seiland, al suministrarles el sustrato necesario para la implantación de las colonias.

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